OPINIÓN
Ranking y realidad: Liderazgos en América Latina, entre la popularidad y la polémica
Opinión, por Pedro Vargas Ávalos
Nuestra América es el continente del futuro, aunque hay momentos y circunstancias que la hacen ver ambigua. Por lo pronto, observamos que existen dos grandes grupos de dirigentes en los países de nuestro hemisferio: unos marcadamente populares y otros, de plano, polémicos.
Al hablar de panamericanismo, implica considerar a todos y cada uno de los Estados que integran los tres subcontinentes (Norte, Centro y Sudamérica), más la región caribeña o, mejor dicho, insuloamericana. Pero ahora nos interesa exponer la popularidad de los más prototípicos mandatarios de nuestra Patria Grande, es decir, lo que comúnmente denominamos Latinoamérica, más sus zonas insulares, dentro de las cuales destaca el Caribe.
El término se acuñó durante el siglo XIX, pero su uso se hizo frecuente años después para referirse a la pertenencia común de los pueblos iberoamericanos —concepto ampliado por el de Latinoamérica— ante un deseable concierto político del subcontinente que implica también su región insular.
Pues bien, los países de nuestra antedicha Magna Patria, gracias a la controvertida influencia del coloso anglosajón del norte de América, navegan constantemente por senderos difusos. El Tío Sam —es decir, Estados Unidos— indebidamente ha considerado que es dueño del territorio que descubrió Colón; su frase “América para los americanos” la entienden como que la región completa es para ellos, los gringos. Tal es la esencia de la nefasta Doctrina Monroe, hoy por hoy representada por un grosero “monrotrumpismo”, es decir, la política del fanfarrón Donald Trump.
Los ejemplos de lo anterior, para mejor comprensión, son la intervención estadounidense en Venezuela, así como el bloqueo que Washington ha impuesto a Cuba. Para efectos de este comentario, completamos lo referente al poderoso —y metiche— Estados Unidos, mencionando la reciente creación de un “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas), que agrupa a doce dirigentes latinoamericanos identificados con la derecha, destacando Argentina, El Salvador, Chile y Ecuador. Al ver ese cónclave, recordamos al fabulista Esopo y su relato de “Las ranas pidiendo rey”.
Para conocer cómo valora cada pueblo a sus gobernantes, es pertinente revisar las encuestas que periódicamente se publican sobre el tema. La difundida en este mes de marzo incluyó a 18 dirigentes. La empresa responsable del estudio es la consultora argentina CB Consultora Opinión Pública, también conocida como CB Global Data.
Conforme a lo presentado por dicha consultora, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), lidera el ranking con un 72.3% de aprobación. Esta calificación es consistente con lo que han publicado diversos medios nacionales, incluso aquellos críticos de su gobierno.
Al iniciar el año 2025, los mexicanos proyectábamos la imagen de un pueblo sereno y optimista, al contar con una mandataria distinta a los políticos tradicionales. Frente a los habituales calificativos negativos, la primera presidenta del país ha sido reconocida como honrada, con méritos democráticos y capacidad intelectual. Esto, sumado al respaldo de su antecesor, la posicionó con alta popularidad. Lo relevante es que esa valoración se mantiene.
Un caso que invita a la reflexión es el del segundo lugar: Nayib Bukele, con 71.8%. Su fama se basa en una política de mano dura contra la delincuencia, caracterizada por detenciones masivas y condiciones carcelarias severas, justificadas bajo el argumento de que no debe destinarse dinero público a quienes delinquen.
El Salvador, pese a su reducida extensión territorial, ha sido catalogado como un país seguro por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que incluso lo recomienda como destino turístico. No obstante, ello ocurre en un contexto de fuerte presencia policial y estricta vigilancia.
En tercer lugar aparece la República Dominicana, con su presidente Luis Abinader Corona, quien supera ligeramente el 58%. Reelegido hace dos años, es considerado aliado de Trump. Su política migratoria, especialmente hacia Haití, es rígida, y su estilo interno refleja el perfil de un empresario que privilegia la iniciativa privada y el orden.
Le sigue Daniel Ortega, de Nicaragua, con 57.9%. Tras haber sido presidente en el pasado con buena valoración, hoy es señalado como autócrata. En contraste, el costarricense Rodrigo Chaves Robles alcanza 56.8%, con un perfil liberal en lo económico y conservador en lo social, acompañado de tintes nacionalistas.
El último mandatario que supera el 50% es el boliviano Rodrigo Paz Pereira, con 51.9%, quien llegó al poder en 2025 tras la fragmentación de la izquierda, siendo opositor del expresidente Evo Morales.
Por debajo del 50% se encuentra José Antonio Kast, de Chile, con 48.9%, identificado con la ultraderecha y respaldado por sectores afines a Trump. Su agenda se centra en el fortalecimiento empresarial y valores conservadores.
Más abajo aparecen Luiz Inácio “Lula” da Silva, de Brasil, con 46.6%, en su segundo mandato, lo que refuerza la idea de que las segundas etapas no siempre resultan favorables; y Javier Milei, de Argentina, con 42.3%, cuya popularidad ha ido en descenso.
En la parte final figuran José María Balcázar, de Perú, con 25.2%; Delcy Rodríguez, de Venezuela, con 26.4%; y Daniel Noboa, de Ecuador, con 33.5%, este último pese a contar con respaldo de sectores conservadores.
En síntesis, los mexicanos perciben que están en buenas manos. De ahí la importancia de mantener un apoyo racional a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien conduce el rumbo del país y, según las encuestas, lo hace con resultados positivos.




