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OPINIÓN

Política de burbuja y campañas de odio

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Opinión, por Ramiro Escoto Ratkovich 

Se viene el tiempo de campañas y quienes aspiran a aparecer en una boleta están tratando de convencer, más que con propuestas, con una actitud de combatientes para defender al partido, por encima del propio compromiso de representación social al que invita una elección.

Recientemente, en este periodo, he visto a hombres y mujeres envueltos en la política hacer declaraciones de confrontación sobre temas diversos; denostaciones personales y, muchas de ellas, críticas sin aporte. Un afán de protagonismo que solo irradia odio, venganza o pleito, pero que no aporta solución a una determinada situación.

Es cierto que cada elección ha sido lo mismo y termina en lo mismo, pero también advierto que, en esto de construir verdaderos perfiles que admitan una visión más allá del partido y de lo que representa la política en estos tiempos, seguimos siendo un país cuyo proceso de selección y votación no avanza con miras no solo a cumplir los compromisos de campaña, sino a construir sociedad en todos los sentidos.

Hoy parece más fácil ganar una elección, pero cada vez hay más apatía hacia los políticos. Ya no importa quién sea o el partido al que representa. El daño que el sexenio pasado le hizo al país generó una falsa esperanza y una expectativa muy alta que terminó en decepción y burla.

Sin crecimiento económico, sin un sistema de salud funcional, con una estrategia de seguridad que, por más elementos de la Guardia Nacional y el Ejército que se desplieguen en un punto de conflicto específico, no da resultados; un sistema financiero en colapso y una mañanera que destruye, busca censurar y, aparte, descalifica un día sí y el otro también.

Los perfiles que hoy gobiernan, en todos los sentidos, solo creen en la verdad de sus cuatro paredes. Ya poco salen porque la realidad está llena de insultos, reclamos y hasta amenazas. Algunos gobernantes han iniciado carpetas de investigación, ahora hasta contra periodistas que difunden estos encontronazos, y las y los aspirantes a un cargo aprovechan para tratar de convencer de que todo es culpa de la derecha o también de la izquierda. Es un constante combate sin ideas y que solo lleva a donde mismo: a ningún lado.

Seguimos esperanzados en que Estados Unidos “salve” a nuestra nación, cuando en nosotros mismos está el verdadero potencial para que eso suceda, y no a largo plazo, sino en la cita con 2027, a través de un verdadero voto libre de acordeones o sujeto a condiciones como dejar de recibir subsidios que ya no pueden crecer más porque, simplemente, no hay más dinero en las arcas.

La elección del próximo año debe estar comprometida con perfiles que realmente tengan propuestas que, en conjunto, puedan dar soluciones; buscar congresos equilibrados y perfiles que realmente tengan un compromiso probado o que puedan demostrarlo durante la campaña.

El reciclaje de perfiles solo advierte un proceso de supervivencia de un sistema que ha terminado en esto: personajes llenos de soberbia, con un poder que se desmorona cuando un ciudadano los encara mientras viajan en primera clase, comen en restaurantes muy caros o asisten a eventos que critican por sus altos costos.

La incongruencia que también dividió al país entre chairos y fifís; los que compraron la felicidad con un par de pantalones, dos camisas, unos zapatos y 200 pesos en la cartera; los que presumen un tren que no tiene pasajeros y, cuando los tiene, se descarrila; una compañía de aviación que presume precios bajos, pero no transparenta el costo de sus operaciones y que sigue siendo mantenida por usted y por mí.

El exigir dar gracias por una beca a la presidenta, cuando es dinero de los impuestos que solo está comprando voluntades y no generando pensamiento crítico sobre lo que realmente importa en el país.

Se viene otra campaña y de ahí dependerá el curso y destino del país. Usted y yo decidimos a los protagonistas y hay que entender que el resultado de nuestro voto es única y exclusivamente responsabilidad de nosotros.

Si al país le va mal, es porque tomamos una mala decisión; la responsabilidad es nuestra y se viene el tiempo para poder tomar la mejor decisión.


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