OPINIÓN
La responsabilidad de elegir
Luchas Sociales, por Mónica Ortiz
En política, aunque no lo parezca, la congruencia es importante. A menos de un año de que inicie un proceso electoral, existen situaciones que deben tomarse en cuenta; entre ellas destaca la relación entre el gobierno de Estados Unidos y la Presidencia de México. En este vínculo parece no haber un acuerdo, sino una marcada lucha de poder, donde el mayor problema es la captura de altos perfiles del narcotráfico.
Por nuestra parte, los mexicanos apelamos a la soberanía y a negarlo todo; sin embargo, esto afecta el proceso electoral para el partido gobernante, Morena, o bien servirá solo como un detonador en el que Morena aparezca como una víctima más de los estadounidenses.
El tema del narcotráfico y su alcance social afecta y deberá afectar directamente a la elección de 2027. México es un país donde la corrupción y el narcotráfico son problemas graves y visibles para la sociedad. La relación entre ambos en la última década permite ver que nuestra política está en la mira respecto a las condiciones de estos vínculos. Es muy grave que hoy hablemos del gobierno y de la política como otra forma más de corrupción, y resulta alarmante por el terror y la violencia que ejercen este tipo de situaciones, que evidencian que dicha relación sí existe.
La sociedad mexicana sufre un tema muy delicado y marcado en Jalisco: la desaparición de personas y el reclutamiento de jóvenes son sucesos que no podemos negar que nos ocurren. Los narcobloqueos, como respuesta a la detención de los líderes de los cárteles, son situaciones que, como sociedad, no podemos pasar por alto; tampoco debemos hacerlo con los candidatos que tengan señalamientos que pongan en duda su integridad o su posición dentro de un partido.
Al final, recae en nosotros, los ciudadanos, la decisión tan importante de a quién le damos o le quitamos poder. Y sí, nos guste o no, la infiltración descarada y evidente del narco en el país es corrupción y también una tristeza que nos deja vulnerables y desanimados ante el poder de los partidos políticos en México.
Actualmente enfrentamos, sin duda, la repercusión de acusaciones y de una guerra mediática con el país vecino que no debería dividirnos; sin embargo, esto no deja opciones ante los señalamientos y la retirada de visados. Aun así, aunque queramos minimizar las situaciones que suceden en torno a la política y al narcotráfico, hoy sabemos que la corrupción es innegable.
Es nuestra obligación votar con conciencia y no permitir que se postulen candidatos de dudosa procedencia; al final, somos los responsables de ponerlos en el poder. Aunque a veces no lo parezca, la violencia está en su máxima expresión y la ciudadanía votante debe entender que la boleta que se marca el día de la elección conlleva una decisión y una enorme responsabilidad.
Siendo este un tema delicado, del que muchos evitan hablar con la debida profundidad en la opinión pública, los candidatos que inicien una campaña deberán —por respeto y por simple lógica— contar con una reputación impecable. Debemos entender que nuestro destino durante tres años queda en sus manos, una responsabilidad que para muchos ciudadanos se ha complicado debido a malos perfiles que buscan únicamente el poder.
Al llegar a la administración pública y a la gobernanza impulsados por intereses de grupos, demuestran que no les importa la sociedad ni su bienestar, sino mantener su posición y su privilegio. Esto nos lleva a vivir con el temor y la incertidumbre de haber elegido mal, recordando que ese acto es, ante todo, una gran responsabilidad ciudadana.
En ese sentido, y ante la proximidad del proceso electoral intermedio en el país y en Jalisco, no debemos convertirnos en nuestras propias víctimas. No debe importar el color del partido ni la magnitud de la campaña: si existe la duda o un señalamiento grave en contra de un postulado, la sociedad debe descartarlo de la boleta electoral. La historia cercana e inmediata nos lo demuestra: nosotros somos los responsables de cómo se vota. La integridad de nuestras boletas electorales debe llevar, sin duda alguna, el visto bueno de la sociedad, porque somos nosotros quienes les damos el poder.
Cuando nos vemos sumergidos en la violencia y la corrupción en nuestro entorno más cercano, es cuando quisiéramos no haber elegido sin poner atención, evitando situaciones que se habrían podido prevenir si hubiéramos reflexionado antes de marcar la boleta electoral.
En ese sentido, no debemos olvidar que el poder no llega solo a las manos de quienes gobiernan: somos nosotros quienes lo entregamos mediante una boleta. Por eso, ante la proximidad de 2027, ninguna campaña millonaria ni estrategia partidista debe hacernos perder de vista lo verdaderamente importante: la integridad de quien pretende gobernarnos.
No somos víctimas de nuestras decisiones, sino responsables de ellas. Si después de la elección llegan la violencia, la incertidumbre o el abuso, debemos recordar que, antes de que alguien ocupara el cargo, nosotros abrimos la puerta. La boleta es nuestra decisión, pero también nuestra responsabilidad.





