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Poder, polémica y negocio: Los cuatro jinetes del apocalipsis del futbol mexicano

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Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza

Como todo en la vida, existen los buenos y los malos; no nos referimos al tema teológico, sino al comportamiento personal de cada individuo. Los primeros son positivos y los segundos negativos: ven el vaso medio lleno o medio vacío. Los cuatro jinetes del Apocalipsis de nuestro fútbol nacional son los federativos, la prensa, el arbitraje y la afición.

En ese orden de ideas trataremos de conceptualizar las funciones y el proceder de cada grupo de manera puntual, ya que juntos conforman un todo. Los federativos, dueños de equipos, son los amos del balón y quienes conducen el destino de nuestro fútbol.

Si bien es una actividad empresarial de particulares, están supeditados, como todos, a pagar impuestos al gobierno. En este ámbito, la trampa y el ardid juegan un papel muy importante en la evasión fiscal desde siempre, con las nóminas de sus futbolistas y cuerpo técnico, pues nunca son claras ni transparentes las percepciones económicas que reciben unos y otros.

La televisora que maneja al equipo América, que es un monopolio empresarial, lidera a un grupo al que le paga a cada uno de ellos los derechos de transmisión de sus encuentros de manera legal. Tiene fundaciones aparentemente altruistas que no lo son tanto, en las que deducen impuestos millonarios, como “Gol para la Educación”.

La cuestión es que manejan recursos provenientes de donativos y demás, como el “Teletón”, también de manera cuantiosa y generosa, incluyendo sus edificios donados por los gobiernos de cada estado, donde tienen instalaciones gratuitas para el paciente, con alianzas de empresas y particulares que donan recursos para tal fin, incluyendo —repito— a los propios gobiernos estatales que aportan su cuota.

Las arbitrariedades de los federativos, con la exageración de jugadores extranjeros al por mayor en cancha —hasta siete—, dejan al nacional con mínimas oportunidades en su propio país. Resulta, a todas luces, una imposición que va en detrimento del fútbol mexicano, al tener un universo reducido para la conformación de su representativo nacional. Y la peor decisión fue eliminar el descenso, perjudicando a la Liga de Expansión.

La prensa deportiva tiene mucho que ver en la manipulación y enajenación de determinados equipos, incluyendo la selección nacional, para bien o para mal; casi siempre es lo segundo.

Lo que resulta extraño es que empresas serias, de prestigio internacional como ESPN, tengan personajes tan negativos y detestables que no sólo opinan o critican, sino que conducen programas como “Fútbol Picante”. Sin embargo, en realidad cuentan con un equipo de comentaristas de primer nivel, incluyendo, en el ocaso de su brillante carrera, al polémico y controvertido “Joserra”. Y qué decir de los exfutbolistas liderados por Gómez Junco, Rafa Puente, Borgetti, De Anda, Hugo Sánchez, Ricardo Peláez y Mario Carrillo. Algunos se convirtieron en directores técnicos y otros en directivos, entre varios analistas veraces y objetivos.

Álvaro Morales se “cuece” aparte: un acomplejado comentarista negativo y amargado. Según él, tomó el curso de director técnico; suponemos que lo realizó con los esquimales que viven en Alaska, porque no sabe absolutamente nada de fútbol. El documento lo firmaron “osos blancos, focas y pingüinos”.

Al “Tala” Rangel, el aparente titular del Tri, de igual manera lo ha “destrozado” con sus comentarios, destacando el error —que fue evidente— en el clásico tapatío, cuando quiso salir jugando el esférico y entregó un balón comprometido. De inmediato, el delantero atlista le quitó el balón para disparar y anotar el único tanto rojinegro. Su “editorial” tardó varios minutos en exponerlo, mientras elogiaba sobremanera a Luis Malagón, a quien, como fan del América, promueve como su portero. Por cierto, se coló en su cumpleaños y ahora son friends.

David Faitelson es el otro amargado recalcitrante que nació en Canal 13, junto con el finado André Marín, hijos putativos de José Ramón Fernández, hechos por el antiamericanista de su papá adoptivo. Irónicamente, terminó en Televisa.

Gustavo Mendoza, comentarista de Fox Sports, es prosaico, morboso y vulgar, además de acomplejado. Se vanagloria a sí mismo; la “tablet” es su compañía permanente. De repente aparece como conductor, pero no sabe manejar un programa ni dar la palabra a sus compañeros panelistas, por lo que termina volviéndose protagónico.

Televisa tiene personajes importantes, conocedores profundos del tema, liderados por Francisco Javier González, Rafa Puente Jr., Raúl Pérez, Paco Villa (RIP), Antonio Nelly y el novel Vaca, buen conductor, pasional y entregado, entre otros.

Mención honorífica y especial para Emilio Fernando Alonso, de TUDN: un personaje culto, serio y profundo conocedor del tema, con sangre periodística heredada de su señor padre, Emilio Fernando Avilés. Nacido profesionalmente en TV Azteca y ESPN, actualmente está en Televisa narrando los encuentros de la Liga MX para Estados Unidos. Emilio está apenas un pequeño escalón debajo del inolvidable Ángel Fernández y del “Perro” Bermúdez, entre los mejores de todos los tiempos.

Hablar del arbitraje —o, en este caso, escribir de ello— es crítica absoluta para los también llamados “nazarenos”, quienes tienen la sombra permanente de la corrupción. Sus decisiones no sólo resultan polémicas, sino determinantes en campeonatos, como lo es, sin duda, el caso del “Gato” Ortiz.

Con el equipo América es más que leyenda: una realidad de la “grandeza” de ese club, que mayormente en su historia ha sido favorecido. A tal grado que un jugador suyo, Pablo Aguilar, agredió a un árbitro con un cabezazo. En automático, la sanción era de un año de castigo; sin embargo, el ego y capricho del América se rebelaron contra la Comisión de Arbitraje, protestaron el castigo e incluso fueron al TAS, en Suiza. Con gran influencia, lograron reducirlo a sólo diez juegos de suspensión.

Por último, la afición: una parte es conocedora y la otra es resultadista, pues no admite derrotas de sus equipos favoritos, incluyendo a la selección nacional. De inmediato le dan la espalda y exigen triunfos en todos los torneos.

Los jóvenes actuales son irreverentes y no respetan ni a su propia madre. En pleno encuentro, con los “oles” y el marcador adverso de la representación nacional, abuchean y aparece el grito homofóbico; incluso los infantes participan. La juventud no es experta por desconocimiento de causa y falta de sentido común. Cegados por el “despapaye y relajo”, carentes de identidad propia, son aficionados de ocasión, más no de convicción: sólo viven el momento. Si a ello agregamos que van a los estadios a “beber como cosacos” y a reventar a todos, el panorama es aún más preocupante.

Por cierto, una pena la lesión de Luis Malagón, portero del tricolor, quien estará fuera de la justa mundialista.

E-mail: etrememodelos@hotmail.com

 


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