OPINIÓN
Mundial para personas desaparecidas
Opinión, por Rocco Palomera
Me parece increíble que el Gobierno de Jalisco suspenda clases y otorgue a sus funcionarios un día de asueto con motivo de los partidos de la Copa Mundial de Futbol que se celebrarán en el Estadio Guadalajara. La decisión evidencia cuáles son las prioridades institucionales cuando se trata de movilizar recursos, modificar agendas y convocar a la sociedad.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué no mostrar la misma determinación frente a una de las tragedias más dolorosas que vive nuestro estado?
Me gusta la idea del asueto, pero me gustaría todavía más si sirviera para algo verdaderamente urgente. Que por un día dejáramos nuestras actividades cotidianas para salir a buscar a quienes siguen ausentes. A las personas desaparecidas, no localizadas o retenidas por grupos criminales. Que la energía colectiva que suele despertar el futbol se transformara en solidaridad y exigencia ciudadana.
Imagino a miles de personas recorriendo calles, plazas y colonias con el mismo entusiasmo con el que celebran una victoria de la Selección Mexicana. Veo a mujeres y hombres portando fotografías en lugar de banderas, levantando la voz por quienes no pueden hacerlo, reclamando respuestas y resultados. Veo una multitud llegando a la Glorieta de la Minerva, ocupando el espacio público durante horas, no para festejar un gol, sino para exigir que cada jalisciense desaparecido sea buscado con toda la fuerza del Estado.
Imagino a la sociedad actuando con la misma coordinación que demuestra cuando llena avenidas para cantar, bailar y compartir una alegría deportiva. Así como miles corean canciones después de un triunfo, sería esperanzador observar esa misma unidad para exigir que no se siga rompiendo el corazón de tantas familias. Que no continúe creciendo el número de hogares incompletos. Que no se normalice una realidad que hace apenas algunos años habría parecido inimaginable.
Porque la realidad ha superado cualquier relato de terror. Las fosas clandestinas descubiertas en distintos puntos del país son una prueba dolorosa de la profundidad de la crisis. Detrás de cada hallazgo existe una historia interrumpida, una madre esperando noticias, un padre aferrado a la esperanza, hijos que siguen preguntando cuándo volverá quien un día salió de casa y nunca regresó.
Por eso resulta imposible no contrastar el entusiasmo que despierta un evento deportivo con la indiferencia que muchas veces rodea esta tragedia humana. El futbol emociona, une y genera identidad. Nadie discute su importancia cultural ni el impacto económico que representa un Mundial. Sin embargo, también es necesario preguntarnos qué mensaje enviamos cuando una competencia deportiva recibe más atención, recursos y movilización que la búsqueda de miles de personas.
Ojalá los jaliscienses mostráramos la misma solidaridad con las familias buscadoras. Ellas no descansan. Escarban la tierra bajo el sol, recorren caminos, revisan indicios y sostienen una lucha que corresponde principalmente a las autoridades. Lo hacen impulsadas por el amor y por la necesidad de encontrar respuestas. No buscan privilegios ni reconocimiento. Buscan a sus seres queridos.
Ojalá el Gobierno de Jalisco pusiera el ejemplo a nivel nacional. Que decretara jornadas extraordinarias de búsqueda. Que instalara pantallas gigantes en la Plaza Liberación para difundir fotografías e información de quienes faltan. Que convirtiera cada espacio público en un recordatorio permanente de la deuda que existe con miles de familias. Que el Gobierno Federal también redoblara esfuerzos y entendiera que cada caso representa una vida, una historia y una ausencia que duele.
Sé perfectamente lo que significa un Mundial de Futbol. Conozco la emoción, la mercadotecnia, los intereses económicos, el espectáculo y la diversión que lo rodean. Pero también sé que ninguna celebración debería hacernos olvidar lo esencial. Ningún partido, por importante que sea, vale más que una vida humana. Y mientras existan miles de familias esperando encontrar a quienes les faltan, la verdadera victoria seguirá pendiente.





