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CULTURA

Johana Plascencia: «El muralismo evolucionó hacia lo comercial y perdió su sentido crítico»

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Por Gabriel Ibarra Bourjac

Johana Plascencia no es una muralista convencional. Su propuesta artística, cargada de una profunda conciencia crítica, no busca meramente la estética, sino que se erige como una trinchera desde la cual diseccionar las heridas de la sociedad mexicana contemporánea.

Con una formación dual en Artes Visuales y Ciencias Sociales, Plascencia ha logrado integrar la investigación sociológica y el análisis de la criminología en cada trazo, convirtiendo sus murales en narrativas visuales que denuncian desde la crisis de desapariciones en Jalisco hasta las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad.

Para la artista, el muralismo que hoy se consume en México corre el riesgo de caer en la frivolidad y la decoración comercial, divorciándose de su función original: ser una herramienta de alfabetización política y un vehículo de historia viva. Bajo esa premisa, Plascencia reivindica el legado del muralismo crítico de David Alfaro Siqueiros, distanciándose de la visión ornamental que, a su juicio, ha despojado a esta disciplina de su capacidad subversiva y su compromiso con las mayorías.

En esta entrevista, la también académica y activista reflexiona sobre el papel del artista en tiempos de deshumanización e individualismo exacerbado.

Johana Plascencia defiende la necesidad de un arte “intelectualizado” y documentado, que no le tema al análisis profundo de las ideologías, el Estado y las condiciones materiales que moldean la realidad. Lejos de la desesperanza, sostiene que la labor del artista es fungir como un agente de cambio que, a través de la técnica y la convicción, colabore en la reconstrucción de una conciencia colectiva.

Con la preparación de un libro sobre Cultura, Estado e Ideología en puerta, Johana Plascencia reafirma que su compromiso no es con la belleza contemplativa, sino con el juicio crítico. Su obra, que abarca desde espacios monumentales hasta propuestas de denuncia social, es un testimonio de que el arte, para ser verdaderamente trascendente, debe ser, ante todo, una postura política frente a las injusticias de su tiempo.

EL MURAL DEBE PLASMAR VISIÓN CRÍTICA

Gabriel Ibarra Bourjac (GIB): Johana, ¿cómo influye tu formación en ciencias sociales y en ciencias del delito en la conceptualización y el mensaje de tus murales?

Johana Plascencia (JP): Influye porque mi especialización es la investigación, la ideologización, la cultura y los movimientos sociales. Al realizar una investigación sociológica, histórica y política —con archivos, documentos y trabajo de campo—, logro una visión crítica de las condiciones del presente en relación con las estructuras del pasado.

El gran reto es trasladar esa investigación a formas que sean entendibles para el espectador. Las ciencias del delito, aunque no es una formación común en artistas, me ayudan a observar la parte más oscura de la sociedad; me permiten ver que nada está separado: el Estado, lo social, lo político y la historia están interconectados. Mi muralismo no es pasado, es presente, y uso el arte para denunciar lo que no debería estar ocurriendo, como el tema de las desapariciones, que es una arista central en mi obra.

GIB: Antes de ser muralista, te preparaste, estudiaste artes y fuiste pintora. ¿Cómo llega el muralismo a tu vida?

Johana Plascencia. Siempre he sido una persona muy crítica, fui activista desde la preparatoria. Sin embargo, el muralismo no es solo pintar en un muro; requiere técnicas específicas, tanto teóricas como prácticas, para garantizar la perdurabilidad de la obra. Mi primer mural lo realicé a los 23 años en Metzitlán, Hidalgo, mediante un proyecto del INAH; fueron 370 metros cuadrados.

Ahí entendí que el contacto con la gente, con sus vivencias y necesidades, es lo que permite que una obra tenga una postura política e histórica. Sin esa interacción social, seríamos solo «artistas de aparador», y en estos tiempos, eso no es aceptable.

GIB. En preparatoria fuiste crítica, actuante…

Johana Plascencia. Era una persona indignada por las injusticias sociales y lo sigo haciendo.

CORAJE, CONVICCIÓN, PASIÓN Y RAZÓN

GIB.  El coraje no lo has perdido. Ni la convicción ni la pasión.

Johana Plascencia. Tres cosas características me mueven: Coraje, convicción, pasión.  Y razón sobre las tres. Así. Nada más. El muralismo… Estudié yo la carrera en artes visuales.

GIB. Sin embargo, el muralismo es algo que vas practicando y vas ejerciendo.

Johana Plascencia. Porque no es lo mismo la idea de que cualquier obra que esté pintada en un muro es muralismo. El muralismo tiene técnicas, tiene maneras de permanecer. Tiene cosas muy específicas que debes aprender para llevarlo a cabo. Tanto en lo teórico como en lo práctico. En lo teórico es el argumento histórico-político que mencionaba. En la parte práctica son técnicas ancestrales que hacen la perdurabilidad en la obra. Y eso junto te da una construcción. ¿Cómo llego al muralismo? Yo estaba bien chavita, sinceramente. Mi primer mural me lo dieron a los 23 años. Y en un azar, me invitaron en algún momento.

GIB. ¿Dónde habías pintado? 

Johana Plascencia. Pintaba en caballete. Pero tú veías mi obra de caballete y era igual de crítica.

SU IDENTIFICACIÓN CON SIQUEIROS

GIB: De los tres grandes muralistas mexicanos, ¿con cuál te identificas más?

JP: Con Siqueiros, sin duda. Rivera fue un traidor; está documentado que pasaba información a la CIA y que se movía entre intereses públicos y privados. Orozco era técnicamente maravilloso, pero nunca tuvo la postura radical que se necesitaba. Siqueiros, en cambio, era militante, activista y un intelectual subversivo. Además de pintar, escribía. Me identifico con él porque mi visión es tratar de hacer del arte algo más que una mera contemplación; busco ser un agente de cambio político.

GIB: ¿Cómo ves la evolución del muralismo en México después de esa época dorada?

JP: El muralismo evolucionó hacia lo comercial y perdió su sentido crítico. La función inicial, con el plan de Vasconcelos, era alfabetizar y despertar conciencia. Hoy, el muralismo ha dejado las formas figurativas por abstracciones y texturas que generan un desapego en el espectador, sumergiéndose en una dinámica de mercantilismo donde importa la producción y no el contenido. México no ha logrado posicionar otra corriente con la misma fuerza, y hoy lo que vemos en muchas avenidas es pintura decorativa, sin trasfondo histórico ni hilo conductor. Falta un discurso real.

NO PIERDE EL OPTIMISMO

GIB: ¿Cuál es tu estado de ánimo sobre el futuro de la sociedad, pese al panorama de deshumanización y frivolidad que vemos?

JP: Soy optimista porque sigo creyendo en la gente y porque sé que hay muchas personas luchando desde sus propios campos. Todo tiene ciclos, y aunque vivimos una etapa de mucha deshumanización, individualismo y distopía, esta tiene que ser contrarrestada poco a poco con acciones concretas: desde los murales, los artículos y los libros. La suma de muchas luchas es lo que logra mejorar las condiciones de vida.

SIN MOVIMIENTOS DE MASAS

GIB: ¿Cómo analizas la relación actual entre ideología, cultura de masas y movimientos sociales?

JP: Hoy no tenemos movimientos sociales de masas como hace décadas, cuando se luchaba por derechos universales como salud, trabajo o distribución de riqueza. Tenemos movimientos fraccionados, centrados en ideologías de identidad que, si bien defienden causas legítimas, muchas veces no tienen un impacto en la mayoría de la población ni buscan una distribución de capital. En mi libro sobre el postmodernismo, abordo precisamente cómo estas visiones han roto el ritmo de lo colectivo y han transformado la lucha social en la búsqueda de derechos puramente culturales o identitarios.

GIB: ¿Qué consejo les darías a los estudiantes que sueñan con ser muralistas?

JP: Que salgan del arte. Que se percaten de que el arte no es solamente lo estético y lo bello. Que el arte es político, es social, es subversivo, es ruptura. Que se atrevan a tomar una postura. Eso es lo que les diría.


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