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El futbol de la impunidad: Arbitraje, poder y favoritismos en la Liga MX
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Amables lectores: si bien lo nuestro es el análisis deportivo, donde el futbol acapara los reflectores, no podemos callar ni omitir nuestra opinión en referencia al reglamento deportivo, que, como cualquier otra disciplina, es el marco legal que establece las reglas y condiciones para que prevalezca el llamado “Fair Play” en los encuentros de futbol.
Los responsables directos de hacer cumplir estas disposiciones son, por supuesto, los integrantes del cuerpo arbitral: los hombres de negro y, de vez en cuando, alguna destacada juez central o asistente. Todos forman un equipo que incluye también al cuarto árbitro. Sin embargo, erróneamente, los cuerpos técnicos suelen utilizarlo para reclamar decisiones que únicamente competen al juez central, cuyas determinaciones son inapelables.
Esta situación se ha vuelto una constante. Los reclamos aumentan cuando la función principal del cuarto árbitro es supervisar los cambios de jugadores e informar tanto al juez central como a los aficionados, mediante el pizarrón electrónico, quién entra y quién sale del terreno de juego.
Cuando hablamos —o en este caso escribimos— sobre el reglamento, debemos recordar que existen disposiciones claras respecto al número de extranjeros permitidos en la cancha. En esta Liguilla se estableció que podían participar hasta nueve elementos no nacidos en México, dejando únicamente dos plazas para jugadores nacionales. Todo esto ocurre en un torneo comprimido por la preparación rumbo al Mundial, donde los seleccionados permanecen concentrados más de 40 días antes del evento.
Curiosa y coincidentemente, el América vuelve a verse involucrado en dos situaciones relacionadas con la Comisión Disciplinaria y, como casi siempre ocurre, termina exonerado de toda anomalía.
En el caso del enfrentamiento entre Toluca y América, el “zafarrancho” no solo ocurrió en la cancha, sino que se prolongó hasta los túneles del estadio, donde incluso participaron aficionados. Henry Martín abrió las puertas aun cuando ni siquiera jugó y se encontraba en la tribuna. Como capitán, debió recibir un castigo más severo, pero todo quedó en apenas un partido de suspensión. Increíble.
Lo más absurdo y ridículo ocurrió en el primer encuentro de Liguilla entre América y UNAM. Los “cremosos” infringieron el reglamento de manera infantil; como se dice coloquialmente, “se les hizo bolas el engrudo”. En los cambios anunciados en el pizarrón electrónico, incluso ingresaron al terreno de juego futbolistas que finalmente no eran los que debían participar.
Resulta increíble que, tratándose de un equipo profesional, su cuerpo técnico desconozca detalles reglamentarios tan importantes. Por reglamento, el equipo infractor debió perder el encuentro en la mesa. Existen antecedentes claros: en torneos anteriores, el propio América perdió puntos administrativamente en un duelo frente al Atlas, pese a haber ganado en la cancha.
En este caso, los Pumas protestaron oficialmente ante la FMF. Sin embargo, por tratarse del América, únicamente recibieron una fuerte multa económica, cuando debieron perder automáticamente el partido y quedar eliminados de la competencia.
Esto, amables lectores, tiene un nombre: impunidad y poder absoluto. Un control total ejercido de manera cínica y descarada, a la vista de todos, con la complicidad de comentaristas televisivos que, como siempre, maquillan y manipulan todo en favor del todopoderoso América.
El rechazo hacia el América no nace de su “grandeza”, sino de su arbitrariedad, prepotencia e impunidad. Para ellos, las reglas parecen no existir, mientras que para los demás equipos —mortales y vulnerables— se aplica una disciplina desmedida y severa.
Adentrándonos en la Liguilla, equipos sin tantos reflectores como Pachuca no son precisamente una sorpresa, sino conjuntos realmente competitivos. Sin hacer demasiado ruido, ahí están. Ganaron en el propio “Infierno” al bicampeón Toluca por la mínima diferencia. Al momento de escribir estas líneas aún no sabemos quién avanzará a semifinales, aunque los hidalguenses cuentan con un técnico de primer nivel como Esteban Solari.
Tristemente, al “chiverío” le siguen dejando de marcar expulsiones claras. El sucio jugador Nicolás “Búfalo” Aguirre, de Tigres, ya había protagonizado una entrada criminal sobre el capitán rojiblanco “Oso” González en la fase regular. A las Chivas les falta “colmillo” para presionar al árbitro, como sí lo hacen los equipos de nómina poderosa, cuyos jugadores rodean constantemente al silbante. Nuevamente, el “Búfalo de atole” agredió sin balón a Govea en plena Liguilla, en una jugada merecedora de tarjeta roja. Al final, el árbitro, cobarde y limitado, amonestó a ambos jugadores con un criterio totalmente localista. Con el 3-1 favorable a Tigres, luce complicado que los rojiblancos remonten incluso en el Akron.
La localía sigue siendo fundamental. América la tendrá complicada en Ciudad Universitaria, mientras que Atlas tampoco fue capaz de imponerse en casa y terminó perdiendo 2-3 ante Cruz Azul. Todo apunta a que los celestes sellarán su pase en el estadio Banorte.
Ahora bien, disputar simultáneamente la Liga MX y la Concacaf no es sencillo. Toluca descuidó su condición de local en la Liguilla y los Tuzos, insistimos, llevan ventaja.
Seguramente, los semifinalistas serán UNAM, Tigres, Cruz Azul y Toluca, a pesar de la derrota de estos últimos en casa.
El gran enemigo del futbol mexicano es el arbitraje, que no está a la altura de las circunstancias, incluso con la sobrevalorada “chica sensación” Katia Itzel, quien dista mucho de ser determinante. César Arturo Ramos, considerado “la joya de la corona”, deja mucho que desear. Todos ellos son cobijados por la prensa televisiva. El nefasto “Gato” Ortiz ha regalado campeonatos con penales polémicos y, además, se caracteriza por su prepotencia. Santander, por su parte, representa la mediocridad perpetua pese a portar gafete internacional.
Fernando Hernández, engreído, petulante y hasta golpeador de jugadores, es otro fraude. Y qué decir del famoso “Cantante”, ahora retirado, que frecuentemente aparece en el VAR y funge como supuesto “experto” en TUDN, tratando de manipular las opiniones de narradores como Vaca, Pérez y compañía.
En realidad, el arbitraje mexicano no está en crisis: ha sido un verdadero fraude desde hace décadas, con muy contadas y honrosas excepciones generacionales.
Finalmente, la llegada del Atlante por la puerta de atrás a la Primera División es otra muestra de quién manda realmente en la FMF. El empresario Emilio Escalante y su hijo promovieron la contratación del “Piojo” Miguel Herrera como director técnico, en una operación autoritaria, antirreglamentaria e impositiva, desapareciendo de paso al Mazatlán y su sede, en una plaza donde históricamente el beisbol ha tenido más arraigo que el futbol.
Se suma así otro integrante al famoso “Club de Toby”, blindado desde ahora contra descensos y protegido por quienes controlan el futbol mexicano, consolidando un equipo “más chilango” dentro de la baraja de poder de la Liga MX.
Viva la impunidad, el autoritarismo y las preferencias que seguramente seguirán fortaleciendo, durante muchos años, al grupo triunfador, que tendrá un aliado más para obtener ventajas dentro de la Liga MX.
No dudamos que algún día también inviten a un equipo “gringo” de la MLS.
Recordamos la masacre entre aficionados de Atlas y Querétaro en La Corregidora. Los videos mostraban claramente los “filerazos” en la cabeza que recibían algunas víctimas para rematarlas. Dada la gravedad de los hechos, el castigo sí resultó justo para Querétaro. Lo que no debe olvidarse es la actitud del entonces gobernador Enrique Alfaro, quien permitió que la Fiscalía de Querétaro se llevara a aficionados tapatíos que, después de haber sido golpeados, además terminaron procesados judicialmente.
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