OPINIÓN
El negocio del siglo: Cómo la FIFA convirtió el Mundial en una máquina de hacer dinero
Actualidad, por Alberto Gómez R.
(Parte 2)
El negocio de la FIFA no es solo cuestión de balances y cuentas de resultados. Es también, y de manera fundamental, una cuestión de poder geopolítico. La organización que gobierna el deporte más popular del planeta se ha convertido en un actor político de primer orden, capaz de influir en las decisiones de gobiernos, de mover miles de millones en inversiones y de proyectar la imagen de naciones enteras en el escenario global (globalaffairs.org).
La elección de las sedes mundiales es quizás el ejemplo más claro de este poder. En 2010, la FIFA otorgó la organización de los Mundiales de 2018 y 2022 a Rusia y Qatar, respectivamente, en medio de acusaciones de corrupción que sacudieron los cimientos de la organización (bbc.com).
Ocho años después, en un intento por recuperar la credibilidad, la FIFA adjudicó el Mundial de 2026 a la candidatura conjunta de Estados Unidos, México y Canadá (bbc.com). Pero incluso esta decisión, aparentemente más «segura» desde el punto de vista político, ha estado envuelta en controversias.
El actual Mundial se ha convertido en lo que muchos describen como el torneo más politizado de la historia (bbc.com). Por primera vez, un país anfitrión (Estados Unidos) está en guerra con una nación participante (Irán) (bbc.com). El presidente estadounidense, Donald Trump, ha tenido una relación estrecha con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reuniéndose con él en al menos ocho ocasiones desde que regresó a la Casa Blanca (nytimes.com). Infantino llegó a cortejar a Trump otorgándole un premio de la paz antes de que este iniciara una guerra con Irán (nytimes.com).
La presencia del equipo iraní ha estado envuelta en incertidumbre, con Trump advirtiendo en un momento dado que no era «apropiado» que el equipo participara «por su propia vida y seguridad» (bbc.com). Irán ha acusado a Estados Unidos de denegar visados a algunos de sus ejecutivos y personal de apoyo (bbc.com).
DEDPORTE, DIPLOMACIA Y DEPORTIVISMO
El concepto de «poder blando» —la capacidad de un país para influir en otros a través de la cultura, los valores y las instituciones en lugar de la coerción militar o económica— encuentra en el Mundial su expresión más acabada. Como señala un análisis de la LSE, el poder blando de albergar un evento tan importante era evidente para el dictador italiano Benito Mussolini cuando supervisó el segundo Mundial en 1934 y, más famosamente, para Adolf Hitler mientras propagandizaba en los Juegos Olímpicos de 1936 (blogs.lse.ac.uk).
En el caso de Qatar 2022, el país del Golfo utilizó el torneo para mejorar su imagen internacional en medio de críticas generalizadas por su historial de derechos humanos, su postura sobre las relaciones entre personas del mismo sexo y el trato a los trabajadores migrantes. Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional criticaron duramente a la FIFA por su respuesta, que se limitó a pedir a los equipos participantes que se «centraran en el fútbol».
Un informe encargado por la propia FIFA concluyó que el organismo «tiene la responsabilidad» de compensar a los trabajadores que sufrieron durante la organización del Mundial de Qatar (bbc.com). Tras la concesión del Mundial a Qatar, la FIFA añadió los derechos humanos como criterio de consideración en su proceso de licitación para futuros torneos.
En el caso de 2026, la política ha adoptado una forma diferente pero igualmente compleja. La coorganización entre Estados Unidos, México y Canadá fue concebida inicialmente como un símbolo de integración norteamericana. Sin embargo, las tensiones comerciales, las políticas migratorias restrictivas y el nacionalismo creciente han transformado el torneo en lo que algunos describen como un «experimento geopolítico» que pondrá a prueba hasta qué punto la región está realmente unida (globalaffairs.org).
La política migratoria de Estados Unidos, con sus controles fronterizos militarizados, choca frontalmente con el espíritu abierto y celebratorio del deporte mundial (bbc.com). Los aficionados que necesitan desplazarse entre los tres países para seguir a sus equipos se enfrentan a posibles problemas logísticos que exacerban las tensiones ya existentes.
Un aspecto fascinante del poder de la FIFA en el contexto estadounidense es cómo la estructura política del país ha desafiado la autoridad del organismo. A diferencia de lo que ocurrió en Rusia o Qatar, donde los gobiernos autocráticos podían tomar decisiones rápidas y centralizadas, en Estados Unidos la FIFA se ha enfrentado a un mosaico de gobiernos estatales y locales con sus propias prioridades. Como señala Politico, los socios nacionales de la FIFA en México y Canadá tienen más influencia sobre cómo se desarrolla el Mundial en sus países que la Casa Blanca en Estados Unidos, un país que ni siquiera tiene un ministro de deportes (politico.eu).
En la práctica, esto ha significado que incluso cuando la FIFA se presentaba como el gobierno mundial del deporte más querido del planeta, los funcionarios locales en Estados Unidos comenzaron a interponerse en su camino. Un alto funcionario de la FIFA describió Estados Unidos como «más descentralizado» (politico.eu). En Massachusetts, una junta especial de cinco miembros tuvo que aprobar una licencia para permitir que la FIFA jugara siete partidos allí, un poder que utilizó para extraer concesiones del comité organizador local (politico.eu). La gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, se enfrascó en una disputa pública con la FIFA por los costos de transporte (politico.eu).
EL PODER ECONÓMICO DE LA FIFA
El poder económico de la FIFA es tan vasto que desafía cualquier comparación. A pesar de registrar pérdidas en los años sin Mundial (390 millones en 2023, 616 millones en 2024 y 248 millones en 2025, para un total de 1.250 millones de dólares en pérdidas acumuladas), la organización mantiene una posición financiera sólida gracias a sus reservas y activos (sprott.carleton.ca).
Al 31 de diciembre de 2025, el efectivo y equivalentes de efectivo totalizaban más de 1.000 millones de dólares, con 974 millones en efectivo y cuentas bancarias y más de 206 millones en depósitos a plazo. Los activos financieros totales superaban los 5.000 millones de dólares. Las reservas estratégicas ascendían a casi 2.700 millones de dólares (sprott.carleton.ca).
La FIFA opera con un presupuesto que busca un superávit de aproximadamente 100 millones de dólares por ciclo. Pero incluso esta cifra parece modesta en comparación con los ingresos generados. El aumento del fondo de premios para los equipos participantes refleja esta bonanza: la FIFA incrementó en un 15% las cantidades a distribuir entre las 48 selecciones, hasta alcanzar un total de 871 millones de dólares (thefinancialexpress.com.bd).
LA PARADOJA DEL MUNDIAL MÁS RENTABLE DE LA HISTORIA
El Mundial de 2026 está destinado a ser el más rentable de la historia, con unos ingresos que superarán con creces los de cualquier evento deportivo previo. Pero también está destinado a ser uno de los más polémicos. La combinación de precios exorbitantes, tensiones geopolíticas, preocupaciones por la sostenibilidad y el creciente descontento de los aficionados plantea preguntas incómodas sobre el futuro del torneo (bbc.com).
La FIFA, bajo el liderazgo de Gianni Infantino, ha transformado el Mundial en una máquina de hacer dinero sin precedentes. Pero en ese proceso, ha generado un creciente escepticismo sobre sus prioridades. Como señala la BBC, «más allá del espectáculo sobre el terreno de juego, este Mundial de tamaño superlativo podría estar entre los más controvertidos de la historia» (bbc.com). La expansión del torneo, las políticas de precios y la comercialización agresiva han alienado a una parte de la base de aficionados que, en última instancia, son los que hacen posible el negocio.
El negocio de la FIFA en los Mundiales de fútbol es un reflejo perfecto de las dinámicas de poder que gobiernan el mundo contemporáneo. Es un negocio que mueve decenas de miles de millones de dólares, que puede hacer o deshacer la reputación internacional de un país, y que coloca a una organización con sede en Zúrich en el centro de las decisiones geopolíticas más relevantes. La comparativa entre Qatar 2022 y el actual Mundial de 2026 no es solo una historia de crecimiento financiero; es la historia de cómo el deporte más popular del planeta se ha convertido en el escenario donde se dirimen los conflictos y las aspiraciones de las naciones.
El poder de la FIFA es, en última instancia, el poder del fútbol mismo: un deporte que trasciende fronteras, idiomas y culturas, y que conecta a miles de millones de personas en todo el mundo. Pero ese poder conlleva una responsabilidad que, en opinión de muchos críticos, la FIFA no está gestionando adecuadamente.
La pregunta que queda en el aire, mientras los 48 equipos disputan sus 104 partidos en tres países, es si el organismo rector del fútbol mundial podrá encontrar un equilibrio entre su ambición comercial y su responsabilidad con el deporte y los aficionados que lo hacen posible. La respuesta a esa pregunta definirá no solo el futuro de los Mundiales, sino el del propio fútbol como fenómeno global.




