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OPINIÓN

Los Hombres del Poder: Nadie debe lucrar con la UdeG: Enrique Alfaro

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Por Gabriel Ibarra Bourjac //

A partir de este día se construye una relación con respeto mutuo con la Universidad de Guadalajara y el nuevo rector contará con el apoyo y compromiso del Gobierno de Jalisco para que pueda cumplir las funciones, retos y compromisos que demanda la titularidad de la máxima casa de estudios de la entidad,”, dejó asentado el Gobernador Enrique Alfaro ante la familia de los Leones Negros e invitados a la toma de posesión del nuevo Rector General de la Universidad de Guadalajara, Ricardo Villanueva, el número 50 en la historia de esta institución.

Esto podría sonar a retórica, si no consideramos el mensaje que pronunció Enrique Alfaro en el que fue el cierre de su discurso, mismo que la prensa y los medios de comunicación en general le restaron importancia, pero se advierte que hay mucho fondo y que las aguas que aparentemente permanecen tranquilas, se podrían agitar en los tiempos que vienen.

Enrique Alfaro al iniciar su mensaje recordó que hacía 36 años que no había vuelto a la toma de posesión de un nuevo rector general de la Universidad de Guadalajara, eso sucedió cuando su señor padre el abogado Enrique Alfaro Anguiano asumió la responsabilidad de convertirse en máxima autoridad de la segunda Universidad más importante del país. El hoy Gobernador estaba por cumplir los 10 años de edad (nació el 20 de junio de 1973).

¿Qué tantos recuerdos le llegaron a su cabeza a Enrique Alfaro? Tal vez las razones que le impidieron regresar. Las hondas diferencias que tuvo el jefe máximo de los Leones Negros durante los últimos 30 años con el rector al que relevaba.

Estuve esa vez acompañando al hombre que me inculcó el cariño y el respeto por la universidad, sin saberlo estuve presente en el inicio del último tramo de una etapa histórica de esta institución, seis años después la Universidad viviría una transformación de gran profundidad para adaptarse a una nueva realidad política, social y económica. Tres décadas pasaron y hoy vuelvo a esta casa en circunstancias muy distintas, pero curiosamente en lo que considero por muchas razones, sobre todo después de escuchar a Ricardo Villanueva, será el inicio de un nuevo viraje histórico en el devenir de la universidad de todos los jaliscienses”.

EL MENSAJE POLÍTICO

En la última parte de su mensaje, vendría lo que el hoy Gobernador piensa sobre lo que no se debe hacerse con la Universidad de Guadalajara, esto es el lucro económico y político.

¿Cómo debemos interpretar las siguientes palabras de Alfaro?

Nuestra generación fue testigo de cómo en momentos específicos se utilizó el debilitamiento presupuestal de nuestra institución para impulsar proyectos privatizadores de la educación pública en una agenda política disfrazada de liberadora de la universidad o como en otros momentos se hablaba desde los espacios de dirección institucional a nombre de la comunidad universitaria para incidir en agendas partidistas o en causas políticas que nada tenían que ver con las tareas sustantivas de la Universidad”.

Esa historia debe quedar en el pasado. La universidad no puede seguir siendo atacada desde el gobierno para someterla, ni puede seguir siendo utilizada para lucrar políticamente de parte de nadie”.

Siempre defenderé la libertad de la comunidad universitaria para participar a título personal en la arena política, pero siempre defenderé también la institucionalidad que impide el uso político de la universidad”.

El Gobierno de Jalisco y la universidad de todos los jaliscienses deben de iniciar una nueva etapa en su relación basada en el respeto mutuo, todos debemos de aprender de las lecciones que el pasado reciente nos ha dejado”.

Cuenta conmigo señor rector para apoyarlo en la responsabilidad que hoy asume y la UdeG contará con el respaldo del Gobierno de Jalisco para cumplir con sus funciones y servirle a los jaliscienses”.

¿QUÉ VIENE?

Esto es lo que dice Enrique Alfaro, recordemos que la Universidad de Guadalajara tiene un grupo compacto que la gobierna con el liderazgo del licenciado Raúl Padilla, quien ha trascendido ya a seis gobernadores y serán siete con Alfaro, si en estos próximos años no se registra cambio de mando.

Alfaro, como Aristóteles, en sus caminos hacia la gubernatura de Jalisco, pactó con el Grupo Universidad y con Raúl Padilla. ¿Se tiene autoridad moral para exigir que de ahora en adelante eso ya no se haga? ¿Por qué de ahora en adelante el apoyar candidaturas y proyectos políticos se debe terminar?

El Grupo Alfarista y el Grupo Universidad fueron juntos a la pasada elección, la prueba está en los seis diputados federales y locales que se le otorgó a los Leones Negros (Tonatiuh Bravo Padilla, Abril Alcalá Padilla, Mara Robles, Mónica Almeida, Enrique Velázquez y Gerardo Quirino Velázquez).

¿El mensaje de Enrique Alfaro es el rompimiento de la alianza, ahora que ha superado las diferencias con el Presidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Tendrá el apoyo federal para terminar la era Padilla e inicie la era Villanueva? ¿O cómo interpretar estas palabras de Alfaro de que no se debe lucrar con la UdeG o es simple retórica? ¿Se repetirá la historia con Emilio González Márquez que terminó en un final muy triste y doloroso con la destitución y posterior muerte del rector general Carlos Briseño Torres?

El tiempo nos dará las respuestas.

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CARTÓN POLÍTICO

Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos

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Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos
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JALISCO

La transparencia del fiscalizador

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– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.

Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.

Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.

Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.

El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.

Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.

La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.

Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.

Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.

La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.

Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.

Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.

La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.

La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.

¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.

“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.

La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.

 

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JALISCO

MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

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– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco

Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.

Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.

Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.

Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.

Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.

Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.

Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.

Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.

El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.

Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.

En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.

La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.

La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.

La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.

Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.

Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.

En X: @DEPACHECOS

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