JALISCO
La capital emocional del Mundial: Guadalajara late al ritmo del tricolor
Por Diego Morales Heredia
Guadalajara descubrió que un Mundial no se mide únicamente en goles, estadísticas o resultados. Se mide en las calles tomadas por familias enteras, en las camisetas verdes que reemplazan la ropa de oficina, en los abrazos entre desconocidos y en la certeza de que, por unas horas, una ciudad entera puede latir al mismo ritmo.
La clasificación de la Selección Mexicana a los dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, tras vencer 1-0 a Corea del Sur en el Estadio Guadalajara, desató una celebración que desbordó plazas, avenidas y espacios públicos de la capital jalisciense. El gol de Luis Romo aseguró el liderato del Grupo A, pero la verdadera postal de la jornada se escribió lejos de la cancha.
Desde las primeras horas del jueves, el Centro Histórico comenzó a teñirse de verde, blanco y rojo. Las terrazas abrieron antes de lo habitual, los vendedores ambulantes encontraron en las banderas y los sombreros tricolores su mejor mercancía, y miles de personas caminaron hacia Plaza de la Liberación con la esperanza de conseguir un lugar en el FIFA Fan Festival.
La expectativa rebasó cualquier previsión. Horas antes del silbatazo inicial, el Fan Fest alcanzó su aforo máximo de 18 mil personas y los accesos fueron cerrados. Lejos de dispersarse, la multitud se extendió por las calles aledañas, transformando el primer cuadro de la ciudad en una gran tribuna al aire libre.
Quienes no lograron ingresar improvisaron nuevos espacios de convivencia. Cafeterías, restaurantes, plazas comerciales y explanadas públicas se convirtieron en puntos de reunión espontáneos. La fiesta se multiplicó en distintos rincones del área metropolitana: desde la Zona Fan Vibra Jalisco, en Zapopan, hasta el Centro Cultural Universitario, centros comerciales y plazas públicas que habilitaron pantallas para seguir el torneo.
El Mundial dejó de ser un evento concentrado en un estadio para convertirse en una experiencia compartida por toda la ciudad.
Durante el encuentro, la tensión se apoderó de miles de aficionados. El empate sin goles alimentó la incertidumbre y el nerviosismo, hasta que un error del guardameta surcoreano abrió la puerta al gol de Luis Romo. El estallido fue inmediato. Los gritos retumbaron entre edificios históricos, las banderas comenzaron a ondear y las bocinas improvisadas reprodujeron una y otra vez los cánticos que acompañan al Tricolor desde hace generaciones.
La atajada de Raúl Rangel, en los minutos finales, terminó por sellar una noche que Guadalajara difícilmente olvidará.
Al concluir el partido, la celebración se trasladó a la Glorieta La Minerva. De acuerdo con reportes oficiales, cerca de 50 mil personas se congregaron en el emblemático punto de reunión de la ciudad para festejar la clasificación mexicana. Al mismo tiempo, el FIFA Fan Festival y sus alrededores registraron una asistencia acumulada de 61 mil personas.
En redes sociales comenzaron a multiplicarse las imágenes de una ciudad entregada al Mundial. Videos compartidos por los propios asistentes muestran a grupos de jóvenes cantando, bailando y recorriendo las calles del Centro Histórico y La Minerva envueltos en banderas mexicanas. También se observan escenas de convivencia entre aficionados locales y visitantes extranjeros, unidos por el lenguaje universal del futbol.
Las redes sociales también documentaron escenas propias de una celebración multitudinaria: jóvenes recorriendo las calles hasta altas horas de la noche, algunos de ellos bajo los efectos del alcohol, mientras compartían cánticos, fotografías y momentos de convivencia con turistas que llegaron a Guadalajara para vivir la Copa del Mundo.
La celebración dejó ver, además, los excesos propios de una fiesta de esta magnitud. Los servicios de emergencia atendieron casos de insolación y se registraron algunos conatos de bronca. Sin embargo, estos episodios quedaron opacados por una imagen predominante: la de una ciudad abierta al mundo y orgullosa de recibirlo.
La jornada también puso a prueba la capacidad operativa de la sede tapatía. El desbordamiento del Fan Festival y la ocupación de espacios alternativos confirmaron la magnitud del entusiasmo que ha despertado la Copa del Mundo en Guadalajara.
La celebración que acompañó la clasificación de México fue el punto culminante de una semana en la que Guadalajara se transformó por completo. Un día antes del encuentro ante Corea del Sur, más de 160 mil personas se congregaron en los alrededores de la Glorieta La Minerva para asistir al concierto gratuito Yo también juego x Maná, como parte de las actividades de Vibra Jalisco.
Familias enteras, visitantes nacionales y turistas extranjeros compartieron una misma postal: la de una ciudad que encontró en el Mundial un punto de encuentro entre el futbol, la música y la identidad local. Las calles, parques, comercios e incluso las azoteas de viviendas cercanas se convirtieron en escenarios improvisados de una celebración colectiva que anticipó la euforia que horas más tarde provocaría la clasificación del Tricolor.
Quizá una de las imágenes más significativas de esta Copa del Mundo se encuentra en las calles de Guadalajara. Durante estos días, las rivalidades que suelen dividir al futbol local han quedado en pausa. No importa si la camiseta habitual es rojiblanca, rojinegra o de cualquier otro equipo. En las plazas, las terrazas, el Fan Fest y la Glorieta La Minerva, los aficionados han encontrado un punto de encuentro común.
Por unos días, la ciudad ha dejado atrás los colores de club para abrazar uno solo. Seguidores de Chivas, Atlas, Leones Negros y de otros equipos comparten abrazos, cánticos y celebraciones bajo la misma bandera. El Mundial ha logrado lo que pocas cosas consiguen: que miles de personas latan al mismo ritmo, el del futbol.
Guadalajara disfruta ser sede. Lo hace en sus plazas llenas, en sus noches de fiesta, en la hospitalidad de su gente y en la forma en que ha hecho suyo el torneo. A diferencia de otros grandes eventos deportivos que se viven desde la distancia, el Mundial se ha instalado en la cotidianidad de la ciudad y ha transformado sus espacios públicos en lugares de encuentro.
México ya está en la siguiente ronda. Pero, mientras la selección se prepara para enfrentar a Chequia el próximo 24 de junio en el Estadio Ciudad de México, Guadalajara parece haber ganado algo más importante: la certeza de que el futbol puede transformar el espacio público, unir a millones de personas y convertir a una ciudad en el corazón emocional de una Copa del Mundo.




