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ENTREVISTAS

Omisiones y malas decisiones: No falta agua, falla el sistema; la crisis es resultado de años de abandono, señala Arturo Gleason

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Por Francisco Junco

La crisis del agua que hoy enfrenta el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) no surgió de manera repentina ni puede explicarse únicamente por la contaminación reciente detectada en el suministro. Detrás del problema existe una acumulación de omisiones técnicas, decisiones políticas orientadas más a grandes obras que al mantenimiento de fondo y una ausencia prolongada de planeación seria sobre la infraestructura hidráulica que abastece a la ciudad.

Así lo plantea el doctor José Arturo Gleason Spíndola, profesor investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien sostiene que la discusión pública se ha concentrado durante décadas en promesas de nuevas fuentes de abastecimiento, mientras se ha dejado en segundo plano el deterioro del sistema que ya existe.

Desde su lectura, el problema no se reduce a “traer más agua”, sino a revisar con rigor cómo se capta, conduce, potabiliza, distribuye, drena y trata el recurso que consume la metrópoli.

El académico explicó, en entrevista con Conciencia Pública, que la infraestructura hidrosanitaria de Guadalajara está conformada por una cadena compleja que inicia en fuentes como el lago de Chapala, los pozos y la presa Calderón; sigue con acueductos, canales, plantas potabilizadoras y redes de distribución; y concluye en el drenaje y tratamiento de aguas residuales.

El punto crítico, subrayó, es que gran parte de ese sistema envejeció sin que existiera una política sostenida de rehabilitación integral.

Con más de tres décadas dedicadas al estudio del agua, Arturo Gleason no habla sólo desde la observación académica. Su trabajo se ha concentrado en la gestión del agua urbana, particularmente en Guadalajara, donde ha documentado el funcionamiento y deterioro del sistema. Además de su labor como investigador, forma parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, preside la Asociación Mexicana de Sistemas de Captación de Agua de Lluvia y ha participado en foros internacionales sobre manejo hídrico.

Uno de los aspectos que más preocupa al especialista es el deterioro de las fuentes superficiales de abastecimiento y de los canales históricos de conducción. Señaló que muchas de esas obras fueron construidas en contextos urbanos y ambientales muy distintos a los actuales.

Hoy, dijo, esa infraestructura opera bajo una presión para la cual no fue diseñada originalmente.

Arturo Gleason advirtió que la contaminación del agua que llega a los hogares no puede entenderse como un hecho aislado o reciente, sino como el resultado de una combinación de factores acumulados.

A su juicio, el deterioro visible en la calidad del agua es apenas la expresión más evidente de un sistema que viene arrastrando fallas desde hace años.

A la par del problema en el suministro, el investigador alertó sobre riesgos menos visibles, pero igualmente delicados, en la infraestructura sanitaria de la ciudad. Mencionó, por ejemplo, la antigüedad de colectores que siguen en operación en zonas altamente transitadas, entre ellos el de San Juan de Dios, cuya vida útil, sostiene, está ampliamente rebasada y debería formar parte de una agenda prioritaria de intervención preventiva.

El planteamiento del especialista abre una dimensión poco discutida públicamente: la vulnerabilidad de Guadalajara no sólo está en lo que entra por la llave, sino también en lo que corre por debajo de sus calles.

En ese sentido, la crisis hídrica no es exclusivamente de abastecimiento, sino también de infraestructura urbana, salud pública, prevención de riesgos y capacidad institucional para anticiparse a colapsos mayores.

La trayectoria de Arturo Gleason refuerza el peso técnico de sus observaciones. Ha trabajado durante 25 años en hidráulica y en sistemas de captación de agua de lluvia, ha impartido conferencias y desarrollado proyectos en cerca de 30 países, y fue delegado de México en la Asamblea Mundial del Agua en Nueva York en 2003. Más recientemente, realizó una estancia académica en Berlín enfocada en modelos de gestión del agua.

En ese contexto, el anuncio reciente del gobernador de Jalisco sobre la necesidad de invertir 15 mil millones de pesos para rescatar la operación del SIAPA es visto por el académico con reservas. Su cuestionamiento no parte del monto en sí mismo, sino de la falta de claridad sobre cómo se calculó, qué diagnóstico lo sustenta y en qué rubros concretos se aplicaría una bolsa de tal magnitud.

Para el investigador, el principal problema no es solamente cuánto dinero se necesita, sino la forma en que históricamente se ha decidido el gasto público en materia hídrica. Recuerda que en el pasado ya se han destinado cientos o miles de millones de pesos a proyectos como Arcediano, El Zapotillo o programas de mitigación de inundaciones, sin que esos desembolsos hayan transformado de fondo la realidad del sistema metropolitano del agua.

Desde esa óptica, el diagnóstico profundo aparece como el punto de partida indispensable. No se trata, dice, de una revisión superficial ni de un documento administrativo, sino de una evaluación exhaustiva de redes, colectores, tanques, plantas, puntos de contaminación, presión hidráulica, calidad del agua y estado físico de la infraestructura.

Arturo Gleason sostuvo que incluso la información básica del sistema sigue siendo incompleta o dispersa. Señaló que un trabajo serio obligaría a recorrer físicamente miles de kilómetros de red, digitalizar información, verificar planos, reconstruir memorias técnicas y establecer prioridades con evidencia científica.

Sólo a partir de ese proceso, dijo, podría justificarse con seriedad cuánto dinero se requiere, en qué plazos y para qué obras específicas.

A ello suma un cuestionamiento de fondo sobre la relación entre el poder público y la academia. Desde su experiencia, existe una resistencia persistente de los gobiernos a incorporar especialistas, centros de investigación y organismos técnicos en la toma de decisiones.

Según su lectura, esa distancia responde menos a la falta de capacidad externa y más a una lógica política que suele cerrarse a observaciones críticas o diagnósticos incómodos.

El agua, insistió, no puede seguir tratándose como un asunto exclusivo de oficinas gubernamentales o decisiones cupulares, porque involucra variables técnicas, sociales, ambientales, financieras, urbanas y sanitarias que exigen una respuesta multidisciplinaria y sostenida.

La experiencia internacional de Arturo Gleason también alimenta ese contraste. Durante sus trabajos y estancias en ciudades de Europa y otras regiones, ha observado modelos donde la red de distribución puede monitorearse en tiempo real, calle por calle, con datos sobre presión, calidad y niveles de cloro. Frente a eso, advierte, Guadalajara opera todavía con rezagos de información, planeación y control que la colocan en una situación de atraso técnico considerable.

El investigador propone construir un verdadero plan hídrico metropolitano, escalonado en etapas de atención urgente, corto, mediano y largo plazo. La primera fase, sostiene, debería enfocarse en contener la contaminación y proteger a las zonas más afectadas; después, avanzar hacia una modernización integral del sistema con criterios de sustentabilidad, monitoreo permanente, reúso y aprovechamiento de agua de lluvia.

Ese horizonte, sin embargo, no sería inmediato. A juicio del académico, revertir décadas de deterioro no ocurrirá en un solo sexenio ni con una obra emblemática, sino con una política pública sostenida durante al menos 18 o 20 años.

La magnitud del rezago obliga a pensar en continuidad institucional, disciplina presupuestal, transparencia absoluta y una redefinición del modelo de gestión del agua en la metrópoli.

El fondo del mensaje, para el especialista, es claro: la discusión no debería centrarse sólo en cuánto dinero se pide, sino en si finalmente Guadalajara está dispuesta a abandonar la improvisación y asumir una reconstrucción técnica, abierta y verificable de su sistema hídrico.


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