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Guerra comercial entre China y EEUU podría afectar economía mundial: Pekín rechaza presiones y advierte que no cederá

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POLÍTICA GLOBAL, por Raúl Cantú //

(Con información de Sputnik, CNN, Xinhua y El País)

Este tipo de acciones uno puede ver cómo comienzan, pero nunca se puede saber en exactitud hasta dónde llegan, ni cuál es la profundidad del daño que pueden hacer”, declaró a la agencia rusa de noticias Sputnik el analista financiero Christian Buteler al advertir que este escenario es muy peligroso, puestos que los efectos puede exceder a la guerra arancelaria.

En su opinión no sería extraña “una guerra de devaluación de la moneda que aumente la competitividad u otras opciones”.

Las dos principales potencias económicas se encuentran en una disputa desde la asunción de Donald Trump como presidente. En palabras del mandatario norteamericano, China ha escalado como potencia tecnológica a costa de prácticas desleales y políticas anticompetitivas.

Washington acusa a Pekín de usar tácticas depredadoras que incluyen el robo cibernético y la obligación a empresas extranjeras de entregarle sus tecnologías con el objetivo de copiarlas y así catapultar a sus empresas hacia el liderazgo mundial.

Para Buteler hay un espectro de respuestas posibles por parte del gigante asiático. Estas podrían incluir medidas recíprocas en términos arancelarios, pero también alternativas más agresivas.

Ellos [el gobierno chino] tienen un stock muy importante de bonos del Tesoro Americano que podrían vender y así producir bastante daño en el mercado. Entonces, aunque la forma en que puedan reaccionar uno no la conoce, si siguen en este nivel de escalada pueden ser más dañinos aún en su respuesta”, apuntó.

El pasado lunes los mercados asiáticos y europeos cerraron con importantes pérdidas. Las caídas estuvieron motivadas por una serie de publicaciones del presidente estadounidense Donald Trump en su cuenta de Twitter. Anunció el aumento de los aranceles a las importaciones chinas de 10% a 25%, para bienes con un valor de 200.000 millones de dólares.

Desde el año pasado EEUU y China, primera y segunda economías del mundo, respectivamente, continúan implicados en una guerra comercial a gran escala.

LAS AMENAZAS DE TRUMP DESDE JUNIO

En junio de 2018 Washington amenazó con imponer aranceles del 25 por ciento a productos chinos por valor de 50.000 millones de dólares con el fin de reducir el déficit comercial.

Ambos países se han impuesto desde entonces varias baterías de aranceles recíprocos: mientras EEUU tarifó las mercancías chinas por un valor total de 250.000 millones de dólares, China respondió con aranceles que afectaron los productos norteamericanos valorados en 110.000 millones de dólares.

APUESTA GLOBAL ARRIESGADA: CNN

LA CNN calificó como arriesgada la nueva apuesta global del presidente de Estados Unidos, Donald Trump al intensificar una guerra comercial con China al imponer aranceles adicionales a los productos chinos en medio de las negociaciones comerciales en curso, y ni él ni nadie más pueden estar seguros de lo que sucederá a continuación. La fuerte escalada podría sacudir a los inversionistas y es la última manifestación del conflicto de superpotencias en el Pacífico. Avivará una nueva preocupación sobre la implacable capacidad de gobierno del presidente.

La confrontación se produce en un momento en que la ansiedad ya está creciendo por la administración de Trump de varias otras crisis de política exterior, incluso con Irán, Corea del Norte y Venezuela. EE. UU. impuso nuevos aranceles a otros 200.000 millones de dólares en productos chinos después de la medianoche, y después de que el presidente acusara a Beijing de dar marcha atrás en un acuerdo entre las dos economías más grandes del mundo.

Había cierta esperanza que los negociadores de los dos países que se reunieron el pasado viernes en Washington con la Ronda Número 11 de conversaciones, pero no hubo acuerdo, como lo precisa el diario El País en su versión digital. El temor es que el enfrentamiento entre las dos mayores potencias comerciales del mundo pueda ser prolongado y afecte a la economía mundial.

Trump declaró el viernes 10 de mayo que no había prisa por llegar a un acuerdo, ya que ahora se estaban “pagando” aranceles de hasta 25% en algunas de las exportaciones de China a Estados Unidos. “Los aranceles traerán mucha más riqueza a nuestro país que incluso un acuerdo fenomenal del tipo tradicional”, escribió Trump en Twitter.

Es cierto que el aumento de los derechos podría reducir la demanda de productos chinos, pero son los compradores estadounidenses los que terminan pagando los costos de los aranceles más altos.

La táctica de Trump refleja su creencia de que la fuerte economía de Estados Unidos le da libertad para infligir dolor a los productos, trabajadores y consumidores de China, y obligará a sus líderes a retroceder y hacer nuevas concesiones.

Es un movimiento clásico de un antiguo magnate de bienes raíces que predica el arte del trato, a menudo aumenta las apuestas en el último minuto y dice que siempre está listo para alejarse de la mesa.

Pero el nuevo aumento de tarifas seguramente provocará represalias en China, a menos que haya un acuerdo de horas extra este viernes, que podría rebotar contra el presidente y los consumidores estadounidenses, especialmente en el corazón agrícola e industrial del Medio Oeste.

EL VICEPRESIDENTE CHINO ADVIERTE QUE NO CEDERÁN EN SUS PRINCIPIOS

El viceprimer ministro chino, Liu He, dijo el viernes que la cooperación es la única opción correcta para China y Estados Unidos, pero China no hará concesiones en las importantes cuestiones de principios.

Las relaciones entre China y Estados Unidos son de gran importancia, dijo Liu en una entrevista con medios de comunicación chinos tras la conclusión de la 11ª ronda de consultas económicas y comerciales de alto nivel entre las dos principales economías del mundo, que se realizó el jueves y el viernes en Washington.

Las relaciones económicas y comerciales sirven como lastres de barco e impulsores de la relación general China-EEUU, y atañen no sólo a los lazos bilaterales, sino también a la paz y la prosperidad del mundo, añadió Liu, también miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh).

La cooperación es la única opción correcta para las dos partes, pero tiene que estar basada en principios, dijo el viceprimer ministro, quien encabeza a la parte china en el diálogo económico integral China-EEUU.

China jamás hará concesiones en las importantes cuestiones de principios, destacó.

La delegación china vino a Washington para la última ronda de conversaciones con sinceridad, y sostuvo intercambios francos y constructivos con la parte estadounidense, indicó Liu, quien añadió que las dos partes acordaron continuar impulsando las consultas.

China se opone firmemente a la subida de aranceles por parte de Estados Unidos, que es perjudicial no sólo para China y Estados Unidos, sino para el mundo entero, y China tendrá que adoptar las contramedidas necesarias, agregó.

Al enfatizar que cualquier acuerdo debe ser igualitario y de beneficio mutuo, Liu señaló que las dos partes han alcanzado consensos importantes en muchos aspectos, pero que todavía quedan tres preocupaciones fundamentales de China que deben ser abordadas.

La primera es eliminar todos los aranceles adicionales, indicó, y añadió que la imposición de esos aranceles es el punto de partida de la actual disputa comercial bilateral, y que debe ser revocada por completo si las dos partes desean alcanzar un acuerdo.

La segunda es que la cantidad de adquisiciones debe ser realista, dijo, y agregó que las dos partes alcanzaron un consenso sobre el volumen en Argentina, y que no debe cambiarlo al azar.

La tercera es mejorar el equilibrio en la redacción del texto, indicó, y añadió que cada país tiene su dignidad, el texto debe ser equilibrado y que se necesitan más discusiones sobre algunos temas clave.

Al destacar que es normal que haya altibajos en las consultas bilaterales desde el año pasado, Liu señaló que es irresponsable acusar arbitrariamente a una parte de “echarse atrás” mientras que las dos partes están todavía en el proceso de negociación.

Respecto a China, el viceprimer ministro dijo que lo más importante es enfocarse en sus propios asuntos.

China disfruta de una enorme demanda de mercado doméstica, la implementación de la reforma por el lado de la oferta impulsará de manera integral la competitividad de los productos y empresas del país, y todavía existe un espacio amplio para las maniobras fiscales y monetarias, dijo, y añadió que la perspectiva económica china es muy optimista.

Liu indicó que es algo bueno para un gran país enfrentar algunos reveses en su desarrollo ya que pueden servir como una prueba de capacidad.

Bajo la firme dirección del Comité Central del PCCh con Xi Jinping como núcleo, con tal que el pueblo chino tenga una confianza firme y haga esfuerzos conjuntos, China no temerá ninguna dificultad, y podrá sin falta mantener el buen impulso de desarrollo económico sostenido y sano, añadió.

PEKÍN PREPARADO PARA UNA GUERRA DE DESAGSTE

China se está preparando para una guerra de desgaste con Estados Unidos en su disputa comercial, Pekín exige que un acuerdo final garantice “la igualdad y la dignidad” de los dos países, destaca El  País Digital en su edición de fin de semana.

Si bien los canales de conversación no se han roto entre los dos países y se retomarán en Pekín, después de que en la ronda número once  de diálogo en Washington no hubo acuerdo, los canales siguen abiertos, han remarcado las dos partes.

Las negociaciones no se han roto” y se retomarán en Pekín, se dijo sin precisar fecha de su próximo diálogo, conforme lo expresó Liu, viceprimer ministro chino y hombre de confianza del presidente Xi Jinping.

El viceprimer ministro chino aceptó que existen “desacuerdos sobre cuestiones de principios” y son tres puntos  en los que China no cederá bajo ningún concepto.

China estaría dispuesta a llegar a un acuerdo, siempre y cuando Estados Unidos levante sus aranceles adicionales; que el aumento del volumen de compras de productos estadounidenses que Washington exige a China sea realista y se ciña a la demanda interna china; y especialmente que el documento final del acuerdo sea equilibrado para garantizar la igualdad y la dignidad de los dos países.

Es en esta tercera condición de “dignidad” donde está la clave y el actual punto muerto se desató, como ha publicado la agencia Reurers al eliminar Pekín el borrador de acuerdo a las referencias a que cambiarían sus leyes para aceptar las demandas de los Estados Unidos sobre protección a la propiedad intelectual, acceso a los mercados de servicios financieros y transferencia forzosa de tecnología, entre otros aspectos.

El País resalta que para Washington, esos términos eran la garantía para hacer cumplir lo que pensaban se había aprobado, mientras que para Pekín representaba una injerencia intolerable en su soberanía y un cambio en su modelo económico que Xi Jinping no tiene intención de aceptar.

China está dispuesta a pagar un cheque, pero no a transformar su modelo económico estatal en una economía de mercado”, escribía esta semana Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia Pacífico del banco de inversiones Natixis. “El abrupto cambio de dirección [de el presidente estadounidense, Donald Trump] en la estrategia de negociación revela desesperación, más que fuerza” al imponer los nuevos aranceles, que pasan del 10 al 25%, y amenazar con gravar de la misma manera al resto de productos importados chinos.

China ha llegado a la conclusión de que tiene margen de maniobra para aguantar lo que cree que puede ser una guerra de desgaste prolongada. La desconfianza de Pekín es grande, y domina la percepción de que, al final, el objetivo de EE. UU. es impedir que este país se convierta en una gran potencia. No ha ayudado que esta semana las autoridades estadounidenses denegaran una licencia de operación a la principal compañía telefónica china —China Mobile— e intensificaran su retórica contra el gigante tecnológico Huawei.

A lo largo de los meses de negociación, Pekín ha ido dando pasos para proteger su economía ante la ausencia de un acuerdo. “Los responsables políticos chinos se han centrado en estimular de modo efectivo la economía. Además, con una perspectiva a largo plazo en mente, China se ha esforzado en extender lazos amistosos con la mayor cantidad posible de países”, apunta García-Herrero. Para lo primero, recuerda la economista, se encuentran en marcha estímulos para el sector privado vía crédito. Para lo segundo, China ha sumado ya oficialmente a 130 países a su iniciativa Nuevas Rutas de la Seda.

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MUNDO

El viraje de Grecia hacia la derecha: ¿Por qué Tsipras perdió el poder?

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Por Francisco Herranz //

Atenas ha virado a la derecha. Una mezcla de rabia ciudadana, decepción popular y absentismo electoral ha arrebatado el poder a Alexis Tsipras, el carismático líder de la formación Syriza o Coalición de la Izquierda Radical.

Grecia vive aún en una situación muy precaria. El panorama continúa siendo negro y poco optimista. Aunque es cierto que la economía ha empezado a crecer lentamente (1,4% en 2017 y 1,9% en 2018), el abismo al que se enfrentó el país helénico ha empobrecido y desengañado a su sociedad. Nada será igual que antes. Ha pasado una década —tempus fugit, que decían los latinos— y parece que no han salido del todo de la pesadilla.

La Iglesia ortodoxa griega da cada día de comer a 20 mil personas, a los jubilados les bajaron las pensiones en 23 ocasiones en los últimos ocho años, el número de “sin techo” se multiplicó por cuatro, los salarios se recortaron en un 40%, los impuestos subieron a niveles increíbles, la clase media se ha empobrecido de forma masiva y 300.000 empresas desaparecieron.

Así mismo, la deuda subió al 185% del PIB (al comenzar la crisis era el 126%), el paro es del 18% (casi del 40% entre los jóvenes), muchos sectores económicos estratégicos están ahora en manos de empresas extranjeras, los servicios sanitarios han sufrido grandes recortes, un tercio de los griegos no tiene cobertura médica, y el 35% vive por debajo del umbral de la pobreza.

Han transcurrido 10 años desde que se desató la tragedia. Fue a finales de 2009 cuando se hicieron obvios los indicios que demostraban que Grecia era incapaz de pagar su deuda soberana, que ascendía a 300.000 millones de euros. También entonces se conoció que las autoridades griegas, con la complicidad necesaria del banco Goldman Sachs —uno de los gigantes multinacionales de Wall Street—, habían falseado ocho años antes los datos de su déficit público que entregaba a los funcionarios de la Unión Europea.

En 2001 Grecia buscaba fórmulas para ocultar sus graves problemas financieros. El Tratado de Maastricht de la Unión Europea (UE), suscrito en 1992, exigía a todos los Estados miembros de la zona euro que mejoraran sus cuentas públicas, pero Atenas iba en dirección contraria. Fue entonces cuando apareció Goldman Sachs y organizó para Grecia un préstamo secreto de 2.800 millones de euros disfrazado de “intercambio de moneda” fuera de los libros de contabilidad, una compleja transacción por la que la deuda griega en moneda extranjera se convertía en obligaciones cambiarias en moneda nacional usando un tipo de cambio ficticio.

Como resultado de esa operación, el 2% de la deuda griega desapareció de las cuentas nacionales. Y Goldman Sachs recibió 600 millones de euros por sus servicios prestados. El tercer pecador fue la propia UE ya que, hasta 2008, las normas contables comunitarias permitían a los países miembros administrar su deuda con esta clase de trampas.

El descubrimiento del engaño desembocó en tres rondas de rescates financieros —110.000 millones de euros en 2010, 100.000 millones en 2011 y 86.000 millones en 2015—, que pusieron a Grecia de rodillas y al borde de salir del euro.

Al llegar al poder en 2015, Tsipras quería acabar con las medidas de austeridad, y convocó un referéndum en julio de aquel año, en el cual dos de cada tres de los griegos que acudieron a votar rechazaron las condiciones del tercer rescate. Sin embargo, presionado por los “hombres de negro”, los implacables tecnócratas profesionales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Comisión Europea, al final tuvo que aceptar lo que antes renegaba.

Los electores no han perdonado a Tsipras ni las promesas incumplidas ni los duros recortes sufridos durante su gestión. Las urnas han recogido el descontento de las clases medias. Los más radicales se han sentido traicionados. Pero el batacazo no es definitivo. Teniendo en cuenta el “bono” o premio que la ley electoral griega concede al partido más votado, Syriza solo ha bajado cuatro puntos porcentuales con respecto a sus resultados de 2015.

Todos los análisis auguraban una derrota mucho más pronunciada dada la debacle que había sufrido previamente en los comicios europeos, regionales y municipales. Además, Yanis Varufakis, el famoso pero efímero —duró sólo seis meses en el cargo— ministro de Finanzas de Tsipras entró en el Parlamento heleno con su nuevo partido antiausteridad y revisionista.

Eso significa que las fuerzas de izquierdas no están derrotadas sino que andan dispersas y enfrentadas entre sí. La baja participación electoral en un país donde el voto es obligatorio también jugó en contra de los candidatos de Syriza, beneficiando a los conservadores de Nueva Democracia y su máximo dirigente, el ahora primer ministro Kyriakos Mitsotakis.

Hubo otros factores que contribuyeron a la derrota de Tsipras. Las impresionantes imágenes de los incendios ocurridos en 2018 en Mati, en la región de Ática, que se llevaron la vida de casi 100 personas, fueron la triste confirmación de que la ineficacia del Estado griego no había desaparecido bajo el mando de Syriza.

Tsipras puso fin al largo conflicto con Macedonia del Norte a propósito de su nombre oficial. Eso fue un gran triunfo griego. Pero tuvo, sin embargo, un coste electoral indudable pues fomentó que la extrema derecha fortaleciera su discurso nacionalista en distintas partes de Grecia. Finalmente, la incómoda coalición con el partido de derechas Anel asoció a Syriza con figuras políticas muy desagradables para el electorado de izquierdas.

Es posible que Tsipras abandone Syriza para fundar otro partido más socialdemócrata, moderno y progresista. El reto de esa transformación pasa por ampliar su número de afiliados, es decir, aumentar el peso de su base en la sociedad, que es mucho menor que la que poseen organizaciones como Nueva Democracia o Kinal, el sucesor del Pasok, el histórico partido socialista griego.

El camaleónico político de 44 años ha abandonado la confrontación de antaño con las instituciones europeas y ahora se presenta como baluarte de los valores europeos ante el auge de la ultraderecha que barre Europa, incluida su patria. (Cortesía de Sputnik).

 

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El G20 en Osaka: ¿El fin del multilateralismo?

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Por Mario Lettieri y Paolo Raimondi //

(MSIa Informa).- La cumbre del G-20 en Osaka, esencialmente, fracasó. Se tiene la impresión de que los países participantes, los cuales representan el 80% del PIB (Producto Interno Bruto) mundial, no demostraron la capacidad y voluntad suficientes para “administrar” juntos los problemas y desafíos globales, perdiendo así la autoridad, la confiabilidad y la eficacia en la toma de decisiones.

El mundo corre el riego de ser desgarrado por conflictos económicos, financieros y monetarios, en los cuales los aranceles y venganzas sobre empresas se asemejan cada vez más a verdaderas guerras, aunque sin el uso de armas.

La resolución final de la cumbre, en verdad, se limita a reconocer que “las tensiones comerciales y geopolíticas se intensificarán. Seguiremos enfrentando esos riesgos y pretendemos estar listos para tomar otras medidas”. Es en verdad, ¡muy poco!

No se sabe bien a bien lo que en los últimos meses se haya hecho por cuenta de las Naciones que experimentan las diarias provocaciones del presidente estadounidense Donald Trump. Con la imposición de tarifas y sanciones. En Osaka, las palabras “tarifas” y “proteccionismo”, inclusive, desaparecieron, sin mencionarse en el documento final. En contraste, el término “proteccionismo” fue mencionado explícitamente en el comunicado de la cumbre del G-20 en Hamburgo, en 2017, antes de entrar al índex, cuando se declaró que era necesario “seguir la lucha contra el proteccionismo y todas las otras prácticas comerciales injustas, reconociendo el papel de los instrumentos de defensa comercial legítima”.

Se trata, por lo tanto, de un significativo paso en comparación con las cumbres anteriores del grupo.

El multilateralismo está, ciertamente, derrotado. Trump todavía cree que puede determinar unilateralmente todas las cuestiones geopolíticas  y geoeconómicas, mientras que la necesidad de abordarlas y resolverlas en conjunto es cada vez más evidente. Y no debe olvidarse que el papel de las Naciones Unidas también se ha erosionado cada vez más más.

De igual manera, hubo un retroceso en relación a la cumbre del G-20 en Buenos Aires, donde por lo menos se afirmó claramente “el compromiso de trabajar juntos para mejorar un orden internacional basado en reglas, capaz de responder efectivamente a un mudo en cambio continuo”. Incluso así, sin embargo, en un asunto delicado como la cuestión ambiental, Trump exigió que el acuerdo final quedase determinado “los EUA reafirman su decisión de retirarse del Acuerdo de parís”, el acuerdo de la ONU sobre el clima y la reducción de las emisiones de bióxido de carbono.

El fracaso de Osaka quedó demostrado también, por el hecho de haber prevalecido las reuniones bilaterales, aunque estas hayan sido realmente importantes. Agendarlas no es la tarea principal para la cual se creó el G-20.

Quizás, la reunión más significativa, al margen de la cumbre, haya sido la de los jefes de Estado del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África del Sur), grupo que camina a representar más del 50% del crecimiento del PIB global para el año 2030. El grupo reafirmó el apoyo a un “comercio internacional transparente, no discriminatorio, abierto, libre e inclusivo. El proteccionismo y el unilateralismo van contra el espíritu y las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Reafirmamos el compromiso con el multilateralismo y el Derecho Internacional y apoyamos un sistema comercial multilateral basado en reglas, donde la OMC sea su centro”.

Empero, la resolución final de la cumbre contiene algunas ideas y propuestas relevantes. En primer lugar, el compromiso hacia la digitalización de todo el sistema económico y social y la mejora de la infraestructura, como un “motor de crecimiento económico y prosperidad”, el cual pueda involucrar inversiones privadas. Además, Osaka propone una ruta para la reforma que ya no puede ser demorada de la OMC, porque desde hace algún tiempo ya no refleja los procesos económicos reales y el papel de los nuevos actores internacionales.

Y, una vez más, los países de la Unión Europea (UE) apenas marcaron presencia, sin ninguna orden particular, concentrándose como lo hizo Italia, en los problemas “de casa” y de dentro de la UE. El largo viaje a Japón no fue bien aprovechado para mostrar al mundo que la UE es un ente capaz de intervenir, proponer e influenciar realmente las cuestiones globales.

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El peligro de una nueva crisis de los misiles cubanos

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Por Lorenzo Carrasco // 

MSIa Informa.- La determinación de la alianza estratégica Rusia-China en promover un nuevo ordenamiento cooperativo y no hegemónico del sistema mundial en un momento en que la dinámica que se gesta para un cambio de época es impredecible, es lo que los sectores más radicales del “establishment” de Estados Unidos se niegan a aceptar, al tiempo que encaminan al mundo a un conflicto de grandes proporciones.

De Washington no cesan de surgir muestras de que por lo menos algunos sectores de la élite “excepcionalistas” estadounidenses están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias para conservar la hegemonía política que el país ha sustentado desde el fin de la Guerra fría, ambición cada vez más desatinada.

Una de esas señales es el documento titulado “Operaciones nucleares” (Nuclear Operations) del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el cual contiene “principios fundamentales y la orientación para planear, ejecutar y evaluar operaciones nucleares” (RT, 20/06/2019, documento original en este link). La orientación del texto es clara: El comando militar estadounidense sustenta la antigua y peligrosa ilusión de que es posible vencer en una guerra nuclear.

Utilizar armas nucleares (tácticas- n.e.) podría crear condiciones para resultados categóricos de una estabilidad estratégica,” afirma el documento, y agrega que su uso “cambiará fundamentalmente el alcance de una batalla y creará condiciones que afectarán la forma” en las decisiones que los comandantes asuman.

En otra parte, el texto menciona los bombardeos estratégicos nucleares (B-1 y B-2) como los que ofrecen el mayor grado de flexibilidad en la triada (nuclear, que incluye submarinos y proyectiles intercontinentales –n.e.), porque ellos pueden ser una señal de determinación altamente visible y, habiendo ya recibido las órdenes de desatar un ataque, pueden ser llamados de vuelta.”

En esta misma línea, el vice jefe del Estado Mayor Conjunto, general Paul Selva, reforzó tal locura públicamente al sugerir que parte de las ojivas de los proyectiles intercontinentales Trident lanzados por los submarinos se sustituyan por ojivas de potencia menor, para permitir su empleo táctico.

RUSIA RESPONDE

La propuesta recibió una fuerte respuesta de la cancillería rusa, la que destaca que no hay forma de limitar el uso de armas nucleares en una guerra entre súper potencias. La nota afirma que Estados Unidos está retomando la visión doctrinaria de “60 años atrás,” cuando concebía que fuera posible trabar y vencer en “una guerra nuclear limitada.” Sin embargo, resalta, cualquier lanzamiento de un arma nuclear contra el territorio ruso, “independientemente de la capacidad de su ojiva, será tratada como una agresión, usando de armamento atómico y será respondida de forma apropiada.”

No obstante, la nota afirma que tal osadía tiene menos que ver con Rusia que con otros países “rebeldes” al liderato estadounidense: “Parece que a Washington no le importaría hacer de las ojivas de baja potencia un medio para chantajear a los países que se oponen a los dictámenes estadounidenses.”

Otra iniciativa preocupante es la retirada unilateral estadounidense del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), que, sumada a la evidente falta de interés en la renovación del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas III (START III) con Rusia, ha instigado la desconfianza de Moscú sobre los motivos de esos grupos.

El 24 de junio, el vice ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguei Riabkov, afirmó que la colocación de proyectiles terrestres próximos a las fronteras rusas podría provocar un impasse comparable al de la Crisis de los misiles cubanos de octubre de 1962, cuando las dos súper potencias estuvieron muy cerca de un tiroteo nuclear.

Si se llega a la movilización real de tales sistemas en tierra, la situación no sólo se complicará, sino que empeorará hasta el límite. Podríamos encontrarnos en una situación de crisis de proyectiles, no sólo parecida a la crisis de la de década de 1980, sino a la del Caribe,” dijo, en una reunión del Consejo de la Federación (RT, 24/06/2019).

De acuerdo con él, Rusia no puede dejar de responder de forma recíproca al abandono del INF, actitud que calificó de “paso importante desestabilizador que hace más frágil la seguridad regional.”

Todo indica que el hecho de que Rusia disponga de un nuevo arsenal ultra moderno de armas hipersónicas, contra las que Estados Unidos no tiene la mínima defensa y que son capaces de asegurar una devastadora capacidad de respuesta a un eventual ataque, no ha sido suficiente para calmar los ánimos belicistas de los pirómanos de Washington.

Las provocaciones no se restringen al ámbito nuclear. El 15 de junio, el periodista del New York Times David Sanger reveló que Estados Unidos está llevando a cabo ataques cibernéticos contra la red eléctrica rusa, a manera de “advertencia” al presidente Vladimir Putin. La reacción de Donald Trump fue la de calificar el reportaje de “acto de traición,” pero, en un comentario irónico, el ex analista de la CIA Philip Giraldi se preguntó “por qué Sanger no fue detenido por revelar información de seguridad nacional,” además de señalar el riesgo de que tales agresiones podrían llevar rápidamente a una peligrosa escalada (Checkpoint Asia, 24/06/2019).

EL FLANCO IRANÍ

A estos datos se agregan las crecientes provocaciones de Washington contra Irán, que culminaron con el derribo de un sofisticado dron Global Hawk de la Marina estadounidense por un misil contra misiles aéreos iraní el 20 de junio. El ataque tuvo por respuesta la amenaza de un ataque contra instalaciones militares iraníes, cancelado, supuestamente, por Trump minutos antes de ser iniciado, además de nuevas manifestaciones agresivas vía Twitter del ocupante de la Casa Blanca, que amenazaban con “borrar” partes de Irán en caso de un nuevo ataque.

A pesar de su retórica, Trump no parece estar interesado en inaugurar un nuevo conflicto, menos con una potencia militar en condiciones de dar una firme respuesta asimétrica a un ataque eventual, el caso de Irán, lo que sería un obstáculo evidente para su ya iniciada campaña de reelección. Una evidencia fue la acusación pública al ultra belicista consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, hecha en una entrevista concedida a la red NBC, en la que afirmó que en su gabinete tiene tanto “palomas” como “halcones.” “John Bolton es absolutamente un halcón. Si dependiese de él, encararía al mundo entero al mismo tiempo. Pero no importa, porque quiero a ambos lados,” dijo al periodista Chuck Todd (The Hill, 23/06/2019).

El problema es que os “neoconservadores”, como Bolton y sus secuaces, no se muestran dispuestos a abandonar un plan de provocaciones contra el país persa. Este, a su vez, tiene también un establishment orgulloso y seguro de su capacidad, centrada en la Guardia Revolucionaria, que maneja los recursos militares más modernos del país, en particular el sofisticado sistema de proyectiles contra misiles aéreos que derribó el dron estadounidense capaz de volar a 18 000 metros de altura, lo que tomó por sorpresa al Pentágono.

 

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