OPINIÓN
Pensar Jalisco desde la calle
Opinión, por Violeta Moreno Haro
En tiempos en que el deterioro del tejido social parece avanzar más rápido que la capacidad institucional para explicarlo, resulta importante que la Universidad de Guadalajara, el Colegio de Jalisco y la Fundación Paseo Fray Antonio Alcalde estén poniendo sobre la mesa una discusión que no es menor: cómo recuperar el papel de las ciencias sociales, las humanidades y el espacio público en la vida de Jalisco.
La firma de convenios entre la UdeG, el Coljal y la Fundación Paseo Fray Antonio Alcalde no debe leerse como un simple acto protocolario. Tiene una carga mucho más amplia. Habla de instituciones que entienden que la sociedad no solo se reconstruye con obra pública, presupuesto o tecnología, sino también con pensamiento, memoria, conversación, cultura, investigación y presencia territorial.
La rectora general de la Universidad de Guadalajara, maestra Karla Planter Pérez, lo planteó con claridad: las ciencias sociales y las humanidades son las áreas que permiten pensar los desafíos actuales y reflexionar en torno a ellos. Esta afirmación cobra especial relevancia en un momento en que se pretende medirlo todo desde la utilidad inmediata, como si una sociedad pudiera sostenerse únicamente con datos, algoritmos, infraestructura y administración.
No se puede entender una ciudad sin historia. No se puede entender una comunidad sin memoria. No se puede atender el deterioro social sin comprender sus causas. Y no se puede enfrentar el futuro tecnológico sin ética, filosofía, sociología, derecho y pensamiento crítico.
Por eso es relevante que estos convenios abran la puerta a seminarios, coloquios, investigaciones, redes de intercambio, movilidad académica, educación continua y nuevas formas de acercar el conocimiento a la sociedad.
También es importante el contexto: Guadalajara se acerca a los 500 años de su fundación. Eso obliga a mirar la ciudad no solo como un territorio urbano, sino como un proyecto histórico. ¿Qué fue Guadalajara? ¿Qué quiso ser? ¿Qué perdió? ¿Qué conserva? ¿Qué tipo de ciudad quiere construir hacia adelante? En esa discusión, la UdeG y el Colegio de Jalisco tienen mucho que aportar, porque ambas instituciones forman parte de la inteligencia pública del estado.
La propuesta de llevar actividades académicas, artísticas, de divulgación científica, lectura y debate al Paseo Fray Antonio Alcalde tiene, además, un valor simbólico poderoso. Sacar el saber a la calle es una forma de recordarle a la ciudad que la cultura no debe quedarse encerrada en auditorios, salones o edificios institucionales. El espacio público también educa. También forma ciudadanía. También puede convertirse en un aula abierta.
Y no es casual que esto ocurra alrededor de la figura de Fray Antonio Alcalde, uno de los nombres que siguen explicando a Jalisco. Su legado no está solamente en la historia religiosa o urbana, sino en instituciones vivas como el Hospital Civil y la propia Universidad de Guadalajara. Alcalde entendió algo que hoy sigue vigente: una sociedad se transforma cuando une sensibilidad, conocimiento, salud, educación y sentido público.
El otro tema central es la inteligencia artificial. En una época hipertecnologizada, la discusión no puede quedarse en la fascinación por la herramienta. La pregunta de fondo es quién pone las reglas, con qué ética, con qué límites y para qué modelo de sociedad. Ahí, las humanidades no son un simple adorno: son la brújula.
Por eso estos convenios importan. Porque, frente a las redes sociales, la prisa y la superficialidad de la época, Jalisco necesita instituciones capaces de pensar con profundidad, salir a la calle y volver a colocar al ser humano, la memoria y la ética en el centro de la conversación pública.



