OPINIÓN
Museo de Ciencias Ambientales: La construcción va en un 80%; es un falso debate plantear elegir entre salud y cultura, señala Salvador Ortíz

Por Raúl Cantú //
Es injusto el falso debate entre elegir la salud por encima de la cultura, por ello, el gobierno del estado debe entrar en razón y dar marcha atrás al cambio de designación de los 140 millones de pesos destinados a la culminación del Museo de Ciencias Ambientales y que van a la construcción del Hospital Civil de Oriente, pues a fines prácticos ambos son necesarios, así lo indicó el arquitecto y artista Salvador Ortíz, quien participa en el proyecto del mismo.
“Es algo que no se puede manipular de esa forma, es un presupuesto que si ya está asignado, realmente es una decisión populista al cien por ciento. Ahorita, manejando los medios de salud y demás, es fácil poder destinar algo a un hospital, pero es realmente absurdo, porque se está quitando un fondo a algo que es esencial como la educación, no puedes destinar recursos que se pueden obtener de otro medio a algo que es tan populista como decir ahora que tenemos pandemia pongámoslo a un hospital. A fin de cuentas, creo que la pandemia y estas cosas están relacionados a la educación y la cultura, fortalecer hábitos, el aprecio a un medio ambiente, va generando una fuerza en la enfermedad, tanto física como mentalmente”.
Para Salvador Ortiz, el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara es una obra de prestigio internacional, sin precedentes en América Latina, por ello, se debe preservar y culminar con el proyecto que apuntalará a la educación y la cultura en occidente.
“No hay algo en la zona occidente que refuerce y estimule el poder apreciar lo que tienes como tierra, como cultura, además que es un edificio que fue convocado a concurso mundial, los arquitectos que intervinieron en el concurso son de los mejores en el mundo”.
“Tiene una resonancia fuerte a nivel mundial, estos edificios tienen eco mundial. Eso genera una apreciación de parte de la gente, no puedes generar este tipo de controversias y alejar a la gente, cuando lo pones en discordancia con un hospital claro que te dirán que prefieren hospitales, pero es manipular la información, algo que no tiene sentido”.
LA ENTREVISTA
¿No hay otro museo de esa naturaleza en América Latina?
“No existe otro, los dos más importantes, uno está en Boston y el otro está en Europa. Este realmente es un detonante fuertísimo a nivel mundial”.
¿Con los 140 millones de pesos se termina?
“La construcción está al 80 por ciento, es un edificio que se está cuidando hasta el más mínimo detalle. Se está cercano al seguimiento que se está dando, es un respaldo que se tiene, también están involucradas empresas en la cuestión museística, para conservar y darle continuidad, que no nada más sea un elefante blanco el edificio, sino que tenga vida, que esa misma vida se le otorgue a los habitantes, realmente no estamos sensibilizados con un entorno, el hecho de tener un museo de esta naturaleza también te genera una fortaleza y es de cultura, educación, apropiación de tu mismo entorno”.
No hay conciencia de cuidar el medio ambiente…
“Simplemente el hecho de llegar a un lugar y que no tengas una conciencia de protegerte y que proteges a los demás, eso van generando los edificios que están destinados para eso, a una cultura. Es un edificio cercano a la terminación, no es algo que apenas va a empezar, por eso es importante participar en eso mismo. Es importante darles continuidad a los proyectos y no hablar un lenguaje populista que puede ser un eco en esta etapa, porque de aquí pueden destinarse otras muchas cosas”.
Hay contratos, hay gente trabajando, de repente le quitas ese dinero…
“Hay una acción completamente constitutiva de vulnerabilidad de la autonomía universitaria, cuando los recursos ya son asignados pertenecen a un programa, hubo antes un proceso donde se dieron prioridades para lo que serían utilizados los recursos que provienen de un préstamo que pidió el estado, esos 140 millones estaban destinados a la Universidad de Guadalajara para que se aplicaran al Museo de Ciencias Ambientales y el Centro Cultural. Sí hay una acción ilegal a todas partes, porque legalmente ya estaban dados por el congreso del estado”.
¿Viola la autonomía universitaria?
“Claro, no se puede meter el estado cuando le asigna los recursos. Que hay recursos, se comprobó al estado y al congreso que hay más de ese préstamo, la idea es que si quieres darle más apertura a los aspectos de salud, tienes 321 millones, mételos, el hospital de oriente no va ni en su primera fase, se tiene que resolver de alguna forma u otra. Creo que las dos cosas pueden subsistir”.
¿Es un falso debate el decir que primero va la salud?
“Es un falso debate definitivamente, porque la Universidad ha sido proactiva en la pandemia, fue la que empezó a presionar para que se hicieran las pruebas rápidas con la situación del COVID, se instalaron instalaciones universitarias para participar y el señor rector es una gente que va para delante, en esto le ha preocupado mucho la pandemia, ha ido haciendo propuestas, ha sido proactivo, algo que la verdad se le debe agradecer que se haya abierto. Además, cuando se supo que se quería reasignar, es un presupuesto de la Universidad, que tiene previsto esos 140 millones, que no lleguen físicamente es porque así es el proceso, no se da todo de un jalón, los van dando por ministraciones, pero vas planeando”.
Vendrá la lucha jurídica de la Universidad de Guadalajara…
“Claro, ahorita estamos acudiendo a la circunstancia que pueda haber un razonamiento claro de parte del gobierno del estado que diga sí claro, lo dedicas a la situación de la cultura porque así estaba etiquetado. Ahora lo quieren recoger, pero dentro de la estructura jurídica autónoma de la Universidad. Es necesario para la educación del publico en general, la tierra está en focos rojos”.
¿Cómo esperas que termine esto?
“Creo que debe haber un razonamiento claro, que se dejen de filias y fobias en lo político, que se racionalice bien de parte del estado, que sepa que esto es para beneficio de todos como lo es el hospital, que no es una contrariedad el que sea el museo y también el hospital, debe ser un gobierno diverso. La Universidad sí va cumpliendo esa diversidad de pensamiento y educación que se necesita en estos momentos, porque es estar estáticos y que no nos coman temas que van avanzando rápido, como los jóvenes que no tienen conciencia de los espacios donde viven.
«El estado hasta puede presumir que en Guadalajara existe un Museo de Ciencias Ambientales donde los alumnos de primaria, secundaria, preparatoria y facultad van a tomar conocimientos del medio ambiente y se cumple con los paradigmas que plantea la ONU en cuidado del medio ambiente», puntualizó.
CARTÓN POLÍTICO
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JALISCO
La transparencia del fiscalizador

– Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
En Jalisco, la transparencia y la rendición de cuentas deberían ser principios innegociables. Sin embargo, la resistencia del auditor superior del Estado, Jorge Alejandro Ortiz Ramírez, a ser auditado por la Unidad de Vigilancia del Congreso revela una paradoja alarmante: el encargado de fiscalizar el gasto público evade la supervisión.
Esta actitud, denunciada por David Rubén Ocampo Uribe, titular de la Unidad, y el diputado Alberto Alfaro García, presidente de la Comisión de Vigilancia, no solo cuestiona la integridad de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), sino que amenaza la confianza en el sistema democrático.
Desde el 10 de julio de 2025, cuando Ocampo asumió su cargo, Ortiz Ramírez ha bloqueado cualquier intento de revisión. Solicitudes de expedientes laborales, nóminas y contratos han sido ignoradas, y un encuentro institucional propuesto para el 19 de agosto quedó en el vacío. “Quería saber si todo está en regla. La respuesta fue negativa. Pedí una reunión pública con agenda común, y tampoco hubo respuesta”, relató Ocampo a Conciencia Pública.
Incluso se le prohibió a personal de la ASEJ pasarle llamadas, limitando el diálogo al secretario técnico, un subordinado que no puede sustituir al titular.
El diputado Alfaro, de Morena, califica esta resistencia como un desafío al Congreso y a la sociedad. “El auditor se siente intocable, como si fuera gobernador. Durante ocho años operó sin contralor, pero ahora que lo hay, se niega a colaborar”, afirmó.
Con el respaldo de 29 de 32 deputados al nombramiento de Ocampo, su legitimidad es incuestionable. “Sabe que abriremos la Caja de Pandora”, añadió, sugiriendo que Ortiz Ramírez teme revelar irregularidades.
La Constitución de Jalisco y la Ley de Rendición de Cuentas otorgan a la Unidad de Vigilancia facultades plenas para revisar la ASEJ sin necesidad de acuerdos previos de la Comisión de Vigilancia, como argumenta Ortiz Ramírez.
Esta interpretación “tecnicista” es, para Ocampo, un escudo para evadir la fiscalización. La pregunta es inevitable: ¿qué oculta el auditor? Denuncias internas apuntan a aviadores, nóminas infladas, “moches” por laudos laborales y tolerancia a incapacidades falsas avaladas por el IMSS.
Una figura clave en estas acusaciones es Sandra Verónica Márquez González, de la Dirección Jurídica, señalada por mantener personal inexistente en nómina y exigir pagos ilegales, prácticas que arrastra desde su paso por el Tribunal de Arbitraje y la Fiscalía, donde se le vinculó al “Clan Trevi” por cobros indebidos.
La ASEJ es un pilar estratégico del gobierno de Jalisco, con autonomía técnica y de gestión para garantizar imparcialidad en la fiscalización de un presupuesto cercano a los 200 mil millones de pesos. Su rol como contrapeso es crucial para generar confianza ciudadana.
Sin embargo, la resistencia de Ortiz Ramírez recuerda épocas oscuras de la Contaduría Mayor de Hacienda, antecesora de la ASEJ, donde se rumoraba que las cuentas públicas se “lavaban” mediante acuerdos entre bancadas legislativas. Funcionarios corruptos encontraban en estos arreglos una vía para encubrir irregularidades, otorgando un poder desmedido al titular del organismo.
Hoy, la ASEJ debería ser un modelo de integridad. El Plan Estatal de Desarrollo y Gobernanza 2024-2030, liderado por Cynthia Cantero Pacheco, establece la transparencia y la participación ciudadana como ejes rectores de la gestión pública. Este plan, construido con la voz de más de 675,000 jaliscienses, vincula el presupuesto a resultados medibles, exigiendo apertura y rendición de cuentas.
La opacidad de Ortiz Ramírez contradice este espíritu, debilitando la credibilidad de una institución que debería ser ejemplo.
La pasividad de otros actores institucionales agrava el problema. El silencio del Congreso en pleno y la inacción de la Fiscalía Anticorrupción alimentan percepciones de complicidad o indiferencia. Mientras, rumores de una posible reelección de Ortiz Ramírez, tras ocho años en el cargo, generan rechazo. “Un gobernador dura seis años y se va. Este señor pretende quedarse otros ocho. Es inadmisible”, sentenció Alfaro.
¿Cómo puede hablarse de rendición de cuentas si el fiscalizador se coloca por encima de la ley? La resistencia de Ortiz Ramírez no es un simple desencuentro burocrático; es una afrenta al sistema de pesos y contrapesos.
“La opacidad reina en la Auditoría. Si el auditor desconoce la ley, ¿cómo fiscaliza al estado?”, cuestiona Ocampo. La sociedad, cada vez más vigilante, exige respuestas. Ortiz Ramírez tiene una oportunidad: abrir las puertas de la ASEJ, entregar la información solicitada y demostrar que no hay nada que ocultar. De lo contrario, su silencio seguirá alimentando sospechas de irregularidades.
La transparencia no es negociable, y Jalisco merece una Auditoría Superior que predique con el ejemplo. Es hora de que el fiscalizador rinda cuentas.
JALISCO
MC: espejismos de unidad y fractura a la vista

– Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Movimiento Ciudadano en Jalisco ya abrió el telón de su renovación interna con la elección de 64 nuevos coordinadores municipales en la vieja casona de Av. La Paz. En apariencia, un ejercicio de normalidad partidista: discursos de unidad, promesas de cercanía con la gente, rostros nuevos para el escaparate y la certeza de que el partido naranja seguirá marcando la pauta en la política local.
Una postal impecable para las páginas de los diarios amigos… pero un espejismo apenas capaz de ocultar las fracturas internas que corroen al partido naranja. Pues, bajo el barniz del entusiasmo, se esconde un mapa con claroscuros que la dirigencia difícilmente podrá negar.
Los números de la elección de 2024 fueron generosos en sus bastiones metropolitanos: Guadalajara, Zapopan y Tlajomulco volvieron a confirmar la hegemonía emecista. En la capital, 308 mil votos aseguraron la continuidad; Zapopan, con 323 mil sufragios, consolidó la plaza más codiciada del estado; y Tlajomulco refrendó, una vez más, su condición de vivero político del grupo alfarista con 94 mil papeletas a su favor. Una trinidad metropolitana que otorga poder y recursos, pero que no resuelve la fragilidad en el resto del estado.
Porque más allá del brillo urbano, MC perdió terreno en Puerto Vallarta —joya turística entregada al PVEM en sociedad con Morena—, cedió Ciudad Guzmán, enclave agroindustrial del sur, y vio escaparse Tepatitlán, bastión alteño que durante años se pensó inmune a los embates opositores. En Tlaquepaque y Tonalá, el retroceso fue aún más doloroso: en el primero, los 109 mil votos no alcanzaron para retener la presidencia municipal; en el segundo, apenas 47 mil sufragios lo relegaron a un segundo lugar incómodo detrás de Morena. Un tropiezo estratégico en el oriente metropolitano que desnuda la vulnerabilidad del proyecto.
Mirza Flores, encargada de administrar esta renovación interna, habla de “liderazgos de territorio, cercanos a la gente”. El discurso suena bien, pero la tarea es monumental: reconstruir la cohesión de un partido que, en su expansión, ha multiplicado corrientes, intereses y pleitos internos. Porque el problema no es solo perder municipios: es perderlos mientras el partido se enreda en disputas de candidaturas, pugnas entre cuadros y una dirigencia que debe demostrar que puede arbitrar sin fracturar.
Los números distritales tampoco ayudan: de 20 distritos locales, MC apenas ganó 6; de los federales, ninguno y los plurinominales fueron para los exfuncionarios que necesitaban fuero y los “liderazgos” escogidos. Esto significa que, aunque controla alcaldías claves, su voz legislativa es reducida y carece de peso real en el Congreso federal.
Un contraste brutal: músculo en los municipios, anemia en las cámaras. Y esa asimetría no se corrige con discursos ni asambleas, sino con operación política en campo, con la capacidad de seducir al votante rural, al comerciante alteño, al campesino del sur que aún ve en el naranja una marca citadina, aburguesada y distante.
Pero lo verdaderamente corrosivo no está en las urnas, sino en los pasillos. La disputa Alfaro–Lemus ha dejado de ser un rumor y se ha convertido en un hecho palpable. Enrique Alfaro se resiste a entregar el control de candidaturas y cuadros, mientras Pablo Lemus mueve sus piezas con paciencia quirúrgica, tejiendo su propia red de operadores que responden solo a él. Entre ambos, Mirza Flores aparece como árbitro incómodo, obligada a conciliar lo irreconciliable: mantener la disciplina de un ejército que ya no reconoce un solo general.
El grupo Alfaro–Lemus sabe que esta es su última gran prueba antes de 2027. Si logran ordenar candidaturas y mantener la paz interna, MC llegará con posibilidades de sostener el gobierno estatal. Pero si insisten en los métodos de imposición y en los arreglos de cúpula, el costo será alto: perderán distritos clave, y con ellos, la capacidad de negociar en el Congreso y de sostener el control territorial.
Los cuadros históricos, los que alguna vez creyeron en la “ola naranja” como una alternativa fresca, se encuentran marginados o desplazados por nuevas caras que responden a intereses de grupo. La operación interna dejó cicatrices: candidaturas impuestas, militantes que sienten haber sido utilizados y un éxodo silencioso hacia Morena y el PVEM que ya se empieza a notar en las regiones.
En política, decía siempre la vieja guardia, no basta con administrar victorias: hay que blindarlas. Movimiento Ciudadano gobierna hoy con holgura en las ciudades, pero su debilidad en la periferia y en el interior del estado es evidente. Las plazas que perdió en 2024 son recordatorio de que el poder es un animal volátil: se escurre por las rendijas más pequeñas y muerde cuando menos se le espera.
La renovación municipal, que en el discurso se vende como ejercicio democrático, en los hechos es un intento de tapar grietas con retórica. En lugar de cohesión, lo que se advierte es una carrera por controlar posiciones rumbo al 2027. Cada comité local es, en realidad, una ficha en el tablero de negociación entre Alfaro y Lemus.
La batalla del 2027 no se jugará únicamente en los edificios de avenida Hidalgo o en los mítines de funcionarios públicos en la Casa Ciudadana. Se librará en los tianguis de Tonalá -donde el Ayuntamiento ha prendido focos rojos-, en los talleres de Arandas -Cuando se habla de la inseguridad que hay en las carreteras de la zona-, en los mercados de Lagos de Moreno -Al momento de hablar de un nuevo ejecutado o desaparecido- y en las colonias populares de Tlaquepaque -Explicando por qué el SIAPA no otorga el servicio que cobra: agua-. Ahí, donde los discursos sobran y lo que cuenta son los servicios públicos, la seguridad y la cercanía real de quienes gobiernan.
La verdadera batalla de 2027 no será contra Morena ni contra el PVEM. Será contra sí mismo. Porque, como tantas veces en la historia política de este país, los partidos no caen por la fuerza del adversario, sino por la podredumbre que incuban dentro.
Hoy MC es un cascarón brillante en la superficie, pero carcomido por dentro. Se vende como movimiento fresco, pero huele ya a partido viejo: facciones enfrentadas, candidaturas negociadas en lo oscurito y un liderazgo que se desgasta en administrar pleitos en lugar de ganar territorios.
Si no corrigen el rumbo, el espejismo de unidad que hoy pregonan se desmoronará al primer soplo de la contienda. Y entonces, la historia no hablará de una derrota electoral, sino de un suicidio político en cámara lenta. Una crónica que, como tantas en la política mexicana, no se escribirá con tinta… sino con epitafios.
En X: @DEPACHECOS