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MUNDO

La realidad del Siglo XXI: Enfermedades que nos empobrecen, sistemas de salud arcaicos

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Por María Luisa Ramos Urzagaste //

Lo cierto es que el COVID-19 ha expuesto una cruda realidad: no estamos preparados para enfrentar pandemias, epidemias ni nuevas enfermedades. El mundo cruza los dedos para que China logre frenar su expansión. Pues en la mayoría de los países, los sistemas de salud están obsoletos y no son de acceso universal.

El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas cuatro décadas. La globalización impulsada por el modelo neoliberal ha provocado un mayor consumismo, una creciente urbanización, un mayor hacinamiento, predominio de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo va en ascenso, nuestra vida diaria no se concibe sin el uso de químicos y el aire que respiramos está contaminado.

Esta situación ha generado nuevas vulnerabilidades. Todo esto lleva a que los sistemas sanitarios actuales estén ingresando a una peligrosa zona de obsolescencia. Peor aún, estos sistemas (pobres) no son de acceso universal.

A pesar de ello, el mundo no toma conciencia de que ha ocurrido una especie de metamorfosis epidemiológica, y cada vez tienen más peso las enfermedades no transmisibles, crónicas, como las cardiovasculares y respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes. Han surgido nuevos males, contagiosos, a los cuales los humanos somos altamente vulnerables.

Si bien aún no se reportan casos de COVID-19 en Latinoamérica, el Caribe ni en África, no se debe relajar la vigilancia por el peligro de una expansión global.

Lo cierto es que el coronavirus ya es una especie de pandemia mediática que además está afectando a múltiples sectores como al turismo y el comercio. El FMI ha dicho que habrá una afectación económica.

¿QUIÉN PAGA LOS GASTOS?

Pero mientras los medios y las redes sociales se enfocan primordialmente en el coronavirus, en lo que va del año 2020, se han reportado más de 125 mil casos de dengue en las Américas. En Bolivia, Honduras, México y Paraguay hay más casos de dengue en las primeras cuatro semanas de 2020 que en el mismo periodo de 2019.

El pasado año, más de tres millones de casos de dengue fueron reportados en la región de las Américas, según informó la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A Brasil le corresponde el 70% de afectados, con más de dos millones y más del 50% de las muertes. México reportó más de 268.000, seguido por Nicaragua, Colombia y Honduras con más de 100.000 afectados cada uno.

¿Pero quién asume los costos de los tratamientos? ¿Quién debería garantizar la salubridad del entorno? ¿Quién pierde cuando miles de ciudadanos no pueden ir a trabajar o tienen la salud deteriorada?

No, no es un virus el que mató a 41 millones de personas en 2019 en el mundo: según la OMS, las enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardíacas, la diabetes y el cáncer, son responsables de más del 70% de todas las muertes anuales en el planeta.

La OMS advierte que, de continuar las tendencias actuales, habrá un aumento del 60% de los casos de cáncer en el mundo en el transcurso de los próximos dos decenios. El aumento mayor (81%) en el número de casos nuevos tendrá lugar en los países de ingresos bajos y medianos, donde las tasas de supervivencia actualmente son las más bajas.

En los países de América Latina, el cáncer es la segunda causa de muerte. En 2018, se diagnosticaron 3,8 millones de casos y 1,4 millones de personas murieron por esta enfermedad. La OMS dijo que «si las personas tienen acceso a la atención primaria y luego a los sistemas de derivación, es posible detectar temprano el cáncer, tratarlo eficazmente y curarlo».

Los pronósticos no son alentadores: se prevé que para el 2030, en esta región, el número de personas diagnosticadas con cáncer aumentará un 32% y ascenderá a más de cinco millones de personas por año, debido a que la población está envejeciendo y a la exposición a factores de riesgo, entre otras razones.

A este lóbrego panorama se suma el VIH/SIDA, que mata a casi un millón de personas por año en el mundo. Desde el comienzo de la epidemia, 70 millones de personas contrajeron la infección y alrededor de 35 millones murieron. En la actualidad, 37 millones viven con VIH en el mundo.

NO NOS ALIMENTAMOS, SOLO ‘INGERIMOS’

Cada año, 600 mil personas mueren en América Latina y El Caribe debido a enfermedades relacionadas con la obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.

La prevalencia de la obesidad en adultos en América Latina y el Caribe se ha triplicado desde los niveles que había en 1975 y afecta a casi un cuarto de la población. El aumento más considerable en adultos se observó en el Caribe, donde creció de 6% en 1975 a 25%, un incremento de 760.000 a 6,6 millones de personas.

El ritmo de la vida y los problemas hacen que las personas coman cualquier cosa. Comer no significa necesariamente nutrirse o alimentarse, tiene que ver más bien con el verbo ingerir, y a menudo consumimos productos muy procesados, que conducen al deterior de la salud, como la obesidad.

LA POBLACIÓN MUNDIAL ENVEJECE A MAYOR RITMO

Otro aspecto muy actual en la discusión de nuestros sistemas de salud es el referido a la atención de los adultos mayores.

Según la ONU, el envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con consecuencias para el mercado laboral y financiero y la demanda de bienes y servicios así como para la estructura familiar y los lazos intergeneracionales.

Los países deben tomar previsiones. Para 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años y solo el 5,6% de la población mundial vive en países que, conforme a la legislación nacional, ofrecen una cobertura de los cuidados de larga duración a toda persona que los necesite.

Nuestros países son parte del 94% que no cuenta con esas atenciones y cuidados adecuados.

ENFERMEDADES DE CARÁCTER SOCIAL

En un informe de un relator especial de la ONU sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, indicó que los estereotipos y la estigmatización en el marco de la comunidad, la familia, la escuela y en el trabajo socavan las relaciones saludables y desmantelan los entornos de apoyo e inclusión que se requieren para la buena salud mental y el bienestar de todos.

«La xenofobia y la intolerancia generan entornos emocionales y psicosociales hostiles y erosionan la calidad de las relaciones humanas, lo que genera desconfianza y desprecio en el seno de la vida social» y recomienda a los Estados formular políticas encaminadas a reducir o eliminar la toxicidad del entorno físico y psicosocial.

La reducción de las desigualdades es una condición indispensable para promover la salud mental y atenuar los principales factores de riesgo, como la violencia y la exclusión social.

Son tantos los millones de personas que sufren de depresión, ansiedad y otros trastornos que esta área de la salud es una de las mayores fuentes de ingreso de las empresas transnacionales farmacéuticas por ventas de ansiolíticos. Por ejemplo, en España son los medicamentos más vendidos.

Y es que hay un problema serio, de fondo: las políticas actuales de salud mental se han visto afectadas en gran medida por el predominio del modelo biomédico y las intervenciones biomédicas.

Dicho modelo, que rige desde el siglo XVIII, no corresponde a la realidad social, económica y ambiental del mundo actual.

El enfoque biomédico estima que cualquier patología tiene una única causa, de naturaleza estrictamente física, lo que conlleva a que se busca curar la dolencia mediante una manipulación quirúrgica o farmacológica.

Según el relator de la ONU, «ese modelo ha dado lugar no solo al abuso de la coacción en el caso de discapacidades psicosociales, intelectuales y cognitivas, sino también a la medicalización de las reacciones normales a las múltiples presiones de la vida, incluidas las formas moderadas de ansiedad social, tristeza, timidez, absentismo escolar y comportamiento antisocial».

Este es un desafío importante para un modelo de salud pública que aborde nuevos problemas sociales, más allá del modelo biomédico reduccionista.

El relator concluye que «las tendencias mundiales apuntan a una proliferación de políticas y prácticas que socavan activamente los principios universales de derechos humanos o que aplican esos derechos de manera selectiva. (…) La falta de voluntad política para invertir de manera integral en salud mental y bienestar exacerba ese ciclo de discriminación, desigualdad, exclusión social y violencia».

ENFERMEDADES QUE EMPOBRECEN

El siglo pasado, la humanidad logró avances importantes en el combate de enfermedades como la tuberculosis, el sarampión, la difteria, tos ferina, fiebre amarilla, polio, hepatitis, entre otras, mediante el uso de vacunas.

Pero la pobreza persiste y la insalubridad mata a millones con enfermedades que se pueden prevenir, si los Estados tomaran medidas adecuadas. Pese a los progresos históricos que se han hecho para reducir su carga mundial, las enfermedades transmisibles siguen siendo un importante problema.

La mitad de la población mundial, al menos, está privada de servicios de salud esenciales, según se desprende de un informe del Banco Mundial y la OMS.

Las prioridades han cambiado, hay enfermedades que se atienden como emergencia cuando en realidad se pueden prevenir si se promueve un sistema sanitario vigilado y fuerte.

En el informe quinquenal 2013-2017, la OMS dijo que «resulta totalmente inaceptable que la mitad del mundo aún carezca de cobertura para servicios de salud que son absolutamente esenciales» y propone que para 2017-2021 se priorice una cobertura sanitaria universal.

Asimismo, cada año hay un gran número de familias que se ven sumidas en la pobreza porque no pueden pagar de su propio bolsillo la atención sanitaria. La falta de acceso a los medicamentos es uno de los obstáculos más complejos para mejorar la salud.

LOS DESAFÍOS

Este comprimido panorama muestra lo lejos que estamos de los principios establecidos en la Constitución de la OMS referido a que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Al ser las actuales enfermedades predominantes producto del mundo globalizado, de un sistema económico altamente consumista y por ende contaminador, los Estados deberían responder a sus ciudadanos con enfoques holísticos, adecuados a esta realidad.

Por esta misma razón, es clave que instituciones internacionales como la OMS y la OPS lideren los nuevos desafíos, desburocratizadas, guardando distancias con las transnacionales que lucran con la salud y defendiendo el bienestar de los más necesitados.

Es imperativo regular el monopolio que poseen las trasnacionales farmacéuticas con patentes sobre medicamentos, a favor de la población.

Hace falta superar no solo la visión reduccionista biomédica, pero también asumir el principio de precaución ante nuevas tecnologías, como la transgénica, que pueden exacerbar más la deteriorada salud de millones.

El involucramiento de las universidades públicas y centros de investigación es clave, pues quienes lideran hoy las investigaciones, el desarrollo de nuevas medicinas y enfermedades son las transnacionales farmacéuticas, en los sectores más lucrativos, buscando solo incrementar sus ganancias.

En algunos países, las movilizaciones sociales piden un incremento en el presupuesto que se destina a la salud, lo cual es justo, pero habría que ir más allá que eso, pues se trata de buscar un enfoque que no solo cure las enfermedades, pero también las prevenga.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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Documental «El lado oscuro de la televisión»: El abuso y la explotación infantil en la industria televisiva

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A título personal, por Armando Morquecho Camacho //

Desde sus primeros días, la televisión ha ejercido una influencia poderosa en nuestras vidas, actuando como una ventana al mundo y un catalizador para el cambio social. A través de la democratización del conocimiento y la información, la televisión ha proporcionado acceso a una amplia gama de ideas, culturas, perspectivas, y también entretenimiento, transformando la manera en que nos relacionamos con el mundo que nos rodea.

Sin embargo, detrás de la aparente inocencia de los programas infantiles y juveniles, se esconde una realidad perturbadora que ha sido expuesta por el documental «El Lado Oscuro de la Televisión».

Este documental de la plataforma Amazon Prime Video, que presenta testimonios de antiguos niños actores de Nickelodeon, revela un patrón alarmante de abusos físicos, psicológicos y sexuales dentro de la industria televisiva. Desde largas horas de trabajo hasta presiones indebidas para mantener una imagen perfecta, un sinfín de niños y adolescentes fueron sometidos a condiciones laborales abusivas que tuvieron un impacto devastador en su bienestar emocional y físico.

El documental también destaca casos específicos de abuso sexual de menores perpetrados por figuras influyentes dentro de la industria, como Dan Schneider y Brian Peck, las mentes maestras detrás de shows de época tales como Drake & Josh o el Show de Amanda.

Estos casos de abuso sexual y explotación infantil dentro de la industria televisiva ponen de manifiesto la extrema vulnerabilidad de los niños y adolescentes cuando se encuentran expuestos a entornos poco regulados y a personas en posiciones de poder que abusan de su autoridad para satisfacer sus propios deseos. En el mundo del entretenimiento, donde la fama y la fortuna pueden ser seductoras, los menores están especialmente expuestos a situaciones de manipulación y abuso por parte de adultos en posiciones de autoridad.

Por eso mismo, no podemos perder de vista que debido a la naturaleza jerárquica de la industria televisiva a menudo se crea un desequilibrio de poder significativo, donde los niños y adolescentes pueden sentirse obligados a complacer a los adultos que controlan su carrera y su futuro, instaurando así una dinámica que puede hacer que los menores sean más susceptibles a la manipulación y al abuso, ya sea por temor a perder oportunidades profesionales o por la promesa de recompensas y favores.

Aunado a lo anterior, la falta de regulaciones claras y el escaso escrutinio sobre las prácticas laborales y el comportamiento ético dentro de la industria televisiva pueden exacerbar la vulnerabilidad de los menores. Sin estándares claros de conducta y supervisión, los abusadores pueden operar en la oscuridad, aprovechándose de la ingenuidad y la falta de experiencia de los niños para cometer actos atroces sin ser descubiertos.

Es importante reconocer que los niños y adolescentes son especialmente vulnerables a la explotación y el abuso debido a su etapa de desarrollo y su dependencia de adultos para proteger sus derechos e intereses. La presencia de figuras poderosas y carismáticas en la industria televisiva puede ejercer una influencia abrumadora sobre los menores, que pueden sentirse presionados a complacer a estas figuras para avanzar en sus carreras o asegurar su estabilidad financiera.

Al margen de esto, la responsabilidad no recae únicamente en los productores y ejecutivos de la industria. Los padres y tutores también desempeñan un papel crucial al proteger a sus hijos y asegurarse de que estén informados sobre los riesgos y los derechos de sus hijos cuando participan en proyectos televisivos.

Además de las medidas regulatorias y de protección, es necesario aumentar la conciencia pública sobre esta problemática y promover una cultura de responsabilidad y ética en la industria del entretenimiento. Esto implica educar a los espectadores sobre los riesgos que enfrentan los menores en la televisión y alentar a los consumidores a apoyar programas y producciones que respeten los derechos y el bienestar de los niños.

Abordar el abuso y la explotación de menores en la industria televisiva es un desafío complejo que requiere un enfoque integral y colaborativo de múltiples partes interesadas. Esto implica la implementación de regulaciones más sólidas y efectivas que protejan los derechos y el bienestar de los menores que participan en producciones televisivas. Trabajar en estrecha colaboración con reguladores y legisladores es fundamental para desarrollar políticas que aborden las condiciones laborales abusivas, como las largas horas de trabajo y la falta de descanso adecuado, así como para garantizar la presencia de supervisión adecuada en el set y un entorno seguro y saludable para los menores.

Además, se deben implementar medidas específicas para prevenir el abuso sexual de menores en la industria televisiva. Esto incluye la realización de exhaustivas verificaciones de antecedentes para todos los adultos que trabajan con niños, así como la creación de protocolos claros para informar y abordar cualquier sospecha de abuso. La capacitación obligatoria sobre prevención de abuso sexual para todos los empleados, incluidos actores, productores y personal de apoyo, es esencial para crear una cultura de seguridad y protección en la industria.

Junto con estas medidas regulatorias y de protección, es crucial aumentar la conciencia pública sobre esta problemática y promover una cultura de responsabilidad y ética en la industria del entretenimiento. Educando a los espectadores sobre los riesgos que enfrentan los menores en la televisión y alentando a los consumidores a apoyar programas y producciones que respeten los derechos y el bienestar de los niños, la sociedad en su conjunto puede comprometerse a proteger a los menores y a garantizar que sus derechos y dignidad sean respetados en todo momento.

En conclusión, abordar el abuso y la explotación de menores en la industria televisiva requiere un esfuerzo conjunto y coordinado de reguladores, legisladores, profesionales de la industria, padres y la sociedad en su conjunto. Solo a través de un enfoque integral que aborde tanto las condiciones laborales abusivas como la prevención del abuso sexual, y que fomente una mayor conciencia pública y una cultura de responsabilidad, podemos garantizar un entorno seguro y saludable para los menores que participan en la televisión, protegiendo así su bienestar y su futuro.

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MUNDO

El polvorín en Medio Oriente: Israel lanza ataque directo contra Irán

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Actualidad, por Alberto Gómez R. //

La respuesta de Israel a Irán por el bombardeo con drones y misiles balísticos a territorio israelí del sábado 13 de abril, no se hizo esperar, lanzando en la mañana del viernes 19 un ataque limitado contra objetivos en Irán, según informaron medios y autoridades de Estados Unidos.

Dos funcionarios israelíes y tres iraníes confirmaron el ataque a The New York Times.

Según el diario, los iraníes dijeron que cohetes golpearon las inmediaciones de una base militar próxima a la ciudad Isfahán.

Tres fuertes explosiones se escucharon en esa ciudad, en el centro del país y ubicada a unos 350 kilómetros al sur de la capital de Irán, Teherán, según la prensa estatal.

El ataque ocurre menos de una semana después de que Irán lanzara más de 300 drones y misiles contra Israel, que ese país repelió con la Cúpula de Hierro, su sistema de defensa antimisiles, y el apoyo de países aliados como EE.UU., Reino Unido y Jordania. (bbc.com)

Fue la primera vez en décadas que Irán lanza un ataque directo a territorio de Israel. Pero las tensiones entre ambas naciones y con los demás países árabes han ido en aumento, lo que podría significar una escalada mayor en las próximas semanas.

Funcionarios iraníes dijeron el viernes que un ataque israelí alcanzó una base aérea militar cerca de Isfahán, una ciudad en el centro de Irán. La magnitud y el método del ataque no estaban claros.

Funcionarios iraníes dijeron que otro ataque israelí fue frustrado en Tabriz, una región a unos 800 kilómetros al norte de Isfahán. Las agencias de noticias iraníes dijeron que se oyeron explosiones cerca de ambas ciudades.

Los medios de comunicación estatales de Siria, un importante aliado de Irán que limita con Israel, dijeron también que misiles israelíes habían alcanzado posiciones de defensa aérea en el sur de Siria el viernes.

Isfahán es una de las ciudades más famosas e históricas de Irán, conocida por sus hermosas mezquitas de azulejos turquesa y púrpura, sus pintorescos puentes arqueados y su Gran Bazar.

La zona alberga también cuatro pequeñas instalaciones de investigación nuclear y es un centro de producción de armamento iraní. Allí se ensamblan muchos de los misiles de medio alcance Shahab, capaces de alcanzar Israel y otros países.

En la provincia de Isfahán también se encuentra la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, así como una base aérea que alberga una flota de cazas F-14 Tomcats de fabricación estadounidense. Según The Associated Press, fueron adquiridos por el gobierno iraní respaldado por EE. UU. antes de la revolución islámica de 1979. (nytimes.com)

A pesar de la creciente animadversión, ambos países no siempre fueron enemigos, sino todo lo contrario: antes de 1979, cuando se produjo la Revolución Islámica que derrocó al sha Mohamad Reza Pahlevi, Israel e Irán mantenían una relación cordial, incrementada por el hecho de que ambos gobiernos eran aliados de Estados Unidos. De hecho, Irán fue uno de los primeros países en reconocer al Estado de Israel, solo dos años después de su proclamación en 1948.

Ambos gobiernos mantuvieron en el tercer cuarto del siglo XX una intensa relación diplomática y, sobre todo, económica, ya que Israel importaba el 40% de su petróleo de Irán a cambio de armas, tecnología y productos agrícolas.

Sin embargo, la llegada al poder del ayatolá Ruholla Jomeini y la instauración en Teherán de un régimen teocrático chií cambió por completo las tornas e Irán pasó a ser el principal antagonista de Israel en una región ya de por sí conflictiva. Si para los ayatolás Estados Unidos era el ‘Gran Satán’, Israel -como fiel aliado de Washington- se convirtió en el ‘Pequeño Satán’.

Pese a ello, durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988) Israel entregó misiles a Teherán en el marco de la venta ilegal de armas de Estados Unidos al régimen de Jomeini, un escándalo conocido como Irangate, cuyo objetivo era obtener la liberación de rehenes de EE.UU. retenidos en el Líbano.

La rivalidad entre Irán e Israel tiene raíces históricas, políticas, religiosas y geopolíticas complejas que se remontan a varias décadas atrás:

  • Contexto Religioso y Cultural: Irán es una república islámica chiita, mientras que Israel es un estado judío. Esta diferencia religiosa ha contribuido a una falta de afinidad entre los dos países, ya que el chiismo y el judaísmo tienen diferentes perspectivas teológicas y políticas.
  • Revolución Islámica de Irán: En 1979, Irán experimentó una revolución que derrocó al sha (rey) respaldado por Occidente y estableció una república islámica encabezada por el ayatolá Jomeini. Este cambio de régimen llevó a una postura antioccidental y antisionista en Irán, lo que contribuyó a la tensión con Israel, un aliado histórico de Occidente.
  • Apoyo de Israel a los rivales de Irán: Israel ha sido un aliado cercano de los países que han sido rivales de Irán en la región, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Esta alineación geopolítica ha contribuido a la percepción de Irán de Israel como un adversario estratégico.
  • Apoyo de Irán a grupos antiisraelíes: Irán ha apoyado a varios grupos en la región que se oponen a Israel, como Hezbollah en el Líbano y Hamas en Palestina. Esta política de apoyo a grupos que luchan contra Israel ha exacerbado la animosidad entre los dos países.
  • Desarrollo de armas nucleares: La preocupación internacional sobre el programa nuclear de Irán ha aumentado la tensión con Israel, que ve la posibilidad de un Irán nuclear como una amenaza existencial.

Medio Oriente es y ha sido desde la segunda mitad del siglo XX una zona de constante inestabilidad política, sobre todo desde la creación del estado judío de Israel auspiciados por Reino Unido y los Estados Unidos -arrebatando a naciones árabes sus territorios- con la consigna de ser los ojos y oídos anglosajones en esa estratégica región del mundo, y colocar bases militares bajo la premisa expansionista de la posguerra, lo que generó para esta dupla el poder hegemónico durante 70 años, pero que está llegando a su fin.

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Japón por activar el reactor nuclear más poderoso del mundo: Falta autorización de la autoridad local

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Política Global, por Jorge López Portillo Basave //

La compañía eléctrica de Tokio, llamada TEPCO (Tokyo Electric Power Company), ha cargado su reactor de la planta nuclear de Kashiwazaki Kariwa por primera vez desde el accidente en Fukushima allá en el 2011. En esa época Japón decidió apagar todos sus reactores nucleares por razones de seguridad. Pero a menos de 15 años el país se ha dado cuenta que la energía nuclear es importante para su desarrollo económico.

Japón, además de ser pobre en recursos naturales no tiene mucho espacio, por lo que este tipo de energía es la mejor para sus procesos industriales y para sus hogares.

El plan de encender la planta más grande del mundo está aún pendiente de la autorización de la autoridad local quien no ha dado el sí, pero todos los demás permisos ya están listos y como indicamos, hasta cargado de plutonio el reactor. Esta autorización podría darse en cuestión de días.

La planta de Kashiwasaki fue apagada en el 2012 y ha sufrido una remodelación profunda para aumentar su poder, pero también para aumentar su seguridad. En diciembre pasado las autoridades de energía nuclear de Japón otorgaron a dicha planta su beneplácito por las mejoras en materia de seguridad.

Japón está regresando a la energía nuclear como parte central de su política energética, en particular por lo volátil de los precios del petróleo y del gas natural que llegaron a números impagables en el 2022.  Como lo hemos indicado Japón es un país pobre en recursos naturales en proporción con su población y desarrollo industrial.

Ellos importan el 90% de sus energéticos. Como vemos la falta de riquezas no ha frenado a Japón en su carrera por ser una de las tres economías más poderosas del mundo. Para mantener ese nivel se necesita garantizar el acceso a la energía y como el petróleo y el gas están pasando de moda y no son recursos con los que cuenten han regresado a la energía nuclear de fisión nuclear. Pero también le están apostando a la de fusión nuclear que aún no alcanza la madurez necesaria.

Kashiwasaki es una ciudad ubicada en el poniente de Japón, digamos frente a Corea del norte y China, es decir del lado opuesto a Tokio que está en la parte Este de la Isla. La planta generaría suficiente energía como para dar sustento a una población e industria como toda la zona metropolitana de la Ciudad de México desde la salida a Querétaro hasta la salida a Puebla.

Los ministerios de energía y de industria del gobierno de Japón publicaron a finales del 2023 que permitirían a las plantas existentes extender sus permisos de operación de vida útil de los 60 años iniciales y que apoyarían la creación de nuevas plantas.

Japón cuenta con 17 plantas nucleares de las que sólo 6 están operando. Las demás están en trámites para ser reactivadas. Como sabemos por el accidente del 2011 se impusieron nuevos controles de seguridad por lo que no todas han sido renovadas. Pero la energía nuclear es claramente una fuente importante de energía barata. Como lo vemos China tiene 55 plantas y países como Arabia Saudita rica en petróleo ha decidido tener su planta de energía nuclear lo mismo que Irán y que Israel.

Ojalá pronto podamos sumarnos al desarrollo de tecnologías modernas no sólo de ficción sino de fusión nuclear.

Claro que debemos invertir en otras formas de energía, pero debemos recordar que como en nuestros cuerpos la variedad es la verdadera forma para alcanzar el desarrollo como la economía en la diversificación. Ni la energía del petróleo, ni del carbón, ni la del gas, ni la solar, ni la eólica, ni la nuclear pueden ser únicas. Lamentablemente por cuestiones históricas nuestro sector energético es muy complicado.

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