MUNDO
La sin razón del abuso del poder
Desde los Campos del Poder, por Benjamín Mora Gómez //
Una vez escuché una frase que hoy recupero y comparto: “Podré ser un idiota, pero no un estúpido”.
Quizá haya mil supuestas razones del por qué Donald Trump impone a México y Canadá aranceles a sus exportaciones a EEUU, sabiendo que ha iniciado una guerra comercial que ni a él, ni a su gobierno, ni a su pueblo, beneficiarán; yo tengo una idea un tanto distinta a las que escucho una y otra vez.
Para mi, la precariedad financiera del gobierno estadounidense ante su abultada deuda lo lleva a buscar ingresos de dónde sea a fin de poder pagarla. Así de absurdo es el entendimiento de Trump sobre la macroeconomía. Lo demás, quizá, sea solo discurso y excusa. En 2016, leí sobre cómo Donald Trump llevó a la quiebra a sus casinos en Atlantic City, ganando él millones de dólares.
Trump y Putin se igualan al haber iniciado sus guerras personales, el gringo contra Canadá y México, y el ruso contra Ucrania, creyendo que ganarían antes de disparar la primera bala. La vida no complace estupideces.
Donald Trump me parece un hombre de profundas contradicciones. Habla de valores como el derecho a la vida de los no nacidos, y de su oposición a la teoría de géneros, que aplaudo; sin embargo, sufre de una evidente incontinencia verbal que raya en peligrosa. Trump debería leer, siendo cristiano no denominacional, el libro de los Proverbios (21:23) en la Biblia que nos dice: “El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de angustias”. Trump debería, pues, abstenerse de hablar cuando no sea necesario. Como presidente de su nación, debería apreciar el valor del silencio y cuidar su jactancia.
Mi padre insistía en decirme: “Las peores caídas se dan al tropezarse con la propia lengua, y los peores engaños, por escuchar palabras necias”. Los poderosos se pierden en las adulaciones mentirosas de sus lacayos. Solo las prostitutas engañan a sus clientes asegurándoles ser los mejores amantes del mundo, aunque sean incompetentes al complacer a la mujer; ellas van por el menor tiempo para cada cliente. Cuántos, hombres y mujeres, de ese viejo oficio acompañan a Trump cada día en su gobierno.
Cuando Enrique Peña Nieto presentó al Congreso su iniciativa de gravar con impuestos a los alimentos, medicamentos y educación, compartí con Edwin Lino, su secretario particular, mi inconformidad pues nos haría sentir empobrecidos al no poder comprar los alimentos y medicamentos que un día anterior podíamos adquirir, y obligar a cambiar de escuelas a nuestros hijos al no poder pagar las colegiaturas. Por fortuna no prosperó.
En aquella oportunidad supe que el presidente Peña Nieto, dicho por él mismo, buscaba terminar de una vez y para siempre las intentonas de Acción Nacional para gravar esos rubros de nuestra canasta familiar; se debatiría y rechazaría, y así fue.
Lo peor que puede hacer un presidente o gobernador es hablar por sus heridas pues correría el peligro de herir a quienes no son los culpables de sus dolores. Gravar con un 25 por ciento la importación de autos de marcas norteamericanas (Ford, GMC o Chevrolet) fabricados en México, solo beneficiará a los autos europeos y asiáticos de otros orígenes, y eso afectará a sus propias armadoras.
Gravar a frutas y legumbres mexicanas solo afectará a las mesas de las propias familias norteamericanas. Gravar medicamentos y equipo médico de origen mexicano, impactará en la salud del pueblo norteamericano. Este es un boomerang que golpeará al presidente Donald Trump, y sí, quizá aumenten sus ingresos fiscales, pero empobrecerá a quienes votaron por él.
Por su parte, Claudia Sheinbaum deberá asumir la responsabilidad de acabar con los productores, traficantes y vendedores de drogas, y dejar de defenderles; Para Trump son terroristas y punto. Asumo que Donald Trump deberá detener esa droga de origen mexicano en sus fronteras. Si hoy invaden las calles de Estado Unidos es porque sus fronteras no son seguras.
Esto no mejorará con los aranceles que nos impone. México deberá cerrar sus fronteras al trafico de armas y entender que el problema no está en la venta libre de armas en Estados Unidos, sino en la corrupción en nuestras aduanas y la nula efectividad para cuidar la frontera. ¡Basta de jugar a la gallina ciega!
Ni Donald Trump ni Claudia Sheinbaum pueden olvidarse de que la imposición de aranceles a toda importación tiene como propósito el contrarrestar “supuestas ventajas en materia de precios, artificialmente bajos, y ejercer presión para que otros países modifiquen sus políticas en este sentido”. Para el combate a los grandes grupos del narcotráfico debería, primero, ser más efectivos al cuidar sus fronteras, y después intervenir las empresas y bancos que blanquean sus negocios, en EEUU y México. Confundir la realidad será negativo.
Es hora de que el gobierno de Claudia Sheinbaum haga valer el Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias del Organismo Mundial de Comercio. Debe respetarse el principio que motiva la imposición de aranceles: Dar alivio a las ramas de producción y a los trabajadores que compiten directamente cuando algún gobierno falta a su palabra comercial y afecta el empleo y producción de otra nación. Trump profundizará los desequilibrios en la balanza de pagos por razones que nada tienen que ver con las relaciones comerciales del tratado entre Canadá, EEUU y México.


