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Derrota al modelo neoliberal en Argentina: La paliza a Macri y un futuro sin certezas

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Por Raúl Zibechi // (Cortesía de Sputnik Mundo)

Si algo se merecía la soberbia clasista del presidente argentino Mauricio Macri es una derrota contundente, aplastante, a manos de los adversarios que tanto ha fustigado en los últimos años.

Perder por 15 puntos (47 a 32% a escala nacional) y hacerlo por dos puntos adicionales en la Provincia de Buenos Aires, donde competía su pupila más aventajada, María Eugenia Vidal, otra soberbia pero con perfil más popular, estaba fuera de los cálculos del poder y también de la oposición.

Como enseñan los resultados por provincia y por distritos, las clases acomodadas de la capital federal y del norte de la provincia siguieron apostando por Macri. Una parte considerable de las clases medias lo abandonó, pero los sectores populares fueron los que le otorgaron el triunfo aplastante a la oposición. En efecto, en algunas secciones del cinturón pobre de las grandes ciudades la diferencia a favor de Alberto Fernández fue de hasta 40 puntos.

Se trató de una decisión masiva y maciza de aquella porción de la población que más sufrió el sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos (gas, electricidad, transporte), que tuvieron aumentos superiores al 1.000% en los cuatro años macristas.

En ese sentido, se puede afirmar que fue una derrota del neoliberalismo salvaje, el que no se veía en ese país desde la década en la que gobernó Carlos Menem (1989-1999), con su secuela de privatizaciones y la desarticulación del aparato productivo de un país que décadas atrás había figurado entre las naciones más desarrolladas y, sin duda, el que contaba con la industria más potente de América Latina.

Aquel neoliberalismo no fue solo económico. Encarnó un ataque sin precedentes a los derechos humanos, hasta que llegó la actual ministra de Interior, Patricia Bullrich. Hubo mano blanda con los militares que torturaron y desaparecieron en dictadura (1976-1983), represión de la protesta social y ataques mediáticos a los organismos de derechos humanos y a los sindicatos opositores, completaron un panorama de neoliberalismo social que nunca se había practicado, de forma tan extrema, en nombre del peronismo.

Los cuatro años de Macri serán recordados, además, por la brutal escalada del dólar que abrió el 2018 a 18 pesos, trepó hasta los 40 a mediados de ese año y ahora pegó otro salto hasta superior los 60 pesos. Una devaluación que tendrá impactos muy negativos en los precios internos, en la inflación, pero también en la pequeña y mediana empresa, que siguen siendo las que más empleo aportan.

La innecesaria sumisión del Gobierno Macri al FMI y, personalmente, a su todavía directora, Christine Lagarde, hicieron más bochornoso aún el pedido de préstamos que deja a la Argentina en una situación de gran dependencia, con altas probabilidades de impago de su deuda. Un nuevo default dejaría al país en una situación de enorme vulnerabilidad, algo que el mercado global ya está previendo.

La pregunta es si el impago lo declarará Macri (algo que el tándem Alberto y Cristina Fernández debe desear), o será un fruto envenenado que recogerá el próximo Gobierno. Lo cierto es que, cuando el riesgo país supera los 1.500 puntos y la economía está paralizada, las empresas argentinas cayeron hasta un 60% en Wall Street y la Bolsa de Buenos Aires se desplomó un 37%, el descalabro es mera cuestión de tiempo.

Pero aquí no se terminan los problemas. Son apenas el comienzo. La impresión es que en las elecciones presidenciales de octubre ganará el neokircherismo en primera vuelta, ya que la diferencia de votos es irreversible en apenas dos meses.

Encuentro varios problemas que me permiten concluir que el neoliberalismo salvaje derrotado en las urnas dará paso a un neoliberalismo más suave, pero en modo alguno a un postneoliberalismo, como estiman algunos comentaristas.

El primero es que la situación global cambió profundamente en los últimos años, con una guerra comercial implacable que coloca a la economía global al borde de la recesión, incluyendo países tan importantes como Alemania. Cuando Macri ganó las elecciones en 2015, no gobernaba Trump ni había un Brexit duro a la vuelta de la esquina. Esta coyuntura no concede mucho margen de maniobra a ningún gobierno del mundo.

La segunda es que, en consecuencia, el capital financiero (esa realidad que los analistas denominan los mercados) está más nervioso e intransigente que antes. La consultora Bloomberg describe de este modo la coyuntura argentina: “Los inversores no están dispuestos a dar al líder opositor Alberto Fernández —presumiblemente, el próximo presidente de Argentina— el beneficio de la duda”.

Esta realidad llevó a Alberto Fernández a asegurar, una y otra vez, la “absoluta voluntad de pago” de un eventual gobierno peronista. Solo atinó a decir que habrá que negociar algunos aspectos del acuerdo firmado por Macri con el FMI.

El tercer asunto es que la sombra de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) sigue planeando sobre la sociedad argentina y, de modo muy particular, sobre las clases medias. En la actual campaña electoral los voceros de la candidatura opositora se empeñaron en asegurar que aprendieron de los errores del pasado, que no van a imponer un nuevo cepo cambiario ni a promover la intervención del Estado en la economía, que provocó fuertes distorsiones en las tarifas de los servicios públicos y alejó a los inversores del país.

El problema es que más allá de las afirmaciones de los candidatos, la duda sigue existiendo para una parte importante de la población, que recuerda además la corrupción que envolvió al Gobierno de Cristina. Eso explica que, a pesar de la desastrosa situación económica, un 32% de los argentinos se hayan pronunciado por el continuismo macrista.

La cuarta y última, es que la población más pobre y vulnerable ha sido duramente castigada por la política económica de Macri y no parece estar dispuesta a aceptar cualquier solución a sus reclamos. En los últimos cuatro años, los sindicatos y los movimientos territoriales de las periferias urbanas estuvieron de forma casi ininterrumpida en la calle, un escenario que no van a abandonar hasta que no vean satisfechas por lo menos algunas de sus demandas.

Este conjunto de factores hace que, sea cual sea el color del próximo gobierno, no habrá mucho margen para el optimismo.

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La sacudida geopolítica de la explosión: Piden que Líbano vuelva a convertirse en colonia francesa

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Política Global, por Jorge López Portillo Basave //

“México es considerado como el país en donde se encuentra la comunidad libanesa con mayor fuerza moral y económica del mundo, a pesar de que el volumen de migrantes apenas alcanza las 450 mil personas”.

Célebre por sus comidas dinámicas y su música fluida, el bíblicamente famoso Líbano enfrenta uno de los peores momentos políticos, económicos y sociales de la era moderna. El pasado 4 de agosto a las 6 P.M. hora local de Beirut, capital del Líbano, se registró una explosión que detonó consecuencias geopolíticas mucho más allá de la tragedia misma de la destrucción masiva sufrida esa triste tarde de verano.

Los hechos iniciales son conocidos, una fuerte detonación destruyó gran parte del centro, de la zona turística, de la zona financiera y de la zona portuaria de dicha ciudad a las orillas del mar mediterráneo.

A la fecha hay más de 6 mil heridos, 300 mil habitantes sin hogar y cientos de muertos o desaparecidos.

Líbano es un país con régimen parlamentario de 128 miembros, cuyos líderes han sido recientemente criticados por las crisis financieras y de corrupción que vive el país a lo que se sumó el COVID19 y ahora esto que podría ser un “accidente conveniente” para los grupos desestabilizadores de la región o una gota más que podría “derramar el vaso” llevando a Líbano a una nueva guerra civil.

LA SITUACIÓN ECONÓMICA

Con una inflación que llega al 56% mensual y un tipo de cambio fijo a la paridad del dólar en $1500 liras, lo que ha creado un mercado negro de las divisas en donde se pagan hasta $10 mil liras por dólar, los libaneses se enfrentan desde hace años a cortes de energía, falta de alimentos y de agua potable. Algunos bancos entraron en quiebra por malos manejos o por ser usados como pantalla para financiar operaciones terroristas en el mundo.

Hace dos años 1 kg de carne estaba en $9 dólares, hoy no lo puede uno comprar por debajo de $43 dólares. La gente hace filas afuera de las panaderías y el 1% de la población es dueña del 25% de la riqueza nacional.

El 80% de los productos que se consumen en dicho país son importados, incluidos alimentos y granos básicos. El 12% de los ingresos del país son por vía de remesas que envían los parientes migrantes radicados en otras naciones.

Ante esta crisis muchos políticos y líderes locales han propuesto que Líbano recupere su independencia alimentaria, pero la pobreza de los campesinos y de sus pequeños empresarios hace evidente que no tengan para pagar la maquinaria, ni las semillas para emprender ese reto.

Algunos proponen adoptar una criptomoneda como Bitcoin para evitar los problemas del alza del dólar. Venezuela la usa en más de 20 mil pequeños comercios, pero ¿será esta la manera más segura de comprar y vender?

Llama la atención que hace unos meses en Irán se haya dicho que ellos apoyarían económicamente a Líbano si hacían cambios a su forma de Gobierno. El hecho es de relevancia porque Irán no está en condiciones de ayudar a nadie cuando su país está casi en quiebra y porque Hezbollah es prácticamente empleado del Ayatola que gobierna Irán, pero otros países ricos como China o Rusia aliados de Irán podrían entrar a través de esa ruta.

El mes de mayo se descubrió un fraude en el que estaría involucrado el ex ministro de Energía y Agua, Aurore Feghali, vinculado con Hezbollah, por un presunto acto de corrupción en contra de la empresa de energía nacional, al haber recibido energéticos de baja calidad y aceptado pagar a precio de primera, causando pérdidas de miles de millones de dólares a la empresa e incrementando la contaminación del aire por la mala calidad del producto adquirido.

DEMANDAR DEJAR DE SER NACIÓN SOBERANA

El Presidente de Francia Emmanuel Macron ha pedido que la comunidad internacional esté presente en las investigaciones para dar certeza a los resultados llamando a esto “un asunto de credibilidad”. Como usted sabe, la sustancia que explotó hace ocho días, estaba almacenada en el puerto de Beirut desde hace siete años y este tipo de material ha sido usado con éxito por terroristas en múltiples ataques alrededor del mundo.

A consecuencia de la crisis económica del 2019 y de las protestas ciudadanas en contra del actual régimen de gobierno, Francia ha estado muy involucrada en los asuntos financieros de Líbano, de hecho hace un par de semanas el ministro de finanzas de la nación europea acudió a Beirut para tratar asuntos relacionados con la gran crisis monetaria que vive dicha nación. Horas después de la explosión de la semana pasada, fue el propio Presidente Emmanuel Macron quien viajó de París a Beirut para reunirse con su contra parte libanesa Michael Aoun. A raíz de dicha visita, en las redes sociales del Líbano se desató una campaña para proponer el regreso al estado colonial francés que tuvo dicho país de 1920 a 1944. Al fin de semana las firmas a favor de regresar al colonialismo por una década alcanzaron las 61 mil personas.

LÍBANO Y SUS MÚLTIPLES ÉXODOS

La población del Líbano se estima en 5 millones de habitantes, pero hay una diáspora de libaneses que sumaría hasta 15 millones de personas repartidas por todo el mundo que se concentran principalmente en Estados Unidos, Inglaterra y Canadá. Dichos libaneses y sus descendientes de primera generación han dado orgullo a su tierra ancestral. En nuestro país dicha comunidad es muy trabajadora y goza de gran prestigio, con personajes como Salma Hayek y Carlos Slim.

Shakira en Colombia o Jacques Nasser en EUA ex Presidente de Ford y del JPmorgan entre otros muchos libaneses o hijos de libaneses, son algunas de las figuras de renombre internacional relacionadas con el país de los cedros bíblicos.

DESGRACIA SOBRE DESGRACIA

A una crisis económica y alimentaria se sumó la crisis del COVID19 y para acabar con la desgracia ahora esta explosión que no se sabe si fue accidental o provocada como lo admite su propio Presidente quien ha dicho que “se verá si una interferencia externa” jugó un rol en dicha desgracia, ya sea por incendio, “misil o bomba” que de manera intencional hubiesen hecho explotar el almacén número 12 del puerto de Beirut.

EL GRAN PACTO DE 1943

Al ser un régimen parlamentario, los integrantes del gabinete son también integrantes del Congreso y para lograr mayorías, desde 1943 los libaneses adoptaron un sistema extra oficial de gobierno que reparte cargos a cristianos y musulmanes.

La presidencia y algunos de los cargos del gobierno a los cristianos que forman parte de la Iglesia Católica Maronita fundada en el año 400 de nuestra era. Ellos representan 40 % de los libaneses. Michael Aoun Presidente desde 2016 hasta 2022 es parte del partido que coaliga a los cristianos.

La segunda posición es la que obtiene al Primer Ministro que es el Jefe del Gobierno y de todo el Gabinete, esta posición se da a musulmanes sunitas que conforman el 30% de la población, Hassan Diab es parte de ese grupo y entró al cargo en enero del 2020 en una coalición con el apoyo de la otra parte musulmana de origen chiita que son el restante 30% de la población libanesa y partidarios de Hezbollah.

Como vemos el reparto de cuotas por raza o credo no logran la unidad y siempre dejan al fanatismo y a la corrupción a cargo de la vida de muchos seguidores incautos o de terceros atrapados.

HACIA UN CAMBIO DE GOBIERNO

Los protestantes del 2019 son tan diversas como las fracciones del país. Algunos quieren un cambio absoluto del actual sistema, otros quieren que renuncie el actual gobierno, otros quieren ser colonia francesa. El riesgo es que al caer el actual gobierno se de paso a un sistema absolutista de corte comunista islamista, que también ha fomentado parte de las marchas que podrían estar usando como carne de cañón a una mayoría de ciudadanos bien intencionados que están hartos de la corrupción y de la ineficiencia de su gobierno.

En el pasado, Líbano ha sido ocupado por algunos de sus vecinos bajo el pretexto de poner paz y ésta podría no ser la excepción. El único grupo político que participó en la Guerra Civil libanesa (1975-1990) que aún mantiene armas es Hezbollah quien además es señalado como autor de varios ataques armados desde Líbano en contra de Israel y otros países.

El Consejo Jihadista de Hezbollah es un brazo militar entrenado y financiado por Irán que tiene operaciones en más de 18 países incluidas regiones de Europa; es apoyado por Cuba, Corea del Norte, Venezuela, naturalmente por Irán y por otros grupos terroristas como Hammas en Gaza, que se proponen instaurar una “revolución árabe” anti semita y anti occidental. El término “jihad” es una lucha espiritual o física ya sea propia o con terceros, no siempre de guerra suicida, pero en este sentido se entiende como la lucha de una organización por imponer un gobierno-religión por medio de la fuerza si es necesario.

Tristemente Líbano podría ser el próximo Irán o quedar territorialmente fragmentado entre las poblaciones cristianas y musulmanas moderadas por un lado y por el otro las musulmanas radicales, o una nueva colonia francesa que constantemente esté en pleitos por su soberanía y la expulsión de los “infieles”, que por cierto llegaron ahí antes que los musulmanes.

LAS EXTRAÑAS COINCIDENCIAS

1.-La explosión se dio a unos días del juicio que dictaría en contra del terrorista que en 2005 asesinó con una bomba al entonces Primer Ministro libanés, dicha explosión fue ejecutada por Hezbollah.

2.- Durante estos meses dicho grupo y otros han lanzado ataques armados desde la frontera de Líbano en contra de Israel a lo que el país hebreo respondió con dos ataques aéreos en zonas fronterizas, horas antes de la explosión en Beirut.

3.- El actual Presidente de Líbano, Michael Aoun fue exiliado en Francia durante la Guerra Civil hace 40 años y ahora podría exiliarse nuevamente si su gobierno cae a manos de los musulmanes.

4.- En la explosión murió Nizar Najarian, líder del partido cristiano “Kataeb” y resultó herido de gravedad el director de la empresa de electricidad del Estado –algo así como la CFE- quien está investigando un caso de corrupción y era el vínculo que involucra a dicho ex ministro de energía y al grupo Hezbollah.

5.- A pesar de que dicho material es altamente explosivo se mantuvo ahí almacenado sin mucha seguridad por varios años y justo ahora es cuando se dio la tragedia en medio de varias crisis e investigaciones.

No será pronto cuando se vean las consecuencias más profundas de la terrible explosión que creó un cráter de 200 metros y afectó edificios a más de 7 kilómetros de distancia, incluso siendo escuchado hasta Chipre a más de 200 kilómetros del lugar.

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La explosión cambió todo: Beirut, ¿accidente o terrorismo?

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Por Héctor Miranda Pérez (Sputnik Mundo) //

La explosión que sacudió a Beirut el 4 de agosto volvió los ojos del mundo hacia la capital libanesa, una urbe llena de historias y contrastes de todo tipo, donde convergen credos y posiciones extremas que hacen compleja la vida, sin restarle belleza.

En Beirut todo encanta: el clima, la arquitectura, esa aura de ciudad ribereña, el comercio, la cocina, las mujeres, la prisa de las personas por llegar a cualquier lugar y esa sensación perenne de ciudad en guerra, marcada por las barricadas hechas con sacos de arena, aunque haya pasado mucho tiempo desde que se disparó el último proyectil.

Un por ciento alto de las edificaciones guardan huellas de algún combate. Las marcas dejadas por las balas de fusiles y ametralladoras, o por proyectiles de mortero, y hasta de algún tanque, se pueden ver en cualquier lugar de una ciudad que disfruta de sí misma y que vive con intensidad cada uno de sus días.

El tráfico a veces aplasta como en cualquier otra urbe del mundo, pero, para el turista, la sensación de estar en Beirut suele ser única e inolvidable.

LA EXPLOSIÓN CAMBIÓ TODO

En unos segundos el rostro hermoso de la ciudad se bañó de sangre y escombros el 4 de agosto. Más de un centenar de personas murió, casi 5.000 resultaron heridas y un número indeterminado siguen desaparecidas. Miles de viviendas cayeron por la fuerza de la explosión y la onda expansiva se llevó ventanales y puertas por doquier.

Unos se preguntan si la mano del terrorismo estuvo detrás de la voladura del almacén donde se guardaban desde hacía seis años unas 2.700 toneladas de nitrato de amonio o fue solo el descuido el que generó la explosión de una sustancia con la cual se fabrican abonos para la agricultura, y también explosivos para la guerra o el terrorismo, entre otras cosas.

El Gobierno libanés, en primera instancia, se negó a aceptar investigadores foráneos y advirtió que los suyos eran capaces de preparar un informe certero de todo lo que había pasado, para lo cual dio un plazo de cinco días, en medio de una cruzada internacional de ayuda, y entre protestas de la oposición, que exige involucrar a expertos extranjeros en la investigación.

Las autoridades dijeron también que los daños estaban valorados en una cifra entre los 10.000 a 15.000 millones de dólares, todo eso en medio de una profunda crisis que llevó a cambios de gobiernos, incluso a largos periodos sin consenso para nombrar a un primer ministro u otro.

Para algunos, queda como consuelo que Israel no esté detrás de la explosión, porque lo admitió el Gobierno libanés y lo certificó la cúpula cercana a Benjamín Netanyahu, sobre todo en momentos en los cuales la tensión crecía en la frontera común después de producirse algún encontronazo entre el Ejército sionista y Hizbulá.

LA DURA RECONSTRUCCIÓN

La comunidad internacional, sumida en una profunda crisis por la pandemia del coronavirus, no le da la espalda al Líbano y desde muchas partes llegan las muestras de solidaridad y los envíos de ayuda humanitaria para una ciudad que puede demorar años, tal vez lustros, en recuperar lo que perdió con la explosión en su puerto.

El arribo al país del presidente francés, Emmanuel Macron, con la intención de “expresar la amistad y la hermandad de su país al pueblo libanés” y también “hacer conclusiones y ayudar a organizar el apoyo internacional a Beirut y a la población del Líbano”, parece bien vista por todas las corrientes políticas, sobre todo por los nexos de siempre con París y la necesidad de respaldo internacional.

Sin embargo, habrá que esperar para ver cómo se desenvuelve la situación en un país carcomido por los conflictos desde hace años, en una región muy volátil y en medio de la pandemia generada por el coronavirus.

Los que adoran a Beirut saben que la ciudad se levantará una vez más, tal como ha hecho durante milenios, para volver a ser la urbe que encantó a todo el que estuvo en ella, desde aquellos que solo llegaron en funciones de trabajo hasta el más exigente de los turistas.

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Crecimiento vertiginoso del dragón: China avanza en el cambio de nuevo orden económico

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Por Raúl Zibechi (Sputnik Mundo) //

El ascenso de China y el retroceso de Estados Unidos se perciben con mayor claridad si comparamos dos fechas: 2008 y 2020. En este breve lapso, la transición hacia un mundo centrado en Asia no ha dejado de progresar, pero para cerrar este ciclo falta una alternativa a la previsible, y no necesariamente cercana, “muerte del estándar del dólar”.

Los datos sobre la producción material hablan solos.

Según la World Steel Association, en 1991 China producía el 9,6% del acero del mundo, pero en 2019 ya produce el 53,3%, mientras los países del NAFTA apenas llegan al 6,3%. Esa abrumadora diferencia no ha hecho más que ensancharse durante la pandemia: en junio China alcanzó el 61% de la producción, mientras Occidente retrocede.

El punto de inflexión fue la primera década de 2000, ya que en 2007 producía ya el 36,5% del acero mundial.

Si ponemos la lupa en la producción de vehículos, el ascenso chino es tan impresionante como el estancamiento de Occidente: las fábricas del dragón lanzaron dos millones de vehículos en 2000 para ascender a 29 millones en 2019. En tanto EEUU, Alemania y Japón retrocedieron o se estancaron.

Para quienes crean que el ascenso chino está focalizado en la producción masiva de mercancías de baja y mediana tecnología, la lista top500.org que analiza las 500 supercomputadoras más potentes del mundo, es más que ilustrativa. Recién en 2002 China entró en la lista, cuando EEUU sumaba el 48,6% de las mejores supercomputadoras.

En junio de 2020, la última lista difundida, China obtiene el 45,5%, duplicando a EEUU que obtiene sólo el 23,4% de las supercomputadoras.

Si nos fijamos en el sector financiero, en 1999 EEUU copaba la lista de los 10 mayores bancos por capitalización, con seis bancos, encabezados por Citigroup. Entre los 20 mayores no había ninguno chino. En julio de 2020, la lista la encabezan cuatro gigantes chinos, con el ICBC a la cabeza, habiendo sólo dos estadounidenses entre los diez mayores.

El diplomático Alfredo Toro Hardy nos recuerda en el Observatorio de la Política China, que el Dragón es ya una superpotencia tecnológica, que “posee nueve de las 20 mayores empresas de alta tecnología en el mundo”, encabezadas por Alibaba, Tencent, AntFinancial, Bytendance y Baidu, pero a renglón seguido nos dice que “las 11 remanentes son todas estadounidenses”.

El último dato es importante porque Estados Unidos está en declive, pero de nimguna manera es una potencia derrotada, ni siquiera en lo económico. China es el segundo mayor inversor del mundo en investigación y desarrollo tecnológico después de Estados Unidos, aunque el Dragón crece cuatro veces más deprisa.

Por eso, Toro Hardy concluye: “Estados Unidos y China mantienen una competencia en la que el primero lleva aún la delantera, pero donde la segunda descuenta aceleradamente la ventaja. Como en las carreras de caballos, quien alcanza gana”.

Creo que es un buen ejemplo que echa luz sobre los conflictos en curso. Sin embargo, la gran ventaja de Washington es el dólar. Como destaca el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), “el tema más crítico de toda la transición mundial, es la reforma del sistema monetario internacional”.

Según este think tank francés, luego de la crisis de 2008 que golpeó al dólar, el mundo se ha abocado a “resolver la paradójica obligación de liberarse de su dependencia de la moneda estadounidense, protegiendo, al mismo tiempo, el valor de las inmensas reservas de divisas denominadas en dólares, acumuladas en las arcas de los bancos centrales”.

Más de una década después, aún no está claro cómo se resolverá la sucesión del dólar. Uno de los cambios más notables, anotados por el LEAP, es que el mercado de futuros del petróleo, que cotizan en yuanes en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghai, ya representan el 10% de los volúmenes de hidrocarburos comercializados en el mundo.

Se trata de un importante avance, pero insuficiente. El último boletín del LEAP anticipa que “las monedas vinculadas al dólar perderán; mientras que las monedas vinculadas a la potencia china y al euro serán áreas de estabilidad monetaria”.

Estamos en un punto decisivo y delicado. El ascenso de China es un hecho, pero EEUU aún tiene la capacidad de impedir que siga avanzando. Si nos basamos en la historia de las transiciones hegemónicas (de España a Inglaterra y de ésta a EEUU, por mencionar las más recientes), todas implicaron guerras que consagraron las tendencias de fondo.

En este momento, todo apunta al Mar del Sur de China como escenario de una conflagración entre ambas potencias. El analista Pepe Escobar cita un informe chino no publicado, que asegura que la aviación del Pentágono está siendo neutralizada por “dispositivos de interferencia electrónicos ubicados en islas y arrecifes en el Mar del Sur de China”.

Añade que “no hay absolutamente ninguna manera de que la Flota del Pacífico de EEUU pueda ganar una guerra de disparos en el Mar del Sur de China”.

Es posible que sea así, aunque el anti-imperialismo suele exagerar las capacidades de quienes se oponen a EEUU y desconsiderar las fortalezas que conserva y desarrolla aún la superpotencia.

Por el contrario, el especialista en seguridad mundial Michael T. Klare, considera que la principal limitación de EEUU es su frágil situación interna. Si la guerra fría en curso se deslizara hacia una guerra caliente, EEUU afrontaría la limitada capacidad de reclutamiento del Pentágono:

“A diferencia de la Guerra Fría original, los hombres jóvenes en este país ya no están obligados a servir en el ejército de los EE. UU”, argumenta Klare.

En efecto, en las guerras de EEUU desde el 11S, se utilizaron incentivos económicos para alentar a los soldados profesionales y así “evitar la protesta pública por esas guerras”, como sucedió en Vietnam, una guerra perdida en las ciudades y campus estadounidenses.

Eso fue posible, agrega Klare, “porque el número de soldados que participaron en combate no era enorme en comparación con las épocas de la Guerra de Corea o Vietnam”. Pero una guerra contra China, y probablemente también contra Rusia, necesita de un nivel de reclutamiento que sería imposible en la situación interna que vive EEUU.

Una sociedad quebrada por el empobrecimiento de la clase media y el brutal enriquecimiento de los más ricos y la ‘epidemia de opioides‘, que se traducen en la disminución de la esperanza de vida, un caso único entre los países desarrollados.

Un país que está “demasiado roto para combatir el coronavirus”, como señala una columna de The New York Times, no puede encarar ninguna empresa seria. El casi amotinamiento que vivió la tripulación del portaaviones Theodore Roosevelt, en apoyo al comandante Brett Crozier, ante el brote de coronavirus en la tripulacion y desobedeciendo al alto mando, es una pequeña muestra de lo que puede suceder en una sociedad en pie de guerra contra el 1%.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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