OPINIÓN
El otro Raymundo, el visionario
Opinión, por Gerardo Rico.
“Debemos reconocer con honestidad que los empresarios de Jalisco no hemos cumplido cabalmente con la obligación de movilizar de manera óptima los recursos económicos y productivos de Jalisco y que en consecuencia tampoco hemos dado una respuesta satisfactoria a la demanda de contribuir al mejoramiento de la calidad de vida de los jaliscienses”, afirmaba en 1999 don Raymundo Gómez Flores en la edición Jalisco a Futuro, una iniciativa de diálogo y planeación regional con ensayos de investigación en la que se analizaron la educación, la política, la economía, la sociedad y temas en general del desarrollo de nuestro estado.
Era directo y hablaba fuerte cuando exponía sus puntos de vista. Con un gran enfoque en la estrategia y planeación de las actividades que realizó durante más de 50 años, emprendió diferentes acciones entre la empresa y la política. Lo mismo socializaba con grandes empresarios, con investigadores, académicos, líderes religiosos, sociales, partidistas y con la gente en general.
Con jornadas laborales de 18 horas diarias durante años, solía decir que “las crisis recurrentes en la economía del país no dejan de ser áreas de oportunidad y posibilidades que se pueden capitalizar. El camino se hace al andar; no hay crisis que te aguante 24 horas de trabajo diario. Del tamaño que te pongan la crisis, métele más trabajo; tardarás un poco más, pero la vas a resolver”.
Lo conocí en el 2004 como senador de la República, cuando trabajé con él como encargado de medios de comunicación, y fiel a su costumbre, ya planeaba su incursión en política —buscaba ser gobernador de Jalisco para las elecciones del 2006— y con mucha anticipación se rodeó de especialistas en diferentes temas con quienes pasaba largas horas en su oficina de Puerta de Hierro desarrollando ideas y estudiando la coyuntura jalisciense.
Era incansable en sus actividades y solía llegar desde las ocho de la mañana o antes. En ocasiones daban las nueve de la noche y continuaba trabajando diferentes asuntos sin parar; no importaba el tiempo. A la mañana siguiente, primero llegaba quien durante más de 30 años fue su fiel colaborador: el señor Juan Manuel Fernández de Castro, un hombre de una extraordinaria cultura y quien primero leía y consultaba los periódicos para estar listo a la llegada de don Raymundo y luego atendía sus asuntos pendientes.
La oficina siempre operaba como reloj. Ahí aprendí muchas dinámicas de orden y organización. Debía estar preparado, pues en cualquier momento de la mañana don Raymundo podía llamarme para hablar de las noticias del día y de las columnas políticas y editoriales del momento. ¡Ay de mí si omitía alguna noticia de su interés!
En alguna de las reuniones y en forma muy didáctica me explicó cómo le gustaba trabajar, habló de su historia personal y de su familia y de cómo se forjó con mucho esfuerzo el trabajo de él y sus hermanos. Situación que me originó más confianza para desenvolverme y entablar diferentes dinámicas de trabajo y las relaciones públicas con medios locales y nacionales de comunicación. Definitivamente, fue un aprender, aprender.
Fue un hombre sencillo a pesar del glamour en que se desenvolvió. Me tocó recorrer con él muchos municipios de Jalisco y muchas colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), en ocasiones, cuando llegaba la hora de la comida, la pasábamos de largo por las arduas jornadas de trabajo. Lo mismo comíamos en puestos de tacos en la calle que en restaurantes de lujo o desayunábamos en las ruedas de prensa que ofrecía en el Club de Industriales y terminábamos comiendo lonches en nuestra ciudad o en algún municipio del estado.
En alguna ocasión se enojó conmigo porque se me ocurrió llevarlo a la comida vegetariana de los Hare Krishna, que aún existe en la calle de Pedro Moreno, casi esquina con Américas. En cuanto se dio cuenta del tipo de comida, pidió la cuenta y terminamos comiendo tacos por la avenida México. Su chofer, José Librado, movió la cabeza, se rio y nos retiramos del lugar; teníamos pendiente un evento masivo en una colonia de Zapopan. Siempre exigía más y siempre era puntual en sus observaciones del entorno inmediato. Llegamos a platicar de temas locales, noticias nacionales e internacionales y era una enciclopedia en lo referente a economía. Fueron años intensos y de mucho trabajo.
Luego que terminaron los trabajos en esa precampaña, volvimos a trabajar cuando buscó ser candidato a presidente municipal de Zapopan y finalmente el candidato fue Héctor Vielma. Con el paso de los años me tocó platicar con don Raymundo en varias ocasiones y ya en los últimos años me enteré de que estaba enfermo y era difícil hablar con él personalmente.
El personaje que transitó por las altas esferas del poder económico y político del país, que diseñó estrategias financieras que rescataron y transformaron grandes empresas como Minsa y Dina, que participó en grandes proyectos empresariales, creo que nunca olvidó a aquel joven que en alguna etapa de su vida trabajó limpiando fuentes en el área de Parques y Jardines para el Ayuntamiento de Guadalajara.



