OPINIÓN
La revolución que ya comenzó: El imperativo circular, su desarrollo en América Latina y México
Actualidad, por Alberto Gómez R.
La economía circular, un concepto que alguna vez habitó los márgenes del pensamiento ambientalista, se ha consolidado como una de las megatendencias más transformadoras del panorama económico global.
Lejos de ser una simple estrategia de reciclaje, este modelo propone una reingeniería fundamental de los sistemas de producción y consumo, desafiando el paradigma lineal de «extraer, producir, usar y desechar» que ha dominado desde la Revolución Industrial.
Esta transición no es meramente una opción ética o ecológica, sino una necesidad económica y estratégica ante la creciente escasez de recursos, la volatilidad de los precios de las materias primas y la presión regulatoria internacional.
Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señala que la economía mundial sigue siendo abrumadoramente lineal, generando más de 2,000 millones de toneladas de residuos al año, cifra que se prevé aumente a 3,400 millones para 2050 (PNUD, 2025).
El ascenso global de la economía circular
A nivel mundial, la economía circular ha pasado de ser una aspiración a convertirse en un imperativo empresarial y gubernamental. El tamaño del mercado global de soluciones de economía circular se estimó en 2.7 billones de dólares en 2024, con proyecciones que apuntan a un crecimiento hasta los 5.8 billones para 2034, a una tasa compuesta anual del 8.2 % (Global Market Insights, 2025).
Este crecimiento es impulsado por una confluencia de factores: la presión regulatoria, la escasez de recursos y una demanda creciente de los consumidores por soluciones sostenibles.
Sin embargo, la realidad dista de ser ideal. El Circularity Gap Report de 2025 revela una paradoja preocupante: apenas el 8.6 % de la economía mundial es verdaderamente circular, una cifra que ha ido decreciendo desde el 9.1 % en 2018 (Global Zero Waste, 2025). Como señala un análisis de Forbes, 2025 no fue el año de avance que muchos activistas esperaban y las conversaciones para un acuerdo internacional vinculante sobre contaminación plástica terminaron sin consenso.
El experto Rob Opsomer, de la Fundación Ellen MacArthur, describe una «minoría pionera» que ha logrado avances significativos, representando aproximadamente el 20 % del mercado, mientras que el 80 % restante no está tomando las mismas medidas y existen barreras sistémicas que ninguna empresa puede superar por sí sola (Hailstone, 2025).
La Unión Europea se perfila como el líder indiscutible en esta transición, con la ambición de duplicar su tasa de circularidad del 12 % al 24 % para 2030 (DIHK, 2026). Por su parte, China, el gigante asiático, ha desplegado un ambicioso plan para que en 2030 su industria de reciclaje de recursos alcance una producción de 8 billones de yuanes (aproximadamente 1.2 billones de dólares), integrando la economía circular en su estrategia para alcanzar el pico de emisiones de carbono antes de esa fecha (China Daily, 2026). Este impulso global, aunque desigual, demuestra que la circularidad ya no es una tendencia marginal, sino una condición necesaria para la competitividad futura.
Como advierte el Foro Económico Mundial, para 2030 no ser circular no solo se percibirá como irresponsable desde el punto de vista ambiental, sino que pondrá de manifiesto debilidades operativas y erosionará la competitividad (Foro Económico Mundial, 2025).
América Latina: entre el potencial y la deuda histórica
América Latina y el Caribe (ALC) se encuentran en una encrucijada crítica. La región, una de las de más rápida urbanización del mundo, con más del 80 % de sus 665 millones de habitantes viviendo en ciudades, enfrenta una presión sin precedentes sobre sus recursos naturales. Históricamente dependiente de la extracción de recursos y la exportación de materias primas, la región ha visto cómo su biodiversidad ha declinado en un 94 % desde 1975, una cifra sustancialmente superior a la pérdida observada en otras regiones.
El consumo de recursos per cápita, que ya era de 12.5 a 14 toneladas en 2015, se proyecta que aumente a 25 toneladas, muy por encima del rango de 6 a 8 toneladas considerado sostenible (Springer, 2025).
Este modelo de desarrollo, basado en la exportación de commodities, ha generado una paradoja: la región posee una riqueza natural inmensa, pero su economía es profundamente ineficiente en el uso de esos recursos. Un informe del Banco Mundial revela que la región genera más de 541,000 toneladas de residuos al día, de las cuales el 90 % termina en vertederos o basureros a cielo abierto (World Bank, 2025). Esta realidad contrasta con el creciente reconocimiento del potencial de la economía circular para abordar estos desafíos.
En respuesta, la Coalición de Economía Circular para América Latina y el Caribe, impulsada por el Foro de Ministros de Medio Ambiente y con el apoyo de la Fundación Ellen MacArthur, el BID y el PNUMA, ha identificado más de 80 iniciativas de política pública en la región. Países como Colombia, Uruguay, Perú, Chile y Ecuador han desarrollado planes nacionales de economía circular (Springer, 2025).
Sin embargo, un estudio académico publicado en Circular Economy and Sustainability advierte que las visiones y estrategias circulares en ciudades como Bogotá y Ciudad de México siguen siendo «estrechas», con una baja participación de los grupos de interés y una consideración limitada de los impactos sociales y culturales. El estudio subraya la necesidad de integrar enfoques centrados en el ser humano y en la tecnología para fomentar transiciones urbanas inclusivas y sostenibles.
México: un paso decisivo con desafíos estructurales
México, la segunda economía más grande de América Latina, ha dado un paso legislativo de gran calado. En diciembre de 2025, el Senado de la República aprobó la Ley General de Economía Circular, un marco normativo obligatorio que busca reducir la extracción de materiales vírgenes y la generación de desechos, favoreciendo un aprovechamiento más responsable de los recursos.
La ley introduce principios como la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que obliga a los productores e importadores a ser responsables del impacto ambiental de sus productos a lo largo de todo su ciclo de vida, y prevé la creación de un Distintivo Nacional de Economía Circular para fomentar la competitividad de los productos sostenibles (Basham, 2025).
La aprobación de esta ley responde a una realidad apremiante. Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en México únicamente el 0.4 % de los materiales que sirven de insumo a la economía logran reciclarse o reutilizarse, frente a un promedio global del 7.2 % (BBVA Research, 2025). Esta cifra, que sitúa a México muy por detrás de la media mundial, ilustra la magnitud del desafío. El Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 ha incluido estrategias para fomentar la economía circular, mejorar la gestión de residuos y modernizar la infraestructura de tratamiento y reúso de aguas residuales.
Sin embargo, la implementación de esta ley enfrenta obstáculos significativos. Organizaciones como Greenpeace han expresado su preocupación de que la ley, aprobada en fast track, pudiera convertirse en una «licencia para contaminar» si no se establecen mecanismos de cumplimiento y sanción efectivos (Greenpeace, 2025). Además, persisten problemas estructurales como la informalidad laboral en el sector de residuos, donde el 65.5 % de los trabajadores de limpia, recolección y separación pertenece a la economía informal (BBVA Research, 2025). La dignificación de este sector y la educación ciudadana en la separación y reducción de residuos son tareas pendientes que condicionarán el éxito de la transición.
De continuar la tendencia actual, los próximos cinco años serán decisivos para la consolidación de la economía circular en América Latina y México. Se pueden vislumbrar varios escenarios de impacto:
- Transformación del marco regulatorio y competitividad. La Ley General de Economía Circular en México, junto con los planes nacionales en otros países de la región, sentará las bases para una nueva arquitectura regulatoria. La implementación gradual de la Responsabilidad Extendida del Productor y la creación de incentivos fiscales para prácticas circulares comenzarán a modificar los costos de producción. Las empresas que no se adapten a este nuevo entorno enfrentarán sanciones y pérdida de competitividad, mientras que aquellas que integren la circularidad en su cadena de valor podrían acceder a nuevos mercados y beneficios fiscales. Como señala un análisis de Forbes, los aranceles y las regulaciones podrían incluso acelerar la adopción de modelos circulares (Linich, 2025). Para 2030, se espera que los servicios de consultoría en economía circular alcancen un valor de mercado de 499.69 mil millones de dólares a nivel global, lo que indica un creciente ecosistema de soporte para esta transición (Research and Markets, 2026).
- Modernización de la infraestructura y gestión de residuos. La presión para cumplir con los nuevos estándares impulsará inversiones significativas en infraestructura de reciclaje, plantas de tratamiento y tecnologías de valorización de residuos. La región, que actualmente desperdicia el 90 % de sus residuos en vertederos, necesitará movilizar capital público y privado para cerrar esta brecha (World Bank, 2025). El Banco Mundial ya está apoyando proyectos en la región, como el programa de 200 millones de dólares en Perú para mejorar la gestión de aguas residuales e integrar principios de economía circular (World Bank, 2025). Se anticipa que para 2030 la adopción de tecnologías digitales, como la inteligencia artificial para la clasificación automatizada de residuos, se convierta en un estándar, mejorando la eficiencia y reduciendo costos (Hailstone, 2025).
- Innovación y nuevos modelos de negocio. La economía circular catalizará una ola de innovación en la región. Surgirán nuevos modelos de negocio basados en el «producto como servicio», la reparación, el reacondicionamiento y el intercambio. Sectores como el de la electrónica de consumo, la moda y la construcción experimentarán transformaciones profundas. The Financial Times ya documenta cómo empresas están avanzando hacia modelos circulares en la industria de la moda, un sector con un alto impacto ambiental. En América Latina, con su vibrante ecosistema de emprendimiento, se espera que las startups circulares atraigan inversión y escalen sus operaciones, generando empleos verdes y reduciendo la dependencia de importaciones de materias primas.
- Desafíos persistentes y riesgos de fragmentación. A pesar del optimismo, persisten riesgos. La falta de armonización regulatoria entre los países de la región podría generar barreras comerciales y fragmentación de mercados. La inversión inicial requerida para la transición es alta, y la incertidumbre sobre el retorno de la inversión (ROI) podría frenar el ímpetu, especialmente en el contexto de restricciones fiscales que enfrentan muchos gobiernos latinoamericanos (Global Market Insights, 2025). Además, la brecha digital y la desigualdad social podrían exacerbar las disparidades, dejando atrás a las comunidades más vulnerables si la transición no se gestiona de manera inclusiva. La académica Libby Peake, del Green Alliance, destaca que el movimiento de reparación y reuso está impulsado por una creciente frustración con la sociedad del descarte, lo que sugiere que el cambio cultural, aunque lento, es un motor poderoso para la circularidad (Hailstone, 2025).
La economía circular ha dejado de ser una utopía para convertirse en una tendencia imparable que redefine las reglas del juego económico global. Para América Latina y México, esta megatendencia representa tanto una oportunidad histórica como un desafío existencial. La oportunidad radica en la posibilidad de saltar hacia un modelo de desarrollo más sostenible, resiliente e innovador, que aproveche su riqueza natural y su capital humano para generar valor agregado y empleos de calidad. El desafío consiste en superar las inercias del modelo extractivista, cerrar las brechas de infraestructura y garantizar que la transición sea justa e inclusiva.
La reciente aprobación de la Ley General de Economía Circular en México es un paso en la dirección correcta, pero su éxito dependerá de una implementación efectiva, de la voluntad política para hacer cumplir la normativa y de la participación de todos los sectores de la sociedad. En los próximos cinco años, la región será testigo de una transformación profunda en sus sistemas productivos, su infraestructura y su cultura de consumo.
Aquellos que se anticipen y abracen la circularidad no solo sobrevivirán, sino que prosperarán en la nueva economía. Quienes se rezaguen, en cambio, quedarán atrapados en un modelo obsoleto y costoso.
La economía circular no es el futuro; es el presente que se está construyendo, y América Latina tiene la oportunidad de ser protagonista de esta construcción.



