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REPORTAJE

Derechos humanos, bajo presión inédita: “La indiferencia ante la barbarie no es neutralidad, es complicidad”, Trinidad Padilla López

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Por Francisco Junco.

Los derechos humanos atraviesan uno de sus momentos más complejos frente a un escenario internacional marcado por guerras, autoritarismos, debilitamiento de las instituciones multilaterales, inteligencia artificial, vigilancia masiva, desinformación y discursos de odio.

Con esa advertencia como telón de fondo, fue inaugurado en Guadalajara el VII Congreso Internacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario: Desorden Mundial, organizado por la Red Internacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario (REDDIH) y la Universidad de Guadalajara, en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”.

El encuentro reunió a académicos, juristas, investigadores, integrantes del Poder Judicial y representantes de organizaciones civiles para analizar un escenario que obliga a replantear los mecanismos internacionales de protección de la dignidad humana.

En la apertura, José Trinidad Padilla López, presidente de la REDDIH; Karla Planter Pérez, rectora general de la Universidad de Guadalajara, y Yasmín Esquivel Mossa, ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, coincidieron en una preocupación: los derechos conquistados durante décadas no pueden considerarse irreversibles.

Padilla López, exrector general de la Universidad de Guadalajara, colocó la discusión en el escenario internacional y advirtió que el mundo no enfrenta solamente una crisis coyuntural, sino una transformación estructural caracterizada por el debilitamiento del multilateralismo, la pérdida de consensos y el incumplimiento de reglas internacionales que, durante décadas, permitieron construir mecanismos de convivencia entre las naciones.

“Al hablar de desorden mundial, debemos reconocer abiertamente que no nos encontramos ante un desajuste pasajero, sino frente a una transformación estructural del escenario internacional. Asistimos a una progresiva erosión del multilateralismo y del consenso normativo que costó décadas construir”, advirtió Padilla López.

El presidente de la REDDIH señaló que uno de los riesgos aparece cuando las normas internacionales dejan de aplicarse con los mismos criterios y comienzan a prevalecer los intereses políticos, económicos o militares. En ese escenario, sostuvo, surgen dobles estándares y se debilita la capacidad de las instituciones internacionales para responder ante violaciones de los derechos fundamentales.

“Abordar esta realidad desde un foro universitario e institucional no puede ser un ejercicio de resignación. La perspectiva humanista nos obliga a transformar la preocupación en una agenda de trabajo, entendiendo que, frente a la fragmentación global, la respuesta no es el repliegue, sino la reafirmación, con mayor rigor, del Estado de derecho y de la protección irrestricta de los derechos fundamentales”, afirmó.

Padilla López llevó su reflexión hasta el terreno de la responsabilidad individual y colectiva frente a las violaciones de los derechos humanos. Advirtió que las sociedades no pueden acostumbrarse a observar guerras, desplazamientos, persecuciones y sufrimiento como si fueran acontecimientos lejanos que no generan responsabilidades, y acotó que “ante la barbarie, el cinismo o el dolor ajeno, la indiferencia no es una postura neutral, sino una forma de complicidad”.

Derechos humanos, base de una sociedad democrática: Karla Planter

La rectora general de la Universidad de Guadalajara, Karla Planter Pérez, retomó esa preocupación desde la responsabilidad de las instituciones educativas y señaló que los derechos humanos constituyen la base de las sociedades civiles y democráticas porque garantizan, entre otros principios, la libertad de expresión, la igualdad ante la ley y la protección frente a la discriminación y la tortura.

“Los derechos humanos conforman la base de la sociedad civil y de las democracias, puesto que, a través de ellos, se garantizan la libertad de expresión, la igualdad ante la ley y la protección contra la discriminación y la tortura, entre otros aspectos que resultan esenciales”, expresó la rectora, quien definió los derechos humanos como la columna vertebral de la dignidad y el piso sobre el cual puede edificarse una sociedad libre.

Planter Pérez sostuvo que esa responsabilidad no puede quedar únicamente en los discursos institucionales. Para la Universidad de Guadalajara, dijo, formar abogados y profesionistas implica también construir una visión crítica sobre el ejercicio del poder y sobre la responsabilidad que tienen las instituciones frente a los sectores más vulnerables de la sociedad.

“En el caso de la Universidad de Guadalajara, la enseñanza del derecho y del respeto a los derechos humanos va más allá de ser solo una tarea meramente académica; es considerada una apuesta por una formación jurídica crítica, democrática y transformadora. Ante la incertidumbre global, la Universidad de Guadalajara no puede, pero tampoco quiere, ser una espectadora pasiva”, subrayó.

Derechos humanos bajo presión: Yasmín Esquivel

La ministra Yasmín Esquivel Mossa colocó finalmente la discusión en el ámbito de la impartición de justicia. Advirtió que los derechos humanos enfrentan una presión inédita frente a fenómenos como la inteligencia artificial generativa, la vigilancia masiva, la desinformación y los discursos de odio, y recordó que la reforma constitucional de 2011 transformó la relación entre las autoridades y los ciudadanos al colocar a la persona como finalidad de la actuación del poder público.

“Frente a las aceleradas transformaciones, la defensa de la dignidad humana exige de todas y todos, pero en particular de los operadores jurídicos, un compromiso ético inquebrantable”, afirmó Esquivel Mossa.

La ministra sostuvo que quienes integran la judicatura tienen la obligación de evitar retrocesos en libertades construidas durante décadas y resumió esa responsabilidad con una definición: “Los jueces somos garantes ante cualquier intento de regresión de las libertades”.

México está llegando tarde a regular la inteligencia artificial: Loretta Ortiz

Por Francisco Junco

México está llegando tarde a la regulación de la inteligencia artificial, mientras la tecnología avanza más rápido que la capacidad de los Estados para fijar límites. Así lo advirtió la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Loretta Ortiz Ahlf, quien cuestionó que el máximo tribunal haya decidido incorporar la IA a sus procesos sin una norma previa que precise cómo puede usarse y hasta dónde puede intervenir en una decisión judicial.

En la conferencia magistral “Nuevos desafíos en la agenda internacional de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario”, impartida dentro del VII Congreso Internacional, realizado en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, Ortiz Ahlf planteó que el dilema ya no es detener una tecnología cotidiana, sino establecer controles antes de que los algoritmos desplacen el análisis, la reflexión y la decisión humanas.

“Ya llegamos tarde. Estamos llegando tarde, tarde, tarde, tarde. Y esto es muy grave… La inteligencia artificial ya está aquí. Eso de si es buena o no, ya nos sobrepasó. La discusión es cómo se va a regular”, expresó.

El señalamiento cobró urgencia al revelar que la Suprema Corte comenzará a utilizar inteligencia artificial. Reconoció que no compartió la decisión del Pleno de hacerlo antes de regular su uso. Su preocupación es que, en un tribunal constitucional, incluso las medidas administrativas pueden afectar asuntos jurisdiccionales y derechos de las personas.

“Precisamente, el lunes empieza una nueva época en la Suprema Corte. Ya vamos a utilizar inteligencia artificial. Cualquiera pensaría que fue una decisión del Pleno. Yo no estaba tan de acuerdo y no es porque sea chapada a la antigua. Sencillamente, primero debería haber una regulación de su utilización en los procesos judiciales y jurídicos de la Corte y, después, echarla a andar”, afirmó.

Puso sobre la mesa la transparencia algorítmica: “Nada es menor en la Corte. ‘¿Por qué le tocó este caso, esta controversia constitucional, a la ministra? Explícame cómo funcionó el algoritmo, por qué tomaste la decisión de desecharlo’. Primero debió existir la regulación”.

Abogada por la Escuela Libre de Derecho, maestra en Derechos Humanos por la Universidad Iberoamericana y doctora por la UNED de España, Ortiz Ahlf ha sido profesora de la Academia de Derecho Internacional de La Haya y forma parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, nivel III.

Esa trayectoria marcó una exposición que vinculó la tecnología con la justicia mexicana, los conflictos armados y la responsabilidad internacional de los Estados.

El punto crítico, dijo, aparece cuando la IA deja de ser un auxiliar y condiciona la decisión humana. En la guerra ya hay sistemas que procesan información masiva, identifican personas mediante datos biométricos, predicen conductas, seleccionan objetivos y participan en decisiones sobre el uso de la fuerza.

“El problema no es únicamente que existan nuevas armas, sino que la decisión humana puede comenzar a reducirse, fragmentarse o quedar mediada por sistemas difíciles de comprender, predecir o controlar”, señaló.

Y fijó un principio: “Un algoritmo, una plataforma o un arma pueden ser nuevos, pero los derechos fundamentales de las personas no lo son”.

La construcción de normas va detrás de la tecnología. Una capacidad puede desarrollarse en meses y un modelo puede actualizarse de forma continua; un tratado exige años de negociación, firma, ratificación y entrada en vigor.

Además, hay una brecha entre los países que desarrollan estos sistemas y aquellos que solo los adquieren, con el riesgo de convertir la desigualdad tecnológica en desigualdad jurídica.

“Mientras una nueva capacidad tecnológica puede desarrollarse en meses, un tratado internacional puede requerir años. Mientras un modelo de inteligencia artificial se actualiza de manera continua, las normas internacionales dependen de procesos formales. Y mientras la tecnología atraviesa fronteras en segundos, el derecho internacional sigue dependiendo de la voluntad de los Estados”, advirtió.

Aclaró que la falta de un tratado universal sobre IA militar no implica un vacío jurídico. Siguen vigentes la Carta de las Naciones Unidas, los Convenios de Ginebra, el derecho internacional humanitario, los tratados de derechos humanos y el Estatuto de Roma.

El reto es que esas normas conserven su eficacia cuando las decisiones ocurren a una escala y una velocidad para las que no fueron diseñadas.

La responsabilidad, insistió, no puede trasladarse a una máquina. “No puede transferirse la responsabilidad a las máquinas de inteligencia artificial”. En la justicia, agregó: “Las decisiones tienen que ser tomadas por las personas; no podemos deshumanizar”.

La IA puede servir como apoyo, pero una determinación que afecta los derechos, la libertad o la vida debe conservar un nombre y una responsabilidad humanos.

Cerró con una preocupación mayor: la tecnología avanza cuando el sistema internacional enfrenta una crisis de efectividad frente a guerras y violaciones de los derechos humanos. Tras 44 años vinculada a la enseñanza del derecho internacional, reconoció lo difícil que resulta explicar hoy las reglas pensadas para preservar la paz, mientras el mundo observa conflictos que las desafían de manera constante.

Su conclusión unió tecnología y derecho internacional: la comunidad internacional necesita acuerdos antes de que los avances vuelvan insuficientes las reglas que pretenden controlarlos. “Espero que esto no ocurra demasiado tarde, cuando ya se pongan de acuerdo… Primero fueron los avances tecnológicos y mucho tiempo después se lograron los consensos. El tema aquí es que la paz del mundo está de por medio”, puntualizó.


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