OPINIÓN
Soberanía, memoria y resistencia: 5 de mayo, símbolo del ser mexicano
Opinión, por Pedro Vargas Ávalos
El mes de mayo está plagado de efemérides de sumo interés para los mexicanos. Dejando a un lado lo religioso, tenemos el primer día que está dedicado al trabajo, y como desprendidos obreros, lo convertimos en puente para recrearse y reponer, sino fuerzas -porque viajes y disfrutes cansan- al menos el ánimo.
Luego viene el 5 de mayo, fecha en que conmemoramos la célebre Batalla de Puebla, que fue notable triunfo de las armas nacionales frente al dizque más potente ejército internacional de aquellos tiempos, calificación que al menos así se le concedía a las legiones francesas.
Dentro de los fastos nacionales, también tenemos que el 8 de mayo recordamos el natalicio del Padre de la Patria, el insigne Miguel Hidalgo y Costilla y Gallaga, hecho que se registró el año de 1753. Para los jaliscienses, no solo es grato celebrar ese acontecimiento, sino que reviste singular importancia porque el noble iniciador de la lucha para lograr la independencia nacional, por el apellido materno sus ascendientes eran de Ahualulco y La Barca.
Otro personaje distinguido de nuestra historia es el varón de Cuatro Ciénegas, Don Venustiano Carranza, quien guio a nuestros antepasados revolucionarios para derrotar al usurpador Victoriano Huerta y nos legó la Constitución de 1917, código fundamental de México, en cuya fragua se destacó el ilustre paisano nuestro, nativo de Ahualulco y diputado constituyente por Guadalajara, Don Luis Manuel Rojas, quien precisamente fue el Presidente del Congreso de Querétaro que aprobó tan excepcional ley suprema.
Siguiendo el recorrido de mayo, tenemos que el día diez celebramos al ser más querido en todo el mundo: las madres. Y nos desbordamos en muestras de afecto y admiración hacia esos seres excepcionales. Enseguida honramos a los maestros (15 de mayo), mentores y forjadores de la niñez y la juventud. Al respecto es muy cierto que el ser humano no es más que lo que la educación hace de él: por ello debemos cuidar que tengamos enseñanza de primera.
Complementaria de tal celebración, es la fecha dedicada a los estudiantes, (23 de mayo, en Argentina el 21) educandos que son los inquietos jóvenes que invariablemente y con osadía buscan transformar el mundo.
Muchas otras conmemoraciones se registran en este cálido Mayo, sobre todo a nivel internacional, tales como la libertad de prensa (día 3) y de la enfermería, el 12, o el del Internet (el 17) que precede al día internacional de los museos -el 18- para cerrar el último del mes dedicado ese día a liberarnos del tabaquismo.
Sin embargo, la situación que vivimos los mexicanos -y en general el planeta- en la actualidad, cuando el derecho internacional es a cada rato vulnerado y los conflictos de todo tipo ponen en jaque la paz y el progreso, hace que tengamos presente la significativa batalla de Puebla, cuya ceremonia más importante fue encabezada -desde Puebla-por la presidenta del país.
Para iniciar su participación oratoria, nos dijo la mandataria: “Nunca olvidemos que la independencia de México ha sido construida con el heroísmo de un pueblo que la ha conquistado una y otra vez. Está escrita con dolor, sacrificio y con la voluntad inquebrantable de generaciones que se negaron a ceder su destino”.
Muy especial fue la advertencia que formuló enseguida: “Nunca olvidemos que nuestra historia está marcada por la resistencia frente a las invasiones extranjeras y también por las traiciones internas de quienes, desde el conservadurismo, han apostado por someter al pueblo y entregar a la patria”.
En efecto, en cada 5 de mayo, rememoramos el valor de los esforzados compatriotas que, a costa de su vida, defendieron nuestra soberanía. Por ello, la efeméride simboliza el arrojo de nuestro pueblo para encarar todo tipo de adversidad. Nuestros ancestros no se intimidaron por la fama de invencibles que presumían los galos (aliados a los vendepatrias conservadores, parecidos a los actuales entreguistas que padecemos). Al contrario, con sobresalientes bríos y superando notorias carencias, impulsados por el patriotismo vencieron a los invasores. Eso nos sirve para aseverar que la dignidad y el amor por la nación, no se arredran ante el tamaño de los desafíos. Es indudable que la fe en la patria resiste toda amenaza y vence cualquier agresión.
Los grandes mexicanos que encabezaron la defensa de México, presididos por el Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez, fueron su Secretario de la Guerra, General Miguel Blanco y desde luego, el General Ignacio Zaragoza (cuyo grado le fue otorgado cuando luchaba contra los conservadores en Jalisco), designado jefe del ejército de oriente, la fuerza armada que logró el formidable laurel de Puebla, venciendo la arrogancia del Conde de Lorencez, comandante invasor, el cual había escrito días antes (el 27 de abril) que era tal la superioridad francesa sobre los mexicanos, que a partir de ese momento, al mando de sus valientes soldados, “ya soy dueño de México”.
Pero el orgullo, el honor, la valentía y la unidad logran hasta lo imposible; con tales elementos, la libertad nacional está asegurada. El ejemplo de lo hecho en Puebla nos obliga a honrar, en nuestras vidas, a esos héroes.
El 4 de mayo, arengó Zaragoza a sus soldados: “Os habéis portado como héroes combatiendo por la Reforma; vuestros esfuerzos han sido coronados siempre del mejor éxito, y no una sino infinitas veces habéis hecho doblar la cerviz a vuestros adversarios. Loma Alta, Silao, Guadalajara, Calpulalpan, son nombres que habéis eternizado con vuestros triunfos. Pues, hoy —les dijo— vais a pelear por un objeto sagrado: vais a pelear por la patria. Y yo, me prometo que en la presente jornada la conquistaréis. Será un día de gloria.”
Y así fue, en efecto. Tras mil proezas, pudo enviar un telegrama el día 5 de mayo, a las 5.49 de la tarde diciendo: “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria…”
Regresando a la ceremonia cívica que presidió Claudia Sheinbaum, jefa del ejecutivo federal, esta cerró su discurso, emotiva y vehemente: “Cuando hay momentos difíciles en la vida de los pueblos, siempre hay que recordar la historia y en todo momento hay que recurrir al gigante Juárez; un gigante que defendió a su pueblo, la libertad, la República y la independencia.
Pero también hay que recordar el papel de los conservadores.A esos que buscan la intervención extranjera en México, a los que hoy se vanaglorian y defienden la injerencia, a los que aplauden a las televisoras extranjeras cuando hablan mal de México; a ellos les decimos, con verdad y justicia: que quienes buscan el apoyo externo por no tener apoyo popular en nuestro país …A quienes reviven la Conquista como salvación, …A quienes creen que el pueblo es tonto…Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades: están destinados a la derrota…”
Terminamos nuestro comentario, subrayando que esa emblemática victoria del 5 de mayo, debe ser la idea que siempre nos debe impulsar para salvaguardar la soberanía mexicana.
Por ello el 5 de mayo nunca debe olvidarse, ni alejarse de nuestras conciencias. Por el contrario, a diario debemos recordarla y que ella, símbolo del ser mexicano, nos permita sólidamente profesar el principio de que el pueblo mexicano unido, ante cualesquier reto o enemigo, siempre saldrá victorioso.


