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Deportes

Entre la expectativa, el negocio y la realidad social: ¿Y dónde está el Mundial?

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Por Alejandro Verduzco

¿Quién no recuerda el Mundial de México 70?

Fue la primera Copa del Mundo celebrada fuera de Europa y Sudamérica, y la primera transmitida a color para gran parte del planeta.

México llegaba con el prestigio de haber organizado los Juegos Olímpicos de 1968 y, a pesar de la sombra de Tlatelolco, el país se volcó con entusiasmo. Se invirtió en infraestructura y se respiraba un auténtico espíritu mundialista en las calles.

Solo 16 selecciones y 32 partidos, pero aquel torneo es considerado uno de los mejores de la historia. Sedes como el Distrito Federal, Guadalajara, León, Puebla y Toluca vibraron. En Guadalajara, miles de tapatíos adoptaron a Brasil como segunda selección. La samba, la fiesta y Pelé se adueñaron de la ciudad. Restaurantes, comercios y calles se llenaron de color verdeamarelo.

El turismo internacional llegó con semanas de anticipación. México llegó a cuartos de final por primera vez, y Brasil se coronó tricampeón en el Estadio Azteca.

Dieciséis años después, en 1986, México se convirtió en el primer país en organizar dos mundiales. Tras la renuncia de Colombia, la FIFA volvió a confiar en nosotros. A pesar del devastador terremoto de 1985, el país sacó adelante la organización. Veinticuatro selecciones y 52 partidos. Surgió el icónico logotipo “Pique”, el chile con sombrero de mariachi.

Nuevas sedes se sumaron: Monterrey, Querétaro, Irapuato y Nezahualcóyotl. Aquel fue el Mundial de Diego Maradona. La “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo” ante Inglaterra marcaron la historia. México volvió a llegar a cuartos de final. Argentina se coronó campeona en el Azteca.

En Guadalajara, el Estadio Jalisco volvió a vivir la fiesta brasileña. Como estudiante y jugador de las fuerzas básicas de Chivas, tuve la fortuna de asistir a varios partidos. Todo era accesible: boletos razonables, poca reventa, nula percepción de inseguridad y un verdadero ambiente de fiesta popular. Había espíritu mundialista.

¿Y DÓNDE ESTÁ EL MUNDIAL DE 2026?

A solo días de la inauguración, esa pregunta flota en el aire con insistencia. El entusiasmo brilla por su ausencia. Las manifestaciones sociales —sindicales, magisteriales, de transportistas, del campo y de familiares de desaparecidos— han opacado el ambiente.

Gobiernos con campañas tibias, iniciativa privada desangelada, escuelas y universidades con poca actividad. Lo único que realmente emociona a la gente son las estampitas del álbum Panini. ¿Por qué esta diferencia tan abismal con 1970 y 1986?

México no es sede única. Solo organizará el 12.5% de los 104 partidos. De ellos, Ciudad de México tendrá 5 (incluida la inauguración), Guadalajara solo 4 y Monterrey 4. La Selección Mexicana no jugará en Guadalajara ni en Monterrey en la fase de grupos.

Los boletos tienen precios prohibitivos para la mayoría de la población. Además, de los 104 partidos, 72 se transmitirán solo por televisión de paga y streaming (69.2%), dejando apenas 32 en abierto.

El contraste es brutal. Mientras en 1970 y 1986 el Mundial se sentía como una fiesta popular, en 2026 parece más un gran negocio exclusivo. La FIFA y los patrocinadores ganan miles de millones, pero ¿qué gana el ciudadano de a pie?

Entrevisté a expertos y a gente común en la calle. La mayoría coincide: el evento genera expectativa económica, pero poca conexión emocional. Los precios altos han polarizado aún más las clases sociales. Muchos sienten que este Mundial no les pertenece, que es para turistas y para quienes pueden pagar boletos de miles de dólares.

Hay quien defiende que la derrama económica justificará todo. Otros cuestionan si realmente habrá un beneficio tangible para la mayoría. Infraestructura, sí. Pero ¿quedará un legado social y deportivo real o solo estadios y facturas?

México 2026 llega en un contexto complejo: desconfianza hacia la FIFA por temas de corrupción, un país con profundas desigualdades y demandas sociales pendientes. El fútbol, que siempre fue un factor de unidad, hoy parece incapaz de generar ese mismo fervor de antaño.

El espíritu mundialista de 1970 y 1986 brotaba desde el pueblo. Hoy, más que una fiesta popular, se percibe como un espectáculo de élite. La pasión existe, pero está adormecida por la realidad económica y social.

Al final, la gran pregunta permanece: ¿Este será un Mundial para recordar por su futbol y su fiesta, o solo por los números de negocio que dejará? Mientras las pantallas se encienden y los reflectores se prenden, muchos mexicanos seguimos preguntándonos, con nostalgia y realismo:

¿Y dónde está realmente el Mundial?

México 1970

México 1986

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VOCES DEL MUNDIAL

ES UN MUNDIAL INALCANZABLE Y EXCESIVAMENTE COMERCIAL: PEDRO ANTONIO FLORES (¡HÁGALA!)

Entrevista a Pedro Antonio Flores (el famoso ¡Hágala!), especialista en periodismo deportivo y narrador con amplia trayectoria nacional e internacional.

Alejandro Verduzco: ¿Cómo ves el panorama general del Mundial FIFA 2026?

Pedro Antonio Flores. De entrada, no me gusta que se haya ampliado a tres países sede y a tantas selecciones. Supuestamente, un Mundial debe concentrar a los mejores de cada zona, pero esto se ha expandido demasiado.

Ahora hay partidos que, aunque tienen su importancia, no tienen el nivel que se espera en la vitrina más importante del futbol mundial. Es claro que esto es un gran negocio. La FIFA ha encontrado la fórmula perfecta: más selecciones, más partidos, más taquilla, más patrocinadores y más dinero moviéndose.

Tres países organizando el mismo evento significa más inversión y, sobre todo, más ganancia para la FIFA, que pone todo tipo de restricciones a las ciudades sede y al final se come sola el pastel. México solo tendrá 13 partidos de los 104 y Guadalajara, apenas cuatro. Estados Unidos se lleva la gran mayoría. Es una rebanada muy pequeña para nosotros.

Alejandro Verduzco: ¿Cómo sientes el ambiente mundialista en Guadalajara y en el país?

Pedro Antonio Flores: En el aspecto positivo, hay que reconocer que se ha trabajado en infraestructura. Aunque les comió el tiempo, espero que las obras se terminen y dejen una verdadera herencia a la ciudad y no queden a medias, como suele pasar. Sin embargo, en el aspecto deportivo y social, este se ha convertido en un Mundial inalcanzable.

Los precios de los boletos están por las nubes y han dividido de forma grotesca las clases sociales. Además, la mayoría de los partidos solo se verán por televisión de paga. Todo se traduce en negocio y restricciones. La FIFA cobra muy caro, pero el margen entre inversión y ganancia es desproporcionado.

Muchos aficionados que viven el futbol día con día no podrán estar presentes ni en el estadio ni siquiera frente a la televisión. Eso explica en gran parte la falta de entusiasmo que se percibe.

Alejandro Verduzco: ¿Qué acciones promocionales has visto en Guadalajara?

Pedro Antonio Flores: En Guadalajara sí se ha hecho un esfuerzo importante. Se han decorado zonas turísticas, nombrado embajadores y realizado diversos eventos. Creo que, comparada con Ciudad de México y Monterrey, Guadalajara ha procurado más que la gente se involucre con el Mundial. Ahí hay que dar el reconocimiento.

Alejandro Verduzco: ¿Cómo has vivido tú los mundiales anteriores?

Pedro Antonio Flores: Yo, en mi caso como periodista, pues yo me muevo en la zona donde está el ambiente, donde se habla de esto. Yo sí he vivido en mi caso, pues un ambiente de furor de lo que está pasando justamente con este mundial, porque me muevo por las zonas. Claro que hay otros que ya no les interesa; las campañas publicitarias del mundial empezaron muy lentas en Ciudad de México y Monterrey. Creo que Guadalajara sí ha hecho muchos eventos, sí ha procurado que la gente se meta al mundial.

Desde Estados Unidos 94 he tenido la fortuna de cubrir mundiales. En Francia 98 narré para Radio Única, en Corea 2002 para TVC, en Alemania 2006 viajé con Televisa y narré para televisión nacional. He estado en Brasil 2014, Rusia 2018 y, aunque en Catar no viajé, seguí narrando desde México. Ahora, para México 2026, tengo la oportunidad de narrar y estar presente en el Estadio Akron para los partidos que se jueguen en Guadalajara. Así que, pues, afortunado, cubriendo mundiales o trabajando en mundiales desde 1994. Es un privilegio seguir viviendo mundiales desde 1994.

LEONEL NOGUEDA SOLÍS: POCO ENTUSIASMO, AUDIENCIAS FRAGMENTADAS Y UNA SOLA GRAN GANADORA: LA FIFA

Nogueda es exdirector general de Televisa Guadalajara y El Bajío, especialista en ventas regionales, contenidos, rating y share.

Alejandro Verduzco: ¿Cuál es tu perspectiva sobre las audiencias del Mundial 2026 en televisión abierta?

Leonel Nogueda: El Mundial 2026 no ha despertado en México la misma expectativa que en 1970 o 1986, principalmente porque no somos sede única, sino solo uno de tres países anfitriones. De 104 partidos, México solo tendrá 13 y Guadalajara apenas cuatro.

Los rivales de México en primera fase (Corea del Sur, Sudáfrica y República Checa) no generarán un gran flujo turístico. No hay la misma efervescencia de cuando éramos sede única.

Otro factor importante es la percepción de inseguridad que se tiene del país a nivel internacional, lo cual sin duda afecta el entusiasmo.

En cuanto a rating y share, la audiencia se ha fragmentado enormemente. Los partidos de México se transmitirán en televisión abierta por Televisa y TV Azteca, incluyendo la inauguración. Sin embargo, de los 104 partidos, solo 34 se verán en abierto. Los encuentros más atractivos de las grandes selecciones (Brasil, Argentina, Alemania, España, etc.) estarán en plataformas de paga.

Alejandro Verduzco: ¿Qué papel jugarán el streaming y las redes sociales?

Leonel Nogueda: El gran ganador de las audiencias será el Internet. Habrá mucho hackeo y streaming informal. La gente verá los partidos en el celular o tableta, muchas veces simultáneamente con la televisión. Esto afectará sensiblemente los ratings tradicionales de las televisoras abiertas y de paga.

Alejandro Verduzco: ¿Quién es el gran ganador de este Mundial?

Leonel Nogueda: Sin duda, la FIFA. El futbol se ha convertido en un gran espectáculo global y la FIFA ha sabido explotarlo al máximo. Con más selecciones, más partidos, derechos de transmisión, patrocinios y publicidad constante (cortes, vallas electrónicas, cintillos), el organismo rector del futbol mundial se embolsará miles de millones de dólares.

CONCLUSIÓN

El Mundial México 2026 llega en un contexto muy distinto al de 1970 y 1986. Aquellos torneos se vivieron con verdadero espíritu nacional, entusiasmo masivo y como sede única. Este se percibe fragmentado, lejano y excesivamente comercial.

Los precios prohibitivos de los boletos, la transmisión mayoritaria por paga, la repartición mínima de partidos y los problemas de inseguridad han generado una clara desconexión con la población.

Los testimonios de Pedro Antonio Flores y Leonel Nogueda Solís coinciden: más allá de algunas mejoras en infraestructura, el balance es desfavorable para el aficionado común. La FIFA es la gran ganadora de este modelo de negocio.

Para México queda una porción menor de la derrama económica, un ambiente opacado y una notable ausencia de euforia colectiva.

En síntesis, México 2026 representa la tensión entre la nostalgia histórica y la realidad actual: un gran negocio global que deja poca experiencia y sabor local. Ojalá las sedes mexicanas aprovechen al máximo la oportunidad y quede infraestructura positiva como legado.

Pero para recuperar el verdadero espíritu mundialista, será necesario replantear el modelo futuro de estos megaeventos: menos marketing y más futbol.

– Maestro Alejandro Verduzco Mendoza, mercadólogo y analista político

En X: @averduzcom


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