OPINIÓN
Invasión norteamericana y golpes a la economía de México
De primera mano, por Francisco Ruiz Quirrin
ANTE EL escenario surrealista que día a día continúa ofreciendo en sus “mañaneras” la presidenta Sheinbaum, salta a la vista, inocultable, el México del sufrimiento, de la inseguridad, del desabasto de medicinas en los hospitales públicos, del control que en diversas regiones ejerce el crimen y del abandono en que la “cuarta transformación” ha sumido al pueblo.
Ha sido una manipulación informativa, desde la esfera oficial, todos los días. Tiene sus razones para hacerlo. La presión del gobierno de los Estados Unidos ha obligado al gobierno mexicano a verlo como un lobo capaz de devorarlo. No es difícil definirlo: El presidente Donald Trump está encabezando la oposición más férrea a los propósitos finales de la 4-T, incomparable ante la debilidad de cualquier corriente opositora en el interior del país.
Aunque se insista en negarlo, Estados Unidos ha metido las manos en nuestra política desde 1821 en que consumamos nuestra independencia de España. ¿Cuántos operativos de la DEA, de la CIA, del FBI para la captura de poderosos narcotraficantes?
Hasta ahora, Palacio Nacional siempre lo ha negado, envuelto en la bandera nacional. Sólo admite que “existe colaboración sin subordinación” y “amplio apoyo entre ambas naciones para combatir el crimen”, pero sería inconcebible que los presidentes y la actual presidenta desconocieran las actividades de las agencias norteamericanas en nuestro país.
Ejemplos de la presencia “gringa” en los más fuertes operativos hay muchos. De los más recientes, la captura y muerte de Nemesio Oceguera Cervantes “El Mencho” se debió gracias a la “inteligencia” del Tío Sam, pero lo que sucedió esta semana rompió una caja de cristal.
La cadena CNN reveló que la DEA participó en la ejecución de un mando del cártel de Sinaloa —Francisco “El Payín” Beltrán– en una transitada carretera fuera de la Ciudad de México, el pasado 28 de marzo. Para lograr su propósito, colocó un artefacto explosivo dentro del vehículo.
Esta acción, según los datos revelados, fue parte de una campaña ampliada no reportada de la CIA dentro de México, encabezada por Ground Branch (Rama terrestre) para desmantelar redes de los cárteles de la droga.
Esta publicación obligó a que el titular de seguridad del gobierno federal, Omar García Harfuch, emitiera un comunicado en el que niega la veracidad de la información, reiterando que solo hay “colaboración sin subordinación” con los EU.
Horas después de que trascendiera esta información, apareció el jefe de la DEA, Terry Cole, que en referencia al caso “Rubén Rocha Moya” aseguró que “esto es apenas el inicio de lo que viene –porque- no hay duda de que altos mandos del gobierno mexicano llevan años en la cama con los narcos”.
La verdad, no se recuerda un escenario más catastrófico para el gobierno de México en los últimos 160 años, relacionado con sus vecinos del norte.
Porque esta intervención estadounidense en nuestro país arrastraría funestas consecuencias para el régimen, pero sobre todo para López Obrador y la presidenta Sheinbaum.
Sobre el expresidente no cabe la menor duda. Su gobierno será calificado históricamente como un “narco-gobierno” y podría caer sobre él, su familia y sus amigos más íntimos, una hecatombe.
En cambio, la actual inquilina de palacio no lleva en sus espaldas ese gran peso, pero todo este escenario le acerca cada día al momento en que tome una fatal decisión: Jugársela con su antecesor y padrino y ganarse la corona de cómplice, o salvarse anteponiendo los grandes intereses de México por encima de los particulares.
Ha tratado de defenderse. Ha utilizado muchísimas “cajas chinas” para disminuir los efectos de los golpazos que le ha propinado Trump. Pero la verdad, a estas alturas, es inocultable.
Ha ido subiendo el volumen de la amenaza “gringa” de intervenir directamente dentro de México para atacar al narco, “porque el gobierno ha hecho, pero no lo suficiente”.
Y el caso “Rocha Moya” debió haber sido una de las razones fundamentales para terminar con la paciencia de Trump. Es evidente que a López Obrador se le está protegiendo y con ello desdeñando la solicitud de detenerlo y presentarlo ante la justicia del vecino del norte.
¿La invasión norteamericana es inminente? Algunos expertos lo aseguran.
La verdad es que siempre han estado aquí. La diferencia será que harán a un lado la clandestinidad y los acuerdos de colaboración ocultos entre ambos gobiernos.


