CULTURA
De lavatrastes a leyenda: Valente Pastor, el último gran tenor del mariachi mexicano
Por Gabriel Ibarra Bourjac
Con una voz potente, un repertorio envidiable de más de 500 canciones memorizadas y medio siglo de trayectoria, Valente Pastor se ha consolidado como uno de los últimos exponentes puros de la música ranchera mexicana.
Sus canciones preferidas, con las que hace vibrar a quien las escucha, son: “Volver, volver”, “Hermoso cariño”, “Guapo torero” y “Puñalada trapera”. Entre sus compositores favoritos destacan José Alfredo Jiménez, Tomás Méndez, Armando Manzanero y Fernando Z. Maldonado.
En Cocula, cuna mundial de este género, recibió recientemente el título de “Rey del Mariachi”, un reconocimiento que corona cinco décadas de entrega absoluta a la tradición charra.
Desde sus humildes inicios lavando trastes en el legendario restaurante Amanecer Tapatío, en la Ciudad de México, donde vio de cerca a Vicente Fernández, Miguel Aceves Mejía y Javier Solís, hasta convertirse en un artista con más de 40 discos grabados y cerca de mil canciones en su voz, Valente Pastor representa la esencia misma del mariachi de antaño: gallardía, sentimiento y autenticidad.
A sus 70 años, Pastor se mantiene vigente, exigente y crítico con las nuevas corrientes. Es de los pocos que aún pueden presentarse sin depender de pantallas o celulares, defendiendo con orgullo la música ranchera como un arte tradicional tan serio como la ópera.
En esta conversación con Gabriel Ibarra Bourjac, el Rey del Mariachi abre su corazón para contar su historia, sus encuentros con las grandes leyendas y su visión sobre el presente y futuro de uno de los símbolos más poderosos de la identidad mexicana.
UN RESTAURANTE LLAMADO AMANECER TAPATÍO
Gabriel Ibarra Bourjac (GIB): Valente, acabas de recibir el nombramiento de Rey del Mariachi en Cocula por tus 50 años de carrera artística. Antes de eso, ¿cómo empezó a manifestarse tu talento? Suele uno cantar en la familia, en el campo o en la escuela… ¿Cuándo surgió en ti?
Valente Pastor (VP): Mira, Gabriel, yo llegué a la Ciudad de México en 1971, con 14 años. Empecé trabajando en el restaurante Amanecer Tapatío, de una señora de El Grullo. Ahí me encontré con grandes figuras: Boni Koyaso, Nicolás Koyel, Román Palomar y el Mariachi Santana. Después llegaron don Vicente Fernández, Felipe Arriaga y otros grandes. Yo estaba en la cocina y ellos despertaron mi inquietud por cantar.
“Un bartender llamado Jaro Carmona me llevó a estudiar canto. La dueña del restaurante, doña Chuy, me prestó 500 pesos para las clases y 200 para hacerme mi primer traje de charro, que aún conservo. Ahí empezó todo. Grabé mi primer disco bajo la dirección de Felipe Lince Jiménez y eso me abrió las puertas. Luego me firmaron, recibí adelanto y grabé dos discos con la compañía Peerless”.
GIB: ¿A qué edad fue eso?
VP: Tenía alrededor de 22 años. Eduardo Manzano “El Polivoz” me apadrinó en televisión y me llevó a giras internacionales. Abrí en el Million Dollar de Los Ángeles. A la fecha tengo alrededor de mil canciones grabadas. Apenas el 5 de abril fui coronado Rey del Mariachi en Cocula, pero antes ya lo había sido en Santa Cecilia y Garibaldi.
GIB: ¿Cómo llegaste a la Ciudad de México?
VP: Por mi padre, que trabajaba en uno de esos restaurantes. Eso me permitió estar cerca de los grandes artistas de la época: Vicente Fernández, Miguel Aceves Mejía, Javier Solís, Juan Gabriel y muchos más.
UNA CARRERA AFORTUNADA
GIB: ¿Cómo ha sido tu carrera en estos 50 años?
VP: Muy afortunada. Me he encontrado siempre con gente buena que me ha apoyado. He grabado más de 40 discos, he hecho cine y televisión. Soy abuelo, padre y esposo. Tengo una familia integrada y eso es lo más importante. Actualmente tengo compromisos en televisión y sigo cantando en la Ciudad de México, donde mantengo una cartera de trabajo de más de 45 años.
GIB: La música te ha dado muchas satisfacciones…
VP: Muchísimas. Fui revelación cuando Beatriz Adriana ganó con “El cofrecito” y Lola Beltrán me entregó la medalla de oro. También me apoyaron Luis Aguilar “El Gallo Giro” y otros grandes. He vivido decorosamente gracias al público durante 50 años, sin excesos.
GIB: ¿Cuáles son los premios que más te han llenado?
VP: La Medalla de Oro Jorge Negrete, el Galardón Forjadores de México Jalisco 2026 —el más reciente— y las Palmas de Oro en San José, California. Son de los que más recuerdo.
GIB: ¿Cuándo sentiste que realmente eras cantante?
VP: Cuando en el restaurante me pagaban 140 pesos a la semana como empleado y, al cantar, me daban más de mil. Ahí dije: “Aunque esté desafinado, soy cantante” (ríe).
JUAN BUSTILLOS, SU GRAN AMIGO
GIB: Fuiste muy amigo de Juan Bustillo, tu paisano de El Grullo…
VP: Fuimos grandes amigos desde que nos conocimos en El Grullo. Me lo presentó el expresidente municipal Guillermo Michel y desde entonces nos unimos profundamente. Juan Bustillo, quien fue director de la revista Impacto en la Ciudad de México, se convirtió en una especie de padrino para mí.
“Gracias a él tuve la oportunidad de conocer a importantes personalidades de la política, como el regente Ramón Aguirre, y figuras del ambiente artístico y televisivo, entre ellos el Güero Burillo y Alejandro, director de planta de Televisa, así como a Javier García Morales, quien fue mi patrón, y a Salomé Barragán. La mayoría de esos amigos regresamos posteriormente a Jalisco”.
GIB: ¿Qué ha sido lo más difícil del éxito?
VP: La verdad, para mí ha sido fácil. Soy muy creyente y siempre me encontré con las personas indicadas en el momento justo. No he tenido grandes tropiezos.
GIB: ¿Cuáles son tus canciones favoritas para interpretar?
VP: Me ha gustado mucho la obra de José Alfredo Jiménez. Me gusta mucho “En la fiesta brava”, la suite española. También la de Tomás Méndez: “Guapo torero”, “En los cuatro tiempos”, “Puñalada trapera” y “La muerte”. He cantado mucho “Ferrocarril” y “Sufriendo a solas”. Me gusta mucho lo de Armando Manzanero y también le canto a Fernando Z. Maldonado, con temas como “Hermoso cariño” y “Volver, volver”.
MIL CANCIONES GRABADAS
GIB: ¿Cuántos discos tienes en tu haber?
VP: Más de 40 discos de larga duración y alrededor de mil canciones grabadas.
GIB: ¿Cuáles han sido tus grandes sueños y cuáles has cumplido?
VP: El principal sueño era tener una familia unida. Lo logré. Tengo una esposa maravillosa, Macrina Ramos; tres hijas: Dulce Macrina, Ámbar Priscila y Columba, y tres nietos: Valentina, Leonardo y Max. A mis 70 años sigo haciendo ejercicio para poder cargarlos.
GIB: ¿Cómo ves los retos de los artistas nuevos frente a las redes sociales y la tecnología?
VP: Algunos sí aprovechan las redes, pero falta repertorio. Yo soy de los pocos que tengo más de 500 canciones memorizadas sin necesidad de celular. Hoy en día hay menos mariachis grandes en la Ciudad de México. Se han convertido en “bolitas”. Me gustaría que regresara el esplendor de los mariachis jaliscienses.
GIB: El mariachi es ya una figura universal…
VP: Así es. Se escucha en Australia, Croacia, en todo el mundo. En México nos hemos distraído con otras corrientes, pero en el sur de Jalisco sigue vivo y fuerte. En Cocula hay niños y jóvenes tocando, hay escuelas. Eso me da mucha esperanza.
GIB: ¿Ha valido la pena esta vida dedicada a la música ranchera?
VP: Totalmente. Quedan pocos de mi generación: mi compadre Humberto Cravioto, Juan Valentín y yo. Sigo siendo de los que más defienden la música ranchera mexicana con calidad. No hay un sucesor claro de Vicente Fernández en cuanto a talento y carisma, pero la música ranchera es como la ópera: es tradicional y seguirá vigente.
GIB: ¿Cómo cerraríamos esta entrevista?
VP: Agradeciendo al público que me ha sostenido 50 años, a mis padres y a ti, Gabriel, por darme este espacio. Estoy muy agradecido con la vida. Sigo fuerte, aprendiendo canciones y cantando con el corazón. Muchas gracias.



