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LABERINTO

LABERINTO

Jun 25, 2011

Cuando leas esto ya sabrás si México le ganó o perdió con Estados Unidos en la Final de la Copa Oro, por eso me referiré al juego del miércoles 22 junio pasado cuando en tiempos extras venció 2-0 a Honduras: No porque se metan goles quiere decir que se jugó bien.

El esfuerzo o logro individual no significa necesariamente que la estrategia funcione. Sin embargo, a la hora de los triunfos todos se embanderan como si le correspondiera. Eso mismo pasa del otro lado. Tenemos la costumbre de glorificar o de acusar. O alguien es lo máximo del mundo o es lo peor, el culpable de nuestros males. Por esa razón se asumen como personales algunos comentarios o críticas. Si te atreves a decir que lo que pasa no es lo que debe ser, entonces eres de X Partido o X te paga o X te ordena.

Antes de ese juego hubo el debate de candidatos a gobernar el Estado de México y después, al día siguiente, los monólogos, que no diálogo, entre Sicilia y Calderón. Nadie cede. Ni se admite que se sufrió por ganarle a un equipo que se debió golear, ni se formulan propuestas claras de desarrollo, no se cede ante responsabilidades. La consigna parece ser: lo bueno lo hago yo y lo malo es culpa de los demás.

La caja de cambio del poder hace que recaiga en los demás mi propia responsabilidad. En ese entorno, dos acontecimientos viales: una mujer de 24 años que chocó, huyó, volvió a chocar, volvió a huir, hasta estamparse en un taxista conducido por un joven de 21. Otro caso más el de otro joven que chocó con otro auto y éste se volcó para caer encima de dos menores que caminaban con un pastel para festejar el Día del Padre. Y alguien es el culpable de esas desgracias.

Y si se descubre ese culpable, entonces el péndulo se dirige o hacia un candidato o una institución. Políticos acechan al titular de la Secretaría de Vialidad y éste a los políticos de oposición. Pero debe haber algo más: alguien que otorga una licencia de conducir a quien no debe tenerla, el que vende un auto potente donde se promete el éxito de vida, el que los semáforos no estén sincronizados, el que deja que alguien beba de más, los padres que le sueltan un auto a una chamaca o un jovencito…

Como en el futbol, cuando la Ley Salvavidas empezó a dar resultados, muchos se pusieron la camiseta del “Chicharito” vial, la estrella de la idea. Cuando vimos que traía huecos y deficiencias, como Calderón ante Sicilia, la culpa es de los otros.

Vámonos entendiéndonos. Que México le gane a Honduras en futbol (y a Estados Unidos) no es ningún mérito. Es algo que debe ser porque la estructura de ese deporte supera en mucho a la de cualquier país de la región. Que se juegue así no significa que se le ganará a Brasil o Alemania con los mismos jugadores. Que haya choques no significa que la Ley Salvavidas no funcione, pero eso tampoco refleja que se ha hecho todo. Que haya 40 mil muertos en una guerra que no se nos anticipó, no significa que no se deba luchar contra el crimen, organizado o desorganizado. Que un debatiente hable o bien o se maquille mejor, no es sinónimo de un buen gobierno.

Por el contrario, que ese futuro gobernador tenga chapitas no significa que no pueda. México basa su éxito es el logro personal: llámese “Chicharito” o Peña Nieto o PAN o López Obrador. Somos mesiánicos y depositamos en Uno la responsabilidad de todos.

El hecho que Calderón haga su máximo esfuerzo, no quiere decir que haga bien las cosas.

Extraviado en este laberinto digo: cuando una niña de 17 años que lleva un pastel para su papá muere aplastada por un auto que alguien chocó por ir a exceso de velocidad, todos perdemos la Copa Oro.

 

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