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OPINIÓN

El sobre cerrado: Las sombras del registro de nuevos partidos

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco

Hay maniobras que se ejecutan a plena luz y otras que prefieren la penumbra de una sesión privada. La del miércoles pasado, en la Comisión de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral, pertenece a la segunda especie: esa que la burocracia disfraza de trámite y que el ojo entrenado reconoce, de inmediato, como lo que es. Un golpe. Y los golpes, ya se sabe, casi nunca los da quien aparece en la fotografía.

Cuentan los que estuvieron —porque siempre hay quien cuenta— que la secretaria ejecutiva del INE, Claudia Arlett Espino, se presentó en la reunión de consejeros con un documento bajo el brazo. No cualquier documento: uno marcado con el sello mágico de la palabra «confidencial», llegado la noche anterior desde las oficinas de la Unidad de Inteligencia Financiera, allá en Moneda, donde la Secretaría de Hacienda guarda sus expedientes y, de cuando en cuando, sus puñales. El papel tenía que ver con los nuevos partidos políticos. Tenía que ver con quién nace y quién muere en la aritmética electoral del país.

Lo notable no es que existiera el documento. Lo notable es la coreografía. Los consejeros pidieron verlo y se les negó. Se les dijo, con esa cortesía que hiela, que, si querían conocer su contenido, tendrían que acudir personalmente a la sede de la UIF. Es decir: aquí está la bomba, señores, pero el detonador lo guardamos nosotros. ¿Quién monta semejante teatro? ¿Quién decide que los árbitros de la democracia merecen el documento, pero no el derecho a leerlo en su propia mesa?

Conviene detenerse en un detalle que delata a los relojeros de esta operación. La UIF entregó el expediente, según las propias cuentas del Instituto, dos meses después de que se lo solicitaran. Dos meses. Y lo entregó, ¡oh, casualidad!, «al cuarto para las doce», la víspera misma de la sesión decisiva. Quien conoce los pasillos del poder sabe leer esos calendarios. No es torpeza burocrática: es puntería. El documento llegó tarde para todo, menos para lo único que importaba: llegar a tiempo para hundir a quien debía hundirse.

Y aquí aparece la pregunta que ningún boletín de prensa responderá: ¿desde cuándo la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda decide, con sus oficios nocturnos, quién puede aspirar a ser partido político en México? Porque eso, y no otra cosa, es lo que ocurrió. Un órgano del Ejecutivo, especializado en rastrear lavado de dinero, terminó funcionando como filtro de la representación ciudadana. La autoridad electoral, que debería ser ciega ante el poder, recibió de buena gana el sobre cerrado y lo paseó por sus comisiones como quien presenta credenciales.

El jueves, en el Consejo General, cayeron los rayos anunciados. El INE avaló a dos partidos y negó el registro a otros dos. Recibieron luz verde el PAZ —tercer intento de los herederos del extinto Partido Encuentro Social, comandados por Hugo Éric Flores, ese tránsfuga profesional que ha sabido sobrevivir a todos los naufragios— y Somos MX, refugio de los huérfanos del PRD encabezados por Guadalupe Acosta Naranjo, a quienes se les exigió, como peaje, cambiar el color rosa y el nombre para no incomodar a nadie. Curiosa democracia esta, donde se nace con la condición de no parecerse demasiado a uno mismo.

Y cayeron, en cambio, México Tiene Vida y Que Siga la Democracia. Sobre ellos se descargó el contenido del famoso documento: financiamiento presuntamente irregular, aportaciones de hasta 719 mil pesos de origen no permitido, 92 irregularidades, asambleas donde no se alcanzó el mínimo de asistentes y falsificación de fotografías y credenciales de elector. Si todo esto es cierto —y puede serlo—, entonces bien hecho está negarles el registro. Que nadie llore por organizaciones que inflan asambleas y maquillan credenciales. El problema, lector, nunca fue el resultado. El problema es el método.

Porque, si las pruebas eran tan sólidas, ¿para qué la sesión privada? ¿Para qué el sobre que no se podía abrir? ¿Para qué obligar a los consejeros a peregrinar a Moneda como penitentes? Una autoridad segura de sus expedientes los pone sobre la mesa, los discute a la luz y los defiende de frente. Solo quien teme al escrutinio administra la información por goteo. La sospecha, una vez sembrada, no la borra ninguna votación: ¿se negaron esos registros porque los partidos eran fraudulentos o se construyó el fraude a la medida de los registros que convenía negar?

El propio Consejo se partió en dos, y esa fractura es el termómetro más honesto de la jornada. La consejera presidenta, Guadalupe Taddei, y el consejero Jorge Montaño salieron a blindar a la secretaria ejecutiva, citando de memoria los artículos del reglamento que supuestamente la autorizaban a entrar a la sesión de comisiones. Enfrente, la consejera Carla Humphrey leyó el mismo reglamento con otros ojos: el artículo 14, numeral 6, dice con claridad que la secretaria solo puede comparecer ante comisiones «por cuestiones técnicas», para responder preguntas específicas, no para llegar con un documento bajo el brazo a orientar el sentido de una decisión.

Y remató con la frase que debería avergonzar a todos: la propia secretaria reconoció que no había leído a cabalidad el documento, que no tenía acceso pleno a su contenido y que no podía responder preguntas sobre el papel que ella misma fue a presentar. Mensajera, pues, de un sobre que ni ella conocía.

Así se gobierna hoy el árbitro electoral mexicano: con expedientes que llegan de noche, con secretarias que reparten lo que no han leído, con consejeros que descubren el reglamento según convenga al bando. A partir del primero de julio, los dos partidos sobrevivientes empezarán a recibir dinero público y a perfilarse rumbo a 2027. Nacieron, sí. Pero conviene anotar en la libreta cómo nacieron y sobre el cadáver administrativo de quiénes.

La democracia no se mata de un solo tiro. Se va estrangulando con sobres cerrados, con sesiones privadas, con reglamentos elásticos y con esa vieja costumbre mexicana de confundir la legalidad con la conveniencia. Lo demás —los comunicados, las votaciones, las defensas de oficio— es la decoración. El fondo está en Moneda y en la mano que decidió a qué hora tocar la puerta.

En X: @DEPACHECOS


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