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OPINIÓN

La memoria ciudadana no olvida

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FESTIVAL DE MUERTOS EN TONALA
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Luchas Sociales, por Mónica Ortiz:

Cambios en el gabinete estatal previos a la jornada electoral: si bien es cierto que la interminable crisis del agua dejará una marca profunda en el poder político de Movimiento Ciudadano y que, por cálculo político, a menudo se cortan cabezas, un gobierno no puede atravesar una crisis de esta magnitud y limitarse a reagruparse sin que existan responsabilidades claras. En la administración pública no caben los reacomodos cosméticos, sino las consecuencias reales: las salidas deben responder a cambios estructurales.

¿Qué esperamos los ciudadanos del siguiente proceso electoral? Lo de siempre, quizá; sin embargo, habrá un elemento distinto e inesperado que surgió apenas hace un par de meses: la crisis del agua, la cual, sin duda, mantendrá al gobierno en una situación complicada. Habrá que ver cómo logra sortear, sobrellevar o incluso rescatar esta situación, porque la ciudadanía está muy molesta y el problema continúa. Para Pablo Lemus, el desafío será enfrentar el desgaste político y recuperar la confianza de los ciudadanos.

En los procesos electorales existen dos contrapesos: la memoria de los ciudadanos y, en el caso de Jalisco, el costo político, que inevitablemente se cobra caro. Somos una sociedad exigente y nuestra entidad federativa es un referente nacional. Como estado, enfrentamos muchas y variadas complicaciones; sin embargo, también somos uno de los destinos más visitados del país y tenemos todo para representarlo. Por ello, resulta difícil mantenerse políticamente cuando se atraviesa una crisis y pretender que se superará como si nada hubiera ocurrido.

Jalisco tiene una historia política marcada por crisis que han dejado huella en la memoria de sus ciudadanos. En 1992, las explosiones del 22 de abril en Guadalajara provocaron una profunda crisis política que terminó con la renuncia del gobernador priista Guillermo Cosío Vidaurri; sin embargo, el PRI permaneció en el poder hasta 1995, cuando perdió la gubernatura frente al PAN en un contexto de desgaste político y creciente inconformidad ciudadana.

Después de tres administraciones panistas, el PRI regresó en 2012 con Aristóteles Sandoval, en medio del desgaste de Acción Nacional y los cuestionamientos a sus gobiernos. En 2018, el PRI perdió nuevamente la gubernatura ante Movimiento Ciudadano, en un escenario marcado por la inseguridad, las desapariciones y la desconfianza institucional. Finalmente, en 2024, Movimiento Ciudadano logró conservar el gobierno estatal con Pablo Lemus.

Esta historia demuestra que Jalisco no ha sido ajeno a las consecuencias electorales del desgaste gubernamental. Los ciudadanos tienen memoria y, cuando las crisis se acumulan y las respuestas institucionales no satisfacen sus demandas, el costo político se cobra en las urnas.

En ese sentido, existe la posibilidad de la alternancia; sin embargo, Morena no es bien recibida en Jalisco y, a nivel nacional, enfrenta una crisis evidente en múltiples aspectos que desgastan su imagen frente al electorado. La falta de resultados en materia de seguridad, el deterioro del sistema de salud y las constantes tensiones internas por el control del poder representan crisis federales que impactan directamente en la percepción ciudadana.

En un estado con una sociedad exigente, históricamente opuesta al centralismo y dispuesta a cobrar un alto costo político en las urnas, este desgaste nacional frena la consolidación de Morena en la entidad. Así, la combinación de la molestia local y las fallas del proyecto federal abre una ventana para que otras fuerzas políticas logren capitalizar la inconformidad de cara a los próximos escenarios electorales.

Será, sin duda, un proceso electoral lleno de matices, a la espera de la memoria ciudadana o del cobro de facturas políticas. Sin embargo, en Jalisco la alternancia difícilmente será para Morena: la falta de estructura local y la ausencia de resultados sólidos se suman al inevitable desgaste de su segundo sexenio en la presidencia. En este escenario, las urnas no solo definirán un gobierno, sino el verdadero alcance de la marca federal en el estado.

En conclusión, Jalisco se encamina a un tablero político complejo donde ningún actor la tiene fácil. Movimiento Ciudadano no puede apostar a la amnesia colectiva frente a una crisis tan sensible como la del agua, mientras que la oposición no puede asumir que el descontento se traducirá en un cheque en blanco a su favor.

En una entidad históricamente rebelde, crítica y ajena a los dogmas, las próximas elecciones no solo medirán el margen de tolerancia hacia el poder local, sino la madurez de una ciudadanía que siempre ha sabido pasar la factura en las urnas.


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