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Isaac del Toro, un mexicano que hace historia: El príncipe gregario que quedará en el top 10 del Tour de Francia
Por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza
Platicaba el viernes anterior con el titular de este semanario, don Gabriel Ibarra, acerca de que, en medio de la atención que acapara el deporte más popular del orbe, habría que poner el ojo en otra competencia mundial de atletas superdotados, que no alcanza los niveles de audiencia del deporte de la pelota, pero en la que compite de manera más que destacada un mexicano ejemplar: Isaac del Toro.
Intercambiamos algunos puntos de vista respecto del tema y me aventuré a señalar que, el próximo domingo, París sería testigo de la proeza de nuestro compatriota. A pesar de que Isaac no tuvo una buena semana y descendió en la clasificación general del tercer al octavo lugar, amigos queridos y analistas de ocasión me comentaban: “Ya ves, ahí está tu Torito; va para abajo, no aguantó”.
No contaban con la sobresaliente actuación del ensenadense durante el fin de semana. Ilusos. Adelanto que Isaac se recuperó; abundo más adelante.
Así que, con este antecedente, le propuse escribir brevemente sobre la brillante actuación del nacido en Ensenada. Voy: el Tour de Francia, nacido en 1903, es la carrera ciclista más prestigiosa del mundo y uno de los acontecimientos deportivos más seguidos después de los Juegos Olímpicos y el Mundial de futbol. Durante tres semanas, los mejores ciclistas del planeta recorren 21 etapas que suman alrededor de 3 mil 500 kilómetros, con un promedio diario cercano a los 165 kilómetros y una velocidad media general que oscila entre los 40 y 42 km/h. La dureza de la prueba se refleja en los más de 54 mil metros de desnivel acumulado, con ascensos míticos como el Galibier o el Alpe d’Huez, donde las pendientes superan el 10 por ciento y ponen a prueba la resistencia física y mental de los corredores.
En la edición 2026, las dificultades han sido extremas: jornadas de montaña con más de 3 mil 800 metros de desnivel en un solo día, contrarrelojes decisivas, lluvia y calor sofocante en las etapas llanas. En este escenario, Isaac del Toro, de 22 años, ha destacado como gregario de Tadej Pogačar en el UAE Team Emirates, el mejor equipo del mundo. Su papel consiste en proteger al líder, marcar el ritmo, controlar fugas y sacrificarse en los ascensos, pero, aun así, ha brillado con luz propia. Ganó la segunda etapa en Montjuïc, con lo que se convirtió en el primer mexicano en lograrlo; fue tercero en la etapa 6, segundo en la etapa 14 y tercero en la 15, solo detrás de Pogačar y por delante de rivales como Jonas Vingegaard, Ayuso, Evenepoel y Paul Seixas.
El contexto competitivo es feroz: Pogačar, esloveno, busca su quinto título y ya suma cuatro victorias de etapa en esta edición; Vingegaard, danés, defendía su prestigio como bicampeón del Tour, aspiración que se truncó por el desafortunado accidente de hoy; Remco Evenepoel, belga, aporta su potencia en la contrarreloj; mientras que Ayuso, español, y Seixas, francés, representan a la portentosa nueva generación. En medio de estos nombres, Del Toro demuestra que no es fácil correr al lado de quien, afirmo, será el mejor ciclista de la historia, pero lo hace con disciplina, talento y valentía. Su labor de gregario no solo engrandece a Pogačar, sino que enaltece al ciclismo mexicano, mostrando que detrás de cada campeón hay un compañero capaz de sacrificarse y, al mismo tiempo, escribir su propia página de gloria.
Isaac del Toro está viviendo un Tour de Francia que lo consagra como figura internacional: un ciclista que combina el trabajo silencioso del gregario con la capacidad de ganar etapas y mantenerse en el top 10 de la clasificación general. Su desempeño confirma que México tiene un representante de talla mundial en la carrera más dura y emblemática del ciclismo.
La actuación de Isaac del Toro en el Tour de Francia 2026 tiene una importancia enorme para el ciclismo mexicano porque rompe una sequía histórica y coloca al país en un lugar que nunca había ocupado en la élite mundial. Hasta ahora, México había tenido ciclistas destacados como Raúl Alcalá, quien en los años ochenta y noventa fue pionero al competir en el Tour y lograr victorias parciales en carreras europeas, y Miguel Arroyo, quien también dejó huella en pruebas internacionales, pero ninguno de ellos consiguió consolidarse como protagonista en la clasificación general de la ronda gala.
Lo que hace Del Toro es inédito: ganar una etapa del Tour, estar en el podio en tres de ellas, mantenerse en el top 10 de la clasificación general y disputar el maillot blanco de los jóvenes frente a figuras como Juan Ayuso y Paul Seixas. Para dimensionar el logro, hay que recordar que hacía más de 30 años que un ciclista mexicano no ganaba una etapa en el Tour de Francia; la última vez fue con Raúl Alcalá, en 1989, cuando se convirtió en el primer mexicano en lograrlo. Desde entonces, México había estado ausente de los podios y las victorias en la carrera más dura del mundo.
Por eso, la victoria de Del Toro en la etapa 2, sus podios y su desempeño constante en montaña y contrarreloj no solo representan triunfos personales, sino un hito nacional: insisto, devuelven a México al mapa del ciclismo internacional, inspiran a nuevas generaciones y demuestran que un corredor latinoamericano puede ser gregario de lujo y, al mismo tiempo, protagonista en el Tour de Francia. Su presencia en el UAE Team Emirates —reitero, el mejor equipo del mundo— y su capacidad para correr al lado de Tadej Pogačar, considerado por muchos como el mejor ciclista actual, hacen que su actuación tenga un valor simbólico y deportivo que trasciende fronteras.
En este Tour de Francia 2026, la batalla más intensa no está en el primer lugar —porque doy por descontado que Tadej Pogačar se coronará nuevamente como campeón—, sino en la lucha por el podio final, en la que la diferencia de tiempos entre el segundo y el octavo lugar es mínima y convierte cada etapa en un pulso dramático.
Isaac del Toro se encuentra en ese grupo selecto, peleando por el segundo lugar contra corredores de talla mundial como Jonas Vingegaard —hasta antes de hoy—, Remco Evenepoel, Juan Ayuso y Paul Seixas, entre otros, todos ellos potentes. La clasificación general muestra que entre el segundo y el octavo puesto apenas hay unos minutos de diferencia, lo que significa que cualquier ataque en montaña, contrarreloj o incluso un corte en el pelotón puede alterar el orden del podio.
La etapa final del Tour se anuncia cerrada porque las ventajas son tan estrechas que un desfallecimiento o un movimiento táctico pueden decidir quién acompaña a Pogačar en París. Evenepoel, especialista en contrarreloj, espera aprovechar las últimas jornadas; Lipowitz, con sus blasones, así como Ayuso y Seixas, jóvenes promesas, se aferran al maillot blanco; mientras que Del Toro, con su doble papel de gregario y protagonista, se mantiene firme en el top 10, demostrando que no solo protege al líder, sino que también tiene la fuerza para disputar el podio.
La importancia de esta batalla radica en que nunca antes un ciclista mexicano había estado tan cerca de subir al podio del Tour de Francia. La tensión de los segundos que separan a estos corredores convierte la última semana en un duelo de resistencia, estrategia y nervios, en el que Del Toro está escribiendo una página inédita para el ciclismo de nuestro país.
Quiero recalcar que en este Tour no solo se libra la guerra por el podio absoluto, en el que Isaac del Toro se ha mantenido entre los ocho mejores corredores, sino también un duelo paralelo de enorme importancia: la lucha por el maillot blanco, reservado para los ciclistas menores de 26 años. Esta clasificación representa el futuro del ciclismo mundial y, en ella, Del Toro se enfrenta directamente a tres rivales de gran nivel: Juan Ayuso, Paul Seixas y Lenny Martínez.
La tensión es máxima porque las diferencias son mínimas. Antes de este fin de semana, Seixas lideraba la clasificación con apenas unos segundos de ventaja sobre Ayuso, mientras que Del Toro marchaba tercero, a menos de un minuto del primer puesto, y Martínez se mantenía cuarto, a poco más de tres minutos. Lo extraordinario es que tres de estos jóvenes —Seixas, Ayuso y Del Toro— también están dentro del top 8 de la clasificación general, lo que significa que no solo disputan el título de mejor joven, sino que, además, pelean por subir al podio en París. Hoy cambió todo; lo explico líneas abajo.
El cierre de este Tour de Francia 2026 se anuncia legendario y memorable para México gracias a Isaac del Toro. He mencionado que su desempeño como gregario de Tadej Pogačar lo ha colocado en el tercer lugar de la clasificación general y en la pelea por el maillot blanco, pero lo que realmente está en juego es la posibilidad de que un ciclista mexicano se consagre entre los mejores del mundo en la carrera más dura y prestigiosa. En la siguiente y definitiva semana, una buena actuación de Del Toro consistiría en terminar dentro del top 10, lo que de por sí sería un logro extraordinario y sin precedentes para el ciclismo nacional. Sin embargo, si logra subir al podio, el impacto sería apoteósico: marcaría un antes y un después en la historia del deporte mexicano, comparable con los grandes hitos de figuras ya mencionadas, como Raúl Alcalá y Miguel Arroyo, pero en una dimensión aún mayor.
Pronostico que Isaac del Toro quedará, al menos, dentro del top 10 porque ha demostrado consistencia, talento y capacidad de sacrificio en cada etapa. Solo un accidente —mecánico o físico— podría impedirlo, como el que sufrió entre semana Fernando Gaviria, a 200 metros de la meta, cuando una caída le rompió la clavícula y lo obligó a abandonar, o como el lamentable accidente de Vingegaard de hoy, que lo deja fuera del Tour por motivos similares. Mientras no ocurra un imprevisto de esa magnitud, Del Toro está destinado a cerrar este Tour como uno de los protagonistas y a inscribir su nombre en la historia grande del ciclismo.
Cabe destacar que el ensenadense tuvo ayer problemas con su cadena y se vio en la necesidad de arreglarla en segundos. En esta etapa 15 también se cayó tras Jonas y sufrió daños en la pierna izquierda y la cadera, pero, con ese corazón que no le cabe en el pecho, se levantó para llegar tercero. Una verdadera hombrada.
Más allá de la esperanza que le tengo al joven de Ensenada, he visto concienzudamente cada una de las etapas del Tour, amén de que sigo la carrera de Isaac desde hace tiempo, por lo que justifico mi pronóstico en la frialdad de los datos, los números y el desempeño de Isaac del Toro. Reconozco que tuvo una mala actuación en la etapa del martes, en la que fue rescatado por el director técnico del equipo, quien le ordenó no apartarse de la estrategia diseñada por esa dirección técnica, por cierto, brillante e inteligente.
Esa misma dirección, consciente de que el desgaste innecesario podía costarle caro, le ordenó mantenerse en el pelotón durante las etapas del jueves y el viernes, y no hacerse el valiente con una fuga sin razón que lo destrozara físicamente. Sus detractores aprovecharon esa situación para lanzarse a la yugular.
En el podio
El resultado de obtener el segundo lugar el sábado y estar hoy en el podio fue producto directo de esa estrategia prudente de ahorro de energía, que le permitió llegar con fuerza al final y demostrar que, más allá de su papel de gregario, tiene la capacidad de competir de tú a tú con los mejores del mundo.
Dimensionémoslo: aguantó toda la carrera de ayer, cuando ya lo daban por muerto; activó su turbo natural y, en los últimos 200 metros, en esa temible última subida, les destrozó las piernas a sus rivales. Entró segundo, detrás de su líder. Ahora, de no haber sido por la caída, quizá habría ganado la etapa u obtenido el segundo puesto.
De cara a lo que resta del Tour, mi pronóstico se sostiene en la dureza de las tres etapas de alta montaña que aún faltan: Orcières-Merlette y las dos llegadas consecutivas al mítico Alpe d’Huez. Ya vimos que hoy, en el Plateau de Solaison, con rampas que superan el 9 por ciento, Del Toro resistió los ataques de los grandes ciclistas antes señalados, pero su capacidad de escalador lo respalda.
En Orcières-Merlette, un puerto histórico, la clave será mantenerse en el grupo de favoritos y evitar cortes que puedan costarle segundos valiosos frente a Ayuso. En la primera llegada al Alpe d’Huez, con sus 21 curvas legendarias, tendrá que defenderse de la potencia de Evenepoel, quien hoy fue primero, y apostar por la regularidad. Finalmente, en la etapa reina, con más de 5 mil 600 metros de desnivel, en la que se encadenan Croix de Fer, Télégraphe, Galibier y el Alpe d’Huez por la vertiente inédita del Col de la Sarenne, Del Toro tendrá la oportunidad de consolidar su lugar entre los diez mejores, siempre que mantenga la calma y dosifique su esfuerzo.
La batalla será feroz porque las diferencias entre el segundo y el octavo lugar son mínimas —un minuto en promedio— y cada ataque puede redefinir el podio. Sin embargo, la fortaleza de Isaac en la montaña, su disciplina táctica y el respaldo del UAE Team Emirates me llevan a afirmar que solo los accidentes que ya he descrito podrían impedir que el mexicano cierre este Tour en el lugar que ya se ha ganado con esfuerzo y talento: entre los diez mejores ciclistas del mundo.
Y es precisamente en esa lógica en la que se sostiene mi pronóstico: Isaac del Toro quedará dentro del top 10 del Tour de Francia 2026 porque las etapas de alta montaña que aún faltan por disputarse son su terreno natural. Su condición de escalador, su resistencia probada en jornadas de más de 3 mil 800 metros de desnivel y su capacidad para mantener la calma en momentos críticos lo convierten en un candidato sólido para resistir, consolidar su posición y, con un golpe de suerte y estrategia, aspirar al podio.
Isaac del Toro vivió una semana de contrastes en el Tour de Francia 2026. Al inicio, las duras jornadas de montaña y el desgaste acumulado lo hicieron perder posiciones en la clasificación general: pasó de rozar el podio a caer hasta el octavo lugar y, con ello, también cedió el liderato del maillot blanco, símbolo de la juventud y el futuro del ciclismo. Aquí fue donde aparecieron los detractores del mexicano, quienes hablan más por deseo que por conocimiento.
La presión era enorme, pues nunca un mexicano había estado tan cerca de conquistar esas dos batallas al mismo tiempo, y cada segundo perdido parecía un golpe a la ilusión colectiva que lo acompaña desde Latinoamérica hasta las carreteras francesas.
Pero la historia de Del Toro no es la de un ciclista que se rinde. Con temple y valentía, supo rehacerse en las etapas decisivas: atacó en la montaña, resistió en la contrarreloj y volvió a colocarse entre los mejores del mundo. Su recuperación fue memorable porque no solo recuperó puestos en la general hasta instalarse de nuevo en el podio provisional, sino que, además, arrebató otra vez el maillot blanco, demostrando que su talento y carácter lo convierten en protagonista indiscutible del Tour.
Lo que parecía un retroceso terminó siendo la confirmación de su grandeza: Isaac del Toro no es únicamente la promesa que México esperaba; ya es una realidad que se mide de tú a tú con Pogačar, Evenepoel, Ayuso y compañía. Su caída y resurgimiento en la misma semana son el retrato de un ciclista que sabe sufrir, que sabe levantarse y que, no me cansaré de repetirlo, está escribiendo una página inédita en la historia del ciclismo mexicano.
Y para los haters de don Isaac del Toro, nunca mejor dicho, les aviso que sus malévolos comentarios se los pasará por el arco del triunfo.
Veremos qué nos depara la próxima y última semana del Tour. La gloria de Del Toro se sellará en París el siguiente domingo. ¡Au revoir!



