OPINIÓN
El «Tratado del Cacahuate»

Opinión de Héctor Romero Fierro //
En mi entrega pasada criticaba el triunfo pírrico que obtuvo nuestro país ante la amenaza recibida, vía un tuit, y que logró diferir su aplicación en el llamado “Tratado del Cacahuate”, señalando que los amigos de la “CuatroT” nos ocultaban mucho de lo pactado, tal y como se pudo comprobar cuando Trump dio a conocer la existencia de más acuerdos no revelados por el canciller Marcelo Ebrard, provocando con ello que le crezca el problema (y la nariz) al gobierno federal, asunto que ahora tienen que atender eficientemente.
Lo ideal hubiera sido, retar al presidente Trump de imponer impuestos a las importaciones mexicanas, situación que no contaba con el apoyo ni de su propio partido, y a cambio nos comprometimos a resolverles este espinoso problema a corto plazo, obligándonos a recibir migrantes para cuidarlos desde aquí, darles vivienda, medicinas, cosa imposible ya que lamentablemente, no puede nuestro país dar eso a muchos mexicanos menos a extranjeros ilegales, y además se obliga a cerrar la frontera sur como si fuera México un muro humano, con integrantes de la Guardia Nacional. ¿Quién acabó pagando el muro?
Las prisas en el gobierno son muchas porque el pacto tiene fecha de cumplimiento y no le podemos quedar mal a a Trump, el reloj tiene cuenta regresiva y está corriendo, ya le costó la renuncia al encargado del Instituto Nacional de Migración, y el disgusto de Muñoz Ledo, pilar de MorenaCo., es evidente.
La gran mayoría de mexicanos, según lo demuestran diversas encuestas, está a favor del cierre de fronteras, situación con la que coincidimos, la migración debe ser regulada y controlada. Eso no implica que no demos ayuda a los migrantes, es de vida o muerte, implica que cada caso particular sea estudiado y se analice si de verdad califican para apoyo. Solo como ejemplo, ya hay en territorio nacional grupos de pandillas centro americanas que no vienen precisamente a trabajar decentemente. Han entrado miles y miles y aunque ahora, la ornamental Secretario de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, diga alarmarse por el número de los que han ingresado al país, señaló “No se por donde pasaron 144 mil migrantes rumbo a a Estados Unidos”, habrá que recordarles que muchos ingresaron con el apoyo de la “CuatroT” y de manera totalmente irresponsable se les ofreció hasta trabajo y sueldo, provocando además un problema mayúsculo: los dejamos entrar a nuestro país, y luego, cuando no logran pasar a los Estados Unidos, quedan obligados a permanecer en las ciudades fronterizas, generando cinturones de miseria cada día más grandes, por ello la oposición a estos grupos es mayor en el norte de la república. La Secretario de Gobernación no se enteró que solo de enero a mayo pasaron más de 492 mil migrantes que fueron aprendidos por la autoridad migratoria americana. Solamente el viernes pasado fueron asegurados en Veracruz 4 tráilers con 791 migrantes, y dice que no sabe cómo pasaron, así como no vieron el cerro de Santa Lucía, creo yo.
Nuestro Presidente, se enfrente a una grave disyuntiva, por un lado su política de fronteras abiertas, con careta de protección a los Derechos Humanos, cuando en realidad lo que busca es convertirse en líder regional centroamericano y por el otro, el compromiso asumido con el país del norte de cerrar las fronteras, le lleva, por un lado a blindar la frontera y por el otro a hacer declaraciones demagógicas a favor de los migrantes. La semana pasada declaró que “El DIF se hará cargo de niños migrantes, si es necesario los abrazamos y los hacemos mexicanos”, curiosa actitud cuando acaba de dejar a miles de niños mexicanos sin la protección de las estancias infantiles.
Es curioso el país que más migrantes, por condiciones de falta de alimentación, falta de medicinas y persecución política, provoca serios problemas en la zona, es Venezuela pero nuestro presidente no hace nada al respecto porque Maduro es su aliado, y cuando se trata de apoyar a la oposición venezolana aplica la máxima de autodeterminación de los pueblos, pero en Guatemala, y otros de la zona hasta quiere invertir dinero nuestro gobierno para su desarrollo, cuando aquí los recortes por falta de recursos llegan a lo criminal. Es tal la demagogia promete que ahora que sea vendido el famoso avión presidencial, los recursos que se obtengan serán para atención de los migrantes, solo que no lo podemos vender por ser arrendado.
Por otro lado la desesperación del presidente y su intolerancia se dejó ver en las últimas mañaneras al referirse a muchos mexicanos como cretinos, sinónimo de “Idiota” ya que se enoja porque el único poder político independiente en nuestro país, hace su trabajo, me refiero, a que varios juzgados de distrito, dependientes del Poder Judicial, han concedido en juicios de Amparo suspensiones contra el inicio de la obra del aeropuerto de Santa Lucía, y amenaza con informar quiénes son los responsables, quién presentó el Amparo y qué Juez se lo otorgó, según él, al exhibirlos, defiende el interés nacional, porque mejor señor presidente nos revela que tanto ese aeropuerto como la Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya carecen de permisos de todo tipo destacando los ambientales. Lo bueno es que ya vienen más Amparos. ¿Por qué no exhibe mejor a esos funcionarios criminales que ya destruyeron más de 300 hectáreas de manglar y bosque tropical (y que llegarán a 700), para construir una refinería, sin permisos señor López? Y lo curioso es que los auto nombrados ambientalistas y la PROFEPA han callado. ¿Por qué no explica su urgencia de inundar el NAIM cuando en la Ciudad de México no hay gasolina ni para las patrullas?
En Zapopan se está corrigiendo la pifia de la regidora Gabriela Cárdenas y de algún otro funcionario menor (de capacidad) al secuestrar, solo por lucimiento personal, el proceso y Reglamento para la designación del titular de la Controlaría Ciudadana, con el que se integra el Sistema Municipal Anticorrupción, Pablo Lemus asumió la responsabilidad y pasó vergüenza ajena ordenando no se publique el reglamento aprobado por el Pleno hasta que se hagan los cambios a los errores en el mismo que muchos habíamos señalado.
E-mail: hromerof@lgrrabogados.com
Twitter: @hectorromerof2
CARTÓN POLÍTICO
Edición 804: Lo piden los expertos: Una nueva Corte de Justicia sin extremos ideológicos
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JALISCO
La transparencia del fiscalizador

– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.
Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.
Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.
Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.
El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.
Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.
La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.
Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.
Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.
La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.
Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.
Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.
La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.
La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.
¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.
“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.
La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.
JALISCO
MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.
Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.
Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.
Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.
Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.
Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.
Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.
Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.
El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.
Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.
En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.
La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.
La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.
La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.
Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.
Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.
En X: @DEPACHECOS
Ricardo Agustín Anguiano Carrisales
16 de junio de 2019 at 23:04
Saludos