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Mujeres en la economía: avances históricos y brechas persistentes en México
Por Redacción Conciencia Pública
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En el último siglo, las mujeres en México han transformado su papel en la sociedad: pasaron del analfabetismo y la exclusión a ser mayoría en la educación superior y una fuerza clave en la economía. Sin embargo, la igualdad sustantiva sigue siendo una meta lejana, marcada por profundas brechas estructurales.
El estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) documenta que, aunque las mujeres hoy representan casi la mitad de la fuerza laboral, su participación no se traduce en igualdad de condiciones, ingresos ni oportunidades de crecimiento profesional.
Uno de los cambios más relevantes es demográfico. En seis décadas, la fecundidad cayó de 6.8 a 1.9 hijos por mujer, mientras que la edad para contraer matrimonio pasó de entre 15 y 19 años a cerca de los 30 años, reflejo de mayores oportunidades educativas y laborales.
Este cambio también implica un reto: México comienza a envejecer. Las mujeres viven en promedio seis años más que los hombres, pero con menor seguridad económica, debido a trayectorias laborales interrumpidas y menor acceso a pensiones.
En materia educativa, el avance ha sido contundente. A inicios del siglo XX, 78% de las mujeres no sabía leer ni escribir; para 2020, la cifra cayó a apenas 5%, cerrando prácticamente la brecha de género en alfabetización.
El acceso a la universidad también se transformó radicalmente. De apenas 3 mil mujeres inscritas en 1950, se pasó a 2.6 millones en 2020, año en el que representaron el 53% de la matrícula, consolidándose como mayoría en la educación superior.
No obstante, persisten desigualdades en la elección de carreras. Las mujeres se concentran en áreas vinculadas al cuidado y la docencia —generalmente peor remuneradas—, mientras los hombres dominan ingenierías y ciencias, que ofrecen mayores ingresos.
El embarazo adolescente, por su parte, se redujo a más de la mitad en seis décadas, al pasar de 129 a 60 nacimientos por cada mil adolescentes. Sin embargo, México aún presenta niveles elevados frente a países desarrollados.
En el ámbito económico, el cambio también es significativo. En 1900, solo 6% de las mujeres participaba en el mercado laboral; para 2020, la cifra alcanzó 49%, impulsada por la industrialización y la expansión educativa.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos sigue siendo el trabajo no remunerado. Las mujeres dedican en promedio 40 horas semanales a labores domésticas y de cuidado, frente a 16 horas de los hombres, lo que limita su desarrollo profesional.
Este trabajo invisible tiene un peso económico enorme: en 2024 representó el 26% del PIB nacional, superando incluso sectores como la manufactura y el comercio.
En cuanto a ingresos, la brecha salarial se ha reducido, pero no desaparecido. Hoy, las mujeres ganan en promedio 87 pesos por cada 100 que perciben los hombres, cuando en 1995 eran 73 pesos.
La informalidad es otro problema estructural: 54% de las mujeres trabaja en este sector, lo que limita su acceso a seguridad social, estabilidad laboral y mejores ingresos.
Además, la violencia sigue siendo un factor determinante. Una de cada cinco mujeres ha experimentado violencia laboral a lo largo de su vida, lo que restringe su desarrollo económico y perpetúa la desigualdad.
El diagnóstico es claro: México ha avanzado en educación y participación, pero no en igualdad sustantiva. Para el IMCO, acelerar la inclusión económica de las mujeres no solo es una cuestión de justicia social, sino una condición indispensable para el crecimiento y la competitividad del país.
DECARGUE AQUÍ EL DOCUMENTO DEL IMCO




