OPINIÓN
El rey en la Perla Tapatía: México, España y el reencuentro diplomático
Opinión, por Pedro Vargas Ávalos
El fenómeno del campeonato mundial de fútbol es un suceso histórico no solo para el deporte, sino también una efeméride muy especial para los países organizadores —Canadá, Estados Unidos y México— y, en particular, para los jaliscienses, donde la práctica del balompié es inusitada.
Como sabemos, la Perla Tapatía fue entusiasta subsede de esa competencia universal y, el viernes 26 de junio reciente, se llevó a cabo en el estadio Guadalajara (realmente el Akron) el encuentro entre las selecciones de España y Uruguay, choque que atrajo a miles de espectadores y, muy destacadamente, al monarca Felipe VI de Borbón.
Lo anterior sirvió para encuadrar el reinicio de la relación fraterna entre los gobiernos de España y México, puesto que el vínculo entre los pueblos de ambas naciones nunca se interrumpió. Es decir, los nexos que identifican a los mexicanos con los españoles siempre han sido fuertes, aun en los años en que hubo ruptura entre sus gobiernos, como sucedió cuando Lázaro Cárdenas, luego de la caída de la República democrática peninsular, en abril de 1939, rompió de hecho las relaciones con la España del dictador Francisco Franco, al no reconocer su régimen ilegítimo.
Durante el largo periodo franquista —casi 40 años—, nuestros mandatarios respaldaron a la Segunda República Hispánica, que funcionaba en el exilio. Es memorable la recepción de miles de refugiados —de 1939 a 1942 fueron 25 mil— en tierras mexicanas, quienes fueron acogidos con generosidad por nuestro pueblo. Las relaciones gubernamentales entre ambos países se restablecieron formalmente cuando José López Portillo era presidente de México. Sus ascendientes hispanos provenían de Caparroso, un pequeño municipio de la Comunidad Foral de Navarra, de donde emigraron en el siglo XVI hacia la Nueva Galicia, hoy Jalisco. El restablecimiento ocurrió el 28 de marzo de 1977, luego de la muerte del autócrata Franco, el 20 de noviembre de 1975, con lo que dio inicio la transición democrática española.
Con motivo del referido encuentro futbolístico, programado dentro del Mundial FIFA 2026, se registró una visita del rey de España a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), la cual se verificó en Palacio Nacional el jueves 25 pasado.
La cita con Felipe VI culmina los meses de acercamiento diplomático entre ambos países, destacando una exhibición de arte mexicano —inspirada en mujeres indígenas— en Madrid, donde se emitieron declaraciones que reconocieron los abusos cometidos durante la Conquista, tras la caída de Tenochtitlán en 1521.
Esas manifestaciones —de altos funcionarios españoles y del propio soberano— sirvieron para limar las asperezas surgidas tras el choque entre el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la Casa Real, con motivo de la carta de 2019 en la que planteó a Felipe VI pedir perdón por los abusos, ciertamente evidentes, cometidos durante la Conquista. Posteriormente, Claudia Sheinbaum visitó Barcelona, saludó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con ello patentizó los esfuerzos de ambas naciones por reconciliar ese «lapso diplomático», que, vale subrayarlo, nunca significó un rompimiento.
Todos esos hechos hicieron posible la entrevista antes mencionada, previa al partido que la selección española —la Furia Roja— sostuvo y ganó apretadamente por 1-0, gracias a un error del arquero uruguayo, frente a la garra charrúa, en nuestra Atenas de Occidente, la sin par Guadalajara.
Expresó Claudia Sheinbaum el viernes, en su conferencia matutina: «Fue una reunión muy cordial; él, Felipe VI, es una persona muy sencilla».
Dentro de la conversación, la mandataria aseguró que le expuso la importancia de los pueblos originarios en la historia mexicana, tanto antes como después de la colonización, y afirmó: «Hay total consecuencia en lo que hacemos. No se hubiera podido dar la reunión si no hubiera habido este acercamiento por parte de ellos, con estas declaraciones, tanto que incluso la derecha española critica al Rey por haber venido a México y haber tenido esta visita».
Prosiguiendo con los temas tratados, dijo la mandataria: «Hablamos de otros temas, evidentemente: del tema comercial, del tema económico, de la situación del mundo y de cómo es importante reconocer la Carta de las Naciones Unidas», remarcando: «Eso lo planteó él». (El País, Micaela Varela, 26 de junio de 2026). Por ello, el diario Excélsior publicó en su primera plana: «Sellan reconciliación entre México y España».
Un día después de su reunión con la presidenta Sheinbaum, el rey Felipe VI —casado con Letizia Ortiz Rocasolano, quien vivió una temporada en Guadalajara— destacó, el viernes 26, la «magnífica» relación entre España y México, a la que auguró un porvenir floreciente, al declarar: «La presencia empresarial, la presencia cultural y los intercambios de todo tipo que enriquecen nuestra relación, sin duda, tienen un futuro enormemente próspero».
El monarca español había arribado a la tierra de los tapatíos el jueves, antes del encuentro entre España y Uruguay. Fue recibido por el gobernador Pablo Lemus y, desde luego, con la alegría del mariachi, muestra de la animación jalisciense y de la exaltación tapatía.
Mientras tanto, y con motivo de este acontecimiento deportivo, se desarrolló ese jueves inolvidable un magnífico espectáculo musical con Alejandro Fernández, hijo del máximo exponente de la canción ranchera con sabor jalisciense, el gran Vicente Fernández. El escenario fue la Glorieta La Minerva, al poniente de la ciudad. Se esperaba una asistencia similar a la registrada días antes en el concierto del grupo tapatío Maná, que reunió a 170 mil admiradores.
Aquel jueves fue inusitado desde muchas cuadras a la redonda, no solo en las inmediaciones de La Minerva, sino también en calles lejanas. Ríos de jóvenes —sobre todo—, vestidos con el uniforme verde de la selección nacional, colmaron la amplia zona antes de las 21:00 horas, cuando iniciaría la llamada «serenata más grande del mundo», como la bautizaron sus promotores. Antes del inicio del recital, según las autoridades de seguridad, ya se encontraban presentes alrededor de 250 mil personas. Las primeras interpretaciones estuvieron a cargo de Camila Fernández, hija del estelar Alejandro Fernández.
A las 21:15 horas apareció «El Potrillo» para ofrecer una memorable presentación, interpretando éxitos de su inolvidable padre y también de su propio repertorio, ante el entusiasmo de sus seguidores. Más tarde compartió el escenario con Julión Álvarez y Alfredo Olivas, llevando el ambiente al máximo. El cierre estuvo a cargo de su hijo Alex Fernández, quien comienza a forjar su propia trayectoria artística para dar continuidad al legado de la dinastía Fernández.
Por si lo anterior, de por sí extraordinario, no bastara, en otra parte de la ciudad se desarrollaba otro acontecimiento fuera de lo común. El extraordinario tenor Plácido Domingo, en el Conjunto Santander de Artes Escénicas de la Universidad de Guadalajara, ofrecía una muestra de su calidad excepcional. Ahí, haciendo de la zarzuela un puente entre México y España, también rindió homenaje al mariachi jalisciense y a las interpretaciones del grupo femenil Nuevo Tecalitlán, demostrando que el mariachi no es exclusivo de los hombres.
La segunda parte del recital acercó el repertorio al estado con El orgullo de Jalisco. «La obra sirvió como puente hacia un ambiente más cercano al imaginario mexicano, donde el teatro lírico comenzó a dialogar con el folclor popular sin perder su identidad» (El Informador, 26 de junio de 2026).
Alejandro Fernández exclamó que la Ciudad de las Rosas era «la mejor sede mundialista de América Latina. No lo digo yo, lo dice el mundo… Con esta serenata haremos vibrar a todo el mundo, porque nuestra música mexicana hace palpitar todos los corazones. ¡Viva Jalisco! ¡Viva México! ¡Viva la selección nacional!».
Así se selló la exaltación tapatía, la de los jaliscienses en pleno, quienes coadyuvaron a reanudar la fraternidad ibero-mexicana en el marco del mayor certamen deportivo del mundo: la Copa Mundial de Fútbol 2026.




