CULTURA
Luis Eduardo González: entre la luz, la sombra y el lienzo
– Diálogo con el público en el MUSA
Conciencia en la Cultura, por Luis Ignacio Arias
El Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara concluyó este jueves 27 de agosto una serie de tres encuentros públicos con el pintor jalisciense Luis Eduardo González, realizados como parte de la exposición Artífice de luz. Las sesiones, con entrada libre, se llevaron a cabo los días 13, 20 y 27 de agosto y ofrecieron a los visitantes la oportunidad de dialogar directamente con el artista, preguntarle sobre su obra y conocer algunos aspectos de su técnica y estilo.
La última de estas actividades sirvió también como punto de partida para profundizar en la mirada del pintor sobre su propio trabajo. Al finalizar su participación ante los asistentes, González concedió una entrevista a Conciencia Pública, en la que habló sobre la importancia de la luz y la sombra, su aproximación al retrato y al paisaje, sus primeras experiencias con la pintura, su formación y la experiencia de compartir su obra directamente con el público.
Para González, la luz es el punto central de su práctica pictórica. «Para mí es como el centro, el punto de inspiración y también el objetivo… es simplemente lo más importante», explicó al ser consultado sobre la presencia de este elemento en su obra.
Pero la luz, señaló, necesita necesariamente de su contraparte. La sombra no representa únicamente una ausencia, sino que forma parte de la construcción misma de la imagen y permite que la luminosidad cobre fuerza. «También, obviamente, se necesita el contraste. Entonces las sombras hacen destacar la luz; de hecho, la luz y las sombras como que siempre tienen que ir juntas, porque sin la una no hay la otra».
Durante la entrevista, el pintor explicó también cómo surgió la exposición. Recordó que el primer acercamiento ocurrió tiempo atrás, cuando una persona lo puso en contacto con quien entonces dirigía el proyecto. Posteriormente, con la participación de Moisés Schiaffino, la propuesta comenzó a tomar forma hasta concretarse en la muestra que actualmente presenta el MUSA.
La exposición está integrada por retratos, paisajes, figuras y distintas atmósferas. Sobre el retrato, González explicó que su realización exige una observación que va más allá de los rasgos físicos. «El retrato exige observación y también interpretar a la persona y, obviamente, convivir un poco con esa persona, conocer algo más».
Para él, retratar supone enfrentarse a un desafío particular: «El retrato es como un reto… captar y expresar». La interpretación, en este caso, parte del conocimiento y la observación de la persona, pero busca trasladar al cuadro algo que no necesariamente puede reducirse a su apariencia.
El paisaje plantea otra forma de relación con aquello que se pinta. González afirmó: «He tenido la oportunidad de conocer varios lugares, y eso me ha enriquecido y me ha hecho encontrar colores y luces diferentes». En la exposición aparecen paisajes de Mascota, Lagos de Moreno y otros lugares, incluidas distintas regiones de Europa. Sin embargo, el artista considera que el conocimiento directo de un sitio constituye solo el punto de partida: «Conocer el lugar ya es enriquecedor, pero desde luego uno tiene que también interpretar, o sea, ponerle algo de imaginación y tratar de transmitir algo con eso».
Su relación con las técnicas pictóricas comenzó antes de su formación académica. «La primera técnica que conocí fue el óleo, viendo trabajar a mi padre», recordó. Más adelante decidió dedicarse a la pintura e ingresó a la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara.
Ahí conoció diferentes materiales y procedimientos. «Vimos todas las técnicas del dibujo con diferentes materiales, la acuarela, el óleo, el acrílico», relató. También mencionó la piroxilina, una técnica que, según señaló, «casi ya no se maneja, no se conoce», y que describió como «un material superpermanente». A pesar de la diversidad de técnicas que ha utilizado, González vuelve una y otra vez al mismo elemento: «La luz siempre es como el factor más importante».
Esa búsqueda fue uno de los temas que pudo compartir directamente con los asistentes durante las tres sesiones organizadas por el MUSA. La dinámica permitió que el artista hablara sobre su obra y que los visitantes formularan preguntas e intercambiaran opiniones con él, una experiencia distinta de la que habitualmente desarrolla en la intimidad de su estudio.
«Para mí es algo nuevo», reconoció al hablar de esos encuentros. «Yo estaba un poco como encerrado en mi estudio, bueno, en mi entorno familiar, pero para mí ha sido una experiencia que no esperaba, primero». Para él, el contacto con los asistentes «ha sido muy enriquecedor porque he conocido a otras personas». Escuchar lo que los visitantes pensaban sobre su obra también resultó significativo: «Me han dicho su opinión, que eso para mí es muy importante».
La exposición Artífice de luz se encuentra distribuida en las salas 8, 9 y 10 del MUSA, donde se presentan retratos, paisajes, figuras y estudios del cuerpo humano. Durante su presentación ante el público, González explicó algunos de los principios compositivos que emplea en estas obras. Señaló que las diagonales son fundamentales para evitar el paralelismo con los bordes del cuadro y generar dinamismo visual, además de permitir que las formas «salgan» hacia el espectador. Como ejemplo, mencionó su obra Estudio con modelo vivo, en la que estas líneas estructurales guían la mirada. También destacó el papel de la luz, los medios tonos y los oscuros, elementos que describió como «un juego para el ojo» y que utiliza para construir profundidad, contraste y atmósferas dentro de cada composición.
Los encuentros le permitieron además reencontrarse con personas vinculadas con distintos momentos de su trayectoria. «También tuve la oportunidad de reencontrarme con personas que hace tiempo que no veía, ya sea compradores o ya sea alumnos, o, en fin, personas que simplemente les gusta la pintura y vinieron aquí a conocerme», comentó.





