OPINIÓN
Del desamor a la comunidad: “Lecturas para limpiar la casa”: la literatura como refugio para el hogar
Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias
El círculo de “Lecturas para limpiar la casa” volvió a llenar el café Nagano de voces y páginas compartidas. Este miércoles 17 de junio, el círculo, coordinado por Mary Cruz Salazar y Ana Vázquez de la Torre, celebró una nueva sesión dedicada a pensar el hogar como un espacio vivo, vulnerable y en constante transformación. La invitada de la noche fue la escritora tapatía Cindy Hatch, autora de Los efectos del humo, libro del que se leyeron los poemas “Casita de juguetes” y “Juguemos a la casita”.
El proyecto, que está por cumplir un año, nació de una coincidencia dolorosa: dos rupturas amorosas ocurridas casi al mismo tiempo. “Tanto Gaby como yo teníamos parejas con quienes compartíamos casa y nuestras rupturas fueron similares en algunas cosas. Durante esa temporada platicamos mucho de nuestro proceso de duelo y de las lecturas que estábamos leyendo en ese momento”.
Entre desahogos y bromas surgió la idea de un círculo de lectura para personas que hubieran sufrido una separación. “Empezamos a bromear con la idea de hacer un círculo de lectura para gente divorciada, donde metiéramos a esos exes, y se quedó como un chiste”. El chiste, sin embargo, no murió ahí.
DEL CHISTE AL PROYECTO
Ana recuerda con claridad el momento en que la broma se convirtió en plan. “El año pasado Maricruz me dijo: ‘¿Te acuerdas que decíamos que hiciéramos este círculo? Pues estaría chido que lo hiciéramos’”.
Ese mismo día, Alessandra, dueña de Nagano, publicó una historia buscando personas interesadas en organizar círculos de lectura en el café. “Yo le escribí de inmediato: ‘Yo tengo uno’. Ni siquiera le dije a Maricruz primero. Le mandé la historia y le dije: ‘Creo que es el destino diciéndonos que lo hagamos’”.
El primer ciclo inició el 3 de julio del año pasado. Llegaron sin expectativas, con una mesa lista para cinco personas.
“Y de repente llegó un montón de gente más… nos tuvieron que poner muchas mesas… fue muy emotivo que saliera tanto de la nada”.
¿Qué es un círculo de lectura para ellas?
Aunque existen múltiples formatos, Mary Cruz y Ana optaron por uno que elimina la presión de “llegar con la tarea hecha”.
“No muchas personas tienen tiempo de leer; entonces, dejar lecturas para casa puede ser contraproducente”, explica Mary Cruz. Por eso, en cada sesión los textos se leen en voz alta, ahí mismo, para que todas las personas puedan participar sin importar su ritmo de vida.
“Pensamos en cómo hacer que la gente lea y se interese por leer más”. La solución fue crear ciclos temáticos, seleccionar textos breves y variados —poesía, ensayo, narrativa y novela gráfica— y abrir el diálogo después de cada lectura.
Ana resume la intención del proyecto en una frase: “Todas las lecturas tienen que ver con cómo habitamos nuestros hogares”.
Esa premisa ha guiado los tres ciclos realizados hasta ahora:
• Rupturas y mudanzas, sobre los huecos que deja quien se va.
• Palestina, sobre el despojo del hogar y la violencia territorial.
• Vejez, sobre cómo envejecen las casas y quienes las habitan.
LAS LECTURAS QUE CONSTRUYEN CASA
El primer ciclo dejó textos memorables para las organizadoras. Para Mary Cruz, uno de los más significativos fue Conjunto vacío, de Verónica Gerber Bicecci.
“Habla de que alguien se va y deja un hueco, y cómo vas llenando ese hueco”.
También leyeron fragmentos de Desierto sonoro, de Valeria Luiselli, y poesía experimental como La ruptura no será televisada, de Mana Muscarel Isla.
La variedad es una regla. “Tratamos de incluir todos los géneros: poemas, ensayos, novelas, novelas gráficas…”. Además, buscan “desacademizar la academia”, es decir, compartir textos teóricos sin solemnidad, acercándolos a lectores que quizá no los encontrarían por su cuenta.
CINDY HATCH Y LOS EFECTOS DEL HUMO
La sesión del 17 de junio giró en torno a fragmentos de Los efectos del humo, libro en el que Cindy Hatch narra cómo la instalación de una ladrillera cerca de su casa de infancia obligó a su familia a abandonarla debido a la contaminación.
“Elegimos partes del texto que hablaban de cómo ha estado habitando esa casa de su infancia”, explica Ana.
La presencia de la autora permitió conversar sobre memoria, territorio y pérdida desde una voz local. “Buscamos textos de autoras, especialmente de Guadalajara, para que puedan venir y compartir aquí”.
UN PROYECTO QUE CUMPLE UN AÑO
A lo largo del año, el círculo ha salido de Nagano para participar en otros espacios culturales. Para Mary Cruz, uno de los momentos más significativos ocurrió en el Panteón de Belén, durante un festival de Día de Muertos.
“Armamos un taller que se llamaba ‘Epitafios para dejar la casa’ y estuvo muy, muy padre. Fue la primera vez que nos pagaron, entonces se sintió muy chido”.
El taller incluyó lectura de lápidas, escritura de epitafios propios y selección de textos académicos y poéticos.
“Creo que ha sido el punto más alto del proyecto, porque teníamos apenas un ciclo y nos invitaron a eso”.
Ana coincide, aunque su momento favorito sigue siendo el inicio:
“El primer día no nos esperábamos para nada lo que iba a suceder… fue muy emotivo”.
UNA COMUNIDAD QUE SE SIGUE CONSTRUYENDO
A un año de distancia, “Lecturas para limpiar la casa” se ha convertido en un espacio donde la literatura sirve para pensar la vida cotidiana, las pérdidas, los desplazamientos y la forma en que los cuerpos habitan los espacios. Un proyecto que nació de una ruptura, pero que hoy se sostiene en la comunidad.
“El concepto es esta limpieza que primero ensucia, pero luego deja todo limpio”, dice Mary Cruz.
Una metáfora que resume tanto el duelo como la lectura compartida: remover, revolver, abrir ventanas y dejar entrar aire nuevo.
El círculo continuará con nuevas sesiones en Nagano los miércoles, de 7:00 a 8:30 de la noche, hasta el primero de julio, siempre con la misma premisa: leer para entender mejor la casa que habitamos… y la que somos.





