OPINIÓN
Ediciones Era: Una historia que se niega al punto final
Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias
El 18 de agosto, Ediciones Era difundió un comunicado en su portal, donde aclaró las noticias que circulaban desde días antes sobre su posible cierre. La editorial, fundada en 1960 y considerada una de las casas independientes más influyentes de México y América Latina, explicó que no desaparecerá, pero sí reducirá al mínimo sus operaciones debido a una crisis financiera que se volvió insostenible tras la pandemia de COVID-19.
Dos días después, el 20 de agosto, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, instruyó a la Secretaría de Cultura a acercarse a la editorial para conocer la situación y explorar posibles mecanismos de apoyo. El caso de Era no es un asunto estrictamente editorial, sino un tema de interés público y de política cultural nacional.
En su mensaje, la editorial subraya que el catálogo construido durante 66 años —que incluye novela, poesía, cuento, ensayo, historia, ciencias sociales, arte y literatura infantil y juvenil— permanece intacto y seguirá disponible para lectores actuales y futuros. Era afirma que “nada de eso se cierra”, y reivindica que su fondo editorial ha formado generaciones de lectores y ha acompañado a autores fundamentales desde sus primeras páginas.
El comunicado explica que la decisión de reducir operaciones responde a un cambio estructural en el ecosistema del libro en México. La pandemia alteró de manera profunda las formas de vender, comprar y leer, y provocó la desaparición de la red de librerías que durante décadas sostuvo el modelo de negocio de la editorial. Como consecuencia, las ventas se desplomaron hasta 25% de los niveles previos a la pandemia, una caída que volvió inviable la continuidad operativa.
La editorial detalla que durante seis años intentó adaptarse a las nuevas condiciones del mercado, pero los ingresos necesarios para sostener la operación nunca llegaron. Con esfuerzos importantes, Era pagó deudas acumuladas durante la pandemia, incluso mediante la venta de una de sus propiedades en la Ciudad de México. Sin embargo, las obligaciones financieras continuaron creciendo, lo que llevó a la decisión de detener la operación para evitar “deudas impagables”.
El comunicado también enfatiza que la decisión se tomó por coherencia con los principios que han guiado a la editorial desde su fundación: rigor, belleza y libertad. Era afirma que nunca ha sacrificado la calidad por la conveniencia y que, fiel a esa ética, prefiere ordenar sus cuentas antes que comprometer su identidad editorial. La reducción de operaciones se presenta como un acto de responsabilidad y no como una derrota.
Finalmente, la editorial anuncia que en los próximos meses realizará ventas especiales de su fondo en librerías, ferias y espacios aliados, incluyendo materiales de archivo de sus primeros años. También confirma su participación en la Feria del Zócalo, en la Ciudad de México, donde buscará acercar su catálogo a nuevos lectores. El mensaje concluye con un agradecimiento a autores, lectores y libreros, y con la afirmación de que Era “vivirá en ustedes”.
El 20 de agosto, durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó como “no buena noticia” la reducción de operaciones de Ediciones Era y anunció que instruyó a la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, a buscar a la editorial para conocer detalles de la situación y evaluar posibles formas de apoyo. La mandataria afirmó: “No es buena noticia que cierre una editorial de libros. Entonces hay que ver de qué manera se puede apoyar”.
Con esta declaración, el gobierno reconoce que la editorial es una institución clave en la historia literaria del país y que su repliegue operativo tiene implicaciones que van más allá del mercado del libro.
Era ha sido, durante seis décadas, un referente para la literatura mexicana, especialmente para la tradición crítica y de izquierda, con un catálogo que incluye a José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Elena Poniatowska, José Revueltas, Juan Rulfo, Octavio Paz, Inés Arredondo, Coral Bracho y Verónica Murguía, entre muchos otros.
La instrucción presidencial implica que la Secretaría de Cultura deberá establecer contacto con la editorial para conocer de primera mano la situación financiera, operativa y legal, y para explorar mecanismos de apoyo que podrían incluir acompañamiento técnico, esquemas de distribución, compras institucionales, fortalecimiento de librerías o programas específicos de preservación de fondos editoriales. Sin embargo, hasta el momento no se ha informado cuál fue la respuesta de Era ni qué alternativas concretas se están evaluando.
La intervención del gobierno ocurre en un contexto donde la industria editorial enfrenta desafíos estructurales: caída en hábitos de lectura, disminución de visitas a librerías, reducción en la producción de títulos y precarización de proyectos independientes. El caso de Era se convierte así en un indicador de la fragilidad del ecosistema cultural y en una oportunidad para discutir el papel del Estado en la preservación de instituciones culturales fundamentales.
Era no desaparecerá, pero la reducción de sus operaciones marca el fin de una etapa. La permanencia de su catálogo garantiza que sus libros seguirán circulando; no garantiza, sin embargo, que la estructura que los hizo posibles pueda seguir existiendo como hasta ahora.
En un tiempo en que las historias, las ideas y la información también se consumen a través de pantallas, plataformas digitales, audiolibros y otros formatos, el caso de Era revela una transformación más profunda: la dificultad de sostener un proyecto editorial construido en torno al libro impreso dentro de un ecosistema cultural y de consumo cada vez más fragmentado.





