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Lesiones, incertidumbre y dinero: Una selección entre crisis y mercadotecnia

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Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza

Como todos sabemos, sin ser expertos en el tema de la promoción y difusión de un producto, el atractivo suele ser un referente fundamental, generalmente representado por un personaje destacado; en la farándula, sería un artista femenino o masculino, según el caso.

En el fútbol, los patrocinadores parecen el “Rey Midas”, pero en negativo: todo aquel que aparece en sus productos para promocionar el Mundial resulta lesionado, y otros, de plano, inhabilitados para el evento (Malagón, Marcel Ruiz).

Si a ello agregamos la incertidumbre que rodea el técnico nacional al no tener el once ideal, resulta preocupante que, a estas alturas del inminente torneo, no exista un cuadro titular definido. Seguramente, la prueba de fuego será Portugal, ya que Bélgica no es potencia ni mucho menos.

Los aztecas la eliminaron en México 70 con gol de penal del capitán central Gustavo “Halcón” Peña; tampoco está en lo mejor de Europa. La historia se repitió en México 86, con triunfo mexicano 2-1, incluido un golazo de cabeza del “Sheriff” Quirarte (capitán).

El tan promocionado “Machín”, Edson Álvarez, capitán limitado técnicamente y con entradas de fuerza desmedida, es en realidad un contención que destruye más de lo que construye. Aun así, lo colocan como líder desde cierto sector de la prensa. Por su parte, “Chino” Huerta, lesionado, es un extremo frontal que encara, trabaja y también defiende, al igual que Quiñones, goleador en Arabia que compite al parejo con figuras como Cristiano Ronaldo y Benzema. Al parecer, al “Vasco” no le agrada el delantero naturalizado.

Santiago Giménez se reincorpora recientemente con su equipo, el Milán, y aún se desconoce su nivel real de recuperación y ritmo competitivo, algo que urge definir.

Raúl Jiménez es el único europeo que se mantiene en un nivel de excelencia. Orbelín Pineda, en Grecia, ha sido más intermitente en la selección y no es titular indiscutible; Luis Chávez, en Rusia, poco sobresale, y su participación genera dudas.

“Cachorro” Montes y Johan Vázquez son titulares indiscutibles en Europa. En contraste, Guillermo Ochoa tiene un presente cuestionable: tras su actuación consagratoria en Brasil —comparable con la del “tico” Keylor Navas— hoy milita en una liga menor como la de Chipre, donde recibe constantes goleadas. La posibilidad de disputar un sexto Mundial podría convertirse en un desperdicio si desplaza a un jugador en mejor momento.

Las lesiones entre futbolistas son cada vez más frecuentes. La responsabilidad primaria recae en los preparadores físicos de cada club y de la propia selección. En realidad, la preparación física debería sustentarse plenamente en las ciencias aplicadas al deporte, con especialistas altamente capacitados, como en su momento lo hizo el doctor “Atotonilco” Ortega en la medicina deportiva.

Ciertamente, los futbolistas son atletas de alto rendimiento. En la actualidad, su desgaste fisiológico exige supervisión médica constante dentro y fuera de la cancha, con control de alimentación, descanso y calidad del sueño, así como una adecuada dosificación del trabajo físico. Todo ello debe realizarse bajo la supervisión permanente de un equipo interdisciplinario.

La psicología aplicada al deporte es fundamental para lograr diagnósticos precisos del estado mental de los jugadores. En este sentido, los futbolistas funcionan como una maquinaria que requiere atención especializada, con profesionales bien remunerados, incluso en el ámbito nacional, donde los salarios se cotizan en dólares.

Las dobles jornadas resultan criminales, ya que impiden una recuperación plena. Si a ello se suman competiciones intrascendentes contra equipos de la MLS, el riesgo físico se incrementa de manera innecesaria.

Los patrocinadores ahora recurren a exfutbolistas poco trascendentes, como Ricardo Osorio, o a figuras como Luis Hernández, el “Matador”, que, para nuevas generaciones, resultan poco reconocibles. Incluso casos como Oswaldo Sánchez, gran guardameta, generan dudas sobre su presencia en campañas publicitarias.

Los verdaderos íconos deberían estar en la cartelera: Hugo Sánchez, Jorge Campos o Rafa Márquez. Este último, hoy auxiliar técnico de Javier Aguirre, incluso ya ha participado en promocionales, aunque su personalidad reservada limita su exposición mediática.

En realidad, la justa mundialista —al ser tripartita y con pocos encuentros en el país— no necesariamente justifica campañas publicitarias excesivas, salvo en el partido inaugural, que tendrá audiencia global.

Uno de los mejores futbolistas mexicanos, Carlos Vela, de condiciones excepcionales, aparece en algunos promocionales, pese a haber declarado que no le gusta el fútbol. Renunció a la selección tras un conflicto disciplinario en la gestión de Néstor de la Torre, decisión que mantuvo incluso al rechazar participar en un Mundial.

Los grandes mercadólogos se encuentran en Estados Unidos, donde dominan el terreno promocional. Sus ligas —NFL, MLB y NBA— generan contratos multimillonarios que superan ampliamente al fútbol mexicano, incluso por encima de clubes como América, Cruz Azul o Toluca.

Una Copa del Mundo es, sin duda, un imán para patrocinadores. La FIFA concentra ingresos por boletaje y derechos comerciales dentro y fuera de la cancha.

A diferencia del Mundial de Clubes, donde el Chelsea obtuvo 125 millones de dólares tras vencer al PSG, los premios para selecciones nacionales resultan menores en proporción.

Cabe destacar que Monterrey recibió 29 millones de dólares por su destacada participación, lo que explica el interés de clubes como América en buscar su lugar en estos torneos.

Resulta difícil comprender por qué un país y su selección recibirán alrededor de 50 millones de dólares en este Mundial tripartita, apenas 10 millones más que en Qatar 2022.

Como contraste, en el Super Bowl LX de 2026, un anuncio de 30 segundos costará alrededor de 8 millones de dólares, lo que refleja el poder económico del espectáculo deportivo en Estados Unidos.

No cabe duda de que la danza de millones en el deporte es altamente lucrativa. En una potencia capitalista como Estados Unidos, disciplinas como el fútbol americano, el béisbol y el básquetbol generan contratos multimillonarios, muy por encima de profesiones científicas de alto nivel.

Incluso en el ámbito del entretenimiento, artistas como Bad Bunny o Peso Pluma reflejan una industria donde el mercado dicta las reglas, muchas veces por encima del contenido.

Finalmente, focos rojos se encienden rumbo al Mundial: el conflicto entre Irán e Israel, con la intervención de Estados Unidos, genera un escenario internacional incierto que podría impactar el desarrollo del torneo.

E-mail: etrememodelos@hotmail.com


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