CULTURA
Danco Duportai: Pinta los fragmentos de la memoria; presentó la obra «Lámpara de noche»
Por Luis Ignacio Arias
La noche del 12 de agosto, Víctor Haro Gallery presentó la exposición Lámpara de noche, del artista cubano Danco Duportai, en un evento que reunió a representantes de la escena cultural tapatía, galeristas y público interesado en la pintura contemporánea. La muestra, integrada por obras de distintos formatos, propone una reflexión sobre la memoria, la luz y la fragmentación del recuerdo.
La ceremonia inaugural estuvo encabezada por el anfitrión Víctor Haro y contó con la presencia de José Luis Coronado, director de Museos, Exposiciones y Galerías del Estado de Jalisco; Claudia Ángeles, directora de Galería Ike’ri; y Magda Moreno, directora de Galería Artisānia.

En la presentación se describió la exposición como un recorrido por “esa lucidez fragmentada” donde los recuerdos funcionan como “pulsaciones de luz, faros breves en medio de la oscuridad”.
En entrevista para Conciencia Pública, Danco Duportai explicó el concepto central de la exposición. Según el artista, Lámpara de noche surge de una metáfora íntima relacionada con la manera en que recordamos: “La lámpara nos hace como protagonistas de la propia escena, quedando lo demás como en penumbra.
Esa es la metáfora de la memoria, lo que pasa cuando estamos recordando. Tenemos tantos recuerdos y de vez en cuando hacemos como cierto enfoque sobre esos recuerdos, y entonces lo veo como una lámpara de noche que lo saca, que lo aísla de lo demás”.
Duportai señaló que la lámpara no es solo un objeto recurrente en su obra, sino un principio de iluminación conceptual: “Más que elemento, porque hay veces que la forma va variando, es lo que ilumina, o sea, lo que va iluminando”.
El artista detalló las técnicas que utiliza para construir la atmósfera de sus cuadros: “Trabajo mucho con el óleo y trabajo mucho con el acrílico y trabajo mucho con las veladuras para dar esta sensación de profundidad en las obras, que es algo típico en la memoria también, que es muy profunda”.
Esta búsqueda de profundidad se relaciona con la fragmentación de la imagen, tema que se destacó como parte esencial de su práctica artística: metáfora del paso del tiempo y de la transformación constante de lo recordado.

Uno de los aspectos comentados durante la inauguración fue el trabajo de Duportai en miniatura, un género que el artista reivindica y que generó interés entre los asistentes. El pintor expresó su satisfacción por la recepción del público: “Estoy supercontento con bastantes comentarios que he recibido sobre este arte de la miniatura, que también es un género de la pintura… aunque quizás no se hable mucho como de pinceladas y sí de puntadas o de tendido, como en el siglo XVIII que se hablaba mucho de este tipo de arte, que fue cuando estaba en su apogeo”.
Sobre la razón para explorar este formato, Duportai explicó: “La miniatura porque es algo muy íntimo. Siempre que ves en mi obra un cuadro muy grande, se trata de ver la memoria desde lo lejos. Es una acción performática. Te alejas para ver la memoria y te acercas para enfocar el recuerdo”.

LA DISTANCIA DEL RECUERDO
Esa relación entre el tamaño de las obras y la memoria introduce al espectador en una dinámica que va más allá de la contemplación. Frente a los grandes formatos, la mirada necesita tomar distancia para reconocer la totalidad de la imagen; ante las miniaturas sucede lo contrario: el visitante debe acercarse, detenerse y buscar los detalles.
El desplazamiento físico frente a las piezas termina reproduciendo, de alguna manera, el propio ejercicio de recordar. Hay memorias que aparecen como grandes escenas, reconocibles incluso desde la distancia, mientras otras permanecen escondidas y requieren un esfuerzo para volver a ellas. Son fragmentos que necesitan ser enfocados, como si la mirada funcionara precisamente como esa lámpara que da nombre a la exposición.
De esta manera, el formato deja de ser únicamente una decisión estética. La distancia entre la obra y quien la observa se convierte en parte de la experiencia: alejarse para contemplar la memoria y acercarse para encontrar el recuerdo. Duportai propone así un juego de escalas en el que aquello que parece pequeño puede contener una enorme carga emocional, mientras una imagen monumental puede funcionar como un territorio amplio en el que permanecen dispersos distintos momentos del pasado.
Entre las miniaturas expuestas destacan Manzana de la abuela, de 2 × 5 cm; Testigo, de 23.5 × 23.5 cm; No quiero volver a ser niño sin ti, de 20 × 34.5 cm; y Ahora sí, con la mirada fija en la moneda, de 38 × 33 cm, obra revelada durante la inauguración. Esta última funciona como complemento de El trayecto de la moneda, una pieza de gran formato (200 × 150 cm) que ya estaba expuesta en la sala. Ambas forman un conjunto conceptual: la obra grande presenta el territorio amplio de la memoria, mientras que la miniatura ofrece un enfoque íntimo y narrativo.
El anfitrión Víctor Haro explicó que la pieza revelada es “un anexo” de la obra mayor, lo que generó interés entre los asistentes, quienes se acercaron para observar la relación entre ambas.
La exposición incluye también obras de formato medio y grande que amplían el espectro visual de la muestra: La espera de 7 navidades, Recordar, El cerdo y la guayaba y Liberarie, entre otras. Estas piezas continúan la exploración de la memoria, la soledad y la fragmentación, temas que Duportai ha trabajado en su trayectoria internacional.
DE CUBA A GUADALAJARA
La obra presentada en Guadalajara forma parte de un recorrido artístico que comenzó lejos de Jalisco. Duportai, originario de Holguín, Cuba, construyó su formación en un país con una amplia tradición en las artes plásticas y posteriormente llevó su trabajo fuera de la isla, estableciendo un diálogo con públicos y espacios culturales de distintos países.
Ese tránsito resulta significativo en una exposición dedicada precisamente a la memoria. El recuerdo adquiere una dimensión distinta cuando se observa desde la distancia geográfica: lugares, personas, objetos cotidianos y episodios familiares pueden adquirir nuevos significados conforme transcurre el tiempo y cambia el lugar desde el cual son evocados.
Guadalajara representa ahora otro punto dentro de ese recorrido. La presencia de Duportai en la escena cultural tapatía permite que una obra construida a partir de recuerdos y experiencias personales dialogue con un público distinto al de su lugar de origen. La exposición se convierte así también en un encuentro entre geografías: la memoria que nace en Cuba y una mirada que encuentra nuevos interlocutores en México.
El artista, originario de Holguín, Cuba, es egresado de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro en La Habana y ha participado en exhibiciones en Cuba, Surinam, España y Florida. Su obra forma parte de colecciones en el Líbano, Países Bajos, Alemania, Estados Unidos y Colombia.
Durante la inauguración, José Luis Coronado destacó la importancia de la colaboración entre galerías y artistas en la escena local: “Me da muchísimo gusto que estén haciendo este trabajo colectivo… la escena cultural local necesita mucha más colaboración”.
Por su parte, Claudia Ángeles subrayó la integración del artista a la comunidad tapatía: “Yo ya lo siento más tapatío”. Duportai agradeció a los presentes y dedicó la exposición a sus padres, señalando que la serie está inspirada en una historia familiar que atraviesa su obra: “Esta serie empezó muy inspirada posiblemente en una historia de mi padre, de mi mamá y de mí”.
LA MEMORIA TAMBIÉN ES FAMILIA
La referencia a sus padres permite observar Lámpara de noche desde una dimensión todavía más íntima. La memoria que aparece en la exposición no se plantea solamente como una reflexión conceptual sobre el paso del tiempo, sino como una experiencia ligada a los afectos, a la familia y a aquellos episodios personales que permanecen incluso cuando los años modifican la manera de recordarlos.
Los propios títulos de algunas piezas sugieren ese territorio emocional. Manzana de la abuela, La espera de 7 navidades o No quiero volver a ser niño sin ti remiten desde el lenguaje a escenas, ausencias y vínculos personales. No ofrecen necesariamente un relato completo al espectador; funcionan más bien como pequeñas puertas hacia una historia que permanece parcialmente iluminada y parcialmente escondida.
Ahí vuelve a cobrar sentido la metáfora de la lámpara. Recordar no significa recuperar intacto el pasado. Significa iluminar una parte de él mientras muchas otras permanecen en penumbra. Un objeto, una persona, una frase o una imagen pueden aparecer con enorme claridad mientras el resto de la escena se vuelve difuso.
En ese terreno se mueve la propuesta de Duportai: entre lo que permanece y lo que se desvanece; entre aquello que puede observarse desde lejos y aquello que obliga a acercarse; entre la memoria como construcción personal y el recuerdo como vínculo con quienes forman parte de nuestra propia historia.
La inauguración concluyó con el corte de listón y la revelación de la miniatura y Ahora sí, con la mirada fija en la moneda, un momento que reunió artistas, invitados y representantes institucionales alrededor de la propuesta de Duportai. Con esta exposición, el artista amplía su presencia en Guadalajara y consolida un diálogo con la comunidad plástica local a través de una obra que continúa explorando la memoria, la luz y la intimidad desde distintos formatos y enfoques visuales.





