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MUNDO

Teletrabajo, cuestión de vida o muerte en tiempos de pandemia

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MOSCÚ (Sputnik Mundo) — El teletrabajo, tema de debates que duran ya medio siglo, se hizo actualmente una cuestión de supervivencia, en medio de la pandemia del coronavirus.

Ante creciente número de casos de contagio por el SARS-CoV-2 —hasta la fecha se detectaron más de 139.000 infecciones en más de 130 países— una serie de empresas, incluidos gigantes como Apple, Google, Facebook, Twitter y Yandex recomendaron a sus empleados trabajar desde casa para impedir una mayor expansión del virus.

Lo mismo hicieron algunos actores de Wall Street como Pershing Square Capital, Bridgewater Associates y Goldman Sachs.

Al mismo tiempo las autoridades municipales de países como BrasilEcuadorEspañaItaliaRusia y otros recomiendan a empresas adoptar medidas de teletrabajo y de flexibilización del horario laboral, pero, mientras el coronavirus continúe avanzando, no está claro si solo recomendar va a ser suficiente.

GRAN SALTO O EXTINCIÓN

Para el empresario y miembro del ruso Partido de Crecimiento (no parlamentario) Serguéi Polonski, «el coronavirus lanzó un proceso que llevará a que dentro de un año viviremos en un mundo electrónico o no sobreviviremos».

«Aquellos que no están dispuestos a pasar al teletrabajo, que están offline en sus oficinas, terminarán en quiebra y desaparecerán», afirmó.

El también fundador de importantes empresas de inversiones Mirax y Potok recordó que en Rusia los debates sobre la necesidad de organizar el trabajo desde casa empezaron hace 12 años, y «el coronavirus se presenta como elemento catalizador de ese proceso».

«Antes de esta situación, nosotros salimos del offline pero no conseguimos pasar al online, y ahora el coronavirus impulsa esta transformación», señaló.

Polonski está seguro de que la pandemia del SARS-CoV-2 «cambiará de manera fundamental todas las estructuras relacionadas con los negocios, el consumo y las relaciones», y además afectará otros sectores.

«Es evidente que dentro de un par de semanas como máximo cerrarán los colegios, las universidades, (…) así que pronto observaremos cambios del sistema de educación que tal vez jamás volverá al offline», subrayó.

El político también abogó por mantener en funcionamiento remoto las instituciones públicas.

«Ahora ya no se puede asistir a una sesión judicial, porque si llegas a un tribunal te vas a contagiar y te morirás, así que los tribunales deben funcionar online», insistió.

Polonski recordó que el 12 de marzo parte de la Duma de Estado (Cámara Baja) fue puesta en una cuarentena después de sospechar un caso de contagio, «por ello también deben trabajar desde casa».

«Un Estado no puede funcionar sin cosas fundamentales como empresas, educación y tribunales, así que las funciones principales de un país deben funcionar en directo», reiteró.

Concluyó que dentro de un tiempo «terminaremos aislados en un cuarto, como si fuera una celda, pero los servicios online nos ayudarán a sentirnos libres».

TELESEGURIDAD

Preguntado sobre los temores de que trabajar desde casa pueda afectar la seguridad de las empresas porque sus datos serán expuestas a la red, Polonski se mostró indignado.

«Desde esta misma perspectiva, podemos llegar hasta desconectar el internet totalmente, o vamos a prohibir el alcohol porque hay menores que lo toman», ironizó.

Algunos expertos en la seguridad informática coinciden en que el riesgo no aumenta.

«Desde el punto de vista de la seguridad, este modo de funcionamiento no se debe considerar menos seguro, todo depende de las tecnologías y las soluciones que se toman para organizar el teletrabajo», dijo a Sputnik Serguéi Nikitin, jefe adjunto del laboratorio de la criminalística informática de Group-IB.

Nikitin subrayó que si una empresa cuenta con «un servidor de terminales con la autentificación de dos factores y un agente DLP [prevención de pérdida de datos], el teletrabajo no genera ningún riesgo adicional siempre y cuando los dispositivos de los empleados están protegidos».

«La mayoría de las empresas tienen los métodos para garantizar el teletrabajo para sus empleados, que fueron elaborados desde hace mucho tiempo considerando las cuestiones de seguridad, así que la tarea es solo expandir esta experiencia a mayor escala», señaló.

Por su parte, el experto de la seguridad antivirus de la empresa Kaspersky Denís Legezo advirtió que, «organizar el trabajo fuera de la oficina para los empleados puede generar algunos riesgos».

Legezo apuntó en un comentario a Sputnik que «una vez establecido este formato, aumentará el número de conexiones remotas con la oficina», lo que «requerirá medidas de seguridad adicionales por lo menos para las organizaciones que antes no ajustaban el teletrabajo o casi no lo usaban».

«Primero, a la infraestructura de la compañía se conectarán mucho más dispositivos potencialmente infectados, y segundo, aumentará el volumen de tráfico con estas organizaciones, que deberá mantenerse cifrado, por ejemplo mediante túneles VPN», afirmó.

VIRUS PSICOLÓGICO

Polonski advirtió que la pandemia del coronavirus no solo amenaza con afectar la salud física, sino también la salud mental de la sociedad.

«Debemos tener en cuenta que el coronavirus se convertirá en un virus psicológico, todos dejarán de confiar el uno en el otro», indicó.

Subrayó que la gente debe aprender mejor cómo mantener la comunicación a través del internet.

«Si no podemos comunicarnos online, la comunicación desaparecerá en sí, dejaremos de tener relaciones», indicó.

Al mismo tiempo, vivir en un aislamiento no es una práctica común, a algunos incluso puede parecer una tortura. El empresario afirmó que por el coronavirus cada uno tendrá «un montón del tiempo libre» debido al cambio del sistema de consumo y su reducción, y por el momento «la gente no ha aprendido usar su tiempo libre, incluso lo temen».

El político asevera que para que la sociedad aprenda a utilizar su tiempo libre, es necesario introducir la semana laboral de cuatro días.

«Cuando uno tiene un día libre [sin contar sábados y domingos ocupados por visitas a padres, compras, etc.], aprenderá organizar su espacio libre, ahora la gente no sabe hacerlo», apuntó.

Justo por ello, insistió el político, «introducir la semana laboral de cuarto días es vital desde el punto de vista de la psicología».

RECETAS DE OFICINA CASERA

En todo caso, numerosas empresas ya decidieron mantener sus operaciones remotas, y no solo por el coronavirus. Así, según un informe del español Adecco Group Institute, publicado esta semana, durante el cuarto trimestre de 2019 en España «se han registrado un 7,9% de personas ocupadas con teletrabajo».

«Esta cifra, que equivale a poco más de 1,5 millones de personas, supone un nuevo máximo histórico y un aumento interanual de cuatro décimas», dice el estudio.

Para muchos podría sonar como un sueño, pero en realidad trabajar desde casa no es tan fácil para aquellos acostumbrados a oficinas.

Según recomienda el medio digital vc.ru, lo importante es tener en cuenta que un trabajo remoto sigue siendo trabajo y no tiempo libre.

«No es que tienes ocho horas libres para tus asuntos personales o para cuidar a tu hijo. A lo mejor no vas a gastar tiempo para llegar a la oficina, pero (…) sigue siendo un trabajo, no debe mezclarse con los asuntos domésticos o personales», dice el medio.

Se indica que para organizar la rutina laboral en casa, hay que hacer un horario propio, que incluirá intervalos de tiempo que requerirán una concentración máxima. Las pausas en el trabajo deben ser regulares y reglamentadas de manera muy estricta.

Asimismo, va a ser necesario arreglar un puesto de trabajo, que será aparte del resto de la habitación. Hay que tener una mesa, silla, ordenador, preparar la papelería, asegurar que «el rincón de trabajo» tenga iluminación suficiente.

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MUNDO

La tradición del saqueo: Naturaleza depredadora del poder imperial

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– Actualidad, por Alberto Gómez R.

(Parte 1) A lo largo de la historia de la humanidad, el poder económico de los grandes imperios se ha construido frecuentemente sobre pilares tan sombríos como la guerra, el saqueo sistemático y el sometimiento de pueblos enteros.

Este patrón de comportamiento, visible desde los primeros imperios de la antigüedad hasta las potencias contemporáneas, revela una lógica de acumulación basada en la extracción violenta de recursos más que en la productividad o la innovación endógena.

El historiador económico Douglas North, citado en uno de los documentos analizados, señalaba que los imperios antiguos establecían sistemas burocráticos sofisticados que permitían la expropiación sistemática de excedentes de las regiones conquistadas.

En el mundo actual, Estados Unidos representa la última encarnación de este impulso imperial, aunque sus métodos hayan evolucionado hacia formas más sofisticadas de dominación económica y militar.

Como se advierte en el panorama actual, esta potencia estaría experimentando un rápido declive relativo en el escenario global, lo que intensificaría sus comportamientos depredadores hacia naciones ricas en recursos que se resisten a someterse a su hegemonía.

Venezuela, con las mayores reservas petroleras certificadas del planeta, se encontraría en la mira de este mecanismo de saqueo contemporáneo, al igual que lo estuvieron Irak, Libia y Siria en las últimas décadas, solo por citar algunos ejemplos.

LOS CIMIENTOS HISTÓRICOS DEL SAQUEO IMPERIAL

Los primeros grandes imperios de la historia establecieron las bases de lo que sería una larga tradición de explotación económica mediante la conquista. En Mesopotamia, Egipto, China y la India, surgieron estructuras estatales centralizadas que «legislaban, impartían justicia y ejecutaban sobre un extenso territorio que agrupaba a muchas ciudades» (eumed.net).

Estos imperios perfeccionaron sistemas de extracción de riqueza mediante tributos, esclavitud y control de las rutas comerciales.

El Imperio de Alejandro Magno ofrece un ejemplo temprano de cómo la conquista militar servía como vehículo para la acumulación de riqueza. Como se describe en los documentos, Alejandro y sus falanges macedonias conquistaron todo el Imperio persa en tan sólo ocho años, apoderándose de inmensos tesoros y estableciendo un sistema de control sobre territorios que se extendían hasta la India. Patrón similar exhibiría el Imperio Romano, que transformó el Mediterráneo en su «Mare nostrum» y extrajo recursos de todos los territorios conquistados, desde las minas de plata hispanas hasta los graneros egipcios.

Con la era de los descubrimientos, las potencias europeas perfeccionaron el arte del saqueo imperial a escala global. España y Portugal inauguraron lo que podría considerarse el primer «imperio global» de la historia: «por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes del mundo» (eumed.net).

El flujo de metales preciosos desde América hacia Europa financió las guerras y el desarrollo económico europeo durante siglos, a costa del exterminio y la explotación de poblaciones indígenas.

El Imperio británico llevaría este modelo a su máxima expresión, estableciendo una red global de colonias y territorios controlados que proveían de recursos naturales y mercados cautivos a la metrópoli. El comercio de esclavos, la extracción de recursos en condiciones de cuasi-esclavitud y la destrucción de industrias locales competitivas fueron algunas de las estrategias empleadas para consolidar su hegemonía económica.

ESTADOS UNIDOS, LA SUPERPOTENCIA DEPREDADORA

Estados Unidos emergió como potencia global practicando una versión modernizada del juego imperial tradicional. Bajo la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, se autoproclamó potencia hegemónica en América Latina y el Caribe, interviniendo militarmente en múltiples ocasiones para proteger sus intereses económicos. La diplomacia de las cañoneras y las intervenciones directas aseguraban el acceso a mercados, recursos y rutas comerciales estratégicas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, con las potencias europeas debilitadas, Estados Unidos ascendió a la condición de superpotencia global, rol que se consolidaría tras el colapso de la Unión Soviética.

Como se señala en uno de los documentos, «después de que se desintegrase la Unión Soviética a principios de 1990, Estados Unidos quedó como la única superpotencia restante de la Guerra Fría». Esta posición hegemónica le permitió moldear las instituciones internacionales a su medida y establecer un sistema económico global que privilegiara sus intereses.

La economía estadounidense se ha vuelto profundamente dependiente de lo que el presidente Eisenhower denominó el «complejo militar-industrial». Con un presupuesto militar que supera al de los siguientes diez países combinados, Estados Unidos ha convertido la guerra en un negocio extraordinariamente lucrativo para sus corporaciones de defensa.

Como se documenta en uno de los artículos revisados, la administración Biden ha solicitado al Congreso «842 mil millones de dólares para el Pentágono en el año presupuestario 2024», lo que representa «la solicitud más grande desde el pico de las guerras de Irak y Afganistán» (france24.com).

Este apetito insaciable por el gasto militar requiere enemigos externos y conflictos perpetuos, creando un círculo vicioso de intervencionismo que justifique tales desembolsos. Los resultados son visibles en las sucesivas guerras e intervenciones que han marcado las últimas décadas, desde Vietnam hasta Afganistán, pasando por Irak, Libia y Siria.

EL SAQUEO CONTEMPORÁNEO

La invasión de Panamá en 1989 constituye un ejemplo paradigmático de cómo Estados Unidos utiliza pretextos para justificar intervenciones militares que persiguen objetivos geoeconómicos estratégicos. Como se documenta extensamente en varios de los materiales consultados, la llamada «Operación Causa Justa» fue oficialmente justificada como una medida necesaria para detener el narcotráfico y defender la democracia.

El general Manuel Antonio Noriega, quien había sido durante años un aliado útil para Washington y colaborador de la CIA, fue convertido de pronto en enemigo público número uno. Como se describe en los documentos, Noriega «había sido aliado clave de Estados Unidos durante el final de la Guerra Fría, trabajando como agente de la CIA, al tiempo que tejía vínculos con el narcotráfico» (elnacional.com). Cuando dejó de ser funcional a los intereses estadounidenses, fue acusado de narcotráfico y derrocado mediante una invasión militar que causó entre 500 y 4 mil víctimas panameñas, según distintas fuentes.

El verdadero objetivo de la invasión, sin embargo, habría sido asegurar el control estratégico del Canal de Panamá en vísperas de su traspaso completo a soberanía panameña, previsto para el año 2000 según los Tratados Torrijos-Carter de 1977. Como se señala en uno de los documentos, estos tratados «condicionaba la defensa del canal de manera conjunta, a través de un tratado adicional, dando la posibilidad de intervenir militarmente en Panamá si la operación del canal se viese comprometida».

La invasión aseguró que, aunque panameño en papel, el canal permaneciera bajo control efectivo estadounidense.

Continuará…

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MUNDO

Inteligencia artificial: La arquitectura del nuevo orden mundial

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– Análisis, por Victor Hugo Celaya Celaya

El mapa del poder mundial se ha reorganizado. Hoy, la influencia no se mide únicamente en arsenales o acuerdos comerciales, sino en algoritmos y capacidad de procesamiento.

Nos enfrentamos a un nuevo tablero geopolítico y geoeconómico definido por tres grandes polos de poder: Estados Unidos, con su enfoque en el desarrollo tecnológico, las finanzas y la seguridad; China, que ha apostado por la manufactura avanzada, la innovación y la inversión masiva en infraestructura; y Rusia, que basa su estrategia en el control de energía, minerales estratégicos y su poder militar.

Esta reconfiguración global plantea preguntas cruciales para el resto del mundo. ¿Cómo coexistir con estos bloques? ¿Cómo aprovechar las corrientes de innovación que emanan de ellos sin sacrificar nuestra soberanía? Y, sobre todo, ¿cómo podemos acompasar nuestras políticas públicas y nuestros esfuerzos nacionales para no quedarnos atrás en esta nueva era de equilibrios de poder?

La visión de una «aldea global» que definimos en los años noventa, unida por la apertura del comercio, ha dado paso a una realidad más compleja. La interconexión actual se teje con redes de inteligencia artificial (IA), investigación científica y ecosistemas digitales.

Aunque las tensiones militares persisten, el verdadero campo de batalla se ha trasladado a la biotecnología, la robótica y, de manera central, a la inteligencia artificial. Esta revolución ya impacta nuestra vida diaria, transformando la educación, la salud, el trabajo y la seguridad. Ninguna sociedad puede sustraerse a ella.

LA CARRERA POR EL FUTURO: ESTRATEGIAS EN COMPETICIÓN

Cada una de las grandes potencias ha trazado una ruta clara para liderar esta era tecnológica, obligando al resto de los países a replantear la cooperación y la competencia.

Estados Unidos ha optado por un modelo que prioriza la innovación impulsada por su dinámico sector privado. En 2023, la inversión privada en IA en este país alcanzó los $67.2 mil millones, una cifra superior a la suma de los siguientes 14 países.

El gobierno actúa como un catalizador estratégico, como lo demuestra la Orden Ejecutiva 14110 para el desarrollo seguro y confiable de la IA, o la Ley CHIPS y de Ciencia, que destina más de $52 mil millones a revitalizar la fabricación de semiconductores, el hardware fundamental sobre el que corre toda la inteligencia artificial.

Esta estrategia se materializa en proyectos monumentales como ‘Stargate’, el centro de datos de $100 mil millones de Microsoft y OpenAI, o la Alpha School en Virginia, que ya personaliza el aprendizaje con IA.

China avanza con un enfoque centralizado y dirigido por el Estado, con la meta clara de alcanzar el liderazgo mundial en IA para 2030. A través de iniciativas como «AI+», integra soluciones de IA en sectores clave. El resultado es un ecosistema robusto: se estima que el valor de la industria de IA en China superará los $220 mil millones para 2026.

Este esfuerzo se refleja en su dominio de la propiedad intelectual, acumulando casi la mitad de todas las solicitudes de patentes de IA en el mundo. Gigantes tecnológicos como Baidu, Alibaba y Tencent no son solo empresas, sino instrumentos de la estrategia nacional para establecer estándares globales.

Rusia, por su parte, enfoca su estrategia de IA en la soberanía digital y la seguridad nacional. A través del proyecto nacional “Economía de Datos”, que se extenderá hasta 2030, busca reducir su dependencia de la tecnología extranjera e integrar la IA en sectores gubernamentales clave.

Más que competir en el mercado de consumo global, su prioridad es aplicar la IA para la optimización de sus industrias estratégicas (energía, defensa) y la administración pública. Su marco regulatorio es estricto y busca asegurar un uso responsable de la tecnología, priorizando el control estatal y el desarrollo de talento local a través de iniciativas educativas supervisadas.

La Unión Europea ha decidido jugar un papel distinto, posicionándose como el gran regulador global. Su enfoque no es competir en una carrera de velocidad, sino establecer las reglas del juego. Con su Ley de Inteligencia Artificial (AI Act), aprobada en 2024, introduce el primer marco legal integral para la IA, basado en niveles de riesgo. Este prohíbe aplicaciones consideradas inaceptables (como el «social scoring» estatal) y regula estrictamente los sistemas de alto riesgo.

Este poder normativo se complementa con fuertes inversiones a través de programas como Horizonte Europa y Europa Digital, que movilizan miles de millones de euros para construir una infraestructura de datos soberana bajo iniciativas como GAIA-X y apoyar a un ecosistema de IA «confiable y centrado en el ser humano».

EL DESPERTAR DE AMÉRICA LATINA: PRIMEROS PASOS

Frente a estas estrategias consolidadas, América Latina no es un simple espectador; la región ha comenzado a mover sus propias piezas. Aunque de manera desigual y con retos importantes, están surgiendo iniciativas notables.

En México, la coalición multisectorial IA2030MX ha impulsado una agenda para el desarrollo de una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. Polos de innovación como Monterrey y Guadalajara concentran talento y startups, mientras que universidades como la UNAM y el Tec de Monterrey lideran la investigación.

Otros países también marcan el paso. Chile fue pionero en la región al lanzar su Política Nacional de Inteligencia Artificial en 2021, centrada en el desarrollo de talento, la ética y la adopción de IA en la industria. Brasil cuenta con una robusta red de centros de investigación en IA y debate activamente un marco legal propio. Por su parte, Colombia ha establecido un marco ético para la IA en el sector público y promueve proyectos de datos abiertos para fomentar la innovación. Estos esfuerzos, aunque incipientes, demuestran una conciencia creciente sobre la urgencia de participar activamente en esta revolución.

DE ESPECTADORES A PROTAGONISTAS

Ante este escenario, la pregunta para nuestros países es ineludible: ¿nos conformaremos con estos primeros pasos o aceleraremos el ritmo para jugar un rol protagónico? Si queremos dejar de ser simples compradores de tecnología para convertirnos en creadores, necesitamos una hoja de ruta clara y acciones inmediatas.

La interconexión de hoy, definida por algoritmos, nos obliga a innovar. Para ello, es fundamental avanzar en tres áreas estratégicas:

  1. Formar talento e invertir en educación digital. Esto debe empezar desde la educación primaria y extenderse hasta los posgrados.
  2. Crear alianzas estratégicas entre universidades, gobierno y empresas. Los esfuerzos aislados son insuficientes.
  3. Diseñar políticas públicas con visión de futuro. Debemos impulsar el uso integral de la IA y desarrollar un marco ético sólido que garantice la equidad y la protección de datos.

Esto implica fomentar centros de inteligencia artificial que apoyen a startups y consoliden proyectos de investigación propios, aprendiendo de las experiencias globales. La tecnología no debe ser vista como algo «importado» o lejano, sino como un campo fértil donde podemos liderar.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórico. La inteligencia artificial está redefiniendo las reglas del desarrollo económico y social a una velocidad sin precedentes. No podemos permitirnos el lujo de la duda o la postergación. La tarea es clara: debemos alinear nuestros recursos, talentos y voluntades para integrarnos de manera soberana y estratégica a esta nueva era. Lo que hagamos, o dejemos de hacer, durante esta década determinará las oportunidades de las próximas generaciones.

 

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MUNDO

El dilema de Putin: ¿Paz con Trump o alianza con China?

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– Política Global, por Jorge López Portillo Basave

El miércoles habrá un gran evento en China para conmemorar el día de la victoria aliada vs Hitler hace 80 años. Como sabemos en la guerra contra los Nazis, Rusia y China fueron compañeros de lucha con EUA y casi todo Europa. Por eso es por lo que el propio Putin antes de ir a Alaska a ver a Trump pasó por el cementerio de soldados rusos y americanos caídos en la Segunda Guerra Mundial.

El 1 de septiembre era la fecha que Trump había puesto como referencia para saber si Rusia hablaba en serio. De hecho, tanto Francia como Alemania han dicho que parece ser que Estados Unidos tendrá que aplicar sanciones más severas contra Rusia, ya que no ha cumplido sus promesas para ver a Zelenski antes de este día.

Alemania ha ido más allá y ha dicho que Rusia ya está en guerra con Europa porque en fechas recientes ha habido ataques terroristas en contra de intereses alemanes en varios países de la región.

Dichos ataques habrían sido financiados por Rusia, según el nuevo canciller alemán, quien además ha asegurado que el modelo económico de regalar dinero a los ciudadanos por no trabajar era insostenible. Es decir, que Europa no está en su mejor momento económico. Esto lo digo porque una guerra es cara.

La OTAN celebra cada año en Francia la llegada de los aliados y el Día de la Victoria, pero pocas veces invitan a sus aliados de otros países (como Rusia y China), quienes también lucharon contra Hitler, Japón e Italia.

La fiesta en China será presenciada no solo por Xi Jinping quien la organiza, sino por varios líderes aliados o vecinos del momento, incluido Vladimir Putin, quien debe decidir si acuerda la paz con Trump para Ucrania o se sigue entregando en los brazos de China.

Irán, India, Corea del Norte, Rusia, China y otros 23, de un modo o de otro, no han querido aplicar sanciones a Rusia por la guerra de Ucrania o son aliados de China, por encima de EUA.

Sea lo que sea, parece que EEUU y Europa se preparan para la guerra esperando llegar a un acuerdo previo, pero incluso invirtiendo más en armas y hasta cambiando el nombre de sus secretarías de defensa por guerra, como lo anunció Estados Unidos para regresar al nombre de “Departamento de Guerra” en lugar de “Departamento de Defensa”, nombre que llevó desde 1947 a la fecha.

Una tristeza que no haya acuerdo en Europa por una u otra causa. Como lo hemos venido diciendo, China es el gran ganador de la guerra en Ucrania y en la paz sería el gran perdedor a menos de que logre reintegro con una Rusia arruinada.

EUA es claro, quiere hacer negocio con Rusia y con Ucrania, pero si no es por el comercio, será por las armas. Me hubiera gustado hablar de los temas de las drogas a menores para cambiar de sexo o el supercohete que con éxito despegó hace 4 días desde Texas en la carrera de las potencias para regresar a la Luna y llegar a Marte, pero creo que esta reunión y esta fecha serán determinantes para el futuro de Europa. Aunque las drogas para cambio de sexo pueden ser determinantes para el futuro de Occidente.

Por lo pronto, Rusia, el rebelde y agresivo, está viendo si da su amor a EUA o a China. Y en caso de hacerlo, habrá que ver si es duradero.

Por cierto, quiero felicitar al Papa León XIV por su cumpleaños. Espero ir a Roma a conocerle —al menos de lejos— y de ahí, si Dios quiere, a Tierra Santa. Los avances tecnológicos parece que no han ido de la mano con los avances, o mejor dicho, con el mantenimiento del sentido común. Hace mucho que no doy gracias a usted por su lectura y a este espacio por la oportunidad. De verdad, ¡muchas gracias! Feliz inicio del mes.

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