JALISCO
La sed convertida en campaña: La politiquería primero, el agua después
Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Cerca de cien botellas de plástico hacían guardia en la puerta de la COPRISJAL. Adentro traían agua: agua color marrón, agua con basuritas negras que se iban asentando, agua que ninguna familia de Jalisco pidió y que, sin embargo, le llega cada mañana por la llave. Alguien las había colocado en la entrada como quien pone pruebas sobre la mesa de un juez. El juez, ese jueves, prefirió no salir a verlas.
Ahí estaba Eva, de 87 años, de la colonia Chapultepec Country, aguantando de pie los rayos del sol en su segunda manifestación por lo mismo. No fue por gusto. En su casa, el agua contiene nitritos, nitratos, metales pesados y —según los análisis que realizaron las propias organizaciones— plomo. «Digo yo, qué criminales, ¿quieren matarnos o de qué se trata?», dijo. Y luego, sin que nadie se lo preguntara, puso el dedo donde más arde: «Si no te mueves tú, el gobierno no va a hacer nada por ti. El gobierno está acostumbrado a hacer lo que le da la gana, a llevarse el dinerito, y nosotros, bien, gracias: nos abandonan a las enfermedades. Seguimos abandonados».
Ochenta y siete años tiene Eva para entender, sin asesores ni columnas, lo que en Jalisco a muchos con cargo todavía se les escapa.
Convocaron 39 organizaciones —SIAPA Corrupto, IMDEC, El SIAPA que Queremos, entre otras— al primer día de las Jornadas de Movilización Ciudadana por Agua Limpia y Salud. Llevaban una sola exigencia y mil 525 firmas para respaldarla: que la COPRISJAL declarara la alerta sanitaria que ya nadie serio discute. No pedían un favor. Pedían que la autoridad hiciera lo único para lo que existe.
La autoridad los hizo esperar tres horas bajo el sol. Al final salió Alan Vidaurri, del área jurídica, a recibir los documentos. Una vecina cercana al Tianguis del Sol lo encaró con el brazo cubierto de dermatitis: «Estamos recibiendo el agua con heces fecales; ni siquiera se puede usar para lavar la ropa. ¿Qué necesito yo como ciudadana para que activen la maldita alerta sanitaria? Por favor, responda, no solo me mire». El funcionario miró el piso, miró hacia otro lado y se metió de nuevo a la dependencia, escoltado por dos hombres, sin decir una sola palabra. No hubo razón ni súplica que lo inquietara. La escena lo dice todo: quien tiene el poder para firmar la alerta no tuvo el valor de sostener la mirada de quien la necesita.
Mientras eso pasaba en la banqueta, en la comodidad de una columna de periódico ocurría otra cosa muy distinta.
Esa misma semana, la diputada Gabriela Cárdenas —de Movimiento Ciudadano, presidenta de la Comisión de Hacienda del Congreso y aspirante confesa a la alcaldía de Zapopan— publicó su versión del asunto. Se titula, sin rubor, «El agua primero, la politiquería después». En ella reconoce que 200 de casi 2 mil colonias reciben agua indigna y, enseguida, le busca padre al problema: «veinticinco años de falta de inversión en la infraestructura hídrica». Veinticinco años. La cifra es cómoda porque no tiene rostro. Reparte la culpa en el tiempo, como si el agua se hubiera podrido sola, por antigüedad, y no en las manos de quien ha administrado el SIAPA y el Gobierno de Jalisco durante los últimos siete años.
Porque conviene recordar lo que la columna calla: el SIAPA no lo gobierna un fantasma de hace veinticinco años. Lo gobierna Movimiento Ciudadano desde hace siete años. El estado lo gobierna Movimiento Ciudadano. La diputada que hoy promete «acompañar cada obra» milita en el partido que tuvo la casa, la llave y la cañería todo este tiempo. Y ahora quiere que «el cochinero» del agua lo limpie la oposición.
Es el bombero que llega con la manguera cuando la casa que él dejó sin instalación eléctrica ya está en llamas y, de paso, pide que le aplaudan la llegada.
La columna presume un plan de más de 30 acciones, un fondo de 5 mil millones de pesos, cuatro obras mayores por más de 20 mil millones, el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara y la planta de Miravalle, con sus 70 años a cuestas. Todo muy bien. Que se hagan, y ojalá pronto. Pero conviene una pregunta impertinente: si el diagnóstico era tan claro, ¿por qué las botellas marrones se juntan hasta hoy en la puerta de la COPRISJAL y no hace cinco, cuatro o tres años de gobierno propio? El plan no es la prueba de la diligencia. Es la confesión del retraso.
Y luego viene la parte más fina del oficio: el reparto de culpas. La diputada cuenta que desde el Congreso propusieron descontar recargos del SIAPA y que «Morena frenó esa aprobación por cálculo político». Puede ser cierto. Pero hay que tener cierto arrojo para acusar a otros de «lucro político» en la misma columna donde se utiliza la sed de doscientas colonias como trampolín rumbo a Zapopan. El que reparte, se acuerda uno, se queda con la mejor parte.
Su cierre es una joya que merece guardarse: «El agua es de las familias. La politiquería, que espere su turno». Bonita frase. Solo que la politiquería no esperó ningún turno: se sentó a escribir la columna, le puso subtítulo y firma, y salió a buscar votos con un vaso de agua sucia en la mano. Mientras Eva aguantaba tres horas bajo el sol y a Vidaurri no le daba la cara, la política ya había llegado, muy puntual, a cobrar su tajada del problema.
Que quede el registro para el martes 7 de julio, cuando en Palacio de Gobierno se instale la mesa de trabajo que las organizaciones arrancaron a fuerza de plantón. Ahí se sabrá si la alerta sanitaria se declara o se administra; si el Gobierno de Movimiento Ciudadano trata a Eva como ciudadana o como estadística; si las cuatro obras de 20 mil millones son un plan de agua o un spot de campaña con obra de fondo.
Porque, al final, las cuentas son simples: doscientas colonias con agua que enferma; mil 525 firmas ignoradas durante meses; una señora de 87 años que entendió sola lo que a un partido en el poder se le olvidó en siete años; y una columna que promete limpiar un cochinero sin admitir, ni una sola vez, quién lo hizo.
El agua, dice la diputada, es de las familias. De acuerdo. La factura, también.
En X: @DEPACHECOS



