EDUCACIÓN
Desde las aulas de la UAG: La IA no forma criterio y no viene por los maestros; viene por las clases tradicionales
Por Francisco Junco
La irrupción de la inteligencia artificial en las aulas no está desplazando a los docentes, pero sí está obligando a replantear profundamente la manera en que se enseña, se evalúa y se construye el aprendizaje en las universidades.
Así lo planteó José Humberto López, director de Innovación Educativa de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), al advertir que los modelos tradicionales de enseñanza ya fueron rebasados por herramientas como ChatGPT.
El académico sostuvo que el debate actual en el mundo educativo gira en torno a dos grandes interrogantes: la primera es si la universidad tendrá que transformarse radicalmente y la segunda, si el docente podrá ser reemplazado por la inteligencia artificial.
Sin embargo, aseguró que el problema no es la desaparición del profesor, sino la permanencia de esquemas educativos que ya no responden al contexto tecnológico actual.
“Si el profesor, su rol fuera solamente ir a leer y transmitir lo que dice el libro, ir a leer lo que dice el PowerPoint, ese profesor sí está en riesgo. El profesor que verdaderamente forma juicio en el alumno, el que lo hace pensar profundamente, el que lo ayuda a equivocarse para que el alumno aprenda del error, el que lo reta a nuevas cosas, ese profesor, por supuesto, va a estar ahí y siempre va a ser necesario”, apuntó en entrevista para Conciencia Pública.
El profesor Humberto López explicó que la llegada masiva de la inteligencia artificial a partir de 2021 y 2022, con la aparición de ChatGPT, modificó rápidamente los hábitos de estudiantes y profesores. Recordó que los alumnos adoptaron de manera inmediata estas herramientas, mientras que muchos docentes inicialmente reaccionaron con resistencia.
Relató que una de las primeras respuestas del profesorado fue prohibir el uso de inteligencia artificial en tareas y trabajos escolares, incluso obligando a los alumnos a entregar actividades escritas a mano para evitar el uso de plataformas digitales.
“Lo primero que hicieron fue prohibir usar la IA. Y como no sé si la están usando o no, entonces me van a entregar la tarea a mano. Van a empezar a escribir a mano la tarea y hubo resistencia”, acotó.
Con el paso del tiempo, indicó, esa postura comenzó a cambiar y actualmente los docentes también utilizan de manera frecuente herramientas de inteligencia artificial para preparar clases, desarrollar contenidos y agilizar procesos administrativos.
El directivo universitario citó datos de una encuesta nacional aplicada en 2 mil 900 instituciones educativas, contestada por más de un millón y medio de estudiantes y 163 mil docentes, en la que se observa que el 65 por ciento de los estudiantes usa inteligencia artificial de manera frecuente, mientras que entre los profesores el porcentaje alcanza el 60 por ciento.
EL MODELO DE EVALUACIÓN QUEDÓ REBASADO
Uno de los puntos centrales de la entrevista con el académico fue el reconocimiento de que las tareas tradicionales dejaron de funcionar como mecanismo efectivo para evaluar el aprendizaje.
Humberto López afirmó que actividades como pedir resúmenes, ensayos o presentaciones ya pueden ser resueltas en segundos por herramientas de inteligencia artificial, lo que obliga a las universidades y profesores a replantear completamente sus dinámicas académicas.
«Si antes yo decía: ‘Van a leer esto y me van a traer un ensayo’, pues ya no lo van a leer ni van a hacer el ensayo; el alumno le va a meter el libro o el escrito a la IA y la IA va a hacer el ensayo», sostuvo.
A partir de ello, señaló que el verdadero reto del profesor actual consiste en diseñar actividades más complejas, reflexivas y humanas, enfocadas en el razonamiento, el análisis crítico y la capacidad de discernimiento.
Subrayó que el nuevo escenario educativo exige abandonar ejercicios mecánicos y apostar por dinámicas centradas en el debate, la argumentación, la comunicación y la reflexión profunda, capacidades que, dijo, todavía no pueden ser sustituidas por la inteligencia artificial.
“Tiene que ser mucho más creativo para diseñar actividades, sobre todo actividades que lleven a verdaderos procesos reflexivos, que lleven a comprender que el alumno está internalizando los conocimientos”.
LA IA NO FORMA CRITERIO
El director de Innovación Educativa insistió en que, aunque la inteligencia artificial puede procesar información, resumir textos y organizar contenidos, no tiene la capacidad de formar criterio ni valores humanos.
En ese sentido, afirmó que el rol esencial del docente permanece intacto: acompañar, orientar e inspirar al estudiante en procesos de pensamiento crítico y construcción ética.
“La IA, inclusive hoy, puede simular conversaciones, hablar en inglés incluso, pero nunca va a asumir la responsabilidad moral que implica educar o ser educado por otro ser humano”.
El profesor de la UAG recurrió a referencias filosóficas y pedagógicas para sostener su postura. Citó conceptos de Santo Tomás de Aquino y definiciones clásicas de educación para argumentar que la función del maestro sigue siendo “sacar a la luz” las capacidades del alumno y promover la formación integral de la persona.
Consideró que, en un contexto saturado de estímulos digitales y respuestas automáticas, el profesor adquiere incluso una relevancia mayor, al ser quien puede ayudar al estudiante a detenerse, reflexionar y distinguir entre información, opinión y conocimiento verdadero.
“El maestro es el que ayuda realmente al alumno a detenerse un momento, a pensar, a reflexionar, a llegar a pensamientos profundos que van más allá de solo ese estímulo inmediato que la IA promueve”, puntualizó.
UNIVERSIDADES RECONOCEN REZAGO
Otro de los elementos relevantes que dejó el académico fue el reconocimiento de que las universidades todavía tienen una tarea pendiente en la formación de estudiantes sobre el uso adecuado de inteligencia artificial.
Admitió que las instituciones educativas se han enfocado más en capacitar a los docentes que a los propios alumnos, pese a que estos últimos son quienes más utilizan las herramientas digitales.
“Desafortunadamente, al alumno no lo estamos enseñando, que es un error que estamos cometiendo. Al alumno también hay que enseñarle qué herramientas, cómo y cuándo utilizarlas”, dijo.
La inteligencia artificial, añadió, no debe ser satanizada ni vista como una amenaza, sino entendida como una herramienta que puede potenciar capacidades educativas, siempre y cuando exista un uso ético y equilibrado.
El académico advirtió que el avance tecnológico seguirá acelerándose en las próximas décadas y planteó que las universidades deberán adaptarse sin perder su esencia formativa y humanista.
“Lo que tenemos que buscar es el verdadero equilibrio y, en el tema de la educación, creo que ahí está el gran punto: usarla con equilibrio, usarla cuando haya que usarla, promoverla y también saber cuándo no debemos utilizarla”, finalizó.


