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OPINIÓN

Las jugadas políticas de AMLO

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De primera mano, por Francisco Javier Ruiz Quirrin

Alguna vez se ha comentado acerca de la reacción que tendría Andrés Manuel López Obrador si acaso su sucesora, Claudia Sheinbaum, decidiera dar por terminada esa perversa relación política que se asemeja a un maximato, porque el expresidente conserva y antepone un poder real, no ficticio.

Como los hechos lo han evidenciado, ella ha estado obligada a sacar la cara por él y, palabras más, palabras menos, la actual presidenta de México no puede ejercer su propio estilo de gobernar porque lleva un grillete monitoreado desde Palenque, Chiapas.

Es una sujeción que ha sido inocultable desde la pasada campaña presidencial. Como botón de muestra está la imposición de Clara Brugada como candidata de Morena a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, a pesar de que la propuesta de doña Claudia —Omar García Harfuch— ganó contundentemente el proceso selectivo interno.

También, en aquel tiempo, se designó a la nueva presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Aunque la presidenta de la República está imposibilitada legalmente para presentar una propuesta, trascendió su preferencia por Nashieli Ramírez Hernández, presidenta de esa comisión en la Ciudad de México, quien cumplía con la preparación académica y la trayectoria en la materia.

A pesar de eso, se impuso la reelección de Rosario Piedra Ibarra, quien no había aprobado las pruebas establecidas dentro del proceso.

En ambos casos, la señora Sheinbaum guardó silencio. Podría esperarse que llegara su tiempo en Palacio Nacional para hacerse del timón de este barco y conducirlo a su manera. No ha sido así.

La entonces candidata presidencial actuó de manera inteligente y prudente, porque ella misma, o quizá alguien, le recordó que la historia registra tragedias que se desprenden de la soberbia en el poder.

Por el cúmulo de acontecimientos de las últimas semanas, que han integrado un cóctel de muerte política para López Obrador, se puede concluir que el expresidente, en su vulnerabilidad, ha maquinado una estrategia para blindarse ante la amenaza real de ser llevado ante los tribunales de Estados Unidos.

El Departamento de Estado de los vecinos del norte canceló la visa a “Andy”. No se necesitan dos dedos de frente para llegar a la conclusión de que “acercaron la lumbre” a AMLO, quien es el que realmente interesa al “Tío Sam”.

El general Gerardo Mérida, al dejar la reclusión en una cárcel estadounidense y ser trasladado a un domicilio, demostró su conversión en “testigo protegido”, condición que solo se logra mediante un acuerdo para ofrecer la información privilegiada exigida por el gobierno estadounidense.

¿Se imaginan lo que puede revelar un general de división que, en su momento, fue operador de inteligencia militar y secretario de Seguridad del gobernador Rubén Rocha Moya?

Al mismo tiempo, la presidenta autoriza el viaje de Omar García Harfuch para atender una convocatoria de la DEA en Buenos Aires, Argentina, en la que Terrence Cole, titular de esta agencia estadounidense, califica al secretario de Seguridad mexicano como un “amigo confiable”.

Junto con pegado, el gobierno argentino, encabezado por un adversario de la 4T como lo es el presidente Javier Milei, concede la extradición a México de Fernando Farías Laguna, detenido en aquel país y señalado como operador del “huachicol fiscal”, en el que estaría involucrado, entre otros, el secretario de Marina durante el sexenio de López Obrador, Rafael Ojeda Durán.

¿Quién es la única figura que puede salvar a AMLO? Sin duda, la presidenta. ¿Cómo obligarla a hacerlo en una crisis de esas dimensiones? Presionándola. ¿Cómo? Generándole un gran conflicto con el gobierno del presidente Donald Trump.

Fue así como se planeó el regreso de Rubén Rocha Moya al Palacio de Gobierno, en Culiacán. El mensaje a Trump sería terrible: “No solo no entregas a Rocha, sino que retas a Estados Unidos envolviendo en la impunidad a un narcogobernador”.

Lo demás fueron consecuencias: la condena de la propia presidenta; el mensaje de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien precisó que la decisión de Rocha había sido tomada a título personal; la misma actitud asumida por la dirigencia nacional de Morena y, como remate, el desplegado de todos los gobernadores de la 4T, quienes pintaron su raya con aquel a quien habían apoyado incondicionalmente meses atrás.

López Obrador está seguro de haber sacado a su hijo de los espacios periodísticos y de haber minimizado los temas que lo señalan como el presidente más corrupto de la historia.

Finalmente, horas después de su regreso, Rocha solicitó de nuevo licencia para separarse de su cargo “en forma definitiva”, retomando las palabras de la presidenta en su “mañanera” de este martes y añadiendo el argumento de que está siendo investigado por la Fiscalía General de la República.

Claudia Sheinbaum ha tenido en sus manos la oportunidad de hacer a un lado, de una vez por todas, a López Obrador, y cuenta con sobradas razones para ello, pero sigue actuando de manera prudente, simple y sencillamente porque AMLO conserva y ejerce un poder extraordinario.

Una “traición”, a estas alturas, aún tendría consecuencias incalculables.


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