OPINIÓN
La ley del garrote de EEUU para América Latina
Opinión, por Gerardo Rico
“En toda América Latina, el gobierno de Donald Trump ha desplegado tácticas agresivas para reforzar el control sobre la región. Entre ellas se incluyen aranceles paralizantes y sanciones económicas, ataques a decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, la intromisión en elecciones extranjeras y la captura del presidente de una nación en su propia capital. Pero una de sus herramientas más ágiles y precisas es también profundamente personal: la visa estadounidense”.
Así apareció hace unos días un artículo en The New York Times, que analiza la manera en que el gobierno de Estados Unidos utiliza las visas como arma política contra determinados políticos en el hemisferio latinoamericano.
Sin pretender defender a nadie ni meter las manos al fuego por personajes de la política nacional que han estado en el ojo del huracán durante las últimas semanas, desde mi punto de vista es interesante analizar el contexto en el que el vecino del norte quita y otorga visas con objetivos mediáticos y políticos para desestabilizar a gobiernos progresistas, como lo ha hecho en diferentes naciones latinoamericanas.
“La cancelación de visados funciona como una palanca ágil y profundamente personal para influir en la clase política latinoamericana. Al ampararse en la confidencialidad de los registros migratorios, el Departamento de Estado no está obligado a presentar pruebas públicas ni a emprender procesos judiciales formales, lo que politiza la medida y fomenta la especulación”, señala el rotativo estadounidense.
“La táctica se ha aplicado en diversos países de la región contra líderes e ideologías contrarios a los intereses de Washington, afectando a funcionarios de distintas naciones bajo argumentos de seguridad y presuntos vínculos con el narcotráfico y la corrupción”.
La Doctrina Monroe, “América para los americanos”, directriz de la política exterior de Estados Unidos que establece que cualquier intervención de potencias europeas en el continente americano será vista como un acto hostil hacia ellos, parece haberse quedado corta ante la nueva realidad que estamos viviendo, luego de la derrota militar que le infligió Irán en Medio Oriente con la destrucción de sus bases militares.
Todo indica que el gobierno del presidente Donald Trump volteó nuevamente hacia Latinoamérica. Los ejemplos son Venezuela y los triunfos de candidatos afines a su línea política en Colombia y Perú, así como, anteriormente, en Bolivia y Chile, sin dejar de mencionar a los gobiernos de Ecuador y Argentina.
Bajo esta política, continúa The New York Times, el secretario de Estado, Marco Rubio, cuenta con amplia autoridad discrecional para cancelar permisos cuando exista una prioridad estadounidense. El diario ejemplifica su punto con casos en Chile, Argentina, Costa Rica y Panamá, donde se han revocado visas a funcionarios de diversos rangos por diferentes motivos.
Incluso, de acuerdo con el citado artículo, Estados Unidos restituyó las visas a tres funcionarios salvadoreños cercanos al presidente Nayib Bukele. Durante la administración del presidente Joe Biden, fueron incluidos en la Lista Engel, que señala a personas de Centroamérica acusadas de cometer actos significativos de corrupción o de socavar la democracia.
Uno de los máximos ejemplos de la política actual de Estados Unidos en temas migratorios en América Latina fue el indulto otorgado por el presidente Trump al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, liberado de una prisión federal el 1 de diciembre de 2025. Había sido sentenciado en junio de 2024 a 45 años de cárcel por una corte federal de Nueva York, por facilitar el tráfico de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. Juan Orlando Hernández regresó a su país y tiene entrada libre a la Unión Americana.
En una parte del artículo de The New York Times se aborda un caso muy concreto en Chile: “Cuando las autoridades chilenas firmaron una autorización para un cable submarino de 19 mil 800 kilómetros que conectaría al país con Hong Kong, estaban entusiasmadas. Afirmaron que el proyecto chino impulsaría la conectividad nacional e incluso llegaría a la remota Isla de Pascua. Pero el ánimo cambió de manera abrupta ese mismo día de enero, después de que un alto funcionario de la Embajada de Estados Unidos se reuniera con Guillermo Petersen, jefe de gabinete de la Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile.
“Según Petersen, el funcionario estadounidense advirtió que el proyecto podría aumentar el riesgo de ciberataques chinos y que, si Chile seguía adelante, Estados Unidos impondría una prohibición de viaje no solo a los funcionarios involucrados, sino también a sus cónyuges e hijos”. Sobra decir que el proyecto fue cancelado.
“Brasil es otro de los países que han enfrentado tensiones con Washington. Estados Unidos revocó la visa de la embajadora en la capital estadounidense, Maria Luiza Ribeiro Viotti, en medio de una disputa diplomática, mientras el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva respondió mediante mecanismos de reciprocidad”.
“Washington ha utilizado su estrategia de visas para perseguir diversos objetivos. En algunos países, Estados Unidos ha buscado reemplazar la presencia de China con la suya propia. En otros, ha recompensado a socios de derecha que se le someten, incluso castigando a sus enemigos políticos. En otros lugares, ha presionado a los gobiernos para que cedan ante las exigencias de Estados Unidos o ha penalizado a quienes cuestionan sus políticas”.





