OPINIÓN
El Tri y el desafío mundialista: La Selección Nacional, entre el linchamiento y la ilusión
Miscelánea Deportiva, por Esteban Trelles Meza
Como todos sabemos, la Selección Nacional se nutre de jugadores surgidos en los distintos clubes del país. Algunos aficionados de “hueso colorado” apoyan más a sus equipos que a la propia selección.
En Estados Unidos, principalmente entre la comunidad mexicana, es común ver a los aficionados portar la camiseta de su club favorito cuando acuden a los partidos del Tri, en lugar de vestir los colores nacionales. A ello se suma la influencia de comentaristas como Álvaro Morales, Gustavo Mendoza y Alex Blanco, cuyos comentarios suelen ser duros y críticos hacia el equipo nacional y sus entrenadores, sin importar muchas veces el contexto o la naturaleza de los encuentros de preparación.
Si bien el arbitraje suele ser objeto de críticas por su irregularidad, también es cierto que el periodismo deportivo actual difícilmente alcanza el nivel de figuras históricas como Ángel Fernández, Fernando Marcos, Emilio Fernando Alonso o Raúl “Perro” Bermúdez, quienes marcaron época con estilos propios y una enorme capacidad narrativa.
Mención aparte merece José Ramón Fernández, quien desafió durante años el dominio televisivo establecido. Culto, preparado, mordaz y crítico, construyó una escuela periodística propia y dejó una huella profunda en el periodismo deportivo mexicano.
Hoy abundan comentaristas que juzgan con ligereza, guiados muchas veces por los resultados inmediatos. Con frecuencia descalifican a jugadores y entrenadores mediante expresiones ofensivas, olvidando el respeto y la objetividad que exige la profesión. Además, algunos se presentan como portavoces absolutos de la afición, utilizando encuestas y dinámicas que en ocasiones generan más polémica que análisis serio.
El tema seguirá siendo mundialista hasta el final del torneo. Por ello, la afición debería respaldar al Tri con mayor convicción y evitar los cambios bruscos de opinión que suelen depender únicamente de los resultados.
Hacer pronósticos definitivos sobre posiciones o resultados sería irresponsable. En el futbol influyen no solo las estadísticas, sino también factores impredecibles que nadie puede anticipar.
Los patrocinadores tampoco estuvieron exentos de cuestionamientos al promocionar anticipadamente a jugadores como Luis Malagón, Marcel Ruiz, Diego Lainez, Carlos Rodríguez, Erick Sánchez e Hirving Lozano. Para algunos, estas campañas parecen intentar influir indirectamente en la percepción pública sobre quiénes deberían integrar el equipo.
Javier Aguirre, actual seleccionador nacional, trabajó durante el proceso con un universo cercano a los 55 jugadores. Aunque la cifra parece excesiva, forma parte de una metodología para evaluar opciones antes de definir la lista definitiva de 26 futbolistas.
La prensa deportiva ha sido particularmente severa con Aguirre. Se le han atribuido calificativos como “arcaico”, “mediocre” o “chicharachero”. Sin embargo, el “Vasco” posee una amplia experiencia en selecciones nacionales y cuenta con dos Copas del Mundo en su trayectoria. Resulta llamativo que se le exija como si México fuera una potencia futbolística consolidada, cuando históricamente ha ocupado un lugar intermedio en el concierto internacional.
Jugadores jóvenes como Gilberto Mora, de apenas 17 años, o Brian Gutiérrez, de 22, además de Julián Quiñones, representan opciones interesantes que podrían tener un papel más relevante dentro del equipo.
Por otro lado, sin caer en nacionalismos exagerados, existe una diferencia entre un entrenador extranjero y uno mexicano. El técnico nacional suele tener una conexión emocional distinta con los símbolos patrios, el himno y la historia futbolística del país. Javier Aguirre vivió esa experiencia como jugador en el inolvidable Mundial de México 1986, donde fue titular indiscutible.
México cuenta con una selección competitiva y con futbolistas de calidad. La evaluación justa deberá hacerse cuando concluya el torneo. Existe la tendencia a condenar al entrenador antes de tiempo, olvidando que el nivel histórico del futbol mexicano no corresponde al de una potencia mundial.
Un ejemplo interesante es Italia, tetracampeona del mundo, que ha quedado fuera de varias Copas del Mundo recientes. Aun así, la crítica en su país suele ser menos estridente de lo que sería en México, donde comentaristas y aficionados frecuentemente reaccionan con mayor severidad.
Mucho tiene que ver la cultura y la idiosincrasia de cada nación. Las formas de vida, las costumbres y los valores sociales terminan reflejándose también en el deporte y en la manera de vivir el futbol.
El contexto social actual muestra una juventud más irreverente y orientada al entretenimiento inmediato. La vida nocturna, el consumo de alcohol y ciertas formas de diversión ocupan un lugar importante en muchos sectores juveniles.
Las relaciones personales, las costumbres familiares y las aspiraciones de las nuevas generaciones también han cambiado significativamente respecto a décadas anteriores. Para algunos observadores, estos cambios han provocado una transformación en la escala de valores tradicionales.
Esta dinámica social es responsabilidad compartida de las familias, las instituciones y la propia sociedad. Los valores y hábitos que se transmiten a los jóvenes terminan influyendo en múltiples ámbitos de la vida cotidiana.
¿Qué relación tiene todo esto con el futbol? Desde la perspectiva del autor, el deporte refleja muchas de las conductas sociales predominantes. Para numerosos jóvenes, el futbol se convierte en un espacio de convivencia donde se reproducen hábitos y costumbres presentes en otros ámbitos de la vida.
Sin embargo, también existe otro sector juvenil, particularmente entre estudiantes de instituciones privadas y universidades, que aprovecha las oportunidades educativas para desarrollar capacidades académicas, profesionales y personales de alto nivel.
Aunque este grupo no representa la mayoría, constituye un ejemplo de preparación constante y formación integral. Son jóvenes que complementan su educación con posgrados, especializaciones y programas de desarrollo personal.
La educación sigue siendo una de las herramientas más importantes para el crecimiento individual y colectivo. La formación académica, acompañada de valores y disciplina, continúa siendo una inversión fundamental para construir mejores oportunidades.
Canadá, por ejemplo, ha sido durante décadas un referente en materia de intercambio académico y cooperación educativa, fortaleciendo la formación de miles de estudiantes internacionales.
A ello se suman las nuevas modalidades de educación virtual, que han ampliado significativamente las oportunidades de aprendizaje. Como solían decir los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara: “Una universidad con valores”.
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