OPINIÓN
Memoria histórica: Agosto, los jaliscienses y sus curiosidades
Opinión, por Pedro Vargas Ávalos
El estado de Jalisco es una entidad federativa cuya singularidad en todos los ámbitos ha hecho que se le intitule como el más representativo de la República Mexicana. Sus bellezas naturales, sus poblaciones de notable historia, sus tradiciones fascinantes, sus personajes destacados, sus joyas arquitectónicas y, en fin, toda una serie de factores que van de la gastronomía hasta el deporte, pasando por la música, el folclore, la cultura, las ciencias, la educación y el progreso, la hermosura de sus mujeres y la gallardía de sus varones, han hecho que se acuñe la frase de que «Jalisco es México».
Agosto es propicio para enlistar algunos paisanos que, habiendo nacido en dicho mes, se distinguieron por temas de perfiles muy tapatíos o de suma curiosidad para propios y extraños. Estos coterráneos son —sin que sea una lista definitiva— encabezados por el benefactor Luis Silva, al que siguen el filósofo Agustín Basave Fernández del Valle, el inolvidable «Chucho» Reyes Ferreira y el educador Ramón García Ruiz.
Después de los precitados están el compositor Manuel Álvarez «Maciste», el distinguido industrial Salvador López Chávez, el alteño Miguel Gómez Loza, quien fuera gobernador de Chihuahua, el abogado Aureliano González, el político Jesús López Portillo y el periodista Jesús Álvarez del Castillo Velasco.
En la segunda quincena del mes que nos ocupa nacieron el pintor Juan Soriano, el general Bernardo Reyes, la escritora Olivia Zúñiga, quien fuera rector de la Universidad de Guadalajara, Luis Farah, el gran poeta Amado Nervo, el bibliógrafo Juan B. Iguíniz y el doctor Juan José Espinoza.
No haremos reseñas biográficas, sino que en esta ocasión mencionaremos aspectos muy especiales de cada uno de esos ilustres tapatíos. Reiteramos que este gentilicio, muy conocido por doquier, es sinónimo de jalisciense, y no, como se estila ligeramente, de «nativo de la capital tapatía».
Ya nos ocuparemos, en un artículo especial, de explicar lo anterior. Por ahora vayamos al tema que hemos anunciado: Agosto, los jaliscienses y algunos datos interesantes o curiosos.
Luis Silva tenía como segundo apellido Álvarez Tostado. Nació el primer día de agosto en la Perla Tapatía y fue sacerdote. Dio su nombre al centro escolar que ha sido un distintivo de las escuelas particulares locales: el Colegio Luis Silva. Esta institución había sido creada como orfanatorio en 1887; en 1892 asumió la dirección el presbítero Luis Silva, quien lo transformó en una institución educativa de excelencia, en la cual muchísimos jóvenes se han formado como útiles ciudadanos.
Agustín Basave Fernández del Valle vio la luz primera en Guadalajara el día 3 de agosto de 1923, hijo de un extraordinario tapatío que emigró a Monterrey, don Agustín Basave. Se dice que salió de su tierra porque hubo un hecho en su familia que se comentó en la ciudad de manera impropia y él, que era hombre de mucha vergüenza, prefirió emigrar. Su hijo siguió sus huellas de cultura y fue un excelente filósofo. Su nieto, de igual nombre, ya nació en la urbe norteña y ha sido muy versátil en sus posturas políticas.
Jesús «Chucho» Reyes Ferreira se distinguió en las artes plásticas. Su padre, Buenaventura Reyes Zavala, escribió un acreditado opúsculo sobre jaliscienses distinguidos. El memorable Chucho coleccionó obras de arte y, sobre todo, dio vida a las artesanías coloridas, especialmente con papel de china. Un autor lo calificó como el artista que personifica el alma romántica del pueblo mexicano. El célebre Pablo Picasso, quien personalmente no conocía a Chucho, siendo este ya un anciano, dijo sobre él y su obra: «¡Qué frescura! Debe ser un artista muy joven».
Jalisco ha sido cuna de muchos maestros sobresalientes, pero uno muy inconfundible fue el profesor Ramón García Ruiz, venido al mundo en 1908, el día 7 de agosto. Se le reconoció en toda Latinoamérica como educador y, en nuestro estado, es un paradigma de saber y caballerosidad. Su divisa fue: «Yo, enseñando, aprendo».
Manuel Álvarez «Maciste» (8 de agosto de 1892) era de Tequila, la capital de la bebida nacional. Fue compositor y actor. Trabajó junto a Agustín Lara, Pedro Vargas y Luis Alcaraz. Entre sus canciones más recordadas están «Virgencita de Talpa», «Angelitos negros» —inolvidable en voz del ídolo Pedro Infante— y «Me sobra corazón», éxito del trío Los Delfines.
Don Salvador López Chávez, oriundo de San Gabriel (10 de agosto de 1915), es un ejemplo de superación. Desde obrero llegó a ser el industrial más importante en el ramo del calzado de toda América Latina, al frente de su fábrica «Canadá», que por sí sola llegó a producir más calzado que todo el estado zapatero de Guanajuato. Hombre generoso, presidió la Cruz Roja Mexicana. Lástima que sus herederos no supieron preservar el emporio de su padre, que fue orgullo de Jalisco.
Un caso único es el del alteño Miguel Gómez Loza, nativo de Paredones, hoy El Refugio, municipio de Acatic, aun cuando nació en 1888, siendo comprensión de Tepatitlán. Abogado de profundo catolicismo, luchó junto al recordado Anacleto González Flores; fue gobernador cristero de Jalisco y murió fusilado por el Ejército en 1928, en Atotonilco el Alto. Ahora se elevó a los altares y es santo. Desempeñó un papel esencial como impulsor de la prensa católica. El Vaticano lo beatificó en 2006 y su canonización se celebra el 21 de marzo.
José Aureliano González Álvarez fue un abogado jalisciense (Tepatitlán, 9 de agosto de 1869) que llegó a gobernador de Chihuahua de 1911 a 1912. Se unió a la Revolución y, a pesar de haber simpatizado con Pancho Villa, este, tras sus derrotas de Celaya, por malentendidos del Centauro, ordenó que fuese fusilado, lo que se cumplió el 13 de agosto de 1915.
La dinastía de los López Portillo tiene un gran exponente en el abogado Jesús López Portillo y Serrano (14 de agosto de 1818), quien fuera secretario de Gobierno y gobernador. Luego fue expatriado por el dictador Santa Anna. Vuelto a su tierra, se le designó prefecto y comisario imperial de Jalisco durante el Imperio de Maximiliano, por lo que se le juzgó y sentenció al destierro; pero, por su gran calidad humana y el aprecio que le tenían en Guadalajara, cumplió su pena en la ciudad. Gran maestro de los juristas locales, su casa se convirtió en museo y allí, en la calle de Liceo, se puede apreciar cómo vivían los tapatíos del siglo XIX.
Debemos a don Jesús Álvarez del Castillo Velasco (16 de agosto de 1881) la fundación del gran diario El Informador, el 5 de octubre de 1917. Desde allí difundió la grandeza de Jalisco y defendió el patrimonio estatal. Una estatua peculiar lo recuerda en la plaza de la Reforma. El mayor homenaje que se le puede hacer es leer la colección de su periódico, que íntegra está en internet.
Como dijimos, en la segunda quincena del mes que nos ocupa nació el pintor Juan Soriano (1920-2006), cuyo nombre verdadero —ignorado casi totalmente— era Juan Francisco Rodríguez Montoya; fue laureado en el estado, la República e internacionalmente. También se registró este mes, el día 20 de 1850, el nacimiento del general Bernardo Reyes Ogazón. Fue hijo del coronel Domingo Reyes, oriundo de Nicaragua, sobrino de don Pedro Ogazón y forjador de la grandeza de Monterrey, siendo gobernador de Nuevo León.
Las personalidades que culminan nuestra narración son la escritora Olivia Zúñiga, primera ganadora del Premio Jalisco de Literatura (1950) e hija del general Eugenio Zúñiga, por quien Tlajomulco lleva su apellido. Ella, que era no solo inteligente sino muy bella, nació en Villa Purificación en 1910.
Un destacado guadalajarense fue el médico y científico, rector de la Universidad de Guadalajara, don Luis Farah Mata (25 de agosto de 1896), a quien nombró para ese cargo, en 1947, el gobernador Jesús González Gallo, cuando, por rumores, se afirmaba que el Ejecutivo buscaba volver a unificar las dos casas de estudio universitario tapatías, es decir, la Universidad oficial y la Autónoma. El rector tuvo que dejar su cargo en 1949.
Finalmente mencionaremos al gran poeta Amado Nervo, pariente de Pepe Guízar, el inmortal autor de «Guadalajara». Nervo, aunque nació en Tepic, lo hizo cuando esta ciudad aún pertenecía a Jalisco, pues su nacimiento ocurrió el 27 de agosto de 1870. El territorio se separó de Jalisco hasta 1884, al crearse el Territorio Federal de Tepic; además, él siempre pregonó ser jalisciense.
Proseguimos mencionando al enorme bibliógrafo e historiador Juan B. Iguíniz (Guadalajara, 1881), cuya obra rebasa las 178 publicaciones y a quien se le otorgó la Medalla José María Vigil en 1958. Sus dos tomos sobre «El periodismo en Guadalajara» son fuente fundamental para conocer esa materia en el occidente mexicano.
Concluimos remembrando al doctor Juan José Espinoza Guevara (30 de agosto de 1890), de profesión médico, pero que se hizo popular con sus composiciones «Atotonilco», «Las Alteñitas» y «Mujer ladina». Su repertorio consta de 73 canciones publicadas y 60 inéditas. Se le hicieron muchos homenajes en vida, pero, paradójicamente, cuando falleció, en 1973, en su lugar natal, la Atenas de Occidente, casi nadie se enteró.
No cabe duda de que la frase Sic transit gloria mundi («la gloria del mundo es pasajera») resulta una gran verdad y debemos tenerla presente; pero para los jaliscienses no debe regir cuando se trata de honrar a quienes han hecho de nuestro estado la maravilla que actualmente disfrutamos. Ello no debe permitirse; por el contrario, cada día debemos esforzarnos más por consolidar tan excepcional herencia.




