OPINIÓN
Los caminos de Enrique Alfaro

Mujeres y Hombres del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac //
El pasado viernes en el programa Tela de Juicio cuya titular es mi amiga periodista Becky Reynoso tuvimos la oportunidad de entrevistar al Gobernador Enrique Alfaro Ramírez, digo tuvimos, porque me toca participar al lado de la colega y amiga Zayra Yael Ramírez.
Si bien estas entrevistas en conjunto son complicadas, porque cada uno traemos nuestros temas lo que limita se pueda profundizar y/o seguir el hilo, sin embargo tiene su valor.
Quiero resaltar la buena disposición que Alfaro mostró en la entrevista, con actitud serena, atendiendo los cuestionamientos y ofreciendo respuestas frontales, lo que subrayo, mostró ser un político profesional.
Me gustaría que me concediera una entrevista exclusiva de fondo, la voy a solicitar oficialmente y espero tener respuesta positiva, dejando de lado prejuicios que se pudieran tener, sin más. Creo que podría hacerse un buen ejercicio periodístico.
Para no caer en dispersión me voy en este artículo al tema político, sobre lo que llamo los caminos de Enrique Alfaro relacionados con sus respuestas en esta entrevista del viernes.
ALFARO YA NO BUSCA LA CANDIDATURA PRESIDENCIAL
¿Busca Alfaro la candidatura presidencial? ¿Dónde se visualiza Enrique Alfaro en el 2024? -le preguntó Becky Reynoso-.
Su respuesta: “Todavía no tengo una idea clara, soy de la idea que no le sirve al país que andemos quienes tenemos alguna injerencia, visitando estados y hacer reuniones. Me parecería lamentable. Soy gobernador de Jalisco, tengo que cumplir mi responsabilidad, quiero incidir, quiero participar en 2024, quiero otro modelo de país para México, creo que se debe construir una alternativa, ser parte de ese ejercicio, pero vienen semanas, algunos meses más, de mucha reflexión y diálogo entre actores políticos, para ver si somos capaces de entender que lo que se necesita en este momento es un proyecto de nación que unifique a quienes pensamos distinto a los que hoy gobiernan a México”.
Alfaro fue claro al expresar su rechazo a la alianza con el PAN-PRI-PRD que promueve Claudio X. González a través de “Va por México”. Alfaro tiene la convicción de que “ese modelo de partidos que conocimos ya se murió, un modelo que ya no existe. Están con vida artificial”.
“Hay que pensar en algo nuevo”, dijo al expresar que de su parte “hay voluntad para dialogar, necesitamos abrir un nuevo espacio de comunicación, pero siempre seré claro, las viejas fórmulas cuando se requiere hacer política ya no funcionan”.
Se le preguntó también si Movimiento Ciudadano puede ser una opción real para competir con Morena, MC ha ido subiendo, pero sólo no le alcanza, y si hay tiempo para que sean una opción real en 2024, se lo precisó Becky Reynoso a lo que respondió: “No lo sé, no sé si podamos construir desde la lógica que hemos armado este proyecto una alternativa con capacidad para ganar una elección, va a requerir una reflexión de otra naturaleza, un ejercicio mucho más profundo de lo que hemos logrado. Creo que se puede hacer, pero tiene que haber definiciones rápido y un ajuste en la estrategia del partido”.
Y fue claro cuando puntualizó: “con lo que se está haciendo no creo que alcance”.
Le pregunté si trascenderá el Alfarismo después que deje la gubernatura y esta fue su respuesta: “Este término de Alfarismo siempre he tenido mis reservas, espero que lo que pueda tener sea una visión de gobierno (…) Yo también se que en 2024 termina mi participación política en Jalisco, lo que sí puedo descartar es que no seré un político que vaya por otro hueso después de ser gobernador, no voy a ser diputado, no voy a ser senador”.
Por si alguna duda podría quedar ante tal claridad, Becky le insistió: ¿Descarta la senaduría?
“En esta vida, yo creo que si algo se ha ido perdiendo es la coherencia. Yo dije desde el principio, mi proyecto profesional en la política es ser gobernador de Jalisco y ya lo logré, lo que sigue es un asunto que tiene que ver con circunstancias, estaré donde me toque estar, pero no buscaré chamba después del 2024, no seré diputado, no seré senador, no seré dirigente partidista, mi ruta es sencilla, si me toca participar en un proyecto nacional donde me sienta identificado tomaré el rol que me toque en ese proyecto, pero no en otra lógica, si me preguntan en dónde me vería, lo tomaron a broma, pero sí me gustaría dedicarme al futbol después del 2024, pero no voy a rehuir mi responsabilidad de estar donde me necesiten”.
Si se descarta de senador, solo le queda la Presidencia -le espetó Becky-.
Y Alfaro expresó: “Si no es como candidato, como parte de un proyecto de país con el que me sienta identificado”.
En seguida añadiría y a esto hay que ponerle atención: “Yo no tengo prejuicios ni desprecio a nadie, conviví con el Presidente Andrés Manuel por años, lo aprecio, coincidí con él en lo que le dolía al país, no coincido con las recetas pero no me veo en la lógica de hacer alianzas con otros proyectos con los que hay diferencias de fondo”.
¿Cómo interpretar esto último si no es como candidato el formar parte de un proyecto de país con el que me sienta identificado?
Pues allí está el punto o sea, actuando con los pies en la tierra de que a MC sólo no le alcanza para enfrentarse a Morena en una elección presidencial, ¿hay lugar a pensar que Alfaro podría formar parte de un proyecto con el canciller Marcelo Ebrard o con el Secretario de Gobernación Adán Augusto López y poder incrustarse en un nuevo proyecto trascendente de país?
En algo estoy de acuerdo con Alfaro, en este momento no tiene clara su ruta política en el 2024, dependerá de circunstancias y después de descartar la posibilidad de senador, siempre tendrá la oportunidad de ser técnico o propietario de un equipo de futbol, deporte que tanto le apasiona, que tanto disfruta cuando está en la cancha de este deporte.
CARTÓN POLÍTICO
Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos
Si prefiere descargar el PDF en lugar de leer online: CLICK AQUÍ
Lectores en teléfono celular: Para una mejor lectura online, girar a la posición horizontal.
JALISCO
La transparencia del fiscalizador

– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.
Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.
Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.
Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.
El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.
Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.
La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.
Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.
Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.
La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.
Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.
Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.
La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.
La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.
¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.
“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.
La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.
JALISCO
MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.
Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.
Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.
Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.
Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.
Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.
Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.
Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.
El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.
Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.
En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.
La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.
La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.
La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.
Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.
Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.
En X: @DEPACHECOS