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OPINIÓN

Mucho ruido, poco fútbol: El VAR, los árbitros y el eterno circo de la Liga MX

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Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza

Cuando un equipo viene precedido de trampas, difícilmente tiene un final feliz. Pero como estamos en México, los malos se convierten en buenos y los buenos a sufrir.

Es el ADN del mexicano, lamentablemente. La envidia predomina y los “chiripazos” se convierten en “genialidades”. Pongo como ejemplo a “Charly”, mediocampista de Cruz Azul, quien en semifinales quiso mandar un centro e incluso voltea a ver a su compañero en una jugada ofensiva ante Guadalajara; sin embargo, el centro terminó convirtiéndose en gol. Los comentaristas hicieron de un “churro” una jugada de crack.

Ignorancia pura y desconocimiento total de causa. Un equipo con jugadores argentinizados que pegan de lo lindo y ablandan al rival con la complacencia del arbitraje y de los comentaristas televisivos dormidos, resultadistas y poco o nada objetivos.

La final del futbol mexicano fue de lo más insípida. Si bien en Ciudad Universitaria la Máquina fue superior durante todo el encuentro e incluso, como siempre, Keylor Navas fue factor con atajadas espectaculares que evitaron la goleada, aun así los Pumas se pusieron adelante.

Su mejor hombre, Carrasquilla, frente a las narices del árbitro sufrió una entrada criminal. Sintiéndose europeo, el silbante no calificó esa falta como tarjeta roja, según él para darle “continuidad al juego”. El jugador auriazul ya no se levantó y el pronóstico fue de posible fractura. Obviamente el juego se detuvo y, para sorpresa de muchos, el exárbitro Eduardo Brizio, comentarista de ESPN, aseguró que el trabajo del juez fue impecable.

Como diría Roberto Gómez Bolaños: todos estamos locos.

No sé si el arbitraje se trate de una especie de “hermandad” en la que todos se apoyan. Por otro lado, esa falacia de la localía en Ciudad Universitaria no es determinante. El Estadio Olímpico tiene una pista de atletismo de ocho carriles y una estructura que mantiene al aficionado demasiado lejos de la cancha. La visibilidad es limitada y sus cánticos se pierden por la escasa acústica del inmueble.

En contraparte, el Estadio La Bombonera representa el extremo opuesto. Ahí el aficionado está demasiado cerca del terreno de juego; incluso, en las laterales se escucha claramente el jadeo de los jugadores, así como el lenguaje impropio y las linduras que se dicen entre rivales.

Las medidas de una cancha reglamentaria tienen un mínimo de 90 metros y un máximo de 120 metros de largo, de acuerdo con las reglas heredadas del futbol inglés, cuyos términos aún prevalecen: córner, offside, penalti, entre otros.

El arbitraje en México tiene rato que es un verdadero fraude. Insisto: no son mediocres, sino ineptos e ineficaces. En ese sentido, superan a muchos de sus colegas en el mundo por la negatividad de su desempeño y por sus constantes errores.

Lo más grave es la confabulación de ciertos medios televisivos que cuentan con mesas de análisis supuestamente integradas por expertos, pero que parecen estar cortados todos por la misma tijera.

El arbitraje morirá engañado. Su trabajo actualmente es más que generoso: un árbitro central puede cobrar alrededor de 150 mil pesos por encuentro.

Dicen los expertos que haber jugado profesionalmente ayuda no sólo en el arbitraje, sino también en el periodismo deportivo. El análisis de un encuentro puede ser más objetivo y veraz cuando existe experiencia directa dentro del terreno de juego.

El mentado VAR, que en México parece más BAR que VAR, se ha convertido en una película interminable protagonizada por árbitros y personajes que jamás golpearon un balón. Hugo Sánchez ha insistido en que debe existir al menos un exfutbolista dentro del sistema para aportar decisiones más certeras y con un criterio netamente futbolístico.

El problema del arbitraje mexicano es que pretende manejarse únicamente con el “librito”, utilizando argumentos técnicos fuera de contexto. Frases como “la inercia de la jugada provocó la falta”, “la mano iba pegada al cuerpo” o “el jugador no pudo evitar el contacto” terminan convirtiéndose en justificaciones absurdas que poco tienen que ver con la justicia deportiva.

Algo importante que debe transparentarse es saber exactamente qué se habla cuando el árbitro acude al monitor para revisar una jugada polémica. Si existen audios disponibles, deberían hacerse públicos. Mientras tanto, comentaristas como Fernando “El Cantante” y otros opinan de acuerdo con sus simpatías personales, influyendo en la percepción de la afición sobre determinados equipos.

La personalidad de los nazarenos suele caracterizarse, en la mayoría de los casos, por la petulancia, la vanidad, la arrogancia y la prepotencia. Sin embargo, dentro de la cancha se dejan ningunear por figuras como André-Pierre Gignac, quien les grita, los regaña y los agrede verbalmente sin mayores consecuencias. Ni siquiera una tarjeta amarilla aparece.

Los jugadores extranjeros suelen ser los más rebeldes. Presionan constantemente al árbitro, sobre todo los referentes de sus equipos. Ahí está el caso de Sergio Ramos con Monterrey, quien frecuentemente recurre al contacto físico en el área tanto para defender como para atacar en jugadas de balón parado.

Por otro lado, debe quedar claro que el capitán de un equipo no está para reclamar cada jugada durante todo el encuentro. Los extranjeros suelen abusar del gafete y se convierten en una verdadera molestia para el arbitraje, como ocurre con Fernando Gorriarán, quien protesta prácticamente cada decisión.

Es importante aclarar que la función primordial del capitán es comunicarse con sus compañeros y ofrecer las garantías necesarias para facilitar el trabajo del árbitro. El gafete no es una licencia para reclamar, sino una responsabilidad para mantener el orden dentro del equipo.

Un ejemplo clásico ocurre en Argentina. Jugadores de Boca Juniors suelen rodear al árbitro y presionarlo en grupo cuando consideran que una decisión los perjudica. Lo mismo ocurre con River Plate, especialmente en competencias internacionales donde el juego brusco forma parte de su identidad futbolística.

No debemos olvidar que históricamente los sudamericanos han sido señalados por prácticas relacionadas con el dopaje. Carlos Reinoso intentó implementar ciertas fórmulas en el futbol mexicano mediante los famosos “tés” de medio tiempo. El tema salió a la luz cuando Ignacio “Gallo” Jáuregui lo denunció públicamente, provocando una enorme polémica mediática.

Lamentablemente, todo este entorno es y seguirá siendo parte del pan nuestro de cada día. Difícilmente cambiará; por el contrario, cada actor continuará aferrado a sus costumbres y formas de proceder.

Esta situación se parece mucho a la política nacional. No sólo participan los funcionarios públicos, sino también grupos delincuenciales que, según diversas versiones, terminan coludidos dentro de las estructuras de poder.

El nuevo torneo mexicano posterior al Mundial será más de lo mismo. Los equipos que más invierten volverán a aparecer entre los favoritos. Tras el fracaso de los clubes regiomontanos, Monterrey y Tigres buscarán resurgir a golpe de chequera. La baraja de candidatos naturales incluirá a Guadalajara, Cruz Azul, América, Toluca, Tigres, Monterrey, Pachuca y Pumas, aunque el orden dependerá de cada aficionado.

De hoy en adelante, el tema será mundialista hasta que concluya la Copa del Mundo.

E-mail: etrememodelos@hotmail.com


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