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OPINIÓN

La protección a López Obrador

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De primera mano, por Francisco Javier Ruiz Quirrin

¿USTED cree aquello de que la presidenta Sheinbaum desconocía que en la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), se había ordenado “congelar” las cuentas bancarias de Rubén Rocha Moya y nueve sinaloenses más acusados por Estados Unidos de tener ligas con el crimen organizado?

¿Usted cree que la presidenta, la persona más y mejor informada del país, desconocía que el general exsecretario de seguridad en Sinaloa y el exsecretario de finanzas del gobierno de Rocha Moya, se entregarían al gobierno estadounidense?

¿Y si desde Palacio Nacional se ha estado protegiendo al ahora gobernador con licencia de Sinaloa para que sea “intocable”, le darían oportunidad a él y a sus hijos de vaciar sus cuentas bancarias antes de haberlas asegurado?

La presidenta de la República debe estar muy consciente del pobre papel que le ha tocado desempeñar. No es ninguna ingenua y sabe que está deteniendo el cerco hasta donde puede, incluyendo la aceptación de las “sugerencias” del “Tío Sam”, pero afectando a los hilos más delgados a efecto de proteger a López Obrador, sus hijos y sus más cercanos.

Hay una opinión generalizada de que la señora ha aparecido en sus “mañaneras” con el gesto adusto, descompuesta y visiblemente molesta.

A pesar de estar acostumbrada a decir mentiras, la realidad la ha superado y en los hechos se aprecia que está decidida a seguir protegiendo a su antecesor, a pesar de estar consciente de que su vecino del norte tiene en sus manos las pruebas “claras y contundentes” de sus ligas con la delincuencia.

Tampoco se puede ocultar que continúa teniendo contacto directamente con el presidente Donald Trump y que cada vez que hablan por teléfono, obtiene una victoria y una derrota. La victoria es evitar que la DEA, la CIA o el FBI “levanten” a López Obrador, a alguno de los integrantes de su familia, así como a secuaces como Adán Augusto López, Rubén Rocha Moya, Mario Delgado, Américo Villarreal o el exsecretario de la Marina, Rafael Ojeda.

La derrota es, precisamente, admitir que “el hilo se corte por lo más delgado” y presentar ante los tribunales de los Estados Unidos a peces medianos o chicos, como ocurrió con el general de división Gerardo Mérida Sánchez y Enrique Alfonso Díaz Vega, colaboradores cercanísimos a Rocha Moya y señalados por sus ligas con el “narco” en la solicitud de detención con fines de extradición.

Una evidencia de que el general fue obligado a hacerlo, es su declaración de “no culpable” emitida en su primera audiencia en un tribunal de Nueva York. Una evidencia de que el general cumplía órdenes, es su entrega pactada para ser esperado y detenido por agentes federales al cruzar la línea de Sonora a Arizona.

A todo eso, el director de la DEA (Agencia Antinarcóticos de los EU), Terrance C. Cole, declaró que “el gobierno de México está sosteniendo una colaboración sin precedentes con el gobierno de los Estados Unidos”. Sin embargo, ¿las cosas llegarán hasta este punto? Desde luego que no.

El temor más grande de la presidenta Sheinbaum es que a los reiterados señalamientos desde la Casa Blanca de que su gobierno es un “narco-gobierno”, lo que siga sea la emisión de un acuerdo oficial para declarar a MORENA un “narco-partido”.

La evidencia es el paquete de declaraciones de la nueva presidenta del comité nacional del partido en el poder, Ariadna Montiel, descalificando a todo militante “morenista” señalado por sus oscuros antecedentes. “No se admitirán candidatos corruptos”, ha dicho la dirigente. ¿Por qué hasta ahora? ¿Y la enorme lista de corruptos encumbrados por la “cuarta transformación”?

Por ello es que, aunque sea difícil aceptarlo, Trump no solo encontró en México y su cochino escenario un fuerte argumento para retomar sus simpatías rumbo a las elecciones en las que se renovará el Congreso el próximo noviembre; además, convencido con testimonios y pruebas documentales, sus exigencias podrían hundir al régimen impuesto por López Obrador a partir del año 2018.

Y las preguntas que se escuchan o se leen en los días recientes continúan: ¿Hasta cuándo la presidenta Sheinbaum protegerá a López Obrador y su gente? ¿En verdad cada día que pasa se acerca el momento de tomar una decisión: hundirse en la complicidad o limpiar a México de los corruptos? ¿cuál será la diferencia entre un “narco-Estado” y un “narco-partido”?

Y en medio de todo esto, ante el desgaste “morenista”, los opositores no quieren perder la oportunidad de tumbar la mayoría calificada del partido en el poder en los comicios del 2027, para de esa manera evitar el avance de una inminente dictadura.

Estamos a un año y semanas de las elecciones intermedias. ¿Cuántas cosas no sucederán en todo ese tiempo?


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