Connect with us

OPINIÓN

¿Cuánto tiempo me queda de vida?

Publicado

el

Spread the love

Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

A algunos podría extrañarles el título de esta columna.

Hoy me salgo de mis temas acostumbrados y reflexiono sobre un tema existencial, como es esta interrogante que me atrevo a compartirla públicamente a propósito de un mensaje que recibí este sábado de un amigo muy querido y que mucho respeto, como es José Herminio Jasso, que, en estos últimos años, Dios me permitió formar parte de su selecta legión de amigos.

Cuánto tiempo me queda de vida es una de esas preguntas que preferimos no hacernos. Suena demasiado directa, casi irrespetuosa con la vida misma. Sin embargo, tarde o temprano llega. A veces se asoma cuando vemos envejecer a alguien querido. Otras veces se instala con más fuerza cuando uno mismo ya ha cumplido varias décadas y empieza a contar más los cumpleaños de los demás que los propios.

José Herminio Jasso la puso sobre la mesa con una honestidad que no es común. A sus más de ochenta años, no la esquiva ni la disfraza. La mira de frente mientras sigue cargando con las preocupaciones de siempre: la salud de sus tías, de sus hermanos, de sus hijos y nietos, la del bisnieto, la de sus compañeros jubilados y la suya propia. Y aun así, termina su reflexión deseando un feliz sábado.

Esa mezcla entre la conciencia de que el tiempo se acorta y la decisión de seguir celebrando la vida es, para mí, la parte más valiosa de lo que comparte. No se trata de resignación ni de melancolía. Se trata de algo más profundo: acomodar el alma mientras todavía hay tiempo.

Nadie tiene la respuesta exacta a cuántos días o años le quedan. Ni los médicos más precisos, ni las estadísticas de esperanza de vida, ni los algoritmos que intentan predecir todo. La vida no entrega fecha de caducidad. Solo nos da este día. Y en algún momento, sin previo aviso, deja de darlos.

Por eso la segunda pregunta que surge de forma natural es mucho más poderosa: Si supiera con certeza que me queda un año de vida, ¿qué haría?

Este ejercicio mental tiene la capacidad de ordenar prioridades como pocas cosas lo logran. De repente, lo que antes parecía urgente se vuelve secundario. Las discusiones que posponíamos “porque no hay tiempo” se revelan como lo que realmente son: una pérdida. Las personas que amamos y a las que no les decimos lo suficiente se convierten en lo más importante. Los rencores que cargamos como si fueran parte de nuestra identidad empiezan a pesar demasiado.

Y las pequeñas cosas —una conversación sin prisa, un café compartido, una mirada larga, una risa— adquieren un valor que antes pasábamos por alto.

Si supiera que me queda un año, haría tres cosas con más intensidad. Primero, estaría más presente con quienes amo. No en plan de grandes gestos ni viajes extraordinarios, sino en lo cotidiano. Escuchar de verdad, sin el teléfono cerca. Decir “te quiero” sin que suene a rutina o a despedida. Abrazar más. Preguntar cómo están realmente.

Muchas veces postergamos esta presencia pensando que tendremos tiempo después. Y después, a veces, ya no está.

Segundo, soltaría lo que ya no sirve. Rencores antiguos, culpas que ya cumplieron su ciclo, expectativas ajenas que nunca fueron mías, objetos que acumulo sin usar. Perdonar de verdad, aunque duela.

Pedir perdón donde haga falta. Dejar la casa —y el corazón— más limpios. No por miedo a morir, sino por coherencia con la vida que quiero haber vivido.

Tercero, viviría con más intención y menos miedo. Haría las cosas que siempre dejo “para después”.

Diría lo que realmente pienso con respeto pero con claridad. Agradecería en voz alta a Dios, a la vida y a esa gente que me dio la mano para poder transitar por este mundo para tratar de ser útil y trascender. Y como la fe forma parte de mi camino, como en el caso de Jasso, fortalecería esa relación no por pánico al final, sino porque sería la forma más honesta de cerrar el círculo.

Lo que más me conmueve del texto de José es precisamente eso: que, a pesar de todas las preocupaciones que menciona —la salud, la familia, los jubilados, el bisnieto—, termina deseando un FELIZ SÁBADO.

Esa es una forma de resistencia que da la templanza de la madurez plena. Es elegir la esperanza incluso cuando se ve “la luz al final del túnel”. Es entender que, mientras estemos aquí, la vida sigue regalándonos días, noticias inesperadas como un partido de la selección y la posibilidad de seguir queriendo.

Jasso, sin pretenderlo, nos da una gran lección de vida: está viviendo conscientemente. No está esperando a que le quede un año para empezar a ordenar su interior. Lo está haciendo ahora.

La pregunta sobre el tiempo que nos queda no tiene que paralizarnos. Puede convertirse en una brújula, porque la verdad es que todos estamos en la misma condición, aunque a diferentes edades. Nadie tiene garantizado el año que viene, ni el mes que viene, ni siquiera el mañana.

Esa certeza, en lugar de deprimirnos, puede liberarnos. Puede ayudarnos a soltar lo que nos sobra, a decir lo que necesitamos decir y a estar más presentes en lo que realmente importa.

No hace falta saber la fecha exacta para empezar. Basta con hacerse la pregunta con honestidad de vez en cuando. Basta con preguntarnos, aunque sea una vez al mes: si supiera que me queda poco tiempo, ¿qué cambiaría hoy?

Jasso, a sus ochenta y tantos, ya está respondiendo con su ejemplo. Sigue preocupado por los suyos, sigue yendo a los templos, sigue celebrando los viernes en Las Charritas y sigue compartiendo sus reflexiones con quienes queremos leerlas.

Esa es, quizás, la forma más sabia de enfrentar la pregunta que tanto evitamos: no con miedo, sino con la decisión de seguir viviendo de manera consciente, con el corazón más ordenado y con la esperanza intacta. Y tú, que estás leyendo esto… ¿Qué harías si supieras que te queda un año?

No hace falta responderlo hoy mismo. Pero vale la pena tenerlo presente, porque, aunque no sepamos la fecha, la invitación sigue siendo la misma: vivir como si el tiempo importara.

Que este lunes y esta semana y los que vengan, nos encontremos un poco más presente, un poco más agradecido y con el corazón un poco más ligero.


Spread the love
Continuar Leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2020 Conciencia Pública // Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios, para proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. También compartimos información sobre el uso que usted hace de nuestro sitio con nuestros socios de redes sociales, publicidad y análisis, que pueden combinarla con otra información que usted les haya proporcionado o que hayan recopilado de su uso de sus servicios. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web.