OPINIÓN
Juan Partida y la cuenta pendiente con los jubilados del Ipejal
Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
Juan Partida Morales se va del Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco (IPEJAL). Y lo hace tal como llegó: envuelto en polémica y dejando tras de sí más preguntas que respuestas.
La salida del exsecretario de Finanzas de Enrique Alfaro fue anunciada para finales de junio. En una carta fechada el 14 de junio, Partida Morales argumenta motivos “estrictamente personales y familiares”. Habla de dedicar tiempo a los afectos postergados y de iniciar una nueva etapa profesional.
Afirma, que deja al Instituto “en mejores condiciones, con un rumbo claro y un equipo humano capaz”.
Los jubilados, sin embargo, celebraron su partida. No es un detalle menor. Quienes han vivido de cerca la gestión de Partida en IPEJAL no comparten ese optimismo expresado en la carta de despedida.
Recordemos el contexto: Juan Partida llegó a la Dirección General presumiendo experiencia y conocimiento profundo del Instituto. Había sido consejero, presidente del Consejo Directivo y, sobre todo, hombre fuerte de las finanzas en el gobierno de Alfaro.
Se suponía que su llegada significaría la reingeniería financiera que el IPEJAL urgía para garantizar su viabilidad actuarial. Los estudios advertían que, sin cambios profundos, el Instituto tenía una esperanza de vida limitada.
Partida llegó con el discurso salvador. Hoy se va sin demostrar con números que haya cumplido esa promesa. Su carta de salida es un modelo de generalidades. Habla de “avances concretos”, “protección del patrimonio”, “recuperación de inversiones relevantes” y “fortalecimiento institucional”. Pero brilla por la ausencia de cifras concretas.
Ni un solo dato duro sobre el estado financiero real del Instituto. Ni reservas actuales, ni déficit actuarial actualizado, ni monto recuperado de las inversiones fallidas heredadas, ni impacto real de las supuestas mejoras en servicios médicos y procesos de pensiones.
Y esto que aquí apunto no es un detalle burocrático. Es una obligación moral y legal con miles de jubilados y pensionados que dependen de la solvencia del IPEJAL. Ellos tienen derecho a saber la verdad sobre su futuro.
La Asociación de Jubilados Libres, que encabeza Vicky Alcántara, ha sido enfática. Exigen rendición de cuentas clara y transparente. Entre las muchas interrogantes que flotan están:
- ¿Cuál es el monto real de las reservas actuales del Instituto?
- ¿Cuál es el déficit actuarial actualizado?
- ¿Cuánto dinero se ha recuperado efectivamente de las inversiones fallidas previas?
- ¿Qué pasó con los proyectos como Abengoa y otras inversiones problemáticas? ¿Cuánto se recuperó y cuánto sigue pendiente?
- En marzo pasado se transfirieron 300 millones de pesos para comprar propiedades en otros estados. ¿A nombre de quién? ¿Con qué criterio? ¿Qué rentabilidad generan para el Instituto?
- ¿Cuántas nuevas gerencias y direcciones se crearon durante su gestión? ¿Cuánto cuestan al erario y cuánto cobran sus titulares?
- ¿Es cierto que el Instituto destinó recursos millonarios a la construcción o adecuación del edificio de El Informador mientras se habla de crisis financiera?
- ¿Qué acciones concretas impulsó Partida como secretario de Hacienda para fortalecer al IPEJAL antes de llegar a dirigirlo?
- ¿Qué información tenía sobre la verdadera situación financiera del Instituto antes de asumir la Dirección General?
- ¿Cuál será el monto de su propia jubilación al salir del IPEJAL? ¿Es cierto que permaneció el tiempo necesario para alcanzar ciertos requisitos de jubilación?
Estas preguntas no son caprichosas. Son legítimas. Los jubilados no piden favores, exigen transparencia. Han visto cómo en los últimos años se crearon estructuras administrativas infladas, se tomaron decisiones de inversión cuestionables y se mantuvo una opacidad preocupante en el manejo de recursos que no son del gobierno en turno, sino de los trabajadores y pensionados.
Partida Morales presume haber protegido el patrimonio. Los jubilados preguntan con datos en la mano si eso es verdad o solo retórica. Hablan incluso de “terrorismo interno” y de decisiones tomadas sin el consenso suficiente en el Consejo Directivo, donde algunos sindicatos optaron por abstenerse en votaciones clave.
La salida de Juan Partida no puede ser una página que se voltea sin más. Es necesario un informe detallado, auditado y público. No basta con una carta elegante llena de lugares comunes. El Congreso del Estado, el Consejo Directivo del IPEJAL y, sobre todo, los propios jubilados merecen un ejercicio real de rendición de cuentas.
En Jalisco hemos visto demasiados casos donde funcionarios llegan, prometen, gastan, deciden y se van dejando instituciones heridas y ciudadanos desconfiados. El IPEJAL no puede ser otro ejemplo de esa cultura de la impunidad elegante.
Juan Partida Morales tiene la oportunidad —y la obligación— de cerrar su paso por el Instituto con transparencia. Que entregue un informe pormenorizado, con números claros, comparativos y auditables.
Que responda cada una de las preguntas que los jubilados han puesto sobre la mesa. Que demuestre que su gestión realmente dejó al IPEJAL en mejores condiciones y no solo con más burocracia y más dudas.
Mientras eso no ocurra, su salida no será vista como un retiro personal, sino como una evasión de responsabilidades. Los jubilados de Jalisco, que durante décadas sirvieron al Estado, merecen algo mejor que generalidades y silencios.
La transparencia no es un favor. Es una deuda. Y esa deuda, señor Juan Partida, aún está pendiente.





