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Sheinbaum vs. sus aliados: Sin PT ni PVEM la reforma electoral está en jaque

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum entra en su fase más crítica, los ojos están puestos en si la coalición oficialista Morena-PT-PVEM resiste el embate o termina fracturada por los intereses particulares de sus aliados que le han permitido construir la mayoría absoluta para lograr las reformas, como la más polémica de todas, la del poder judicial.

La presidenta enfrenta el desafío de sacar adelante su iniciativa, pero su propuesta de ética política y austeridad republicana, choca con la realpolitik, esto es, los intereses creados de quienes han sido y son grandes aliados de la 4T, PT y PVM, quienes ven con la reforma peligrar sus intereses y perder los privilegios de ser parte del poder.

La cohesión del bloque que llevó a Sheinbaum al poder y su capacidad para ejecutar la agenda de la Cuarta Transformación sin diluciones ni concesiones excesivas podría fracturarse.

Desde agosto de 2025, cuando se anunció la iniciativa, el punto neurálgico ha sido el mismo: los plurinominales y el financiamiento público a partidos. Sheinbaum insiste en reducir costos electorales, ajustar la fórmula de representación proporcional y priorizar una reforma que no quede “desdibujada”, incluso si eso implica avanzar sin consenso total de sus aliados. Lo confirmó en mañanera: presentará la propuesta el 24 de febrero de 2026, Día de la Bandera, con o sin acuerdo pleno.

Es un mensaje claro a PT y PVEM: no hay espacio para vetos que preserven privilegios a costa de la austeridad republicana que prometió el movimiento. Pero los aliados no ceden fácilmente. El PT y el PVEM —partidos que sobreviven gracias a las prerrogativas económicas y los espacios plurinominales que les garantizan curules sin ganar distritos— han condicionado su apoyo y, en momentos de tensión, se han levantado de la mesa.

El senador del Verde, Luis Armando Melgar, fue tajante: “Ni una coma a los plurinominales”. Acusan a Morena de querer un “partido único” y señalan la “mala actitud” de Luisa María Alcalde como detonante de la ruptura temporal de diálogos. Las reuniones con Rosa Icela Rodríguez, la titular de la Secretaría de Gobernación, no han logrado avances significativos, según reconoció Ricardo Monreal: “Será difícil” convencerlos.

En el Senado, donde Morena tiene 67 escaños (necesita 85 para mayoría calificada), el aporte de PT y PVEM es indispensable. Sin ellos, la reforma se cae o se diluye tanto que pierde esencia. La bancada morenista en la Cámara Baja ya respaldó la iniciativa “como venga”, pero el riesgo es evidente: si no se logra unidad, se mide la verdadera fortaleza de la coalición rumbo al 2027.

No hay ruptura irreversible reportada —la alianza se mantiene en otros temas—, pero las fricciones son palpables y podrían escalar si Sheinbaum no cede en lo sustantivo.

La oposición (PRI, PAN) ya aprovecha para criticar la falta de diálogo amplio, advirtiendo que sin consensos generales la enmienda no prosperará. En el fondo, esto revela una verdad incómoda para el oficialismo: la 4T no es monolítica. Los aliados menores defienden su supervivencia con uñas y dientes, y Morena debe decidir si impone su mayoría o negocia concesiones que terminen descafeinando la reforma.

El resultado de estas semanas definirá si Sheinbaum consolida su liderazgo o si el poder empieza a fragmentarse desde adentro.

Si la reforma electoral de Claudia Sheinbaum no logra los votos del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México, el escenario se complica dramáticamente para Morena en el Congreso.

Ante esta posibilidad, surge la pregunta inevitable en los pasillos de San Lázaro y Palacio Nacional: ¿podría Morena voltear a ver a Movimiento Ciudadano para salvar la reforma? La hipótesis no es descabellada. Algunos analistas y fuentes cercanas al oficialismo admiten que, si los aliados menores se mantienen inflexibles, Sheinbaum podría buscar romper resistencias en sectores del PAN, PRI o, sobre todo, en MC —un partido que ha mostrado pragmatismo en negociaciones puntuales y que, en Jalisco, mantiene una relación compleja pero no cerrada con Morena en temas locales—.

Sin embargo, una alianza legislativa con MC sería de alto costo político: implicaría concesiones que diluirían aún más la propuesta y alimentaría las críticas de “traición” a la austeridad republicana que prometió el movimiento.

Además, Dante Delgado y su grupo naranja no regalarían votos sin cobrar en moneda fuerte, como candidaturas o espacios futuros.

Lo más probable es que, sin PT y PVEM, la reforma no prospere en su versión original. Ricardo Monreal ya lo ha calificado como un “desacuerdo legislativo temporal” que no rompería la coalición rumbo a 2027 y 2030, pero las fricciones dejan ver grietas profundas. Sheinbaum apuesta a que la presión pública y el cierre de filas morenista obliguen a los aliados a ceder en el último minuto; de lo contrario, el mensaje será claro: la Cuarta Transformación puede avanzar sin todos sus socios, pero a costa de sacrificar reformas emblemáticas.

Esta semana dirán si la austeridad triunfa o si los privilegios pesan más que la transformación.

 


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