EDUCACIÓN
La prueba PISA exhibe el fracaso educativo de México
- Solo tres de cada diez estudiantes alcanzan el nivel básico en matemáticas; el país retrocede a resultados semejantes a los de hace dos décadas.
Por Redacción Conciencia Pública.
México llegó a la evaluación PISA 2025 con un sistema educativo incapaz de garantizar los aprendizajes fundamentales a la mayoría de sus adolescentes. Los resultados publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) colocan nuevamente al país muy por debajo de las naciones desarrolladas y confirman que el deterioro es particularmente grave en matemáticas.
| La radiografía es contundente: los estudiantes mexicanos de 15 años obtuvieron 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Los promedios de la OCDE fueron de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente. En la nueva evaluación sobre resolución computacional de problemas, México alcanzó 453 puntos, frente a una media internacional de 500. |
El mayor retroceso ocurrió en matemáticas. México pasó de 395 puntos en 2022 a 388 en 2025, una caída de siete unidades que la OCDE considera estadísticamente significativa. Únicamente el 30 por ciento de los participantes alcanzó por lo menos el nivel 2, considerado el umbral básico de competencia, mientras que el promedio de los países integrantes del organismo fue de 65 por ciento.
Esto significa que siete de cada diez adolescentes mexicanos tienen dificultades para interpretar y representar matemáticamente situaciones sencillas de la vida cotidiana, como comparar la distancia entre dos rutas, calcular la relación entre precio y cantidad o convertir el costo de un producto a otra moneda. El porcentaje de estudiantes que alcanza el nivel básico cayó de 43.5 por ciento en 2006 a 30 por ciento en 2025.
| El puntaje de 388 en matemáticas acerca al país a los resultados observados al comienzo de su participación en PISA. Más que un retroceso uniforme de 25 años en todo el sistema educativo, la información muestra que México regresó, específicamente en matemáticas, a niveles semejantes a los de hace más de dos décadas. La OCDE señala que los resultados actuales son inferiores a los registrados entre 2009 y 2018. |
En lectura, México descendió de 415 puntos en 2022 a 408 en 2025, aunque la variación no fue considerada estadísticamente significativa. Solamente la mitad de los estudiantes alcanzó el nivel básico, frente al 69 por ciento de la OCDE. En 2009, cerca de seis de cada diez jóvenes mexicanos lograban ese nivel, lo que revela una pérdida sostenida de capacidad para comprender, interpretar y reflexionar sobre los textos.
En ciencias, el país obtuvo 414 puntos, cuatro más que los 410 registrados en 2022, pero todavía 68 unidades por debajo del promedio de la OCDE. El 50 por ciento alcanzó la competencia mínima, contra el 74 por ciento internacional. En esta materia, el organismo observa un estancamiento de largo plazo, pues los resultados mexicanos se han mantenido relativamente estables desde 2006, sin avances significativos.
La parte más preocupante aparece al combinar las tres áreas: 41.8 por ciento de los estudiantes mexicanos quedó por debajo del nivel básico en matemáticas, lectura y ciencias simultáneamente. Además, apenas alrededor de 0.5 por ciento alcanzó los niveles 5 o 6 en por lo menos una materia, frente a 11.9 por ciento del promedio de la OCDE. México prácticamente no está formando estudiantes de alto desempeño.

La distancia frente a los sistemas educativos más avanzados es enorme. Las jurisdicciones chinas de Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, agrupadas bajo la denominación B-S-J-Z, alcanzaron 612 puntos en matemáticas y 597 en ciencias. Singapur encabezó lectura con 535 puntos y Macao obtuvo 572 en resolución computacional de problemas. En matemáticas, las cuatro provincias chinas superaron a México por 224 puntos.
Aunque suele utilizarse una referencia aproximada de 20 puntos PISA por cada año de aprendizaje, la propia OCDE advierte que esa conversión no debe aplicarse de manera mecánica para comparar países. Por ello, los 75 puntos que separan a México del promedio de la organización en matemáticas pueden entenderse como una brecha equivalente a varios años de aprendizaje, pero no como una medida exacta de ciclos escolares perdidos.
PISA 2025 evaluó por primera vez la resolución computacional de problemas, entendida como la capacidad para utilizar herramientas digitales, crear modelos, llevar a cabo pruebas y ajustar soluciones. México obtuvo 453 puntos, 47 menos que la OCDE. Como se trata de una escala nueva y todavía no existe un umbral formal de competencia mínima, sus resultados no permiten hablar de alumnos aprobados o reprobados ni establecer comparaciones históricas.
| La evaluación mexicana fue aplicada a 7 mil 843 estudiantes de 297 escuelas y representó aproximadamente a un millón 581 mil jóvenes, equivalentes al 69 por ciento de la población nacional de 15 años. La OCDE determinó que la muestra cumplió con sus estándares de calidad, aunque el porcentaje restante incluye adolescentes fuera del sistema escolar, inscritos en grados inferiores o excluidos por razones metodológicas. |
La desigualdad social continúa influyendo en los aprendizajes. El 30 por ciento de los estudiantes mexicanos se ubicó en el sector más desfavorecido de la escala socioeconómica internacional. En ciencias, los alumnos con mayores recursos superaron por 68 puntos a los más pobres, mientras que la condición económica, social y cultural explicó el 12 por ciento de las diferencias de desempeño.
La OCDE introduce, sin embargo, un matiz relevante: entre 2015 y 2025 aumentó la proporción de adolescentes mexicanos con posibilidades de participar en PISA, lo que indica una ampliación de la cobertura de secundaria hacia poblaciones históricamente marginadas. Parte de la caída del promedio podría estar relacionada con esa incorporación, pero el sistema no consiguió acompañar el acceso a la escuela con los apoyos necesarios para garantizar aprendizajes suficientes.
Las condiciones materiales también aparecen como un obstáculo. El 48 por ciento de los estudiantes asistía a escuelas cuyos directores reportaron que la falta de libros, computadoras, bibliotecas o laboratorios afectaba la enseñanza; en 2022 era 44 por ciento. Además, 50 por ciento estudiaba en planteles donde las deficiencias de edificios, iluminación, ventilación, espacios o servicios perjudicaban las clases, frente a 37 por ciento tres años antes. El 29 por ciento enfrentaba falta de profesores y 41 por ciento carencia de personal de apoyo.

El entorno digital presenta contrastes. El 47 por ciento de los estudiantes mexicanos utiliza semanalmente herramientas de inteligencia artificial para aprender; el 40 por ciento las emplea para investigar, el 34 por ciento para resumir textos y el 35 por ciento para redactar trabajos. Al mismo tiempo, 37 por ciento aseguró que sus compañeros se distraen con dispositivos durante las clases de ciencias y solamente 27 por ciento acudía a escuelas donde el uso de celulares estaba prohibido.
No todos los indicadores fueron negativos. El 80 por ciento de los jóvenes mexicanos manifestó curiosidad por aprender, el 76 por ciento aseguró realizar un esfuerzo adicional cuando enfrenta una actividad difícil y apenas el 11 por ciento consideró que asistir a la escuela fue una pérdida de tiempo. Asimismo, 81 por ciento dijo que sus profesores se interesan en su aprendizaje y 83 por ciento afirmó recibir ayuda adicional cuando la necesita.

Persisten, sin embargo, problemas de convivencia y acompañamiento familiar. El 20 por ciento reportó haber sufrido acoso escolar varias veces al mes y el 35 por ciento señaló que el ruido y el desorden interrumpen las clases de ciencias. Los estudiantes cuyos padres les preguntaban semanalmente qué hicieron en la escuela disminuyeron de 71 a 63 por ciento, mientras las conversaciones familiares sobre problemas escolares cayeron de 56 a 42 por ciento. Los hombres aventajaron a las mujeres por 16 puntos en matemáticas y 13 en ciencias, mientras ellas los superaron por 12 puntos en lectura.
El balance de PISA 2025 muestra que México amplió la presencia de adolescentes en las aulas, pero no consiguió traducir esa cobertura en aprendizajes de calidad. El país se encuentra estancado en ciencias, retrocede en lectura y profundiza su crisis en matemáticas.
Más allá de responsabilizar a un gobierno o una reforma específica, los resultados exhiben una falla acumulada durante varias administraciones y obligan a construir una política educativa de largo plazo que coloque nuevamente la comprensión lectora, el pensamiento matemático, la formación científica, la infraestructura escolar y la evaluación de los aprendizajes entre las prioridades nacionales.



